LIBROS de BARBARIN I II III

sábado, 29 de agosto de 2026

VOLVER AL TIEMPO DE LA TIERRA

 

VOLVER AL TIEMPO DE LA TIERRA

Antes de preguntar qué significa Aries, Tauro, Géminis o cualquiera de los doce signos, quizá tengamos que detenernos.      Porque los signos no aparecieron antes que la Tierra.

Antes de que existiera una astrología, antes de que alguien dividiera el zodiaco, antes incluso de que un ser humano levantara los ojos al cielo, la Tierra ya estaba aquí.

Giraba.       Se desplazaba alrededor del Sol.       La Luna la acompañaba.     Había día y noche.     Había ciclos.     Había luz y oscuridad.     Había cambios.       Había lugares diferentes sobre una misma esfera.

Y la Vida se desenvolvía dentro de todo ello.       Por tanto, si queremos interrogar los signos desde Madre Tierra, no podemos empezar preguntando:     ¿QUÉ SIGNIFICA ARIES?      Tenemos que retroceder mucho más:    ¿QUÉ ESTABA OCURRIENDO ANTES DE QUE LO LLAMÁRAMOS ARIES?

EL PLANETA YA FUNCIONABA       El ser humano apareció dentro de una Tierra que ya funcionaba mediante múltiples sistemas relacionados.

Atmósfera.     Océanos.    Continentes.    Agua.      Temperatura.    Luz.   Oscuridad.    Relieve.    Suelos.    Vegetación.    Animales.    Ciclos.   Nada de eso comenzó con nosotros.

El humano llegó después y empezó a observar.      Y aquello que observó no era uniforme.      No era igual estar en Londres que en Kabul o Tokio.    No era igual encontrarse cerca del ecuador que en latitudes elevadas.    No era igual vivir junto al océano que en el interior de un continente.

EL CIELO PODÍA SER EL MISMO.        EL HORIZONTE NO.

La Tierra era una.      Sus manifestaciones locales, múltiples.    NO TODO MOMENTO ES IGUAL      La Vida tampoco hace todo continuamente.    Hay momentos de aparición.    Momentos de desarrollo.    Momentos de plenitud.    Momentos de retirada.    Momentos de actividad.    Momentos de reposo.

Una semilla no germina simplemente porque quiera hacerlo.    Necesita condiciones.    Una planta no florece continuamente.     Un animal no se reproduce necesariamente durante todo el año.

El organismo humano tampoco funciona igual durante el día que durante la noche.     Por tanto:     EL MOMENTO FORMA PARTE DE LAS CONDICIONES DE LA VIDA.

Y aquí aparece una palabra que puede resultar fundamental para nuestra investigación:     PROPICIO.      No bueno.     No malo.  PROPICIO PARA...  Porque algo puede ser propicio para una función y poco propicio para otra.

LOS RELOJES DE MADRE TIERRA       Vivimos simultáneamente dentro de varios ciclos.      La rotación terrestre establece el ciclo diario.     La relación Tierra-Sol establece el ciclo anual y sus variaciones de iluminación.     La relación Sol-Tierra-Luna produce el ciclo observable de las fases lunares.    Y esos ciclos no están aislados.      SE SUPERPONEN.

El ciclo solar proporciona una situación dentro del año.     El ciclo lunar continúa desplazándose dentro de él.     Y además todo ello encuentra un lugar concreto de la Tierra.        Por eso un mismo instante puede ser globalmente uno y localmente muy diferente.

MISMO PLANETA.      MISMO INSTANTE.      DIFERENTES LUGARES.
DIFERENTES MANIFESTACIONES.

LA LUNA Y OTRA MANERA DE ENTENDER LA SEMANA      La lunación dura aproximadamente 29,5 días.       Entre sus cuatro fases principales transcurren aproximadamente siete días y algo.      No exactamente siete.    Y quizá precisamente ahí esté lo interesante.

La semana natural que estamos investigando no tendría por qué comenzar un lunes y terminar un domingo.      Podría entenderse como el tramo comprendido entre dos momentos principales del ciclo lunar:

Luna nueva → cuarto creciente.           Cuarto creciente → Luna llena.

Luna llena → cuarto menguante.         Cuarto menguante → Luna nueva.

