MADRE TIERRA
Y
JUNG
EL
INCONSCIENTE PERSONAL
¿Qué llamamos inconsciente? No permitir que una sola palabra explique
realidades diferentes.
edificio de
Jung. Y quizá convenga detenernos
justo en la puerta. Porque llevamos
décadas utilizando una palabra: INCONSCIENTE.
La
pronunciamos y parece que ya sabemos de qué estamos hablando.
«Eso viene
del inconsciente.» «El inconsciente
lo sabe.» «El inconsciente guarda.» «El inconsciente se manifiesta.» «El inconsciente decide.» «El inconsciente te está diciendo...»
Un momento. Antes de entrar: ¿QUÉ
LLAMAMOS INCONSCIENTE? Porque quizá
bajo una sola palabra hemos colocado: REALIDADES MUY DIFERENTES.
Y si la
palabra termina explicándolas a todas...
puede ocurrir algo curioso: QUE YA NO EXPLIQUE NINGUNA.
JUNG
NO INVENTÓ LO QUE LA PALABRA INTENTA SEÑALAR
Esto es
importantísimo. No vamos a cometer la
ingenuidad de decir: «EL INCONSCIENTE ES UNA CONSTRUCCIÓN
HUMANA; POR TANTO, NO EXISTE NADA DE ESO.»
No.
La palabra
es humana. Las clasificaciones son
humanas. Los modelos psicológicos son
humanos. Pero los fenómenos que
intentamos organizar mediante ellos pueden ser perfectamente reales.
Hay: recuerdos que ahora no podemos recuperar, hábitos que realizamos sin prestarles
atención, asociaciones que aparecen
inesperadamente, emociones cuyo origen
inmediato desconocemos, aprendizajes
automatizados, procesos corporales
fuera de nuestra atención, ideas que
aparecen después de haber dejado un problema,
sueños, respuestas que repetimos
sin comprender completamente por qué.
Todo eso
merece investigación. La pregunta no
es: «¿EXISTE EL INCONSCIENTE?» como
si buscáramos una habitación física detrás del hígado.
La pregunta
anterior es: ¿QUÉ FENÓMENOS ESTAMOS REUNIENDO
BAJO ESA PALABRA? Ahí cambia
todo.
LA
PALABRA NO ES LA COSA
Ya nos
ocurrió con la Sombra. Y ahora vuelve
con mucha más fuerza. Ponemos una
palabra encima de varios fenómenos: INCONSCIENTE.
La palabra resulta
útil. Permite hablar. Investigar. Construir teorías. Relacionar observaciones. Perfecto.
Pero después
puede ocurrir una inversión. Primero:
OBSERVAMOS
FENÓMENOS → CREAMOS UNA PALABRA.
Después: LA
PALABRA → EMPIEZA A EXPLICAR LOS FENÓMENOS.
«¿Por qué hice esto?» «Por el inconsciente.» ¿Y qué hemos explicado exactamente?
Quizá
todavía: NADA.
«LO
HICE INCONSCIENTEMENTE»
Muy bien. Pero ¿qué significa? Puede querer decir:
NO ME DI CUENTA MIENTRAS LO HACÍA.
O:
ERA UN HÁBITO AUTOMATIZADO.
O:
NO RECONOCÍ EL MOTIVO QUE PARTICIPABA EN MI
DECISIÓN.
O:
NO RECORDABA UNA EXPERIENCIA relacionada.
O:
NO PRESTÉ ATENCIÓN.
O:
INTERPRETÉ LA SITUACIÓN SIN DARME CUENTA DE
LOS SUPUESTOS QUE ESTABA UTILIZANDO.
O:
SENTÍ ALGO Y NO SÉ POR QUÉ.
Caramba. NO
ESTAMOS HABLANDO NECESARIAMENTE DE LA MISMA COSA.
Y, sin
embargo, podemos llamarlo todo: INCONSCIENTE.
