JUNG PASEANDO SINCRONICIDAD
.
Qué preguntas dejó abiertas Aquí conservamos a
Jung entero.
Tus notas
recogen muy bien el núcleo: coincidencia significativa entre un acontecimiento
psíquico y uno físico-objetivo sin relación causal establecida.
Y entonces
hacemos lo que hicimos antes: Jung, sal a caminar. No lo desmontamos. Cambiamos su
posición de observación.
Sí. Y tu recuerdo de los años sesenta ayuda a
calibrar lo
arriesgado del paso histórico, sin necesidad de convertirlo en leyenda.
Jung llevaba décadas dándole vueltas; presentó una versión en Eranos en 1951 y
publicó el ensayo extenso en 1952 junto al trabajo de Wolfgang Pauli. Las
fuentes jungianas actuales siguen describiendo aquella propuesta como
innovadora y controvertida, y señalan que su recepción fue mixta porque no
encajaba bien con criterios metodológicos establecidos.
Y me gusta
muchísimo tu frase: «Jung, sal a caminar.» No significa «Jung, estabas
equivocado». Significa: conservamos
entero lo que viste; ahora cambiaremos el lugar desde el que lo contemplamos.
Ése puede ser exactamente el cierre de esta Parte V.
41. QUÉ PREGUNTAS DEJÓ ABIERTAS Llegamos al final de esta primera caminata
con Jung. Y quizá ahora podamos
comprender mejor la dimensión de lo que hizo.
No solamente por lo que propuso.
También por cuándo lo propuso.
Durante años
estuvo intentando pensar unas experiencias difíciles de colocar dentro de las
explicaciones disponibles. Finalmente
se atrevió a formular: SINCRONICIDAD.
Coincidencia
significativa. Acontecimiento
psíquico. Acontecimiento objetivo. Sin relación causal establecida entre
ambos. Y significado para quien lo
vive. No era poca cosa.
HAY QUE
COLOCARSE EN SU TIEMPO Es muy fácil leer a Jung décadas después.
Tenemos
detrás: nuevas psicologías, neurociencias, teoría de sistemas, estudios sobre cognición, nuevas herramientas estadísticas, investigaciones sobre percepción y memoria, enormes cantidades de información, ordenadores, redes mundiales y ahora inteligencia artificial.
Nosotros
podemos relacionar en minutos materiales que antes podían exigir años de
búsqueda. Jung no tenía nada de eso. Por tanto, antes de decir: «AQUÍ LE FALTÓ ESTO.» convendría recordar: DESDE DÓNDE ESTABA
MIRANDO.
SU INTENTO
FUE ENORME
Encontró
unas experiencias. No quiso
despreciarlas. Intentó ordenarlas. Buscó antecedentes históricos. Miró hacia la filosofía. La física. El I Ching. La astrología. La psicología. La experiencia clínica.
Intentó
encontrar un marco suficientemente grande para contener aquello que estaba
observando. Podemos discutir sus
resultados. Pero resulta difícil no
reconocer el tamaño del intento. SE METIÓ DONDE TODAVÍA
NO HABÍA CAMINO.
Y POR ESO
DEJÓ PREGUNTAS
Quizá un
gran investigador no sea solamente quien responde. También quien consigue formular una
pregunta que continúa viva después de su muerte. Jung dejó muchas.
¿QUÉ ES
REALMENTE UNA COINCIDENCIA SIGNIFICATIVA?
¿Es
simplemente una coincidencia a la que posteriormente atribuimos significado? ¿Hay determinadas condiciones
psicológicas que hacen que aparezca? ¿Interviene la memoria? ¿La atención? ¿La biografía? ¿La expectativa? ¿Hay relaciones objetivas todavía
desconocidas? ¿Puede haber varios
mecanismos diferentes produciendo experiencias aparentemente semejantes?
La pregunta
sigue abierta.
¿DÓNDE ESTÁ
EL SIGNIFICADO?
¿En los
acontecimientos? ¿En quien los
observa? ¿En la relación entre ambos? ¿En la biografía? ¿En el momento? ¿En la reconstrucción posterior?
Quizá no
exista una sola respuesta. Pero Jung
colocó el: SIGNIFICADO en el centro de la investigación. Y ya no podemos retirarlo fácilmente.
¿QUÉ SIGNIFICA
ACAUSAL?
Ésta
continúa siendo una pregunta enorme. Si
no conocemos una relación causal... ¿podemos
afirmar que no existe? ¿O solamente
podemos decir:
NO
LA HEMOS ENCONTRADO?
¿Puede haber
una causa común? ¿Una red de
condiciones? ¿Procesos compartidos? ¿Información desconocida? ¿Una relación que todavía no sabemos
describir?
