LIBROS de BARBARIN I II III

martes, 27 de octubre de 2026

MADRE TIERRA Y JUNG EL INCONSCIENTE PERSONAL ¿Qué llamamos inconsciente?

 MADRE TIERRA

Y

JUNG


EL INCONSCIENTE PERSONAL

 ¿Qué llamamos inconsciente?    No permitir que una sola palabra explique realidades diferentes.

edificio de Jung.       Y quizá convenga detenernos justo en la puerta.     Porque llevamos décadas utilizando una palabra:     INCONSCIENTE.

La pronunciamos y parece que ya sabemos de qué estamos hablando.

«Eso viene del inconsciente.»      «El inconsciente lo sabe.»    «El inconsciente guarda.»    «El inconsciente se manifiesta.»    «El inconsciente decide.»   «El inconsciente te está diciendo...»

Un momento.     Antes de entrar:    ¿QUÉ LLAMAMOS INCONSCIENTE?   Porque quizá bajo una sola palabra hemos colocado:    REALIDADES MUY DIFERENTES.

Y si la palabra termina explicándolas a todas...    puede ocurrir algo curioso:     QUE YA NO EXPLIQUE NINGUNA.


JUNG NO INVENTÓ LO QUE LA PALABRA INTENTA SEÑALAR

Esto es importantísimo.     No vamos a cometer la ingenuidad de decir:      «EL INCONSCIENTE ES UNA CONSTRUCCIÓN HUMANA; POR TANTO, NO EXISTE NADA DE ESO.»       No.

La palabra es humana.     Las clasificaciones son humanas.     Los modelos psicológicos son humanos.      Pero los fenómenos que intentamos organizar mediante ellos pueden ser perfectamente reales.

Hay:     recuerdos que ahora no podemos recuperar,    hábitos que realizamos sin prestarles atención,   asociaciones que aparecen inesperadamente,   emociones cuyo origen inmediato desconocemos,   aprendizajes automatizados,    procesos corporales fuera de nuestra atención,   ideas que aparecen después de haber dejado un problema,   sueños,   respuestas que repetimos sin comprender completamente por qué.

Todo eso merece investigación.    La pregunta no es:    «¿EXISTE EL INCONSCIENTE?»     como si buscáramos una habitación física detrás del hígado.

La pregunta anterior es:    ¿QUÉ FENÓMENOS ESTAMOS REUNIENDO BAJO ESA PALABRA?        Ahí cambia todo.


LA PALABRA NO ES LA COSA

Ya nos ocurrió con la Sombra.     Y ahora vuelve con mucha más fuerza.     Ponemos una palabra encima de varios fenómenos:     INCONSCIENTE.

La palabra resulta útil.    Permite hablar.    Investigar.    Construir teorías.   Relacionar observaciones.   Perfecto.

Pero después puede ocurrir una inversión.    Primero:

OBSERVAMOS FENÓMENOS → CREAMOS UNA PALABRA.

Después:    LA PALABRA → EMPIEZA A EXPLICAR LOS FENÓMENOS.

«¿Por qué hice esto?»       «Por el inconsciente.»        ¿Y qué hemos explicado exactamente?

Quizá todavía:     NADA.


«LO HICE INCONSCIENTEMENTE»

Muy bien.      Pero ¿qué significa?     Puede querer decir:

NO ME DI CUENTA MIENTRAS LO HACÍA.

O:

ERA UN HÁBITO AUTOMATIZADO.

O:

NO RECONOCÍ EL MOTIVO QUE PARTICIPABA EN MI DECISIÓN.

O:

NO RECORDABA UNA EXPERIENCIA relacionada.

O:

NO PRESTÉ ATENCIÓN.

O:

INTERPRETÉ LA SITUACIÓN SIN DARME CUENTA DE LOS SUPUESTOS QUE ESTABA UTILIZANDO.

O:

SENTÍ ALGO Y NO SÉ POR QUÉ.

Caramba.      NO ESTAMOS HABLANDO NECESARIAMENTE DE LA MISMA COSA.

