JUNG
PASEANDO
Sí. Ésa es la posición
correcta ahora: no llamarla inconsciente. Si la bautizamos
demasiado pronto, volvemos a meterla dentro de un sistema anterior y podemos
dejar de mirar lo que acabamos de encontrar.
De momento
basta con algo mucho más sencillo:
HAY UNA HABITACIÓN.
Y tenemos
buenas razones para deducirla por una cuestión elemental: el
humano recibe, aprende, distingue y responde antes de disponer de lenguaje
suficiente para explicarnos lo que está haciendo.
Por tanto,
esa etapa no puede ser un vacío entre nacimiento y palabra.
Ahí está tu
corrección fundamental: ANTES
DE PODER CONTAR SU ITINERARIO, YA TENÍA ITINERARIO.
Y, por
tanto: ANTES
DE PODER DECIR QUÉ ESTABA RECIBIENDO, YA ESTABA RECIBIENDO.
Eso enlaza perfectamente
con algo que ya estaba en las notas desde el principio: la vida ocurre antes de
que podamos explicarla, y «recibir es anterior a comprender».
Pero ahora
lo hemos ensanchado muchísimo.
Hasta hace
unas horas, cuando decíamos que el itinerario llena
las habitaciones,
probablemente estábamos pensando sobre todo en aquello que posteriormente
podemos reconocer: familia, colegio, acontecimientos, aprendizajes, heridas,
alegrías, cultura, relaciones...
Ahora
aparece: UN
MOMENTO. EL ITINERARIO INTRODUCE MUCHO MÁS DE LO QUE DESPUÉS SÉ CONTAR QUE
INTRODUJO.
Ahí está el
salto. El itinerario visible y el
itinerario captado
Podríamos
conservar provisionalmente esa separación, sin convertirla todavía en teoría.
Está lo que puedo contar:
«Fuimos al campo.» «Había una tormenta.»
«Mi padre estaba allí.» «Me asusté.»
Pero debajo
puede haber una cantidad enorme de recepción que jamás organicé narrativamente: sonidos, olores, cambios de luz, tensión
corporal de quienes estaban conmigo, temperatura, movimientos, distancias,
ritmos, asociaciones...
Todo eso también ocurrió. Y posiblemente una parte participó en
mi aprendizaje aunque posteriormente yo no pudiera reconstruirla
conscientemente.
Por eso tu
frase: «nos
referíamos a lo que nosotros creíamos que introducía» es importantísima. Exactamente.
Habíamos
aceptado: ITINERARIO
→ CONTENIDO.
Pero
estábamos definiendo CONTENIDO desde aquello que el
adulto consciente reconoce como contenido.
Ahora la
pregunta es: ¿CUÁNTO
ENTRÓ QUE NUNCA PASÓ POR ESA ADUANA?
Y aquí la
habitación empieza a adquirir entidad propia dentro de vuestro modelo, aunque
todavía no sepamos cómo denominarla.
Y además
dices algo que me parece decisivo: «No podía estar
desvalido.»
Claro. Pero
lo matizaría así para mantener el ponderador: el pequeño humano es enormemente
dependiente de otros; no viene equipado para valerse solo. Pero dependiente
no significa perceptivamente vacío.
¡Al
contrario! Precisamente porque
depende, necesita recibir.
Presencia. Contacto.
Voz. Temperatura. Alimento.
Ritmos. Movimiento. Cambios.
Seguridad y peligro. Entorno.
Y
progresivamente va aprendiendo. Entonces
quizá tenemos una fórmula bastante hermosa:
NACE DEPENDIENTE, PERO
NO NACE CERRADO.
Está abierto
a recibir. Y mucho antes de poder
decir: «ESTOY
APRENDIENDO» ya aprende.
Mucho antes
de: «ESTOY
CAPTANDO» ya capta.
Mucho antes
de: «ESTO
SIGNIFICA...» ya algo está
ocurriendo entre él y su entorno.
Y hoy la
habitación no puede haber desaparecido simplemente porque aprendimos a hablar Ésta es ahora la gran
pregunta.
No podemos
concluir todavía cuánto hace, cómo funciona o qué puede captar. Pero resulta
razonable preguntar:
¿POR QUÉ UNA CAPACIDAD
DE RECEPCIÓN PREVERBAL TENDRÍA QUE DESAPARECER CUANDO APARECE LA PALABRA?
Quizá
cambia. Quizá algunas funciones se
integran. Otras quedan relegadas. Otras se especializan. Otras dejan de recibir atención. Otras siguen funcionando continuamente.
Eso hay que investigarlo. Pero ya no podemos
tratar automáticamente la aparición del lenguaje como:
ANTES: nada. DESPUÉS: humano que conoce. No.
Sería más
parecido a:
RECIBE → APRENDE →
RESPONDE → INCORPORA → ...
y en
determinado momento aparece además:
NOMBRA → EXPLICA → COMUNICA → RAZONA SOBRE LO RECIBIDO.