Jung abrió
la cuestión. No tenemos obligación de
cerrarla.
¿QUÉ
LLAMAMOS «INTERIOR»?
Pensamiento. Sueño.
Imagen. Premonición. Emoción. Perfecto.
Pero
nosotros ya hemos descubierto que ese interior tampoco está completamente
disponible para la conciencia.
Hay: memoria,
automatismos, aprendizajes, asociaciones, captaciones, procesos corporales, material no consciente. Entonces:
¿CUÁNTO SABEMOS DE AQUEL ACONTECIMIENTO
INTERIOR CUANDO LO COMPARAMOS CON EL EXTERIOR?
¿Y QUÉ
LLAMAMOS «EXTERIOR»? Ésta es todavía mayor.
El
acontecimiento exterior que llega hasta mí es una porción diminuta de la
realidad. Veo el escarabajo. Pero no veo todo su recorrido. Recibo una llamada. Pero no he visto las horas anteriores de
quien decidió llamar. Encuentro a una
persona. Pero desconozco el
itinerario completo que la llevó hasta aquella esquina. Por tanto:
TAMPOCO CONOCEMOS COMPLETAMENTE EL
SEGUNDO TÉRMINO DE LA COINCIDENCIA.
¿CUÁNTO
DESCONOCEMOS EN LOS DOS LADOS? Ésta puede ser una pregunta que nosotros añadimos.
Interior
parcial. Exterior parcial. Y queremos explicar la relación entre
ambos. Entonces quizá antes de decir: MISTERIO tengamos que reconocer: DESCONOCIMIENTO.
Y antes de
decir: NO EXISTE CAUSA quizá tengamos que preguntar: ¿CUÁNTO DEL CAMPO TODAVÍA NO ESTOY
VIENDO?
¿POR QUÉ
ALGUNAS COINCIDENCIAS SON TAN INTENSAS?
Ahora
disponemos de una posible pista. BIOGRAFÍA. El terreno está delimitado. Cada persona tiene un número
relativamente reducido de: personas
importantes, lugares importantes, experiencias decisivas, palabras,
imágenes, símbolos, recuerdos,
sueños.
Cuando una
coincidencia toca uno de esos puntos de gran densidad... puede resultar extraordinariamente nítida. Entonces aparece otra pregunta:
¿CUÁNTO DE LA INTENSIDAD DE UNA
SINCRONICIDAD PROCEDE DE LA DENSIDAD BIOGRÁFICA DEL PUNTO QUE HA TOCADO?
No lo
sabemos. Pero ahora podemos
investigarlo.
¿TIENE CADA
PERSONA SU PROPIO ALFABETO?
Otra puerta. Quizá sí.
No necesariamente un alfabeto misterioso recibido desde fuera. Un alfabeto construido viviendo. Una casa.
Un árbol. Una persona. Una canción. Un animal.
Una palabra. Una fecha. Una imagen. Un sueño.
Y cada uno posee una historia diferente.
Entonces: ¿PODEMOS ESTUDIAR UNA COINCIDENCIA
SIGNIFICATIVA SIN CONOCER EL ALFABETO DE QUIEN LA VIVIÓ? Probablemente perderíamos una parte
fundamental.
¿QUÉ CAMINO
RECORRIÓ CADA ELEMENTO ANTES DE COINCIDIR?
Ésta es
nuestra: ARQUEOLOGÍA DE LA
COINCIDENCIA. Jung observó el
encuentro. Nosotros queremos ahora retroceder.
¿De dónde
venía A? ¿De dónde venía B? ¿Cuándo comenzaron? ¿Qué condiciones compartían? ¿Qué información existía? ¿Qué sabía la persona? ¿Qué no sabía conscientemente? ¿Qué estaba ya en marcha?
Quizá
algunas coincidencias desaparezcan como misterio cuando reconstruyamos sus
caminos. Y quizá otras no.
¿CUÁNTO
FUTURO ESTABA YA PRESENTE COMO PROCESO?
También
hemos llegado aquí. Una premonición
puede parecer adelantarse a un acontecimiento. Pero:
¿estaba ya desarrollándose el proceso que
terminaría produciéndolo?
¿Habíamos recibido información sin advertirla
conscientemente?
¿Habíamos reconocido una trayectoria? ¿Los pies iban delante de la frase?
Entonces
algunas experiencias que parecen atravesar el tiempo quizá puedan
reconsiderarse. Y las que no... seguirán esperando.
¿QUÉ PAPEL
TIENE LA NOCHE?
Otra
pregunta que Jung nos permite volver a abrir.
Dormimos. Soñamos. Recordamos. Reorganizamos. Aparecen imágenes. Pero la noche no es un agujero en nuestra
biografía. CONTINUAMOS VIVOS. Entonces:
¿qué ocurre con la información recibida
durante el día?