Y, sin embargo, podemos llamarlo todo:     INCONSCIENTE.


UNA PALABRA NO PUEDE HACER TODO EL TRABAJO

Ésta es nuestra primera advertencia.    Si digo:«ESTO ES INCONSCIENTE»,

todavía necesito preguntar:       ¿EN QUÉ SENTIDO?

¿No estaba atendiendo?          ¿No podía recordarlo?

¿No sabía que lo había aprendido?         ¿No reconocía una emoción?

¿No comprendía la función de una conducta?       ¿Lo evitaba?

¿Lo rechazaba?       ¿Nunca llegó a formularse claramente?

¿Se automatizó?       ¿Simplemente no tengo acceso a la explicación?

Son problemas diferentes.       Necesitan investigaciones diferentes.


EL GRAN BAÚL

Podríamos imaginar que durante mucho tiempo la psicología encontró multitud de cosas que no estaban en la conciencia inmediata.

Y abrió un enorme baúl:     INCONSCIENTE.

Dentro fue colocando:   recuerdos,   deseos,   conflictos,   automatismos,  imágenes,   fantasías,   sueños,   asociaciones,   contenidos rechazados,  creatividad,   intuiciones,   posibilidades no desarrolladas.

El baúl se hizo enorme.   Entonces llega Madre Tierra y pregunta:    ¿PODEMOS SACAR LAS COSAS UNA A UNA?

No para tirar el baúl.      Para saber qué contiene.


PORQUE UNA COSA ES NO RECORDAR       Y otra:     REPRIMIR.

Una cosa es no tener algo presente ahora.    Otra haberlo evitado activamente.     Una cosa es no disponer todavía de palabras para una experiencia.     Otra rechazarla porque amenaza nuestra identidad.

Una cosa es una habilidad automatizada.   Otra un conflicto psicológico.

Una cosa es que no sepamos explicar por qué apareció una imagen.     Otra concluir que esa imagen procede de una estructura ancestral.                       NO METAMOS TODO EN LA MISMA CAJA.


NO CONSCIENTE AHORA NO SIGNIFICA NECESARIAMENTE OCULTO

Esto puede ayudarnos muchísimo.

Mientras lees estas líneas probablemente no estabas pensando en el nombre de tu primer maestro.      Quizá ahora aparece.     ¿Dónde estaba hace diez segundos?       No estaba en el foco de tu conciencia.     Pero sería extraño imaginar que estaba:     ESCONDIDO EN UNA CUEVA.

Simplemente:    NO ESTABA PRESENTE EN EL FOCO.    La conciencia selecciona.

No puede atender simultáneamente a toda nuestra experiencia, memoria y funcionamiento.     Entonces necesitamos distinguir:     NO PRESENTE         de        INACCESIBLE      y de     RECHAZADO.       No son lo mismo.


LA CASA NO TIENE SÓLO DOS INTERRUPTORES

Quizá hemos imaginado:         LUZ = CONSCIENTE.          OSCURIDAD = INCONSCIENTE.

Pero nuestra propia caminata ya nos ha enseñado algo más rico.     Puede haber:     cosas perfectamente iluminadas,     cosas en penumbra,    cosas que aparecen cuando dirigimos la atención,    cosas que recordamos con ayuda,    cosas que reconocemos después de hablar,    cosas difíciles de reconocer,    cosas que sólo podemos inferir,   cosas cuyo origen desconocemos,    y cosas que quizá nunca podremos reconstruir.

Entonces:    NO TENEMOS NECESARIAMENTE DOS HABITACIONES.

Quizá tenemos:    DIFERENTES GRADOS Y FORMAS DE ACCESO DENTRO DE UNA MISMA VIDA.

Esto no elimina el concepto de inconsciente.      Lo obliga a trabajar mejor.


JUNG AMPLIÓ ENORMEMENTE EL BAÚL

Freud había dado al inconsciente una importancia decisiva.     Jung amplió el territorio.      Para Jung, lo inconsciente no podía reducirse solamente a aquello que había sido reprimido.