En ese sentido, no sería el calendario quien determina cuándo termina esa «semana».       LO DETERMINARÍA EL CAMBIO DE FASE.

Los siete días humanos podrían haber sido una excelente aproximación organizativa.       Después nos quedamos con la semana y quizá fuimos olvidando el fenómeno natural que pudo contribuir a hacerla significativa.

NOS QUEDAMOS CON EL RELOJ         Y         OLVIDAMOS MIRAR LO QUE MEDÍA.

EL CONSTRUCTO CREÓ SU PROPIO TIEMPO     Después aparecieron otras divisiones.      Curso escolar.     Vacaciones.     Semana laboral.     Fin de semana.     Año fiscal.      Festividades.     Horarios comerciales.    Temporadas turísticas.

Cada sociedad necesitó organizarse y creó su propio calendario.       No hay nada necesariamente equivocado en ello.      El problema comienza cuando olvidamos que debajo del calendario humano continúan funcionando los otros calendarios.

La Tierra no sabe que es lunes.      La Luna no sabe que empieza el curso escolar.     El Sol no conoce nuestro año fiscal.    La Vida continúa funcionando mediante sus propios ciclos mientras nosotros vivimos dentro de los nuestros.        Así pudo producirse una separación extraordinaria:

CONSERVAMOS LAS MEDIDAS
Y NOS DISTANCIAMOS DE LOS RITMOS QUE LAS ORIGINARON O ACOMPAÑARON.

APROVECHAR SIN APROVECHARNOS       Quizá una de las posibilidades que abre Madre Tierra sea recuperar otra manera de caminar.    No regresar al pasado.     No renunciar a la civilización.     No obedecer supersticiosamente un calendario.      Sino volver a preguntar:

¿QUÉ ESTÁ OCURRIENDO AHORA?

¿QUÉ PERMITE ESTE MOMENTO?

¿QUÉ FACILITA?               ¿QUÉ DIFICULTA?

¿PARA QUÉ PUEDE SER PROPICIO?

El campesino conocía una parte elemental de esta realidad: no podía sembrar cualquier cosa, de cualquier manera, en cualquier lugar y en cualquier momento esperando idéntico resultado.

Tenía que mirar.     Suelo.     Agua.     Temperatura.    Estación.    Estado de la planta.     Tiempo.      No fabricaba la Vida.

COLABORABA CON SUS CONDICIONES.      Quizá tengamos que recuperar ese principio mucho más allá de la agricultura:

APROVECHAR SIN APROVECHARNOS.      No imponer permanentemente nuestro ritmo a la Tierra.       Aprender también a utilizar inteligentemente el que ella ofrece.

Y AHORA SÍ: LOS SIGNOS         Aquí comienza nuestro interrogatorio.    Porque quizá durante siglos hayamos preguntado principalmente:

¿CÓMO ES ARIES?      ¿CÓMO ES TAURO?      ¿CÓMO ES GÉMINIS?     Y puede que exista una pregunta anterior:

¿QUÉ MOMENTO DEL CICLO ESTAMOS SEÑALANDO?       Todavía no sabemos si los doce signos representan realmente doce funciones naturales diferenciables.

Tampoco sabemos cuánto pertenece a la observación original y cuánto fue depositando posteriormente el constructo humano.      Precisamente por eso vamos a interrogarlos.      

Quitaremos provisionalmente personalidad.     Mitología.      Moral.    Profesiones.     Virtudes.    Defectos.    Predicciones.     Y preguntaremos qué queda.

No queremos demostrar que los signos tenían razón.    Tampoco queremos destruirlos.      QUEREMOS DESENTERRARLOS.       Porque debajo de todas las interpretaciones existe algo que sí sabemos:

LA TIERRA CONTINÚA GIRANDO.
LA TIERRA CONTINÚA RECORRIENDO SU ÓRBITA.
EL SOL CONTINÚA MARCANDO UN CICLO.
LA LUNA CONTINÚA RECORRIENDO EL SUYO.
LA VIDA CONTINÚA RESPONDIENDO A CONDICIONES.

Y nosotros continuamos dentro.      Por eso, antes de preguntar a Aries quién es, Madre Tierra puede formularle una pregunta mucho más incómoda:

ARIES:         ANTES DE QUE EL HUMANO TE DIERA UN NOMBRE,

¿QUÉ ESTABA OCURRIENDO?


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