MADRE TIERRA y CONSTRUCTO HUMANO
Construir sabiendo que construimos
Aquí está el
salto de conciencia del constructor. Hasta
ahora hemos mirado hacia atrás. Hemos
descubierto paredes. Buscado sus
cimientos. Intentado comprender por qué
fueron levantadas. Reconstruido las
capas que se añadieron. Preguntado qué
continúa siendo necesario. Detectado
desviaciones. Reubicado. Rectificado.
Pero todavía
podríamos continuar haciendo exactamente aquello que hicieron quienes nos
precedieron: CONSTRUIR SIN RECORDAR
QUE ESTAMOS CONSTRUYENDO. Y
entonces todo el proceso volvería a comenzar.
Quizá dentro
de cien, quinientos o mil años otros humanos tendrían que mirar nuestras
construcciones y preguntar: «¿Cómo
llegaron a pensar que esto era así?» Aquí
aparece la posibilidad de un salto. No
dejar de construir.
CONSTRUIR SABIENDO QUE CONSTRUIMOS.
El constructor despierta
Durante
mucho tiempo el humano pudo considerarse simplemente habitante del mundo. Pero hemos descubierto algo más.
Habita una
Tierra que no construyó y, sobre ella, participa constantemente en la creación
de otro mundo. Lenguaje. Instituciones. Normas.
Valores. Tecnologías. Economías.
Profesiones. Símbolos. Clasificaciones. Modelos.
Historias. Explicaciones. Formas de convivencia. Todo ello continúa creciendo. Por tanto, no somos solamente habitantes.
SOMOS HABITANTES Y
CONSTRUCTORES. Y quizá la verdadera diferencia no
esté entre construir o no construir. Está
entre: CONSTRUCTOR INCONSCIENTE DE
SU CONSTRUCCIÓN y CONSTRUCTOR CONSCIENTE DE QUE ESTÁ
CONSTRUYENDO.
El ladrillo cambia cuando sabemos que es ladrillo
Imaginemos
que proponemos una nueva idea. Podemos
decir: «Esto es así.» O podemos decir: «Esto es lo que actualmente proponemos
para explicar, organizar o interpretar esto.»
Las dos
frases pueden referirse exactamente a la misma idea. Pero epistemológicamente son mundos
diferentes. La segunda conserva visible
la mano del constructor. No
debilita necesariamente la propuesta. La
hace más limpia. Porque permite
preguntar:
¿En qué se basa?
¿Qué intenta resolver? ¿Qué
observamos?
¿Qué estamos interpretando? ¿Qué estamos suponiendo?
¿Cómo podríamos contrastarlo? ¿Qué consecuencias produce?
¿Qué nos haría rectificar?
La
construcción nace con una puerta.
Construcciones con fecha Quizá deberíamos aprender incluso a colocar una
especie de fecha mental sobre muchas de nuestras construcciones: CONSTRUIDO AQUÍ. EN ESTE MOMENTO. CON ESTOS CONOCIMIENTOS. PARA ESTAS CIRCUNSTANCIAS.
Eso
impediría que una solución histórica se disfrazara demasiado pronto de realidad
eterna. No significa que vaya a durar
poco. Puede durar siglos. Puede ser magnífica. Pero quienes la reciban deberían poder
saber: ALGUIEN LA CONSTRUYÓ. Y
por tanto también: ALGUIEN PUEDE
VOLVER A MIRARLA.
La
transmisión cambia Éste puede ser uno de los cambios
más profundos. Hasta ahora hemos visto
una secuencia: CONSTRUIMOS →
TRANSMITIMOS → SE NORMALIZA → SE OLVIDA QUE FUE CONSTRUIDO. ¿Podemos modificarla? Quizá sí.
Podemos transmitir no solamente la construcción. Podemos transmitir también la memoria de
la construcción. No enseñar
únicamente: «Esto es así.» Sino:
«Esto lo organizamos así por estas razones.» «Esto sabemos.»
«Esto interpretamos.» «Esto todavía no sabemos.»
«Esto funcionó.»
«Aquí encontramos problemas.»
«Estas partes son revisables.»
Entonces la
generación siguiente no recibe solamente el edificio. RECIBE
TAMBIÉN LOS PLANOS. Y eso
puede cambiar enormemente su libertad.
