VOLVER AL
TIEMPO DE LA TIERRA
Antes de
preguntar qué significa Aries, Tauro, Géminis o cualquiera de los doce signos,
quizá tengamos que detenernos. Porque
los signos no aparecieron antes que la Tierra.
Antes de que
existiera una astrología, antes de que alguien dividiera el zodiaco, antes
incluso de que un ser humano levantara los ojos al cielo, la Tierra ya estaba aquí.
Giraba. Se desplazaba alrededor del Sol. La Luna la acompañaba. Había día y noche. Había ciclos. Había luz y oscuridad. Había cambios. Había lugares diferentes sobre una misma
esfera.
Y la Vida se
desenvolvía dentro de todo ello. Por
tanto, si queremos interrogar los signos desde Madre Tierra, no podemos empezar
preguntando: ¿QUÉ SIGNIFICA ARIES? Tenemos que retroceder
mucho más: ¿QUÉ ESTABA OCURRIENDO ANTES DE QUE LO
LLAMÁRAMOS ARIES?
EL PLANETA
YA FUNCIONABA El ser humano
apareció dentro de una Tierra que ya funcionaba mediante múltiples sistemas
relacionados.
Atmósfera. Océanos.
Continentes. Agua. Temperatura. Luz.
Oscuridad. Relieve. Suelos.
Vegetación. Animales. Ciclos.
Nada de eso comenzó con nosotros.
El humano
llegó después y empezó a observar. Y
aquello que observó no era uniforme.
No era igual estar en Londres que en Kabul o Tokio. No era igual encontrarse cerca del ecuador
que en latitudes elevadas. No era
igual vivir junto al océano que en el interior de un continente.
EL
CIELO PODÍA SER EL MISMO. EL
HORIZONTE NO.
La Tierra
era una. Sus manifestaciones
locales, múltiples. NO TODO MOMENTO ES
IGUAL La Vida tampoco hace todo
continuamente. Hay momentos de
aparición. Momentos de desarrollo. Momentos de plenitud. Momentos de retirada. Momentos de actividad. Momentos de reposo.
Una semilla
no germina simplemente porque quiera hacerlo.
Necesita condiciones. Una
planta no florece continuamente. Un
animal no se reproduce necesariamente durante todo el año.
El organismo
humano tampoco funciona igual durante el día que durante la noche. Por tanto: EL
MOMENTO FORMA PARTE DE LAS CONDICIONES DE LA VIDA.
Y aquí
aparece una palabra que puede resultar fundamental para nuestra investigación: PROPICIO. No bueno. No malo.
PROPICIO PARA... Porque algo puede ser
propicio para una función y poco propicio para otra.
LOS RELOJES DE MADRE TIERRA Vivimos simultáneamente dentro de varios
ciclos. La rotación terrestre
establece el ciclo diario. La
relación Tierra-Sol establece el ciclo anual y sus variaciones de iluminación. La relación Sol-Tierra-Luna produce el
ciclo observable de las fases lunares.
Y esos ciclos no están aislados.
SE SUPERPONEN.
El ciclo
solar proporciona una situación dentro del año. El ciclo lunar continúa desplazándose
dentro de él. Y además todo ello
encuentra un lugar concreto de la Tierra.
Por eso un mismo instante puede ser globalmente uno y localmente muy
diferente.
MISMO PLANETA. MISMO INSTANTE. DIFERENTES LUGARES.
DIFERENTES
MANIFESTACIONES.
LA LUNA Y OTRA MANERA DE ENTENDER LA SEMANA La lunación dura aproximadamente 29,5 días. Entre sus cuatro fases principales
transcurren aproximadamente siete días y algo. No exactamente siete. Y quizá precisamente ahí esté lo
interesante.
La semana
natural que estamos investigando no tendría por qué comenzar un lunes y
terminar un domingo. Podría
entenderse como el tramo
comprendido entre dos momentos principales del ciclo lunar:
Luna nueva →
cuarto creciente. Cuarto
creciente → Luna llena.
Luna llena →
cuarto menguante. Cuarto
menguante → Luna nueva.
En ese
sentido, no sería el calendario quien determina cuándo termina esa «semana». LO
DETERMINARÍA EL CAMBIO DE FASE.
