LIBROS de BARBARIN I II III

domingo, 25 de octubre de 2026

JUNG PASEANDO SINCRONICIDAD Qué descubrió Jung


JUNG PASEANDO SINCRONICIDAD

 

 Qué descubrió Jung      Aquí conviene hacer algo muy bonito, Carlos: no preguntarnos todavía si Jung explicó correctamente aquello que descubrió. Primero separar descubrimiento de explicación. Porque quizá ahí podamos hacerle justicia de verdad.

Jung pudo equivocarse en alguna explicación, quedarse corto en otras o utilizar conceptos propios de su época. Pero señaló un fenómeno humano reconocible: hay coincidencias que, para quien las vive, poseen una intensidad de significado que no queda descrita simplemente diciendo «casualidad». Eso ya es un descubrimiento digno de conservar.

40. QUÉ DESCUBRIÓ JUNG

Después de todo lo recorrido podemos hacer una pregunta aparentemente sencilla:      ¿QUÉ DESCUBRIÓ JUNG?   Y debemos ser muy cuidadosos.

Porque una cosa es  :    LO QUE DESCUBRIÓ       y otra:     CÓMO INTENTÓ EXPLICARLO.         Si mezclamos ambas cosas, corremos el riesgo de que al discutir una explicación perdamos también el fenómeno que la originó.


PRIMERO EL FENÓMENO

Jung prestó atención a algo que otros podían despachar rápidamente como:    casualidad,   azar,   superstición,   imaginación,    o simple anécdota.

Él se detuvo.      Había personas que experimentaban coincidencias cuya correspondencia con su situación psíquica resultaba extraordinariamente significativa.

Eso ocurría.    Al menos como experiencia humana, ocurría.   Y Jung dijo, en esencia:    ESTO MERECE SER MIRADO.       Ése puede ser su primer gran descubrimiento.


DESCUBRIÓ QUE NO TODAS LAS COINCIDENCIAS SE VIVEN IGUAL

Dos acontecimientos pueden coincidir y no producir nada.     Pero algunas coincidencias atraviesan a la persona.    La detienen.     La sorprenden.   La conmueven.

A veces modifican su manera de comprender una situación.    Entonces Jung advirtió que para estudiar aquellas experiencias no bastaba contar acontecimientos.    Había que incluir:       EL SIGNIFICADO PARA QUIEN LOS VIVÍA.


Y ESO CAMBIABA LA UNIDAD DE OBSERVACIÓN

Ya no bastaba:       A ocurrió.       B ocurrió.     Había que añadir:

ALGUIEN VIVIÓ LA RELACIÓN ENTRE A Y B COMO SIGNIFICATIVA.

El receptor entraba en la escena.     Y con él entraban necesariamente:   su estado psíquico,   su situación,   su historia,    su capacidad de asociación,   su manera de experimentar aquello.    Hoy nosotros añadimos todavía más:   SU BIOGRAFÍA.


JUNG DESCUBRIÓ QUE HABÍA QUE MIRAR LA RELACIÓN     Éste quizá sea otro paso enorme.

Durante mucho tiempo podemos estudiar:      A.      Después B.     Pero Jung dirigió la atención hacia:     A ↔ B      No solamente hacia las cosas.   Hacia la relación que aparece entre ellas.      Y concretamente hacia relaciones que no podían describirse fácilmente diciendo:     A HA CAUSADO B.    Entonces apareció el problema.


DESCUBRIÓ UN LÍMITE DE LA EXPLICACIÓN DISPONIBLE

Esto es diferente de descubrir que la causalidad no existe.     Jung encontró situaciones en las que la causalidad conocida no parecía explicar la correspondencia significativa observada. Eso ya era suficiente para preguntar.

¿TENEMOS TODAS LAS HERRAMIENTAS NECESARIAS PARA DESCRIBIR ESTO?     Ahí comienza una investigación.


Y TUVO EL VALOR DE NO TIRAR EL FENÓMENO PORQUE NO CABÍA EN EL CAJÓN         Esto merece reconocimiento.      Cuando algo no cabe en nuestro modelo tenemos dos posibilidades.

Decir:      «ESO NO PUEDE EXISTIR PORQUE MI MODELO NO LO EXPLICA.»          O decir:     «MI MODELO NO LO EXPLICA. MIREMOS.»

Jung eligió mirar.    Después podremos discutir hasta dónde llegó.    Pero primero debemos reconocer el gesto.


