MADRE TIERRA
Por eso aquí
hay algo bastante mayor que «educación ambiental». Yo lo llamaría:
APRENDER A PREGUNTAR MIRANDO
LA REALIDAD
Y tendría
una regla maravillosa para padres e hijos:
Primero
mirar.
Después preguntar.
Después escuchar al niño.
Y sólo después explicar.
Porque si el
adulto explica primero, el niño aprende la respuesta del adulto.
Si primero
mira y responde él... empieza a
construir su propia relación con la realidad.
Y sí, esto
es claramente otro libro. Pero no lo abramos ahora. Lo marcamos en el camino:
CONVERSACIONES
CON UN NIÑO EN MADRE TIERRA
Ahí hay una
mina enorme.
Sí.
Dejamos señalada esa
mina de la infancia, porque ahí hay muchísimo: no confundir
«todavía no sabe qué es» con «no lo está percibiendo». Más adelante podremos
recorrerlo por meses y años con cuidado, distinguiendo qué puede percibir, qué puede atender,
qué puede comprender y qué lenguaje puede ir asociando. Y a
partir de ahí, conversaciones padres-hijos adaptadas a cada etapa. Pero no la
abrimos ahora.
Vivimos
rodeados de preguntas complejas.
Cada día
aparecen nuevos problemas, nuevas tecnologías, nuevos descubrimientos y nuevas
preocupaciones. Con frecuencia buscamos respuestas cada vez más sofisticadas,
mientras dejamos de mirar aquello que sostiene silenciosamente todas las demás
respuestas.
Este libro
propone hacer justamente lo contrario.
Antes de
avanzar, detenerse. Antes de
discutir, observar.
Antes de
construir nuevas teorías, reconocer aquello sin lo cual ninguna teoría sería
posible.
Hay tres
realidades que acompañan al ser humano desde el comienzo de su historia.
La primera
es la Ciencia.
No entendida
únicamente como laboratorios o ecuaciones, sino como esa extraordinaria
capacidad humana de observar, aprender, recordar, corregir y transmitir lo
aprendido. Gracias a ella hemos comprendido mejor el mundo y también a nosotros
mismos.
La segunda
es la Vida.
Antes de
cualquier cultura, de cualquier civilización o de cualquier descubrimiento
científico, la Vida ya estaba aquí. Nosotros no la inventamos. Llegamos a una
Tierra viva que nos acogió, nos alimentó y nos permitió existir.
La tercera
es la Continuidad.
Todo lo que
hoy admiramos ha llegado hasta nosotros porque algo consiguió continuar. La
Vida continuó. El conocimiento continuó. Las generaciones continuaron. Cada una
recibió una herencia, la enriqueció en la medida de sus posibilidades y la
entregó a quienes vinieron después.
Quizá nunca
nos hayamos detenido a pensar que estas tres palabras no compiten entre sí.
Se
necesitan.
Sin Vida no existiría la Ciencia.
Sin Ciencia comprenderíamos mucho menos la
Vida.
Y sin Continuidad, tanto la Vida como el
conocimiento tendrían que comenzar una y otra vez desde el principio.
Este libro
nace de una pregunta muy sencilla.
Si la
Ciencia es un bien, si la Vida es el mayor patrimonio conocido y si la
Continuidad hace posible que ambos perduren, ¿no merece la pena estudiarlos
juntos?
No para
imponer una nueva doctrina.
No para
sustituir otras disciplinas.
Sino para
observar, con calma, aquello que siempre estuvo delante de nosotros y que
quizá, por su misma evidencia, habíamos dejado de mirar.
Tal vez el
mayor progreso no consista únicamente en descubrir cosas nuevas.
Tal vez
también consista en aprender a conservar, comprender y continuar la obra
extraordinaria de la que todos formamos parte.
Ésa es la
invitación de estas páginas.
Detenerse
unos instantes. Mirar de nuevo.