En su inconsciente personal podían encontrarse experiencias olvidadas, contenidos que habían perdido intensidad consciente, percepciones poco advertidas, asociaciones y complejos; y, además, Jung atribuyó a lo inconsciente una dimensión creativa que desbordaba la idea de simple almacén de lo rechazado.

Eso nos interesa muchísimo.    Porque Jung ya estaba diciendo, de alguna manera:       CUIDADO: NO TODO LO QUE NO ESTÁ EN LA CONCIENCIA ES BASURA EXPULSADA.       Perfecto.

Nosotros damos ahora otro paso:      CUIDADO: TAMPOCO TODO LO QUE LLAMAMOS INCONSCIENTE ES EL MISMO FENÓMENO.


«EL INCONSCIENTE ME HIZO HACERLO»

Aquí la palabra puede volverse peligrosa.      Porque hemos convertido una categoría en:     SUJETO.

«Él sabe.»     «Él quiere.»      «Él decide.»       «Él me manda.»

Un momento.

¿Hay realmente otro individuo dentro?       ¿Un segundo administrador?       ¿Un señor viviendo en el sótano?

No necesitamos llegar tan lejos para reconocer que existen procesos que no controlamos o comprendemos conscientemente.

Podemos decir:       «HICE ALGO Y TODAVÍA NO COMPRENDO COMPLETAMENTE QUÉ PROCESOS PARTICIPARON.»

Mucho menos espectacular.     Pero quizá mucho más fértil.


EL INCONSCIENTE NO NECESITA SER UN HABITANTE

Esto conecta directamente con nuestra casa.     Tenemos habitaciones.   Contenidos.   Pasillos.   Muebles.   Luz.   Zonas menos accesibles.   Pero no necesitamos poner en el sótano:    OTRO YO.

Podemos investigar una misma vida en la que algunas cosas están disponibles para la conciencia y otras no.             Entonces:   CONSCIENTE E INCONSCIENTE NO TIENEN POR QUÉ SER DOS SERES.

Pueden ser nombres que utilizamos para describir diferentes relaciones entre:    experiencia,   memoria,   atención,   aprendizaje,  emoción,  conducta  y   onciencia.


NO NEGAMOS EL INCONSCIENTE

Esto ya lo habíamos formulado en nuestro trabajo anterior y aquí llega exactamente a su sitio:       NO NEGAMOS EL INCONSCIENTE.     NEGAMOS EL DERECHO A UTILIZAR LA PALABRA «INCONSCIENTE» COMO EXPLICACIÓN FINAL.

Ésa es la posición.    Porque cuando alguien dice:     «ESO ES INCONSCIENTE»,     nosotros contestamos:          PERFECTO.            AHORA EMPECEMOS.

¿Qué exactamente?     ¿Cómo lo sabemos?        ¿Cuándo aparece?         ¿Qué función tiene?      ¿Qué historia conocemos?   ¿Qué parte inferimos?    ¿Qué parte no sabemos?


EL INCONSCIENTE COMO PUNTO DE PARTIDA, NO DE LLEGADA

Esto puede salvar el concepto.    En vez de:      «¿Por qué ocurre?»    «Porque es inconsciente.»        Fin.

Hacemos:       «No tengo acceso consciente suficiente a lo que está ocurriendo.»       Perfecto.       INVESTIGUEMOS.       Entonces «inconsciente» deja de cerrar la puerta.      LA ABRE.


¿QUÉ NO SÉ?

Magnífica pregunta.      No:     «¿QUÉ ME ESCONDE MI INCONSCIENTE?»

Sino:     ¿QUÉ NO SÉ TODAVÍA SOBRE ESTO?

¿No sé cuándo empezó?      ¿No sé qué lo activa?      ¿No sé por qué reacciono así?      ¿No sé qué aprendí?       ¿No sé qué siento?     ¿No sé cómo se relaciona con mi historia?      ¿No sé simplemente porque nunca lo he investigado?