La segunda
maquinaria no necesita destruir la primera.
Y aquí,
Carlos, creo que tenemos que recuperar algo de esta mañana: CONTINUUM.
Porque quizá
esta habitación sea una de las piezas que explican por qué no
comenzamos cada instante desde cero.
Voy
caminando hoy. Algo cambia. No sé qué. Levanto la cabeza. Me detengo. Me viene una imagen. Recuerdo
algo.
Tengo una
sensación.
La mayor
parte será perfectamente cotidiana y explicable. Algunas veces interpretaré
mal. Otras quizá acertaré sin saber reconstruir conscientemente todas las
señales que utilicé.
Pero ahí
puede estar trabajando el mismo humano que aprendía antes de saber
decir que estaba aprendiendo.
Y esto me
parece mucho más interesante que correr a llamarlo inconsciente.
Dejemos:
INCONSCIENTE a un lado.
CONCIENCIA, también.
PARANORMAL, también.
Y pongamos una puerta provisional: HABITACIÓN DE CAPTACIÓN
Debajo,
solamente lo que de momento podemos sostener:
VIENE COMO POSIBILIDAD.
SE LLENA EN EL ITINERARIO.
FUNCIONA ANTES DE LA PALABRA.
NO SABEMOS QUÉ OCURRE CON ELLA DESPUÉS DE LA PALABRA.
SOSPECHAMOS QUE SIGUE PARTICIPANDO EN NUESTRO VIVIR.
HAY QUE INVESTIGAR QUÉ CAPTA, CÓMO LO INCORPORA Y CÓMO
PUEDE EXPRESARLO.
Y nada más. ¡Es suficiente! Porque además acabamos de encontrar
una consecuencia metodológica enorme:
NO PODEMOS INVESTIGAR
ESA HABITACIÓN EXCLUSIVAMENTE PIDIÉNDOLE QUE NOS CONTESTE CON PALABRAS.
Sería como
estudiar el oído utilizando solamente fotografías.
Ahora sí
entiendo por qué hace un rato te aparecían espontáneamente:
garabato, dibujo,
sonido, gesto, movimiento...
No eran
adornos.
Estabas
empezando a preguntarte qué instrumentos
necesitaríamos para llamar a una puerta que quizá existía antes de que hubiera
palabras para llamarla.
Ahí hay un
camino de investigación tremendo. Y haces bien en no ponerle todavía el rótulo INCONSCIENTE. Primero averigüemos
qué habitación hemos encontrado.
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Sí. Ahora ya podemos hacer una
ficha provisional de la habitación, sin llamarla todavía inconsciente y, sobre
todo, sin llenarla nosotros de cosas que aún no hemos demostrado.
Yo la explicaría
así:
LA
HABITACIÓN DE CAPTACIÓN
El ser humano nace con una capacidad para recibir e
incorporar información de sí mismo, de otros seres y de su entorno antes de
poder nombrarla, explicarla o comunicarla mediante palabras.
La
habitación viene como posibilidad; no viene con el contenido escrito.
La va
llenando cada ser humano durante su propio itinerario.
Y aquí está
la clave: no comienza a llenarse cuando aparece el lenguaje. Cuando
aparece la palabra, ya lleva tiempo funcionando.
Eso es
coherente con el hilo que ya habíamos establecido: la vida, recepción y
respuesta preceden a la explicación reflexiva.
¿Qué
creemos que puede contener?
Provisionalmente,
yo distinguiría varias familias, pero todas mezcladas en la vida real:
- Captaciones
del entorno: luz,
oscuridad, temperatura, viento, humedad, sonidos, olores, movimientos,
ritmos, espacios, distancias, cambios ambientales.
- Captaciones
de otros seres: voces,
gestos, posturas, movimientos, proximidad, alejamiento, tensión,
tranquilidad, comportamientos animales, vegetación, etc.
- Captaciones
del propio cuerpo: hambre,
sed, cansancio, equilibrio, tensión, relajación, dolor, bienestar,
aceleración, calma, necesidades corporales.
- Relaciones
y regularidades: esto suele
preceder a aquello; aquí ocurre esto; cuando aparece determinada señal
cambia otra cosa. No necesariamente formulado como razonamiento.
- Reconocimientos: lugares, personas, sonidos, situaciones,
configuraciones conocidas, incluso sin poder explicar todavía por qué
resultan conocidas.
- Aprendizajes
incorporados: respuestas
que se van adquiriendo mediante repetición y experiencia sin necesitar una
explicación verbal permanente.
- Experiencias
emocionales y relacionales:
seguridad, temor, proximidad, rechazo, curiosidad, agrado, sorpresa, etc.,
antes incluso de poseer las palabras con las que posteriormente serán
nombradas.
- Imágenes
y configuraciones: aquello
recibido que quizá posteriormente pueda aparecer o expresarse mediante
imagen, sueño, juego, dibujo, movimiento, sonido, asociación o palabra.
