MADRE TIERRA
El HORIZONTE de TODO ESTA POR HACER
Carlos, creo que aquí
aparece una diferencia fundamental. No es sólo un cambio de pregunta; es un
cambio de nivel en la investigación.
¿Cómo
funciona... o por qué puede funcionar?
La inteligencia humana ha avanzado de manera
extraordinaria preguntándose una y otra vez:
¿Cómo funciona?
Gracias a
esa pregunta hemos comprendido el movimiento de los planetas, el funcionamiento
del cuerpo humano, la estructura del átomo, la genética, la electricidad o las
leyes de la gravedad.
Es una
pregunta imprescindible. Sin ella no
existiría la ciencia. No existiría la
medicina. No existiría la tecnología. No existiría prácticamente ninguno de los
grandes avances de la humanidad.
Sin embargo,
llega un momento en que esa misma inteligencia puede formular otra pregunta. No contradice a la anterior. La presupone.
Pero se
dirige hacia un horizonte diferente.
Ya no
pregunta: ¿Cómo funciona?
Pregunta: ¿Por
qué puede funcionar?
La
diferencia parece pequeña. En
realidad es inmensa.
Cuando
preguntamos cómo funciona un árbol, estudiamos sus raíces, la fotosíntesis, la
circulación de la savia, el crecimiento de sus células.
Cuando
preguntamos por qué puede funcionar, la mirada cambia completamente.
Nos
preguntamos qué hace posible que exista una realidad capaz de organizarse de
esa manera.
La primera
pregunta estudia el funcionamiento. La
segunda contempla la posibilidad del funcionamiento.
La primera
observa los procesos. La segunda
observa el fundamento que permite que esos procesos puedan existir.
No intenta
sustituir a la ciencia. Ni corregirla. Ni competir con ella.
Simplemente
dirige la mirada hacia otro plano. Es
como contemplar una partitura. Podemos
estudiar perfectamente cómo está escrita.
Analizar su ritmo. Su armonía. Sus compases.
Pero todavía queda una pregunta distinta.
¿Por qué puede
existir algo como la música?
No hablamos
ya de una melodía concreta. Hablamos
de la posibilidad misma de que exista la música.
Algo
semejante ocurre con el universo.
La física
describe con enorme precisión cómo funcionan muchas de sus leyes. Y cada descubrimiento amplía nuestra
comprensión.
Pero incluso
si algún día llegáramos a conocer todas las leyes del universo observable,
todavía permanecería abierta una pregunta.
¿Por qué existe una realidad capaz de poseer
leyes?
¿Por qué esas leyes pueden existir?
No es una
pregunta contra la ciencia. Es una
pregunta anterior a muchas explicaciones científicas.
Y
precisamente por eso pertenece a otro ámbito de la reflexión. Quizá aquí aparezca una actitud muy
importante.
Aceptar que
distintos tipos de preguntas requieren distintos modos de investigación.
La ciencia
busca comprender los mecanismos. La
filosofía pregunta por el fundamento.
La contemplación permanece abierta al misterio.
Las tres
pueden convivir. Las tres pueden
enriquecerse mutuamente. Ninguna
necesita eliminar a las otras.
Porque todas
nacen del mismo impulso profundamente humano:
el deseo de
comprender la realidad.
Y quizá la mayor
riqueza aparezca precisamente cuando no confundimos unas preguntas con otras.
Cuando
permitimos que cada una llegue hasta dónde puede llegar. Sin exigirle responder aquello que
pertenece a otro nivel.
Entonces
comprendemos que la pregunta «¿Por
qué puede funcionar?» no pretende cerrar el misterio.
Hace
exactamente lo contrario. Lo abre.
Nos recuerda
que detrás de cada explicación puede seguir existiendo un horizonte todavía más
amplio. Y quizá sea precisamente ese
horizonte el que mantiene viva la investigación humana.
Porque
mientras exista una pregunta más profunda, la conciencia seguirá teniendo un
motivo para continuar descubriendo.
Carlos, hay
una frase que me ha venido mientras escribía y que quizá sintetiza todo este
capítulo:
La pregunta
"¿cómo funciona?" amplía nuestro conocimiento; la pregunta "¿por
qué puede funcionar?" amplía nuestro asombro.
Creo que
ambas preguntas son necesarias. Una nos ayuda a comprender el mundo. La otra
nos recuerda que, incluso cuando comprendemos mucho, la realidad sigue
conservando una profundidad que ninguna explicación termina de agotar. Y quizá
sea precisamente esa profundidad la que mantiene viva la aventura del
conocimiento.