UNA
PALABRA NO PUEDE HACER TODO EL TRABAJO
Ésta es
nuestra primera advertencia. Si digo:«ESTO ES INCONSCIENTE»,
todavía
necesito preguntar: ¿EN QUÉ SENTIDO?
¿No estaba atendiendo? ¿No podía recordarlo?
¿No sabía que lo había aprendido? ¿No reconocía una emoción?
¿No comprendía la función de una conducta? ¿Lo evitaba?
¿Lo rechazaba? ¿Nunca llegó a formularse claramente?
¿Se automatizó? ¿Simplemente no tengo acceso a la
explicación?
Son
problemas diferentes. Necesitan
investigaciones diferentes.
EL
GRAN BAÚL
Podríamos
imaginar que durante mucho tiempo la psicología encontró multitud de cosas que
no estaban en la conciencia inmediata.
Y abrió un
enorme baúl: INCONSCIENTE.
Dentro fue
colocando: recuerdos, deseos,
conflictos, automatismos, imágenes,
fantasías, sueños, asociaciones, contenidos rechazados, creatividad,
intuiciones, posibilidades no
desarrolladas.
El baúl se
hizo enorme. Entonces llega Madre
Tierra y pregunta: ¿PODEMOS SACAR LAS COSAS UNA A UNA?
No para
tirar el baúl. Para saber qué
contiene.
PORQUE UNA
COSA ES NO RECORDAR Y
otra: REPRIMIR.
Una cosa es
no tener algo presente ahora. Otra
haberlo evitado activamente. Una cosa
es no disponer todavía de palabras para una experiencia. Otra rechazarla porque amenaza nuestra
identidad.
Una cosa es
una habilidad automatizada. Otra un
conflicto psicológico.
Una cosa es
que no sepamos explicar por qué apareció una imagen. Otra concluir que esa imagen procede de
una estructura ancestral.
NO METAMOS TODO EN LA MISMA CAJA.
NO
CONSCIENTE AHORA NO SIGNIFICA NECESARIAMENTE OCULTO
Esto puede
ayudarnos muchísimo.
Mientras
lees estas líneas probablemente no estabas pensando en el nombre de tu primer
maestro. Quizá ahora aparece. ¿Dónde estaba hace diez segundos? No estaba en el foco de tu conciencia. Pero sería extraño imaginar que estaba: ESCONDIDO
EN UNA CUEVA.
Simplemente: NO
ESTABA PRESENTE EN EL FOCO. La
conciencia selecciona.
No puede
atender simultáneamente a toda nuestra experiencia, memoria y funcionamiento. Entonces necesitamos distinguir: NO
PRESENTE de INACCESIBLE y de
RECHAZADO. No son lo mismo.
LA
CASA NO TIENE SÓLO DOS INTERRUPTORES
Quizá hemos
imaginado: LUZ = CONSCIENTE. OSCURIDAD = INCONSCIENTE.
Pero nuestra
propia caminata ya nos ha enseñado algo más rico. Puede haber: cosas perfectamente iluminadas, cosas en penumbra, cosas que aparecen cuando dirigimos la
atención, cosas que recordamos con
ayuda, cosas que reconocemos después
de hablar, cosas difíciles de
reconocer, cosas que sólo podemos
inferir, cosas cuyo origen
desconocemos, y cosas que quizá nunca
podremos reconstruir.
Entonces: NO
TENEMOS NECESARIAMENTE DOS HABITACIONES.
Quizá
tenemos: DIFERENTES GRADOS Y FORMAS DE ACCESO DENTRO DE UNA MISMA VIDA.
Esto no
elimina el concepto de inconsciente.
Lo obliga a trabajar mejor.
JUNG
AMPLIÓ ENORMEMENTE EL BAÚL
Freud había
dado al inconsciente una importancia decisiva. Jung amplió el territorio. Para
Jung, lo inconsciente no podía reducirse solamente a aquello que había sido
reprimido.