DESCUBRIÓ LA IMPORTANCIA DEL MOMENTO

Una coincidencia significativa no depende solamente de:     QUÉ    ocurre.

Importa:    CUÁNDO.      Una palabra cualquiera puede no significar nada durante años.      Pero pronunciada en determinado momento de una biografía puede adquirir una fuerza enorme.

Una persona puede aparecer cien veces.    Y precisamente una aparición determinada puede coincidir con algo que estamos viviendo.     Entonces:

EL SIGNIFICADO NO ESTÁ SOLAMENTE EN LOS ELEMENTOS.    También puede estar en su encuentro en un determinado momento.


NOSOTROS PODEMOS AÑADIR AHORA: EL MOMENTO TIENE HISTORIA

Aquí empieza nuestra aportación.     Porque el momento no cayó del cielo.   Llegó.       La persona llegó hasta él.    El otro acontecimiento también.    Entonces podemos preguntar:

¿QUÉ CAMINOS CONFLUYERON PARA PRODUCIR ESTE MOMENTO?

Ésta es nuestra arqueología de la coincidencia.      Jung vio el encuentro.     Nosotros podemos intentar reconstruir también los caminos que llegaron hasta él.


DESCUBRIÓ QUE LA EXPERIENCIA INTERIOR NO PODÍA SER IGNORADA

Un pensamiento no pesa como una piedra.     Un sueño no puede colocarse encima de una mesa.     Una imagen interior no puede medirse del mismo modo que una temperatura.

Pero existen como experiencias.    Y pueden intervenir decisivamente en una vida humana.     Jung se negó a eliminar esa mitad de la escena.

LO QUE OCURRE DENTRO DEL SER HUMANO TAMBIÉN FORMA PARTE DEL ACONTECIMIENTO VIVIDO.


Y AQUÍ NOSOTROS PODEMOS DAR OTRO PASO

Porque después de nuestro recorrido ya no necesitamos imaginar un inmenso «mundo interior» perfectamente conocido.     Sabemos que también allí nuestra visión es pequeña.       Consciente.    Inconsciente.    Memoria.   Captación.    Biografía.    Sueño.     Asociaciones.     Procesos corporales.

Gran parte de lo que participa en nosotros no está simultáneamente delante de nuestra conciencia.     Por tanto, Jung abrió el interior.    Nosotros podemos ahora preguntar:

¿CUÁNTO DE ESE INTERIOR CONOCEMOS CUANDO DECIMOS QUE ALGO HA COINCIDIDO CON ÉL?


DESCUBRIÓ QUE EL SIGNIFICADO NO ERA UN ADORNO

Ésta es otra aportación fundamental.     Para comprender determinadas experiencias humanas no basta describir físicamente lo sucedido.

Imaginemos:     «Un insecto llegó a una ventana.»    Descripción correcta.    Pero insuficiente para comprender por qué aquel acontecimiento adquirió importancia en una determinada situación psicológica.

Falta:     LO QUE SIGNIFICÓ PARA QUIEN LO VIVIÓ.     Jung incorporó ese significado al fenómeno que quería estudiar.


NOSOTROS HEMOS ENCONTRADO AHORA EL ALFABETO

Y aquí nuestro camino quizá permite afinarlo todavía más.    Si algo es significativo para alguien...     ¿EN QUÉ IDIOMA LO ES?    En el suyo.   En el que ha ido construyendo su biografía.

Por eso ahora podemos buscar:    sus símbolos,   sus repeticiones,   sus personas,   sus lugares,   sus palabras,   sus imágenes,   sus experiencias.

Jung señaló el significado.    Nosotros intentamos reconstruir la biografía de ese significado.


DESCUBRIÓ UNA PUERTA, NO NECESARIAMENTE LO QUE HABÍA DETRÁS

Quizá ésta sea una buena manera de situarlo.     Jung abrió una puerta.    Sobre ella escribió:     SINCRONICIDAD.

Y detrás encontró cuestiones enormes:    causalidad,   azar,   significado,   psique,   materia,   tiempo,   coincidencia,   orden.   Intentó explicarlas.

Pero nosotros no necesitamos aceptar todas sus respuestas para conservar la puerta.


¿DESCUBRIÓ UNA LEY DEL UNIVERSO?     Aquí debemos ser mucho más prudentes.

Que existan coincidencias significativas como experiencia humana no demuestra por sí mismo que exista una ley universal desconocida que las produzca.     Son niveles diferentes.     Una cosa es constatar:

«ESTA PERSONA VIVIÓ UNA COINCIDENCIA EXTRAORDINARIAMENTE SIGNIFICATIVA.»