¿Por
qué existe esa posibilidad de que haya leyes?
Carlos, aquí
conviene ser muy preciso, porque precisamente esa precisión da fuerza al
argumento. Yo incluso suavizaría la formulación para que no parezca una
afirmación contra la ciencia, sino una observación sobre los distintos niveles
de las preguntas.
Incluso si
algún día la física llegara a formular una teoría completamente unificada,
capaz de describir con extraordinaria precisión todas las interacciones
fundamentales del universo, todavía permanecería abierta una pregunta.
No una
pregunta sobre el funcionamiento. Sino
una pregunta sobre la posibilidad del funcionamiento.
Ya no
preguntaríamos: ¿Cómo funcionan las
leyes?
Ni siquiera: ¿Por qué estas leyes y no otras?
La pregunta
sería todavía más sencilla y, al mismo tiempo, más profunda.
¿Por qué
existe la posibilidad de que haya leyes?
Porque una
teoría unificada podría describir con enorme precisión la estructura del
universo.
Podría
explicar cómo se relacionan sus elementos.
Cómo evolucionan. Cómo
interactúan. Cómo emergen nuevas
formas.
Pero una
descripción, por completa que fuese, seguiría siendo una descripción de algo
que ya puede existir.
La pregunta
que aparece aquí es diferente. No
pregunta por la estructura. Pregunta
por la posibilidad misma de que exista una estructura.
No pregunta
por el orden. Pregunta por la
posibilidad de que exista el orden.
No pregunta
por las leyes. Pregunta por la
posibilidad de que haya leyes.
Y esa
diferencia cambia completamente el horizonte de la reflexión.
No porque
invalide las respuestas anteriores. Al
contrario. Las presupone.
Cuanto mejor
comprendemos cómo funciona la realidad, con mayor claridad aparece otra
cuestión:
¿Qué hace
posible que una realidad pueda ser inteligible, ordenada y capaz de expresarse
mediante leyes?
Quizá esa pregunta
no tenga una respuesta definitiva. O
quizá todavía no sepamos cómo formularla adecuadamente.
Pero su
simple aparición ya amplía el horizonte del pensamiento. Nos recuerda que conocer cada vez mejor el
universo no elimina necesariamente el misterio. A veces ocurre justamente lo contrario.
Cuanto más
comprendemos el funcionamiento de las cosas, más claramente advertimos que
todavía permanece abierta la pregunta por la posibilidad misma de que ese
funcionamiento pueda existir.
Hay además
una frase, Carlos, que me parece especialmente fecunda para este libro:
La ciencia
puede preguntarse por las leyes de la realidad. La contemplación puede
preguntarse por la posibilidad de que exista una realidad con leyes.
No son dos
respuestas enfrentadas. Son dos
preguntas situadas en niveles distintos.
Y precisamente por eso pueden convivir y enriquecerse mutuamente.
Creo que
este matiz es importante para MADRE TIERRA. El libro no necesita
proponer una teoría alternativa a la física. Le . Esa apertura es, en sí misma,
una invitación a seguir observando.
Carlos, creo que acabas de hacer una
corrección muy importante. De hecho, es una corrección de método.
La frase: "Algo
hizo que la posibilidad lo pudiera hacer todo."
introduce
inmediatamente una hipótesis causal. El lector puede preguntarse: ¿Qué es ese algo? ¿Dios? ¿Una energía?
¿Otra entidad? Y el libro deja de observar para empezar a explicar.
En cambio,
tu formulación mantiene exactamente la actitud que hemos ido construyendo en MADRE TIERRA: primero
observar, después reconocer, y sólo entonces, si es posible, interpretar.
El fundamento
Hasta ahora
hemos observado una secuencia. Las
posibilidades aparecen. Algunas
llegan a desplegarse. La Vida las
desarrolla. La conciencia las
reconoce. La libertad responde a
ellas.
Todo ello
parece formar parte de una misma realidad.
Entonces surge una pregunta inevitable.
¿Qué hace posible que existan posibilidades?
Llegados a
este punto conviene actuar con prudencia. Sería fácil afirmar una respuesta. Sería fácil ponerle un nombre. Sería fácil construir una teoría. Sin embargo, la observación todavía no nos
autoriza a hacerlo.
Lo único que
realmente podemos reconocer es un hecho.
Las posibilidades aparecen.