Los siete
días humanos podrían haber sido una excelente aproximación organizativa. Después nos quedamos con la semana y
quizá fuimos olvidando el fenómeno natural que pudo contribuir a hacerla
significativa.
NOS
QUEDAMOS CON EL RELOJ Y OLVIDAMOS MIRAR LO QUE MEDÍA.
EL CONSTRUCTO CREÓ SU PROPIO TIEMPO Después aparecieron otras divisiones. Curso escolar. Vacaciones. Semana laboral. Fin de semana. Año fiscal. Festividades. Horarios comerciales. Temporadas turísticas.
Cada
sociedad necesitó organizarse y creó su propio calendario. No hay nada necesariamente equivocado en
ello. El problema comienza cuando
olvidamos que debajo del calendario humano continúan funcionando los otros calendarios.
La Tierra no
sabe que es lunes. La Luna no sabe
que empieza el curso escolar. El Sol no
conoce nuestro año fiscal. La Vida
continúa funcionando mediante sus propios ciclos mientras nosotros vivimos
dentro de los nuestros. Así pudo
producirse una separación extraordinaria:
CONSERVAMOS
LAS MEDIDAS
Y NOS DISTANCIAMOS DE
LOS RITMOS QUE LAS ORIGINARON O ACOMPAÑARON.
APROVECHAR SIN APROVECHARNOS Quizá una de las posibilidades que abre Madre
Tierra sea recuperar otra manera de caminar.
No regresar al pasado. No
renunciar a la civilización. No
obedecer supersticiosamente un calendario.
Sino volver a preguntar:
¿QUÉ ESTÁ OCURRIENDO AHORA?
¿QUÉ PERMITE ESTE MOMENTO?
¿QUÉ FACILITA? ¿QUÉ DIFICULTA?
¿PARA QUÉ PUEDE SER PROPICIO?
El campesino
conocía una parte elemental de esta realidad: no podía sembrar cualquier cosa,
de cualquier manera, en cualquier lugar y en cualquier momento esperando
idéntico resultado.
Tenía que
mirar. Suelo. Agua.
Temperatura. Estación. Estado de la planta. Tiempo. No fabricaba la Vida.
COLABORABA
CON SUS CONDICIONES. Quizá tengamos que
recuperar ese principio mucho más allá de la agricultura:
APROVECHAR
SIN APROVECHARNOS. No imponer permanentemente nuestro ritmo a la
Tierra. Aprender también a
utilizar inteligentemente el que ella ofrece.
Y AHORA SÍ:
LOS SIGNOS Aquí comienza nuestro interrogatorio. Porque quizá durante siglos hayamos
preguntado principalmente:
¿CÓMO
ES ARIES? ¿CÓMO ES TAURO? ¿CÓMO ES GÉMINIS? Y puede que exista una pregunta
anterior:
¿QUÉ
MOMENTO DEL CICLO ESTAMOS SEÑALANDO?
Todavía
no sabemos si los doce signos representan realmente doce funciones naturales
diferenciables.
Tampoco
sabemos cuánto pertenece a la observación original y cuánto fue depositando
posteriormente el constructo humano.
Precisamente por eso vamos a interrogarlos.
Quitaremos
provisionalmente personalidad. Mitología. Moral.
Profesiones. Virtudes. Defectos.
Predicciones. Y preguntaremos
qué queda.
No queremos
demostrar que los signos tenían razón.
Tampoco queremos destruirlos.
QUEREMOS
DESENTERRARLOS. Porque
debajo de todas las interpretaciones existe algo que sí sabemos:
LA
TIERRA CONTINÚA GIRANDO.
LA TIERRA CONTINÚA
RECORRIENDO SU ÓRBITA.
EL SOL CONTINÚA MARCANDO
UN CICLO.
LA LUNA CONTINÚA
RECORRIENDO EL SUYO.
LA VIDA CONTINÚA
RESPONDIENDO A CONDICIONES.
Y nosotros
continuamos dentro. Por eso, antes
de preguntar a Aries quién es, Madre Tierra puede formularle una pregunta mucho
más incómoda:
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