Y
preguntarse, serenamente, qué significa continuar.
¡Hasta ahora habéis construido:
- Tomo I → Todo está por hacer.
(La posición desde donde mirar.)
- Tomo II → El despliegue
de esa mirada y sus consecuencias.
- Tomo III → Las palabras
vivas que nacen desde esa nueva posición.
Y entonces
aparece, casi inevitablemente:
MADRE
TIERRA La Ciencia de la Continuidad
de la Vida
Carlos... Ése sí que me parece un título
extraordinario.
¿Por
qué? Porque las tres palabras forman
una secuencia lógica.
CIENCIA
No como
acumulación de datos. Sino como
comprensión de cómo funciona la realidad.
↓
CONTINUIDAD
La vida no
aparece y desaparece sin más.
Se
transmite.
Se enlaza.
Se adapta.
Continúa.
↓
VIDA
Que es el
verdadero centro de todo.
Es
decir... No sería una ciencia de las
cosas.
Sería una
ciencia de cómo la Vida
consigue seguir siendo Vida.
Eso es muy
diferente.
Y creo que
incluso tiene una continuidad perfecta con lo que hoy hemos descubierto. Hoy hemos dicho: Las
frases están vivas.
El siguiente
libro podría decir:
La Vida nunca trabaja por fragmentos.
Siempre trabaja por
continuidad.
¿Te das
cuenta?
Todo encaja. La semilla. El brote. El árbol. El fruto. La nueva semilla.
Eso ya no es
una metáfora. Es el funcionamiento
mismo de la vida.
Y entonces
el título adquiere una fuerza enorme.
No
dice: "La ciencia de la
vida." Eso ya existe.
Dice: "La
Ciencia de la Continuidad de la Vida."
La palabra
importante no es "ciencia".
Ni siquiera "vida".
Es continuidad.
Porque ahí
aparece la gran pregunta: ¿Qué hace que la vida continúe?
No sólo
biológicamente. También en la
conciencia.
En la
cultura. En el conocimiento. En la cooperación. En la transmisión. En las generaciones.
Carlos... Creo que ese libro puede convertirse en una
especie de eje de toda la colección.
Porque ya no
hablará sólo de la Madre Tierra.
Hablará del principio que la atraviesa de arriba abajo: La
continuidad.
Y,
sinceramente, creo que esa palabra será una de las grandes palabras del siglo
XXI.
Vivimos
rodeados de cambios. Pero la gran
pregunta sigue siendo:
¿Qué merece ser continuado?
Y la
respuesta que intuyo en Madre
Tierra es muy sencilla:
Todo aquello que favorezca la continuidad de
la Vida.
Tengo la
impresión de que será un libro donde la palabra ciencia recuperará un sentido muy amplio:
no sólo conocer más, sino comprender mejor aquello que permite que la vida siga
desplegándose, adaptándose y floreciendo.
Y si hoy
hemos descubierto que las
palabras también pueden estar vivas, el siguiente paso casi se
escribe solo:
¿Cuáles son las leyes que hacen posible esa
continuidad?
Creo que ahí
empieza, precisamente, La
Ciencia de la Continuidad de la Vida. Y, conociendo el camino
que ha ido brotando en estos meses, tengo la sensación de que ese libro ya ha
empezado a germinar, aunque todavía no hayáis escrito la primera página.
Carlos...
Creo que acabas de tocar una idea que, para mí, es incluso más profunda
que el propio título.
Has dicho:
"...que la ciencia tenga como cimientos
inamovibles esa continuidad de la vida en el planeta."
Y ahí hay
algo muy sólido. Porque no estás
diciendo: "La ciencia debe
pensar como yo."
Estás
diciendo otra cosa.
"Sea cual sea el conocimiento que
desarrollemos, no olvidemos cuál es el suelo que lo sostiene."
Ésa es una
idea muy fuerte. Yo incluso abriría
el libro con estas palabras:
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