Y si
aparecen, parece razonable pensar que existe algún fundamento gracias al cual
pueden aparecer. No sabemos cuál es
ese fundamento. No sabemos cómo es. No sabemos si pertenece al universo, a la
creación, a una realidad más amplia o a algo que todavía desconocemos. Tampoco sabemos si algún día podremos
comprenderlo mejor.
Pero sí
podemos reconocer algo con bastante sencillez.
Parece existir un fundamento gracias al cual
la realidad puede desplegar posibilidades.
Esta
afirmación no pretende explicar ese fundamento. Ni describir su naturaleza. Ni convertirlo en un nuevo concepto
filosófico. Simplemente reconoce que
las posibilidades no aparecen aisladas.
Parecen apoyarse en una realidad que hace posible su existencia.
Ése es, precisamente,
el sentido de la palabra fundamento. No aquello que ya conocemos. Sino aquello sobre lo que descansa todo lo
demás.
Quizá el
fundamento permanezca siempre parcialmente oculto. Como las raíces de un árbol. No solemos contemplarlas. Y, sin embargo, sabemos que sin ellas el
árbol no podría mantenerse vivo.
Del mismo
modo, quizá las posibilidades nos inviten a reconocer que existe un fundamento,
aunque todavía no podamos describirlo plenamente.
Por eso la
actitud más honesta quizá no sea afirmar.
Sino contemplar.
No decir: "Ya
sabemos qué es." Si no
reconocer:
"Sabemos que parece haber algo que
sostiene la aparición de las posibilidades, aunque todavía ignoremos su
naturaleza."
Y esa
diferencia es enorme. Porque mantiene
abierta la investigación. Conserva
vivo el asombro. Y evita convertir el
misterio en una respuesta prematura.
Carlos, creo
que aquí aparece uno de los rasgos más característicos de este libro. No pretende llenar los espacios
que todavía desconocemos. Pretende habitar esos espacios
con respeto.
En cierto
modo, el libro propone una disciplina intelectual y contemplativa: no afirmar más de lo que la
observación permite.
Eso le da
una solidez muy especial. El lector no siente que se le impone una explicación,
sino que se le invita a acompañar un proceso de descubrimiento.
Hay incluso
una frase que resume muy bien ese espíritu:
La observación puede llevarnos a reconocer un
fundamento; la prudencia nos impide apresurarnos a definirlo.
Creo que esa
frase expresa con mucha fidelidad el camino que está tomando MADRE TIERRA: avanzar, sí;
pero avanzar sin cerrar antes de tiempo aquello que todavía permanece abierto
al misterio.
Carlos, este pasaje me parece de una gran
belleza porque utiliza una imagen muy sencilla —la lámpara mágica— para
conducir al lector hacia una reflexión profunda. Yo sólo haría un pequeño
cambio: sustituiría la imagen de la "lámpara mágica" por la de un
símbolo literario. Así el lector entiende que no estamos proponiendo una
explicación, sino una metáfora.
¿Cómo
sale de la lámpara?
Podemos
imaginar, como en los antiguos cuentos, una lámpara de la que brotan cosas
extraordinarias.
Es una
imagen. Un símbolo. No pretende explicar la realidad. Sólo ayudarnos a formular una pregunta.
Porque,
cuando observamos el mundo, sucede algo parecido. Continuamente aparecen formas nuevas.
Una semilla
despliega un árbol. Una célula
despliega un organismo. Un embrión
despliega una persona. Un niño despliega
un adulto. Una intuición despliega una
obra. Una idea despliega una
civilización. Un pequeño descubrimiento
puede transformar generaciones enteras.
Todo parece
desarrollarse mediante un continuo despliegue.
Sin embargo, hay algo muy llamativo.
Siempre observamos el despliegue.
Nunca
observamos directamente el origen último de la posibilidad que hace posible ese
despliegue.
Vemos el
árbol. No vemos aparecer la
posibilidad de ser árbol.
Vemos crecer
al niño. No vemos surgir la posibilidad
de llegar a ser adulto.
Vemos nacer
una teoría científica. No
contemplamos el instante en que la posibilidad de esa teoría comenzó a existir.
La realidad
nos muestra constantemente los frutos.
El origen permanece discretamente velado.
Y quizá no
sea una limitación. Quizá forme parte
de la propia condición de la conciencia.
Nuestra
experiencia parece comenzar allí donde las posibilidades empiezan a
manifestarse. Podemos seguir su
desarrollo. Podemos estudiarlo. Podemos comprender cada vez mejor sus
mecanismos.
Pero el
fundamento desde el que esas posibilidades llegan a abrirse permanece más allá
de nuestra observación directa.
