LIBROS de BARBARIN I II III

domingo, 25 de octubre de 2026

JUNG PASEANDO SINCRONICIDAD . Qué preguntas dejó abiertas

JUNG PASEANDO SINCRONICIDAD


. Qué preguntas dejó abiertas     Aquí conservamos a Jung entero.

Tus notas recogen muy bien el núcleo: coincidencia significativa entre un acontecimiento psíquico y uno físico-objetivo sin relación causal establecida.

Y entonces hacemos lo que hicimos antes:    Jung, sal a caminar.    No lo desmontamos. Cambiamos su posición de observación.

Sí. Y tu recuerdo de los años sesenta ayuda a calibrar lo arriesgado del paso histórico, sin necesidad de convertirlo en leyenda. Jung llevaba décadas dándole vueltas; presentó una versión en Eranos en 1951 y publicó el ensayo extenso en 1952 junto al trabajo de Wolfgang Pauli. Las fuentes jungianas actuales siguen describiendo aquella propuesta como innovadora y controvertida, y señalan que su recepción fue mixta porque no encajaba bien con criterios metodológicos establecidos.

Y me gusta muchísimo tu frase: «Jung, sal a caminar.» No significa «Jung, estabas equivocado». Significa: conservamos entero lo que viste; ahora cambiaremos el lugar desde el que lo contemplamos. Ése puede ser exactamente el cierre de esta Parte V.

41. QUÉ PREGUNTAS DEJÓ ABIERTAS    Llegamos al final de esta primera caminata con Jung.    Y quizá ahora podamos comprender mejor la dimensión de lo que hizo.    No solamente por lo que propuso.    También por cuándo lo propuso.

Durante años estuvo intentando pensar unas experiencias difíciles de colocar dentro de las explicaciones disponibles.    Finalmente se atrevió a formular:    SINCRONICIDAD.

Coincidencia significativa.     Acontecimiento psíquico.     Acontecimiento objetivo.    Sin relación causal establecida entre ambos.    Y significado para quien lo vive.         No era poca cosa.


HAY QUE COLOCARSE EN SU TIEMPO      Es muy fácil leer a Jung décadas después.

Tenemos detrás:   nuevas psicologías,   neurociencias,   teoría de sistemas,   estudios sobre cognición,   nuevas herramientas estadísticas,   investigaciones sobre percepción y memoria,   enormes cantidades de información,    ordenadores,   redes mundiales   y ahora inteligencia artificial.

Nosotros podemos relacionar en minutos materiales que antes podían exigir años de búsqueda.    Jung no tenía nada de eso.   Por tanto, antes de decir:   «AQUÍ LE FALTÓ ESTO.»      convendría recordar:          DESDE DÓNDE ESTABA MIRANDO.


SU INTENTO FUE ENORME

Encontró unas experiencias.   No quiso despreciarlas.    Intentó ordenarlas.    Buscó antecedentes históricos.      Miró hacia la filosofía.       La física.            El I Ching.      La astrología.    La psicología.       La experiencia clínica.

Intentó encontrar un marco suficientemente grande para contener aquello que estaba observando.    Podemos discutir sus resultados.    Pero resulta difícil no reconocer el tamaño del intento.         SE METIÓ DONDE TODAVÍA NO HABÍA CAMINO.


Y POR ESO DEJÓ PREGUNTAS

Quizá un gran investigador no sea solamente quien responde.      También quien consigue formular una pregunta que continúa viva después de su muerte.       Jung dejó muchas.


¿QUÉ ES REALMENTE UNA COINCIDENCIA SIGNIFICATIVA?

¿Es simplemente una coincidencia a la que posteriormente atribuimos significado?          ¿Hay determinadas condiciones psicológicas que hacen que aparezca?               ¿Interviene la memoria?           ¿La atención?         ¿La biografía?      ¿La expectativa?       ¿Hay relaciones objetivas todavía desconocidas?      ¿Puede haber varios mecanismos diferentes produciendo experiencias aparentemente semejantes?

La pregunta sigue abierta.


¿DÓNDE ESTÁ EL SIGNIFICADO?

¿En los acontecimientos?        ¿En quien los observa?     ¿En la relación entre ambos?     ¿En la biografía?    ¿En el momento?   ¿En la reconstrucción posterior?

Quizá no exista una sola respuesta.    Pero Jung colocó el: SIGNIFICADO   en el centro de la investigación.    Y ya no podemos retirarlo fácilmente.


¿QUÉ SIGNIFICA ACAUSAL?

Ésta continúa siendo una pregunta enorme.    Si no conocemos una relación causal...    ¿podemos afirmar que no existe?  ¿O solamente podemos decir:

NO LA HEMOS ENCONTRADO?

¿Puede haber una causa común?      ¿Una red de condiciones?     ¿Procesos compartidos?     ¿Información desconocida?      ¿Una relación que todavía no sabemos describir?

