JUNG PASEANDO
El individuo que experimenta la
coincidencia es dependiente. Porque ya no basta decir que el observador
está dentro. Hay algo todavía más fuerte: no está simplemente
colocado dentro como una piedra en una caja; vive porque intercambia
continuamente con aquello que hemos llamado «exterior». Ahí la frontera
empieza a hacerse permeable sin desaparecer.
El individuo que experimenta la coincidencia es dependiente Sí. Aquí se comprende
todavía mejor el tamaño de lo que intentó Jung. Porque nosotros estamos
llegando a estas preguntas después de haber colocado explícitamente dependencia, biografía,
organismo, Madre Tierra, receptor y campo compartido. Jung tuvo que
aproximarse a ese problema desde la psicología de su tiempo, y aun así se
atrevió a empujar la pregunta muchísimo más lejos.
Y el 44 toca
algo decisivo: el individuo que vive la coincidencia no es una unidad
autónoma que primero existe y después se relaciona con el exterior. Ya llega al
acontecimiento constituido por innumerables intercambios con aquello que
llamamos exterior. Eso cambia el problema desde la raíz.
44. EL INDIVIDUO QUE EXPERIMENTA LA
COINCIDENCIA ES DEPENDIENTE
Ahora
tenemos al observador dentro. Pero
todavía falta algo. Podríamos
imaginarlo dentro de Madre Tierra como colocamos una piedra dentro de una caja. Está dentro. Pero sigue siendo una unidad
independiente. Y el ser humano no
está así.
ESTÁ
DENTRO Y DEPENDE. Éste es el siguiente
cambio. Y quizá sea mucho mayor de lo
que parece.
NO ESTOY
SOLAMENTE SITUADO
Estoy
relacionado. Necesito. Recibo.
Intercambio. Respondo. Me adapto.
Incorporo. Devuelvo. Cambio.
Soy cambiado.
Por tanto,
cuando experimento una coincidencia no soy un observador independiente que
contempla dos acontecimientos. Soy:
UN SER VIVO DEPENDIENTE PARTICIPANDO EN
LA REALIDAD QUE ESTÁ INTENTANDO COMPRENDER.
LA
DEPENDENCIA EMPIEZA ANTES QUE LA EXPLICACIÓN
Antes de
Jung. Antes de la psicología. Antes de cualquier teoría. Antes incluso de que yo pueda pronunciar: «YO».
Ya
dependía.
Durante la
gestación dependía. Al nacer dependía. Antes de aprender una sola palabra dependía. Antes de construir una imagen del mundo
dependía. Por tanto:
LA
DEPENDENCIA ES ANTERIOR A MI EXPLICACIÓN DEL MUNDO.
Y CONTINÚA
AHORA No fue una etapa infantil que superé.
Respiro. Bebo. Como. Duermo.
Necesito determinadas condiciones de temperatura. Necesito un organismo funcionando. Necesito un entorno compatible con mi
continuidad. Puedo adquirir una enorme
autonomía psicológica, social o económica.
Pero biológicamente: NO ME INDEPENDIZO DE MADRE TIERRA.
ESTO CAMBIA
AL SUJETO DE LA SINCRONICIDAD
Hasta ahora
podíamos imaginar: INDIVIDUO por un lado, y
MUNDO
EXTERIOR por otro. Después ocurre una correspondencia. Y preguntamos: ¿CÓMO SE HAN CONECTADO?
Pero si el
individuo es dependiente... ya estaba
conectado antes de que ocurriera la coincidencia.
No sabemos
de qué manera concreta esa dependencia participa —o no participa— en la
coincidencia. Pero sabemos
algo anterior: NO PARTÍAMOS DE DOS
REALIDADES INDEPENDIENTES.