Ahora tenemos trabajo concreto.


«NO SÉ» NO NECESITA UN AGENTE QUE SEPA

Esto me parece importantísimo.    Si yo no sé por qué hago algo, podemos sentir la tentación de imaginar:    «ALGUNA PARTE DE MÍ SÍ LO SABE.»

Quizá existan procesos y aprendizajes que participan sin estar disponibles a la reflexión consciente.     Pero de ahí no se sigue necesariamente que exista una entidad interior que posea la explicación completa.

Puede ocurrir simplemente que:    EL PROCESO FUNCIONE SIN QUE EXISTA EN NINGÚN LUGAR UNA FRASE QUE LO EXPLIQUE.

Menudo cambio.      Quizá no hay un secretario escondido guardando el expediente.        Hay:    FUNCIONAMIENTO.

Y nosotros intentamos comprenderlo.


UNA BICICLETA

Una persona sabe montar en bicicleta.     Preguntamos:

«EXPLÍCAME EXACTAMENTE TODOS LOS AJUSTES QUE HACES PARA MANTENER EL EQUILIBRIO.»      No puede.     Pero:     LOS HACE.

No necesitamos decir:    «Su inconsciente conoce las ecuaciones completas.»     Su organismo ha aprendido una habilidad que funciona sin requerir cálculo consciente detallado en cada instante.      Esto nos enseña algo enorme:     PODER HACER NO SIGNIFICA PODER EXPLICAR CÓMO HACEMOS.

Y ésa es otra realidad que puede terminar dentro del enorme saco llamado «inconsciente».


UNA EMOCIÓN

«ME SIENTO MAL Y NO SÉ POR QUÉ.»    Aquí no estamos ante la bicicleta.    Puede haber:    una situación actual,   cansancio,   un conflicto,   una asociación,   una preocupación,   una experiencia anterior,   varias cosas a la vez.    No sabemos.   Entonces:          NO UTILICEMOS LA MISMA EXPLICACIÓN.       Investigamos este fenómeno.

La palabra «inconsciente» no nos ahorra el trabajo.


UN RECUERDO

«DE PRONTO ME ACORDÉ DE ALGO QUE LLEVABA AÑOS SIN RECORDAR.»

Tampoco necesitamos imaginar que alguien lo estuvo custodiando conscientemente en una habitación secreta.      Estaba fuera del recuerdo accesible en ese momento.     Algo facilitó su aparición.    ¿Una palabra?   ¿Un lugar?    ¿Un olor?     ¿Una asociación?

Quizá podamos saberlo.     Quizá no.     OTRA REALIDAD.


UNA SOMBRA

«NO SOPORTABA RECONOCER ESTA CARACTERÍSTICA EN MÍ.»    Aquí sí podemos investigar rechazo, identidad, Persona, valores, constructo.   Ya hemos recorrido ese camino.

OTRA REALIDAD.     Y si a las tres las llamamos simplemente:    INCONSCIENTE,      podemos perder precisamente aquello que necesitamos comprender.


MADRE TIERRA ABRE EL BAÚL

No lo tira.    Lo abre.    Y empieza a colocar encima de la mesa:

ESTO ES MEMORIA.

ESTO ES HÁBITO.

ESTO ES UNA RESPUESTA AUTOMATIZADA.

ESTO ES ALGO QUE RECHAZO.

ESTO ES ALGO QUE NO COMPRENDÍ.

ESTO ES UNA ASOCIACIÓN.

ESTO ES UNA HIPÓTESIS.

ESTO TODAVÍA NO SÉ QUÉ ES.

Ahora la palabra «inconsciente» puede seguir utilizándose.    Pero:               YA NO TRABAJA SOLA.


Y VOLVEMOS AL ITINERARIO

Porque en cuanto dejamos de tratar «el inconsciente» como una entidad única aparece inmediatamente nuestra pregunta:

¿CÓMO LLEGÓ ESTO HASTA AQUÍ?