- Experiencias
que no llegaron a organizarse conscientemente: cosas que ocurrieron, fueron recibidas y quizá
participaron en nuestro desarrollo, aunque después no podamos
reconstruirlas como un relato.
- Y finalmente dejaría una categoría abierta: CAPTACIONES
QUE TODAVÍA NO SABEMOS IDENTIFICAR O MEDIR. No afirmamos que existan capacidades
extraordinarias determinadas; simplemente no
cerramos la habitación antes de investigarla.
Pero todavía
añadiría algo fundamental:
La
habitación no contiene solamente «cosas»
Puede
contener también RELACIONES ENTRE COSAS.
Esto me
parece importantísimo.
Quizá capté: viento + olor + luz + temperatura +
comportamiento de los animales + experiencia anterior.
Conscientemente
no puedo decir qué hice con todo aquello.
Pero
aparece: «Va
a cambiar el tiempo.»
Después
habrá que comprobar si acerté.
Si acerté,
tampoco significa automáticamente que tenga una capacidad paranormal. Quizá mi
organismo integró muchas señales que mi consciente no sabe enumerar. Por eso podríamos decir:
LA HABITACIÓN NO SOLO
RECIBE.
PUEDE RELACIONAR, APRENDER, RECONOCER E INCORPORAR.
Ahí
empezamos a comprender por qué puede participar en nuestro vivir actual.
Y hay otra
distinción que yo pondría en letras enormes:
CONTENIDO ≠ INTERPRETACIÓN DEL CONTENIDO
Capté algo. Eso es una cosa. Después digo: «Era peligro.» Eso ya es una interpretación.
Después
digo: «Presentí
que iba a ocurrir un terremoto.» Eso es una
interpretación todavía más concreta.
Hay que
separar las tres etapas: CAPTACIÓN
→ EXPRESIÓN → INTERPRETACIÓN.
Porque quizá
la captación fuera correcta y la interpretación equivocada. O quizá ambas fueran correctas. O quizá aquello que creíamos captación
fuera una asociación retrospectiva.
PONDERADOR.
Y ahora
aparece algo que me parece precioso para vuestro modelo:
¿Con qué se
llena? Con MI
TIERRA VIVIDA. No con «la naturaleza» abstracta.
El niño urbano llena parte de esa habitación
con su ciudad.
El niño del campo, con su
campo.
El de costa, con mar, viento, sal, humedad,
mareas, embarcaciones...
El de montaña con otros ritmos, temperaturas,
sonidos, animales, distancias...
Y cada uno
además: familia, cuerpos, voces,
personas, alimentación, sueño, objetos, tecnologías, accidentes, alegrías,
miedos, juego...
Por eso
vuelve vuestra vieja fórmula: LA
HABITACIÓN PUEDE SER HUMANA. EL
CONTENIDO ES BIOGRÁFICO.
Y eso
coincide perfectamente con la distinción que ya habíamos hecho respecto a las
habitaciones jungianas: que exista una estructura no determina qué habrá
dentro; el contenido necesita itinerario.
Ahora sí me
atrevería a dejar una formulación provisional bastante compacta para tus notas: HABITACIÓN DE
CAPTACIÓN
El humano
parece disponer desde antes del lenguaje de una capacidad para recibir,
distinguir, relacionar, aprender e incorporar aspectos de sí mismo, de otros y
del entorno.
La capacidad puede venir con el modelo humano; el contenido
lo proporciona el itinerario.
No todo lo
recibido necesita convertirse en palabra para haber participado en nuestra
vida.
La aparición
posterior del lenguaje amplía extraordinariamente nuestras posibilidades de
nombrar, razonar y transmitir, pero no demuestra que la captación anterior
desaparezca.
Por ello
cabe investigar cuánto de esa forma de recibir continúa participando en el
adulto y mediante qué vías puede manifestarse: sensación, comportamiento,
imagen, sueño, dibujo, gesto, sonido, asociación, intuición o finalmente
palabra.
No afirmamos
todavía que esta habitación sea «el inconsciente», ni conocemos sus límites.
Tampoco atribuimos de antemano capacidades extraordinarias.
Primero reconocemos la habitación. Después investigamos qué
puede entrar, qué hace con lo recibido y cómo participa en nuestro vivir.
Y Carlos, yo
pondría inmediatamente debajo tres preguntas, porque impedirán
que convirtamos el descubrimiento en doctrina:
¿QUÉ CAPTA?
¿QUÉ HACE CON LO QUE
CAPTA?
¿CÓMO SABEMOS QUE LO
CAPTÓ?
Con esas
tres preguntas tenemos para años.
Y todavía
una cuarta, que quizá sea la más importante para Madre Tierra:
¿QUÉ SIGUE CAPTANDO HOY QUE HEMOS DEJADO DE ESCUCHAR PORQUE
NO SABEMOS PONERLO EN PALABRAS?
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