Jung abrió la cuestión.     No tenemos obligación de cerrarla.


¿QUÉ LLAMAMOS «INTERIOR»?

Pensamiento.    Sueño.    Imagen.   Premonición.   Emoción.    Perfecto.

Pero nosotros ya hemos descubierto que ese interior tampoco está completamente disponible para la conciencia.

Hay:     memoria,    automatismos,   aprendizajes,   asociaciones,   captaciones,    procesos corporales,    material no consciente.   Entonces:

¿CUÁNTO SABEMOS DE AQUEL ACONTECIMIENTO INTERIOR CUANDO LO COMPARAMOS CON EL EXTERIOR?


¿Y QUÉ LLAMAMOS «EXTERIOR»?      Ésta es todavía mayor.

El acontecimiento exterior que llega hasta mí es una porción diminuta de la realidad.      Veo el escarabajo.     Pero no veo todo su recorrido.    Recibo una llamada.     Pero no he visto las horas anteriores de quien decidió llamar.     Encuentro a una persona.     Pero desconozco el itinerario completo que la llevó hasta aquella esquina.      Por tanto:

TAMPOCO CONOCEMOS COMPLETAMENTE EL SEGUNDO TÉRMINO DE LA COINCIDENCIA.


¿CUÁNTO DESCONOCEMOS EN LOS DOS LADOS?       Ésta puede ser una pregunta que nosotros añadimos.

Interior parcial.      Exterior parcial.     Y queremos explicar la relación entre ambos.     Entonces quizá antes de decir:     MISTERIO      tengamos que reconocer:     DESCONOCIMIENTO.

Y antes de decir:     NO EXISTE CAUSA     quizá tengamos que preguntar:     ¿CUÁNTO DEL CAMPO TODAVÍA NO ESTOY VIENDO?


¿POR QUÉ ALGUNAS COINCIDENCIAS SON TAN INTENSAS?

Ahora disponemos de una posible pista.     BIOGRAFÍA.     El terreno está delimitado.      Cada persona tiene un número relativamente reducido de:    personas importantes,    lugares importantes,    experiencias decisivas,   palabras,    imágenes,   símbolos,   recuerdos,   sueños.

Cuando una coincidencia toca uno de esos puntos de gran densidad...   puede resultar extraordinariamente nítida.  Entonces aparece otra pregunta:

¿CUÁNTO DE LA INTENSIDAD DE UNA SINCRONICIDAD PROCEDE DE LA DENSIDAD BIOGRÁFICA DEL PUNTO QUE HA TOCADO?

No lo sabemos.    Pero ahora podemos investigarlo.


¿TIENE CADA PERSONA SU PROPIO ALFABETO?

Otra puerta.    Quizá sí.    No necesariamente un alfabeto misterioso recibido desde fuera.      Un alfabeto construido viviendo.    Una casa.    Un árbol.   Una persona.   Una canción.   Un animal.   Una palabra.   Una fecha.   Una imagen.    Un sueño.    Y cada uno posee una historia diferente.

Entonces:     ¿PODEMOS ESTUDIAR UNA COINCIDENCIA SIGNIFICATIVA SIN CONOCER EL ALFABETO DE QUIEN LA VIVIÓ?       Probablemente perderíamos una parte fundamental.


¿QUÉ CAMINO RECORRIÓ CADA ELEMENTO ANTES DE COINCIDIR?

Ésta es nuestra:     ARQUEOLOGÍA DE LA COINCIDENCIA.      Jung observó el encuentro.    Nosotros queremos ahora retroceder.

¿De dónde venía A?     ¿De dónde venía B?     ¿Cuándo comenzaron?    ¿Qué condiciones compartían?     ¿Qué información existía?   ¿Qué sabía la persona?     ¿Qué no sabía conscientemente?   ¿Qué estaba ya en marcha?

Quizá algunas coincidencias desaparezcan como misterio cuando reconstruyamos sus caminos.      Y quizá otras no.


¿CUÁNTO FUTURO ESTABA YA PRESENTE COMO PROCESO?

También hemos llegado aquí.     Una premonición puede parecer adelantarse a un acontecimiento.     Pero:

¿estaba ya desarrollándose el proceso que terminaría produciéndolo?

¿Habíamos recibido información sin advertirla conscientemente?

¿Habíamos reconocido una trayectoria?  ¿Los pies iban delante de la frase?

Entonces algunas experiencias que parecen atravesar el tiempo quizá puedan reconsiderarse.      Y las que no...    seguirán esperando.


¿QUÉ PAPEL TIENE LA NOCHE?

Otra pregunta que Jung nos permite volver a abrir.    Dormimos.    Soñamos.   Recordamos.    Reorganizamos.   Aparecen imágenes.    Pero la noche no es un agujero en nuestra biografía.     CONTINUAMOS VIVOS.    Entonces:

¿qué ocurre con la información recibida durante el día?