Entregar los planos
Ésta puede
ser una de las imágenes centrales del libro.
Hasta ahora nacíamos dentro de una construcción terminada. Veíamos paredes. Puertas.
Pasillos. Normas. Y muchas veces nadie nos enseñaba dónde
estaban los planos. Ahora podemos
imaginar otra transmisión. Decir a
quienes llegan: «Éste es el
edificio que hemos construido hasta ahora.»
No: «Éste es el único
mundo posible.» Sino: «Aquí vivimos actualmente.»
«Estas paredes cumplen esta función.» «Éstas se levantaron por estas razones.»
«Algunas las hemos modificado.» «Otras todavía no sabemos cómo
mejorarlas.»
«Y probablemente vosotros veréis cosas que nosotros no
podemos ver.»
Eso no
debilita una civilización. Puede
hacerla extraordinariamente adaptable.
La educación adquiere otra función
Entonces
educar no puede consistir solamente en enseñar a moverse correctamente dentro
del edificio. También debería permitir
comprender que existe un edificio.
Aprender matemáticas. Historia. Ciencia.
Lengua. Tecnología. Profesiones. Perfecto. Pero además: ¿CÓMO
LLEGAMOS A CONSTRUIR EL MUNDO EN EL QUE TODO ESO TIENE SENTIDO? El joven ya no recibe solamente
respuestas. Recibe también capacidad
de preguntar. Y quizá una de las
preguntas educativas más importantes sea:
«¿ESTO LO ENCONTRAMOS O LO CONSTRUIMOS?» Porque quien sabe distinguir una
montaña de una pared posee una libertad que quien las confunde no puede
ejercer.
El especialista también se convierte en constructor
Esto afecta
profundamente a cualquier disciplina. Un
psicólogo no solamente recibe modelos psicológicos. También participa, cuando interpreta,
clasifica o propone nuevas categorías, en la construcción del mundo psicológico. Un economista participa en modelos mediante
los que organizamos e interpretamos relaciones económicas. Un jurista trabaja dentro de una
construcción jurídica y puede participar en su modificación. Un educador transmite conocimiento, pero
también formas de organizarlo. Un
tecnólogo no construye solamente objetos: puede introducir nuevas posibilidades
que después transformen conductas humanas.
Un astrólogo que propone una nueva interpretación está colocando un
ladrillo en el edificio astrológico.
Y quien trabaja con inteligencia artificial puede participar en
construcciones cuya velocidad de propagación sea enorme.
Por eso
aparece una pregunta que debería acompañar al especialista: **¿ESTOY
DESCUBRIENDO ALGO O ESTOY
PARTICIPANDO TAMBIÉN EN SU CONSTRUCCIÓN?**
A veces la respuesta será: LAS
DOS COSAS. Y saberlo importa.
La astrología nos lo mostró con enorme claridad
Imaginemos
el descubrimiento de un nuevo objeto celeste.
El objeto no lo hemos construido nosotros. Podemos observarlo. Calcular su posición. Estudiar su órbita. Pero después comienza otra operación. Alguien propone un significado. Otro añade casos. Otro establece analogías. Otro relaciona el nombre con una mitología. Otro incorpora aquella interpretación a su
práctica. Se publica. Se enseña.
Se transmite.
Y años
después alguien puede aprender: «Este
objeto significa esto.» Ahora
podemos detener el proceso mucho antes.
Podemos decir: «EL OBJETO
ESTÁ AHÍ. ESTA INTERPRETACIÓN LA
ESTAMOS CONSTRUYENDO NOSOTROS. VEAMOS
QUÉ OCURRE CON ELLA.» Eso no
impide investigar. Al contrario. PERMITE
VER LA INVESTIGACIÓN MIENTRAS OCURRE.
El constructor se observa colocando el ladrillo.
La hipótesis puede seguir siendo hipótesis
Ésta es otra
consecuencia enorme. No necesitamos
convertir rápidamente una propuesta en verdad para poder trabajar con ella. Podemos mantenerla abierta. HIPÓTESIS. Probar.
Observar. Comparar. Acumular experiencia.