ÉSTE ES EL
PUNTO
No estamos
diciendo: «Como todo está
relacionado, todo causa todo.» No. Ni:
«Como dependemos de Madre Tierra, la sincronicidad queda explicada.» Tampoco. Estamos diciendo algo mucho más
preciso:
LA
INDEPENDENCIA NO PUEDE SER NUESTRO PUNTO DE PARTIDA.
Porque el
ser humano que vive la experiencia nunca fue independiente.
ANTES DE LA
COINCIDENCIA YA HABÍA RELACIÓN
Ésta puede ser una frase fundamental. Antes de que yo piense en aquella
persona... ya existe una biografía.
Antes de que aquella persona llame... ya existe la suya.
Antes de que aparezca aquel símbolo... puede existir una historia del símbolo.
Antes del sueño... existe un día vivido.
Antes del encuentro... existen dos itinerarios. Por tanto:
LA COINCIDENCIA NO INAUGURA
NECESARIAMENTE LA RELACIÓN.
Puede hacer
visible un punto de encuentro dentro de relaciones y procesos anteriores.
EL INDIVIDUO
LLEGA CARGADO
Llega con: memoria,
aprendizajes, experiencias, expectativas, relaciones,
heridas, afectos, lugares,
palabras, símbolos, hábitos,
información recibida, procesos
conscientes y procesos que todavía no
ha formulado conscientemente.
No llega
vacío al acontecimiento. LLEGA CON SU BIOGRAFÍA.
Y SU
BIOGRAFÍA TAMPOCO SE FABRICÓ EN AISLAMIENTO
Ésta es otra vuelta.
¿De dónde
salió mi idioma? ¿Mis nombres? ¿Mis recuerdos familiares? ¿Mis conocimientos? ¿Mis miedos aprendidos? ¿Mis costumbres? ¿Mis símbolos? ¿Las personas que forman parte de mi vida? ¿Los lugares que recuerdo?
Gran parte
de aquello que ahora llamo: MI INTERIOR se construyó mediante encuentros con
aquello que alguna vez fue: EXTERIOR.
LO EXTERIOR
ENTRÓ Y dejó huella.
Una voz
exterior se convirtió en recuerdo. Una
persona exterior se convirtió en vínculo.
Un lugar exterior se convirtió en imagen interior. Una experiencia exterior se convirtió en
aprendizaje. Una palabra escuchada se
convirtió en parte de mi lenguaje. Entonces
cuando años después aparece una coincidencia entre: INTERIOR y
EXTERIOR tenemos que recordar que esa frontera
posee historia. Lo exterior ha
estado entrando durante toda la vida.
Y LO
INTERIOR TAMBIÉN SALE
Hablo. Escribo.
Actúo. Camino. Construyo.
Pregunto. Abrazo. Decido.
Transformo.
Aquello que
llamábamos interior también produce consecuencias fuera de mi cuerpo. Por tanto, la frontera no es solamente
atravesada hacia dentro. Existe
intercambio. ENTRA Y SALE.
LA VIDA
NECESITA ESA FRONTERA Y NECESITA ATRAVESARLA
Esto es
precioso. Sin frontera no habría
individuo. Pero con una frontera completamente
cerrada tampoco habría vida. Necesitamos
ambas cosas: DIFERENCIACIÓN e
INTERCAMBIO.
Soy yo. Pero necesito lo que no soy yo. Quizá ésta sea una de las formulaciones
más sencillas de nuestra dependencia.
SOY
DISTINTO PRECISAMENTE MIENTRAS DEPENDO
No tenemos
que elegir. No es: o individuo, o unidad.
Podemos ser: DISTINTOS Y DEPENDIENTES. Ésta es la posición humana. Y desde ella tenemos que reconsiderar la
coincidencia.
¿QUÉ OCURRE
ENTONCES CON LA SINCRONICIDAD?
Imaginemos
nuevamente: pienso en alguien. Esa persona llama. La primera impresión puede ser: MI INTERIOR HA COINCIDIDO CON ALGO
COMPLETAMENTE EXTERIOR.