En su
inconsciente personal podían encontrarse experiencias olvidadas, contenidos que
habían perdido intensidad consciente, percepciones poco advertidas, asociaciones
y complejos; y, además, Jung atribuyó a lo inconsciente una dimensión creativa
que desbordaba la idea de simple almacén de lo rechazado.
Eso nos
interesa muchísimo. Porque Jung ya
estaba diciendo, de alguna manera: CUIDADO: NO TODO LO QUE NO ESTÁ EN LA
CONCIENCIA ES BASURA EXPULSADA. Perfecto.
Nosotros
damos ahora otro paso: CUIDADO: TAMPOCO TODO LO QUE LLAMAMOS
INCONSCIENTE ES EL MISMO FENÓMENO.
«EL INCONSCIENTE ME HIZO HACERLO»
Aquí la
palabra puede volverse peligrosa. Porque
hemos convertido una categoría en: SUJETO.
«Él sabe.» «Él quiere.» «Él decide.» «Él me manda.»
Un momento.
¿Hay realmente otro individuo dentro? ¿Un segundo administrador? ¿Un señor viviendo en el sótano?
No
necesitamos llegar tan lejos para reconocer que existen procesos que no
controlamos o comprendemos conscientemente.
Podemos
decir: «HICE ALGO Y TODAVÍA NO COMPRENDO COMPLETAMENTE QUÉ PROCESOS
PARTICIPARON.»
Mucho menos
espectacular. Pero quizá mucho más fértil.
EL
INCONSCIENTE NO NECESITA SER UN HABITANTE
Esto conecta
directamente con nuestra casa. Tenemos
habitaciones. Contenidos. Pasillos.
Muebles. Luz. Zonas menos accesibles. Pero no necesitamos poner en el sótano: OTRO
YO.
Podemos
investigar una misma vida en la que algunas cosas están disponibles para la
conciencia y otras no. Entonces: CONSCIENTE
E INCONSCIENTE NO TIENEN POR QUÉ SER DOS SERES.
Pueden ser
nombres que utilizamos para describir diferentes relaciones entre: experiencia, memoria,
atención, aprendizaje, emoción,
conducta y onciencia.
NO
NEGAMOS EL INCONSCIENTE
Esto ya lo
habíamos formulado en nuestro trabajo anterior y aquí llega exactamente a su
sitio: NO NEGAMOS EL INCONSCIENTE. NEGAMOS EL DERECHO A UTILIZAR LA PALABRA
«INCONSCIENTE» COMO EXPLICACIÓN FINAL.
Ésa es la
posición. Porque cuando alguien dice: «ESO
ES INCONSCIENTE», nosotros
contestamos: PERFECTO. AHORA EMPECEMOS.
¿Qué exactamente? ¿Cómo lo sabemos? ¿Cuándo aparece? ¿Qué función tiene? ¿Qué historia conocemos? ¿Qué parte inferimos? ¿Qué parte no sabemos?
EL
INCONSCIENTE COMO PUNTO DE PARTIDA, NO DE LLEGADA
Esto puede
salvar el concepto. En vez de: «¿Por
qué ocurre?» «Porque es inconsciente.» Fin.
Hacemos: «No
tengo acceso consciente suficiente a lo que está ocurriendo.» Perfecto. INVESTIGUEMOS. Entonces «inconsciente» deja de cerrar
la puerta. LA ABRE.
¿QUÉ NO SÉ?
Magnífica
pregunta. No: «¿QUÉ
ME ESCONDE MI INCONSCIENTE?»
Sino:
¿QUÉ NO SÉ TODAVÍA SOBRE ESTO?
¿No sé cuándo empezó? ¿No sé qué lo activa? ¿No sé por qué reacciono así? ¿No sé qué aprendí? ¿No sé qué siento? ¿No sé cómo se relaciona con mi historia? ¿No sé simplemente porque nunca lo he
investigado?
Ahora
tenemos trabajo concreto.