Buscar contradicciones. Modificar. Abandonar si no funciona. Fortalecer si el contraste lo justifica. Esto parece elemental en investigación
científica.
Pero la
operación puede extenderse mucho más allá.
Podemos aprender culturalmente a convivir con: «TODAVÍA
NO LO SABEMOS.» Sin sentir
que el edificio se derrumba.
También podemos construir sabiendo para qué
La
conciencia del constructor introduce otra ventaja. Podemos colocar la función delante del
ladrillo. Antes de construir preguntar: ¿QUÉ NECESIDAD QUEREMOS ATENDER? Eso parece sencillo. Pero puede evitar que terminemos
construyendo soluciones que después buscan desesperadamente problemas que
justifiquen su existencia.
Primero: ¿QUÉ NECESITAMOS? Después: ¿QUÉ PROPONEMOS? Y luego: ¿FUNCIONA? La función permanece visible durante
el proceso.
Y sabiendo qué no sabemos
Un
constructor consciente también reconoce sus límites. No conoce todas las consecuencias. No sabe cómo utilizarán otros aquello que
construye. No puede prever
completamente qué ocurrirá si millones de personas lo adoptan. No conoce todas las interacciones futuras. Por tanto, una construcción consciente
debería contener desde el principio: POSIBILIDAD DE RECTIFICACIÓN. No construir solamente el
sistema. Construir también su
mecanismo de revisión.
¿Cómo sabremos que algo está fallando? ¿Qué señales observaremos?
¿Quién podrá cuestionarlo? ¿Qué información necesitamos?
¿Qué consecuencias consideraremos relevantes?
¿Qué podemos modificar si aparecen problemas?
Eso es
construir con una puerta de retorno.
Construcciones reversibles cuando sea posible
Quizá
podamos introducir incluso una nueva cualidad. Cuando no conocemos completamente las
consecuencias de una construcción, puede ser valioso que algunas decisiones
puedan revisarse. No siempre será
posible. Pero cuando lo sea,
conservar reversibilidad puede convertirse en una forma de inteligencia. Porque reconoce algo elemental: PODEMOS
EQUIVOCARNOS. Y no ocurre nada
extraordinario por reconocerlo. Lo
extraordinario sería saber que podemos equivocarnos y construir como si fuera
imposible.
La inteligencia artificial acelera el problema
Aquí nuestro
tiempo adquiere una importancia especial.
Durante siglos, muchas construcciones humanas se difundían lentamente. Necesitaban generaciones. Libros.
Escuelas. Instituciones. Ahora una idea puede recorrer el planeta
en horas. Puede ser reproducida. Transformada. Amplificada. Generada en enormes cantidades. La inteligencia artificial añade otra
capacidad: AYUDAR A CONSTRUIR A
GRAN VELOCIDAD. Textos. Imágenes.
Modelos. Clasificaciones. Interpretaciones. Decisiones asistidas. Nuevas combinaciones de ideas. Eso no convierte la IA en enemiga. Pero sí hace mucho más importante nuestra
pregunta. Porque cuanto más rápido
colocamos ladrillos: MÁS NECESITAMOS SABER QUE ESTAMOS COLOCANDO
LADRILLOS. La velocidad
aumenta la necesidad de toma de tierra.
Construir desde Vida, Unidad y Continuidad
Y aquí
recuperamos nuestro contraste fundamental.
No queremos convertirlo en mandamiento.
No diremos: «Solamente se
puede construir aquello que nosotros definamos como bueno para la Vida.» Eso crearía otra autoridad y otro
edificio cerrado. Haremos algo más
humilde. Mientras construimos,
preguntaremos: ¿QUÉ RELACIÓN TIENE
ESTO CON LA VIDA? ¿QUÉ
DEPENDENCIAS CREA DENTRO DE LA UNIDAD? ¿QUÉ OCURRE SI
CONTINÚA? No sabemos de antemano
todas las respuestas. Pero las
preguntas permanecen abiertas.
La libertad alcanza aquí otra dimensión
Antes
dijimos: LIBERTAD SIN VALLAS, PERO
CON TOMA DE TIERRA. Ahora podemos
comprender hasta dónde llega. Ser
libre no consiste solamente en poder elegir entre construcciones existentes. Existe una libertad más profunda: PODER
CONSTRUIR ALGO QUE TODAVÍA NO EXISTE.