Pero ahora
preguntamos: ¿qué historia existe
entre nosotros? ¿Cuándo hablamos por
última vez? ¿Qué rutinas compartimos? ¿Qué fecha es? ¿Qué estaba ocurriendo en nuestras vidas? ¿Qué información había recibido yo? ¿Qué información había recibido la otra
persona? ¿Qué recuerdos estaban
activos? ¿Qué procesos llevaban tiempo
desarrollándose?
No para
destruir la coincidencia. Para devolverle el terreno.
LA
DEPENDENCIA AUMENTA EL CAMPO DE INVESTIGACIÓN
Antes
buscábamos una flecha: A → B No aparece. Entonces: misterio.
Ahora
podemos buscar: condiciones, relaciones,
historias, intercambios, trayectorias, contextos,
dependencias. Quizá encontremos
algo. Quizá no. Pero nuestra investigación se ha hecho
mayor.
JUNG
NECESITÓ UN SALTO ENORME Y aquí podemos volver a reconocer su potencia.
Él encontró
acontecimientos cuya correspondencia no parecía poder reducirse a una relación
causal directa conocida. Y no huyó.
Intentó
construir una categoría nueva. Eso
requería una enorme libertad psicológica.
Porque es fácil investigar dentro de un camino ya abierto. Otra cosa es llegar al borde del mapa y
decir: POR AQUÍ HAY ALGO.
AHORA
PODEMOS CONTINUAR SU MOVIMIENTO
No
imitándolo. Haciendo lo mismo que él
hizo: CAMBIAR LA PREGUNTA
CUANDO LA PREGUNTA ANTERIOR YA NO BASTA.
Jung
preguntó por la relación entre acontecimiento psíquico y acontecimiento
exterior. Nosotros añadimos: ¿qué ocurre si el individuo que
experimenta ambos es dependiente de la realidad que denomina exterior?
Eso no destruye
la pregunta de Jung. LA HACE MÁS GRANDE.
PORQUE
ENTONCES LA RELACIÓN NO EMPIEZA CON LA SINCRONICIDAD Éste
puede ser uno de los puntos centrales de todo el libro.
La persona
ya estaba relacionada. Ya estaba
recibiendo. Ya estaba intercambiando. Ya tenía historia. Ya tenía memoria. Ya pertenecía. Ya dependía. Entonces quizá una coincidencia
significativa no sea necesariamente: LA APARICIÓN SÚBITA DE
UNA CONEXIÓN. Podría ser, en
algunos casos:
EL MOMENTO EN QUE PERCIBIMOS UNA
CORRESPONDENCIA DENTRO DE UNA REALIDAD EN LA QUE YA ESTÁBAMOS RELACIONADOS.
CUIDADO:
ESTO TODAVÍA NO EXPLICA EL MECANISMO
No debemos
correr. Dependencia no significa
telepatía. Pertenencia no significa
transmisión de pensamientos. Unidad no
significa que todo conozca todo. Correspondencia
no significa causalidad.
Y que dos
acontecimientos pertenezcan al mismo sistema no explica automáticamente por qué
coinciden.
NO HAGAMOS CON MADRE TIERRA LO MISMO QUE
CRITICAMOS EN OTROS MODELOS.
No
rellenemos el desconocimiento con una palabra.
MADRE
TIERRA NO ES LA RESPUESTA AUTOMÁTICA
Es el suelo. Eso es diferente. Nos dice:
ANTES
DE EXPLICAR, SITÚA.
Y una vez
situado el ser humano descubrimos: no
está fuera, no es independiente, no recibe solamente aquello de lo que es
consciente, su biografía procede de
innumerables intercambios, y vive
continuamente atravesado por relaciones de dependencia.
Ahora sí. Investiguemos la coincidencia.
QUIZÁ
HABÍAMOS EMPEZADO DEMASIADO TARDE
Ésta puede
ser una de las grandes intuiciones de este capítulo. Tomábamos como punto inicial: EL MOMENTO DE LA COINCIDENCIA.