Eso no
significa que no exista.
Significa
únicamente que no lo vemos del mismo modo que vemos el árbol o la montaña.
Entonces
comprendemos que nuestra tarea no consiste en inventar una respuesta
apresurada.
Consiste en
aprender a contemplar el despliegue con suficiente atención como para reconocer
que, detrás de cada manifestación, parece haber una apertura anterior que la
hizo posible.
Quizá nunca
podamos describir plenamente ese origen.
Pero sí podemos admirar su fecundidad. Porque todo cuanto contemplamos parece
hablarnos de una realidad que no deja de desplegar posibilidades.
Y quizá ahí
resida uno de los mayores motivos de asombro.
No sólo en que existan árboles, seres vivos, inteligencia o conciencia. Sino en que la realidad posea una
capacidad inagotable para dar lugar, una y otra vez, a formas nuevas.
Y aquí se me
ocurre una frase que podría cerrar el capítulo:
No
contemplamos el nacimiento de la posibilidad; contemplamos el nacimiento de sus
manifestaciones. Y, sin embargo, cada manifestación nos recuerda
silenciosamente que antes hubo una posibilidad abierta.
Creo que
esta frase resume muy bien el tono de todo este nuevo camino. No pretende
atravesar el misterio para sustituirlo por una explicación. Hace algo más
humilde y, a la vez, más fértil: permite
que el misterio siga siendo misterio, mientras la observación continúa
ampliándose.
Esa actitud,
Carlos, me parece una de las señas de identidad más valiosas de MADRE TIERRA. No renuncia
a preguntar, pero tampoco convierte las preguntas en respuestas antes de
tiempo.
"Carlos, estoy
completamente de acuerdo. De hecho, creo que ahí está la diferencia entre un
libro que propone una teoría y un libro que propone un método de observación.
La frase: "La posibilidad lo podía hacer
todo."
es muy
poderosa, pero todavía pertenece al terreno de la intuición. Si la escribimos
como una afirmación, el lector puede preguntarse inmediatamente:
"¿Cómo
lo sabes?" Y esa pregunta sería legítima.
Yo la
transformaría en un camino de observación.
Por ejemplo:
Hasta aquí
no podemos afirmar que la posibilidad sea el origen de todo.
La
observación no nos permite llegar tan lejos.
Lo que sí podemos reconocer es algo mucho más sencillo.
Todo cuanto
contemplamos parece haber pasado, de una u otra forma, por el ámbito de la
posibilidad.
Antes de
manifestarse, podía llegar a manifestarse.
Ése es un hecho que parece acompañar a toda realidad que conocemos.
A partir de
aquí comienza el misterio.
¿Es la posibilidad una propiedad de la realidad?
¿Es una condición del universo?
¿Es una consecuencia de un fundamento más profundo?
¿O simplemente es el nombre que damos a aquello que
todavía no comprendemos completamente?
Todavía no
lo sabemos. Y quizá esa ignorancia no
sea una debilidad.
Quizá sea
precisamente el lugar desde donde comienza la verdadera investigación.
Por eso
prefiero dejar abierta una intuición, en lugar de convertirla en una
conclusión. Podríamos decir,
simplemente:
Todo parece
indicar que la realidad posee una capacidad extraordinaria para abrir
posibilidades y desplegarlas.
Cómo ocurre. Por qué ocurre. Cuál
es su fundamento último. Son
preguntas que permanecen abiertas.
Y
precisamente por permanecer abiertas continúan alimentando el asombro.
Y hay algo
que me gusta todavía más, Carlos.
Creo que
esta frase: "La posibilidad
lo podía hacer todo."
no debería
aparecer como una tesis. La dejaría
aparecer como una pregunta al final de un capítulo. Así:
Al
contemplar el incesante despliegue de la realidad, surge una pregunta que no
pretende responder, sino abrir un horizonte de observación:
¿Y si la
posibilidad pudiera hacerlo todo?
Fíjate cómo
cambia. Ya no estamos afirmando. Estamos invitando al lector a mirar.
Y eso encaja
plenamente con el espíritu que, poco a poco, ha ido tomando MADRE TIERRA:
no empezar explicando el misterio; empezar observándolo.
Creo que ésa
puede ser una de las aportaciones más originales del libro. No pretende
sustituir el misterio por una respuesta rápida. Propone permanecer un poco más
delante de él, observándolo con atención, aceptando que algunas de las mejores
preguntas quizá necesiten mucho tiempo antes de poder recibir una respuesta.
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