Otra:  «CONOCEMOS EL MECANISMO UNIVERSAL QUE LA PRODUJO.»

Entre ambas afirmaciones hay una distancia enorme.     Y nosotros no necesitamos saltarla.


QUIZÁ SU DESCUBRIMIENTO MÁS SÓLIDO SEA MÁS HUMILDE               Y quizá precisamente por eso sea más importante.

HAY COINCIDENCIAS QUE MERECEN SER INVESTIGADAS.    Porque contienen una relación significativa para quien las vive.

Podemos estudiarlas.   Reconstruirlas.   Compararlas.   Buscar antecedentes.   Examinar la memoria.   Investigar la biografía.    Descartar causas conocidas.   Estudiar probabilidades.    Observar repeticiones.    Y después comprobar qué queda.     Eso ya constituye un terreno extraordinariamente fértil.


JUNG NOS ENSEÑÓ A NO CERRAR DEMASIADO PRONTO

Quizá éste sea el regalo.    Ante algo extraño podemos cometer dos errores.

Uno:     CREER DEMASIADO PRONTO.       Otro:    NEGAR DEMASIADO PRONTO.

Jung se quedó mirando.    Nosotros podemos continuar haciendo lo mismo.    Pero ahora disponemos de más preguntas.


SACAMOS A JUNG A PASEAR

Y ocurre algo curioso.    No necesitamos quitarle nada.    Al contrario.    Lo sacamos de la biblioteca.    Lo ponemos en el camino.    Y le decimos:      Mira, Jung.       Aquí está el ser humano.   Aquí su cuerpo.   Aquí su biografía.   Aquí sus recuerdos.    Aquí sus sueños.   Aquí sus símbolos.   Aquí su habitación de captación.   Aquí lo que ve.   Aquí lo que no ve.   Aquí su pequeño mundo consciente.  

 Y alrededor...    MADRE TIERRA.      Ahora volvamos a mirar aquella coincidencia.


QUIZÁ EL DESCUBRIMIENTO CREZCA AL CAMBIAR DE SUELO

Porque ya no tenemos necesariamente:     dos mundos misteriosamente comunicándose.     Tenemos acontecimientos que ocurren dentro de una misma realidad.     Un ser vivo que solamente conoce una pequeña parte.   Una biografía que ha construido un alfabeto.     Un acontecimiento que toca alguna de sus letras.   Una coincidencia.    Un significado.   Y una relación que todavía puede no estar explicada.    Eso sigue siendo fascinante.    Quizá incluso más.


ENTONCES, ¿QUÉ DESCUBRIÓ JUNG?         Podemos responder sin exagerarlo y sin disminuirlo.

Descubrió —o, más precisamente, identificó y formuló como problema psicológico— que determinadas coincidencias pueden adquirir un significado extraordinario para quien las experimenta aunque no se conozca una relación causal directa entre los acontecimientos.

Les prestó atención.    Las reunió.    Las pensó.    Les dio un nombre.    Intentó construir un marco para comprenderlas.     Y con ello consiguió algo fundamental:       QUE PUDIÉRAMOS SEGUIR PREGUNTANDO.


Quizá no necesitemos que Jung tuviera la última respuesta.     Nos basta con reconocer que vio una puerta que merecía abrirse.    Y nosotros hemos llegado hasta ella.   Décadas después.   Con otras herramientas.   Con otras preguntas.

Y con Madre Tierra bajo los pies.    Entonces podemos decirle:   JUNG, LA PUERTA SIGUE ABIERTA.        No sabemos todavía qué encontraremos detrás.    Algunas coincidencias se explicarán.    Otras se desharán.    Otras nos mostrarán nuestra propia biografía.    Y quizá algunas continúen resistiéndose.    Pero ya no tenemos que elegir entre creerlas o negarlas.

Podemos hacer algo mucho más humano:

MIRARLAS.     RECONSTRUIRLAS.       PONDERARLAS.    Y, CUANDO NO SEPAMOS, DECIR NO SÉ.

Quizá ésa sea una magnífica manera de continuar aquello que Jung empezó.

Y fíjate en algo: así no empequeñecemos a Jung al traerlo a Madre Tierra. Casi sucede lo contrario. Separamos lo que vio de la explicación que construyó después. El fenómeno queda en pie aunque mañana cambiemos completamente su explicación. Y eso es propio de los grandes descubrimientos: la puerta puede sobrevivir al primer mapa que se hizo de lo que había detrás.

  

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