¿qué relaciones se establecen? ¿qué aparece después como sueño?
¿qué conserva la memoria? ¿qué interpretamos retrospectivamente?
Mucho queda
por investigar.
¿Y SI EL
PROBLEMA FUERA LA SEPARACIÓN?
Aquí ya
estamos llegando a la puerta de Madre Tierra. Jung coloca: PSIQUE ↔ MUNDO EXTERIOR y busca explicar la
sorprendente correspondencia entre ambos.
Pero ahora nosotros preguntamos:
¿HASTA QUÉ PUNTO ERAN DOS REALIDADES
SEPARADAS?
El
pensamiento ocurre en un organismo terrestre. El acontecimiento exterior también ocurre
dentro de Madre Tierra. La persona
que observa ambos pertenece a la misma realidad.
Entonces
quizá una parte del problema haya nacido del tamaño de la separación que
establecimos inicialmente. No lo
afirmamos. LO PREGUNTAMOS.
¿RELACIÓN O
PERTENENCIA?
Ésta puede
ser la pregunta que Jung no podía formular exactamente desde nuestra posición. Dos acontecimientos parecen separados. Buscamos una relación entre ellos. Pero quizá antes tengamos que
preguntar: ¿A QUÉ PERTENECEN?
Una hoja no
causa necesariamente que otra hoja se mueva.
Pero ambas pertenecen al mismo árbol.
Dos árboles no se causan mutuamente su inclinación. Pero ambos pueden recibir el mismo viento. Dos acontecimientos humanos pueden no
causarse entre sí.
Pero ambos
pueden pertenecer a: una relación, una familia, una época,
un lugar, una biografía, un proceso, unas condiciones compartidas.
Entonces: PERTENENCIA puede convertirse en una pregunta anterior a: CONEXIÓN.
Y AQUÍ
CONSERVAMOS A JUNG ENTERO
No
necesitamos desmontarlo. No
necesitamos quitarle: la
sincronicidad, la coincidencia
significativa, el significado, la acausalidad como propuesta, su distinción entre acontecimiento psíquico
y objetivo, ni siquiera las enormes
preguntas que formuló alrededor de psique y materia. Todo queda.
Lo único que
hacemos es cambiar nuestra posición de observación.
JUNG,
SAL A CAMINAR Cierra
un momento el libro.
Sal de la
consulta. Ven. Aquí está el camino. Aquí el cuerpo. Aquí el día. Aquí la noche. Aquí los árboles. Aquí los animales. Aquí otras personas. Aquí la memoria. Aquí la biografía. Aquí los símbolos propios. Aquí aquello que vemos. Aquí aquello que no vemos. Aquí nuestra pequeña conciencia. Aquí nuestra enorme ignorancia. Y todo ello ocurre dentro de: MADRE TIERRA. Ahora vuelve a enseñarnos tu sincronicidad.
Quizá veamos
exactamente lo mismo. Quizá no. Quizá algunas piezas cambien de lugar. Quizá descubramos causas que antes
desconocíamos. Quizá encontremos
pertenencias donde antes veíamos separaciones.
Quizá eliminemos falsas coincidencias.
Quizá algunas permanezcan intactas.
Y quizá, después de haber retirado todo lo que podamos explicar, quede
delante de nosotros algo todavía extraordinario.
Entonces
podremos decir juntos: NO SÉ. Y continuar mirando.
Jung hizo un
trabajo enorme. No tenemos que
honrarlo convirtiéndolo en intocable. Podemos
honrarlo haciendo precisamente aquello que él hizo: ATREVERNOS A VOLVER A PREGUNTAR.
Él cambió la
posición desde la que se observaban determinados acontecimientos. Ahora nosotros cambiaremos nuevamente la
posición. No para colocar a Jung
detrás. Sino para llevarlo con
nosotros.
Porque quizá
una teoría verdaderamente viva no necesite permanecer encerrada en el lugar
donde nació. Puede salir. Respirar.
Encontrarse con nuevas preguntas.
Y seguir caminando.
Por eso
terminamos esta parte sin cerrar nada.
Al contrario. Abrimos la puerta. JUNG, SAL A CAMINAR.
Vamos a
colocar la sincronicidad dentro de Madre Tierra. Y veamos qué ocurre.
Y aquí sí
hemos llegado a un cambio de fase clarísimo. Los apartados 34–41 han dejado
hablar a Jung antes
de tocarlo.
Ahora comienza la Parte VI y cambia la posición del observador. Ya no
preguntaremos solamente «¿qué relación existe entre esos dos acontecimientos?».
La primera pregunta será anterior y casi brutal por su sencillez: 42. ¿Exterior a qué?
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