Y todavía otra: PODER RECTIFICAR LO QUE HEMOS CONSTRUIDO. Y quizá otra más madura: SABER
QUE ESTAMOS CONSTRUYENDO MIENTRAS LO HACEMOS. Aquí el constructor alcanza
verdaderamente su mayoría de edad.
Esto cambia nuestra relación con la verdad
No significa
que todo sea relativo. No significa
que no existan hechos. Precisamente
hemos dedicado todo el libro a distinguir aquello que encontramos de aquello
que añadimos. Hay una realidad que
puede resistirse a nuestras ideas. Nuestro
cuerpo. La materia. Las consecuencias. Los procesos físicos. La Vida.
Por eso podemos construir libremente sin afirmar que cualquier
construcción vale lo mismo. LA REALIDAD PUEDE CONTESTARNOS. Y debemos escucharla. Una construcción consciente no teme el contraste. Lo necesita.
La realidad como interlocutora
Quizá
podamos expresarlo de otra manera. Construimos
una solución. La ponemos en
funcionamiento. La realidad responde. A veces dice: FUNCIONA. A veces: FUNCIONA, PERO PRODUCE ESTO OTRO. A veces: NO FUNCIONA. A veces: FUNCIONÓ DURANTE UN TIEMPO, PERO LAS
CONDICIONES HAN CAMBIADO.
Entonces
volvemos a construir. No estamos
dominando la realidad. ESTAMOS DIALOGANDO CON ELLA. Construcción y contraste. Propuesta y consecuencia. Libertad y toma de tierra. Una nueva transmisión humana Quizá algún día podamos entregar a
quienes vengan después algo distinto. No
solamente nuestras construcciones. También
nuestra conciencia de haberlas construido.
Decirles:
«HICIMOS ESTO.»
«LO HICIMOS POR ESTAS RAZONES.»
«ESTO NOS FUNCIONÓ.» «AQUÍ NOS EQUIVOCAMOS.»
«ESTO TODAVÍA NO LO SABEMOS.»
«ESTAS PARTES LAS CONSIDERAMOS IMPORTANTES.»
«PERO NO CONFUNDÁIS EL EDIFICIO CON LA TIERRA.»
Y finalmente: «AHORA
OS TOCA A VOSOTROS.»
No les
entregamos un mundo terminado. Les
entregamos un mundo continuable.
El salto de conciencia del constructor Podemos condensarlo. El primer constructor dice: «HE HECHO ALGO.» El segundo dice: «ESTO FUNCIONA.» El tercero: «ESTO ES ASÍ.» Y quizá ahora podamos introducir otro: **«LO
HEMOS CONSTRUIDO ASÍ. SABEMOS PARA QUÉ. OBSERVAMOS QUÉ PRODUCE. Y CONTINUAMOS DISPUESTOS A
RECTIFICARLO.»** Éste es el
salto. No necesariamente una humanidad
más sabia en todo. No una humanidad
incapaz de equivocarse. Algo quizá
más realista: UNA HUMANIDAD CAPAZ DE SABER CUÁNDO ESTÁ
CONSTRUYENDO.
Y entonces aparece la gran pregunta de retorno
Pero todavía
necesitamos una última herramienta. Porque
podemos construir conscientemente y, aun así, quedar fascinados por nuestra
propia construcción. Podemos crear
mundos extraordinarios. Tecnológicos. Económicos.
Intelectuales. Simbólicos. Virtuales.
Podemos alejarnos muchísimo. Y
queremos poder hacerlo. No hemos
venido a cortar alas. Por eso
necesitamos conservar una pregunta capaz de acompañarnos cuanto más lejos
lleguemos. Una pregunta que no nos
diga qué construir. Que no nos obligue
a regresar al pasado. Que no cierre el
futuro. Simplemente que mantenga
visible el suelo. La pregunta
con la que podremos volver desde cualquiera de nuestros mundos: La pregunta de retorno ¿ESTO
QUE ESTAMOS CONSTRUYENDO PUEDE CONTINUAR JUNTO CON LA VIDA QUE LO HACE POSIBLE?
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