Una memoria tiene historia.     Una asociación puede tener historia.    Una vergüenza puede tener historia.    Un hábito tiene aprendizaje.   Una Persona tiene itinerario.   Una Sombra puede tener arqueología.    Una respuesta automática puede haberse consolidado durante años.   Y algunas cosas:     NO SABREMOS CÓMO LLEGARON.    Perfecto.     No rellenamos el hueco.


EL INCONSCIENTE PERSONAL EMPIEZA A TENER BIOGRAFÍA

Éste es el punto que nos interesa especialmente al entrar en esta Parte V.

Jung distingue el inconsciente personal del colectivo.   

Antes de saltar al segundo, vamos a quedarnos aquí.    Porque si hablamos de:   experiencias,   recuerdos,   olvidos,   complejos,   contenidos poco reconocidos,   aprendizajes,   asociaciones,   entonces aparece    inmediatamente:        EL CAMINANTE.

¿Dónde estaba?         ¿Qué edad tenía?          ¿Qué ocurrió?

¿Qué podía comprender?        ¿Qué recibió?      ¿Qué interpretó?

¿Qué repitió?      ¿Qué olvidó?         ¿Qué rechazó?

¿Qué nunca llegó a mirar suficientemente?

Aquí nuestra arqueología puede trabajar muchísimo antes de viajar más lejos.


PRIMERO, MI PROPIA CASA

Esto no significa que todo pueda explicarse por biografía.    Sería otro dogma.    Significa algo mucho más prudente:

ANTES DE BUSCAR UNA EXPLICACIÓN MÁS LEJANA, INVESTIGUEMOS LO QUE TENEMOS CERCA.

Mi vida.      Mi desarrollo.       Mis relaciones.     Mi entorno.     Mi cultura.    Mi aprendizaje.    Mi época.     Mi constructo.   Y cuando no alcance:     NO SÉ.

Después seguiremos preguntando.


EL ERROR SERÍA CAMBIAR UN DOGMA POR OTRO

«TODO VIENE DEL INCONSCIENTE.»       No.     Pero tampoco:     «TODO VIENE DEL ITINERARIO.»

Tampoco lo sabemos.    El modelo humano importa.     El cuerpo importa.    El desarrollo importa.      Las disposiciones importan.      El entorno importa.   El aprendizaje importa.     El momento presente importa.

Y hay cosas que todavía no sabemos explicar suficientemente.

MADRE TIERRA NO VIENE A CERRAR.           VIENE A ABRIR.


JUNG, DEJA EL BAÚL AQUÍ

No lo vamos a tirar.    Al contrario.    Vamos a revisarlo con muchísimo interés.

Porque dentro hay un siglo de preguntas extraordinarias.     Pero sacaremos las piezas.       Una a una.     Y preguntaremos:

¿QUÉ ES ESTO?                      ¿CÓMO SABEMOS QUE ESTÁ?

¿ES LO MISMO QUE AQUELLO?

¿QUÉ PARTE CONOCEMOS DE SU HISTORIA?

¿QUÉ ESTAMOS INTERPRETANDO?              ¿QUÉ NO SABEMOS?

Entonces Jung recupera toda su fuerza.     Porque deja de ser una respuesta que debemos aceptar.     Vuelve a convertirse en:      UN INVESTIGADOR QUE ABRIÓ TERRITORIO.


¿QUÉ LLAMAMOS INCONSCIENTE?

Quizá al final de este capítulo no debamos contestar con una definición cerrada.             Quizá la respuesta más útil sea:      DEPENDE DE QUÉ FENÓMENO ESTEMOS HABLANDO.

Y eso no debilita la psicología.      La hace más precisa.

Podemos conservar «inconsciente» como una gran palabra de orientación para procesos, contenidos o influencias que no están disponibles de manera inmediata o suficiente a la conciencia.

Pero después:       HAY QUE ABRIR LA PALABRA.

Porque no es lo mismo:       no atender,      no recordar,      no reconocer,         no comprender,     automatizar,     evitar,     rechazar,      no haber podido formular,      o simplemente:        NO SABER.

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