«NO
SÉ» NO NECESITA UN AGENTE QUE SEPA
Esto me
parece importantísimo. Si yo no sé por
qué hago algo, podemos sentir la tentación de imaginar: «ALGUNA
PARTE DE MÍ SÍ LO SABE.»
Quizá
existan procesos y aprendizajes que participan sin estar disponibles a la
reflexión consciente. Pero de ahí no
se sigue necesariamente que exista una entidad interior que posea la
explicación completa.
Puede
ocurrir simplemente que: EL PROCESO FUNCIONE SIN QUE EXISTA EN
NINGÚN LUGAR UNA FRASE QUE LO EXPLIQUE.
Menudo
cambio. Quizá no hay un secretario
escondido guardando el expediente.
Hay: FUNCIONAMIENTO.
Y nosotros
intentamos comprenderlo.
UNA
BICICLETA
Una persona
sabe montar en bicicleta. Preguntamos:
«EXPLÍCAME
EXACTAMENTE TODOS LOS AJUSTES QUE HACES PARA MANTENER EL EQUILIBRIO.» No puede. Pero:
LOS HACE.
No
necesitamos decir: «Su inconsciente
conoce las ecuaciones completas.» Su
organismo ha aprendido una habilidad que funciona sin requerir cálculo
consciente detallado en cada instante.
Esto nos enseña algo enorme: PODER HACER NO SIGNIFICA PODER EXPLICAR
CÓMO HACEMOS.
Y ésa es
otra realidad que puede terminar dentro del enorme saco llamado «inconsciente».
UNA
EMOCIÓN
«ME SIENTO
MAL Y NO SÉ POR QUÉ.» Aquí no estamos
ante la bicicleta. Puede haber: una situación actual, cansancio,
un conflicto, una asociación, una preocupación, una experiencia anterior, varias cosas a la vez. No sabemos. Entonces: NO
UTILICEMOS LA MISMA EXPLICACIÓN. Investigamos
este fenómeno.
La palabra
«inconsciente» no nos ahorra el trabajo.
UN
RECUERDO
«DE PRONTO ME ACORDÉ DE ALGO QUE LLEVABA AÑOS
SIN RECORDAR.»
Tampoco
necesitamos imaginar que alguien lo estuvo custodiando conscientemente en una
habitación secreta. Estaba fuera del
recuerdo accesible en ese momento. Algo
facilitó su aparición. ¿Una palabra? ¿Un lugar?
¿Un olor? ¿Una asociación?
Quizá
podamos saberlo. Quizá no. OTRA
REALIDAD.
UNA SOMBRA
«NO
SOPORTABA RECONOCER ESTA CARACTERÍSTICA EN MÍ.» Aquí sí podemos investigar rechazo,
identidad, Persona, valores, constructo.
Ya hemos recorrido ese camino.
OTRA REALIDAD. Y si a las tres las llamamos simplemente: INCONSCIENTE, podemos perder
precisamente aquello que necesitamos comprender.
MADRE
TIERRA ABRE EL BAÚL
No lo tira. Lo abre.
Y empieza a colocar encima de la mesa:
ESTO ES MEMORIA.
ESTO ES HÁBITO.
ESTO ES UNA RESPUESTA AUTOMATIZADA.
ESTO ES ALGO QUE RECHAZO.
ESTO ES ALGO QUE NO COMPRENDÍ.
ESTO ES UNA ASOCIACIÓN.
ESTO ES UNA HIPÓTESIS.
ESTO TODAVÍA NO SÉ QUÉ ES.
Ahora la
palabra «inconsciente» puede seguir utilizándose. Pero: YA NO TRABAJA SOLA.
Y
VOLVEMOS AL ITINERARIO
Porque en
cuanto dejamos de tratar «el inconsciente» como una entidad única aparece
inmediatamente nuestra pregunta:
¿CÓMO LLEGÓ ESTO HASTA AQUÍ?