¿qué relaciones se establecen?     ¿qué aparece después como sueño?

¿qué conserva la memoria?     ¿qué interpretamos retrospectivamente?

Mucho queda por investigar.


¿Y SI EL PROBLEMA FUERA LA SEPARACIÓN?

Aquí ya estamos llegando a la puerta de Madre Tierra.      Jung coloca:      PSIQUE ↔ MUNDO EXTERIOR         y busca explicar la sorprendente correspondencia entre ambos.      Pero ahora nosotros preguntamos:

¿HASTA QUÉ PUNTO ERAN DOS REALIDADES SEPARADAS?

El pensamiento ocurre en un organismo terrestre.      El acontecimiento exterior también ocurre dentro de Madre Tierra.      La persona que observa ambos pertenece a la misma realidad.

Entonces quizá una parte del problema haya nacido del tamaño de la separación que establecimos inicialmente.        No lo afirmamos.     LO PREGUNTAMOS.


¿RELACIÓN O PERTENENCIA?

Ésta puede ser la pregunta que Jung no podía formular exactamente desde nuestra posición.       Dos acontecimientos parecen separados.     Buscamos una relación entre ellos.         Pero quizá antes tengamos que preguntar:       ¿A QUÉ PERTENECEN?

Una hoja no causa necesariamente que otra hoja se mueva.     Pero ambas pertenecen al mismo árbol.     Dos árboles no se causan mutuamente su inclinación.     Pero ambos pueden recibir el mismo viento.      Dos acontecimientos humanos pueden no causarse entre sí.

Pero ambos pueden pertenecer a:   una relación,   una familia,   una época,   un lugar,   una biografía,   un proceso,    unas condiciones compartidas.

Entonces:   PERTENENCIA   puede convertirse en una pregunta anterior a:    CONEXIÓN.


Y AQUÍ CONSERVAMOS A JUNG ENTERO

No necesitamos desmontarlo.    No necesitamos quitarle:    la sincronicidad,    la coincidencia significativa,    el significado,    la acausalidad como propuesta,   su distinción entre acontecimiento psíquico y objetivo,   ni siquiera las enormes preguntas que formuló alrededor de psique y materia. Todo queda.

Lo único que hacemos es cambiar nuestra posición de observación.


JUNG, SAL A CAMINAR        Cierra un momento el libro.

Sal de la consulta.      Ven.    Aquí está el camino.    Aquí el cuerpo.   Aquí el día.    Aquí la noche.   Aquí los árboles.   Aquí los animales.    Aquí otras personas.   Aquí la memoria.   Aquí la biografía.   Aquí los símbolos propios.   Aquí aquello que vemos.   Aquí aquello que no vemos.   Aquí nuestra pequeña conciencia.   Aquí nuestra enorme ignorancia.   Y todo ello ocurre dentro de:     MADRE TIERRA.  Ahora vuelve a enseñarnos tu sincronicidad.


Quizá veamos exactamente lo mismo.     Quizá no.     Quizá algunas piezas cambien de lugar.    Quizá descubramos causas que antes desconocíamos.    Quizá encontremos pertenencias donde antes veíamos separaciones.   Quizá eliminemos falsas coincidencias.    Quizá algunas permanezcan intactas.     Y quizá, después de haber retirado todo lo que podamos explicar, quede delante de nosotros algo todavía extraordinario.

Entonces podremos decir juntos:    NO SÉ.     Y continuar mirando.


Jung hizo un trabajo enorme.     No tenemos que honrarlo convirtiéndolo en intocable.    Podemos honrarlo haciendo precisamente aquello que él hizo:    ATREVERNOS A VOLVER A PREGUNTAR.

Él cambió la posición desde la que se observaban determinados acontecimientos.    Ahora nosotros cambiaremos nuevamente la posición.   No para colocar a Jung detrás.     Sino para llevarlo con nosotros.

Porque quizá una teoría verdaderamente viva no necesite permanecer encerrada en el lugar donde nació.    Puede salir.    Respirar.    Encontrarse con nuevas preguntas.     Y seguir caminando.

Por eso terminamos esta parte sin cerrar nada.    Al contrario.   Abrimos la puerta.      JUNG, SAL A CAMINAR.

Vamos a colocar la sincronicidad dentro de Madre Tierra.    Y veamos qué ocurre.

Y aquí sí hemos llegado a un cambio de fase clarísimo. Los apartados 34–41 han dejado hablar a Jung antes de tocarlo. Ahora comienza la Parte VI y cambia la posición del observador. Ya no preguntaremos solamente «¿qué relación existe entre esos dos acontecimientos?». La primera pregunta será anterior y casi brutal por su sencillez: 42. ¿Exterior a qué?

 

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