Pero quizá
tenemos que empezar mucho antes. ¿Dónde
comenzó la relación? ¿Dónde comenzó
aquel símbolo? ¿Dónde comenzó
aquella preocupación? ¿Dónde comenzó
el proceso exterior? ¿Dónde comenzó
aquella trayectoria? ¿Dónde comenzó
aquella información?
Entonces
nuestra arqueología de la coincidencia vuelve a aparecer.
NO
ESTUDIEMOS SOLAMENTE EL CRUCE
Estudiemos: LOS CAMINOS. Porque dos caminos que se cruzan
pueden parecer misteriosamente unidos si solamente observamos el punto de
intersección.
Pero cuando
retrocedemos... quizá descubramos el
paisaje.
Y AQUÍ
MADRE TIERRA EMPIEZA A MOSTRAR SU FUERZA
No porque
explique mágicamente nada. Sino
porque obliga a recuperar lo que habíamos quitado.
El cuerpo. La dependencia. El ambiente. La biografía. El tiempo.
Los otros. Los intercambios. Las condiciones. El terreno.
Entonces el individuo vuelve a su tamaño real.
No es el rey
independiente observando el universo. Tampoco
una pieza insignificante. Es:
UN SER DISTINTO, VIVO Y DEPENDIENTE
DENTRO DE UNA REALIDAD MAYOR.
Y SU
LIBERTAD NO DESAPARECE
Esto también
debemos conservarlo. Depender no
significa estar condenado. Precisamente
porque puedo: percibir, aprender,
comparar, rectificar, elegir,
cambiar de dirección, pedir
ayuda, cooperar, crear,
puedo ampliar mis posibilidades dentro de las condiciones reales de mi
existencia.
DEPENDENCIA NO ELIMINA LIBERTAD. La sitúa.
JUNG, AHORA
MIRA AL INDIVIDUO
No solamente
su psique. Míralo entero. Respirando. Durmiendo.
Recordando. Relacionándose. Recibiendo.
Caminando. Dependiendo.
Con una
biografía que ha ido construyéndose durante toda su vida. Ése es quien experimenta la coincidencia. No una mente suspendida frente a un mundo
exterior. UN SER VIVO DENTRO DE
MADRE TIERRA.
Entonces
quizá podamos formular de nuevo el problema:
Antes:
¿CÓMO PUEDE UN ACONTECIMIENTO INTERIOR
COINCIDIR SIGNIFICATIVAMENTE CON OTRO EXTERIOR SIN UNA CAUSA CONOCIDA ENTRE
AMBOS?
Ahora:
¿QUÉ ESTÁ OCURRIENDO CUANDO UN SER VIVO,
DEPENDIENTE Y BIOGRÁFICAMENTE RELACIONADO CON SU ENTORNO, RECONOCE UNA
CORRESPONDENCIA SIGNIFICATIVA ENTRE DOS ACONTECIMIENTOS QUE DISTINGUE DENTRO DE
LA MISMA REALIDAD?
No tenemos
la respuesta. Pero fíjate en lo que
ha ocurrido. LA PREGUNTA YA NO ES LA
MISMA.
Y quizá ahí
empiece de verdad una investigación nueva.
Porque Jung tuvo la potencia necesaria para llegar hasta el borde. Nosotros no tenemos que empujarlo fuera. Podemos decirle: VEN, JUNG. EL TERRENO CONTINÚA.
Y aquí creo
que aparece exactamente lo que decías de necesitar «un Jung»: no basta inteligencia
para meterse en un asunto así; hace falta tolerar durante mucho tiempo no saber
qué demonios estás viendo y continuar trabajando. Ese rasgo suyo nos
interesa especialmente ahora, porque nosotros tampoco deberíamos apresurarnos a
bautizar lo que vaya apareciendo.
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