Una memoria
tiene historia. Una asociación puede
tener historia. Una vergüenza puede
tener historia. Un hábito tiene
aprendizaje. Una Persona tiene
itinerario. Una Sombra puede tener
arqueología. Una respuesta automática
puede haberse consolidado durante años.
Y algunas cosas: NO SABREMOS CÓMO LLEGARON. Perfecto. No rellenamos el hueco.
EL
INCONSCIENTE PERSONAL EMPIEZA A TENER BIOGRAFÍA
Éste es el
punto que nos interesa especialmente al entrar en esta Parte V.
Jung
distingue el inconsciente personal del colectivo.
Antes de
saltar al segundo, vamos a quedarnos aquí.
Porque si hablamos de:
experiencias, recuerdos, olvidos,
complejos, contenidos poco
reconocidos, aprendizajes, asociaciones, entonces aparece inmediatamente: EL
CAMINANTE.
¿Dónde estaba? ¿Qué edad tenía? ¿Qué ocurrió?
¿Qué podía comprender? ¿Qué recibió? ¿Qué interpretó?
¿Qué repitió? ¿Qué olvidó? ¿Qué rechazó?
¿Qué nunca llegó a mirar suficientemente?
Aquí nuestra
arqueología puede trabajar muchísimo antes de viajar más lejos.
PRIMERO,
MI PROPIA CASA
Esto no
significa que todo pueda explicarse por biografía. Sería otro dogma. Significa algo mucho más prudente:
ANTES DE BUSCAR UNA
EXPLICACIÓN MÁS LEJANA, INVESTIGUEMOS LO QUE TENEMOS CERCA.
Mi vida. Mi desarrollo. Mis relaciones. Mi entorno. Mi cultura. Mi aprendizaje. Mi época. Mi constructo. Y cuando no alcance: NO
SÉ.
Después
seguiremos preguntando.
EL ERROR
SERÍA CAMBIAR UN DOGMA POR OTRO
«TODO VIENE
DEL INCONSCIENTE.» No. Pero tampoco: «TODO
VIENE DEL ITINERARIO.»
Tampoco lo
sabemos. El modelo humano importa. El cuerpo importa. El desarrollo importa. Las disposiciones importan. El entorno importa. El aprendizaje importa. El momento presente importa.
Y hay cosas
que todavía no sabemos explicar suficientemente.
MADRE TIERRA NO VIENE A CERRAR. VIENE A ABRIR.
JUNG,
DEJA EL BAÚL AQUÍ
No lo vamos
a tirar. Al contrario. Vamos a revisarlo con muchísimo interés.
Porque
dentro hay un siglo de preguntas extraordinarias. Pero sacaremos las piezas. Una a una. Y preguntaremos:
¿QUÉ ES ESTO? ¿CÓMO SABEMOS QUE ESTÁ?
¿ES LO MISMO QUE
AQUELLO?
¿QUÉ PARTE CONOCEMOS
DE SU HISTORIA?
¿QUÉ ESTAMOS
INTERPRETANDO? ¿QUÉ NO
SABEMOS?
Entonces
Jung recupera toda su fuerza. Porque
deja de ser una respuesta que debemos aceptar. Vuelve a convertirse en: UN INVESTIGADOR QUE ABRIÓ TERRITORIO.
¿QUÉ
LLAMAMOS INCONSCIENTE?
Quizá al
final de este capítulo no debamos contestar con una definición cerrada. Quizá la respuesta más útil sea: DEPENDE
DE QUÉ FENÓMENO ESTEMOS HABLANDO.
Y eso no
debilita la psicología. La hace más
precisa.
Podemos
conservar «inconsciente» como una gran palabra de orientación para procesos,
contenidos o influencias que no están disponibles de manera inmediata o
suficiente a la conciencia.
Pero
después: HAY QUE ABRIR LA PALABRA.
Porque no es
lo mismo: no atender, no recordar, no reconocer, no comprender, automatizar, evitar,
rechazar, no haber podido
formular, o simplemente: NO
SABER.
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