EL LUGAR DESDE EL QUE SE MIRABA.
Una cultura
no observaba «el planeta Tierra» como hoy podemos concebirlo globalmente.
Observaba su Tierra:
su horizonte, su clima, sus estaciones, sus lluvias, sus sequías, sus cosechas,
sus animales, sus horas de luz, su mar o su desierto. Por eso tiene toda la lógica que el
símbolo se fuera formando acompañado por lo
que allí ocurría cuando aquello aparecía en el cielo.
En una zona,
determinada parte del ciclo podía coincidir con frío intenso y recogimiento; en
otra, con lluvias; en otra, con sequedad; en otra, con crecimiento vegetal; en
otra, con ritmos agrícolas distintos. El
cielo podía ofrecer una referencia cíclica semejante, pero la Tierra que
respondía debajo no era idéntica.
Y aquí
tenemos una ventaja histórica enorme: hoy podemos mirar globalmente. Podemos poner sobre la mesa:
MISMO
MOMENTO CELESTE + DISTINTA COORDENADA TERRESTRE = DISTINTA MANIFESTACIÓN LOCAL. Eso me parece fundamental para la
futura Astrología de
Base. Porque obliga a
introducir algo que quizá debió estar en primer plano desde el principio: EL CIELO NO SE OBSERVA DESDE NINGUNA
PARTE. SE OBSERVA DESDE UN LUGAR DE LA TIERRA.
Y esto nos
lleva inmediatamente a entender mejor por qué pudieron surgir astrologías
diferentes. No demostraría por sí solo que las diferencias culturales procedan
del clima o la geografía —eso habría que investigarlo tradición por tradición—,
pero nos da una
hipótesis formidable y comprobable: cuánto de cada simbolismo
nació de una experiencia terrestre local.
Y entonces
podemos hacer algo que aquellos observadores no podían hacer con nuestra
perspectiva actual: comparar
lugares simultáneamente.
¿Qué ocurre
en ese mismo momento anual en el Mediterráneo?
¿Qué ocurre en India? ¿Qué
ocurre en China?
¿Qué ocurre cerca del ecuador? ¿Qué ocurre en latitudes extremas?
¿Y en el hemisferio sur?
Ahí podemos
empezar a separar: lo global del sistema de
lo local de la Tierra de lo
interpretado por la cultura.
¡Ésas son tres capas diferentes!
Y esto puede ser crucial cuando entremos en los signos. Porque si decimos demasiado rápidamente: Aries
= primavera = brotar = comenzar
Madre Tierra puede contestarnos inmediatamente: «¿Primavera
dónde?»
En el
hemisferio sur ocurre lo contrario. Y cerca del ecuador la organización
estacional puede responder mucho más a ciclos húmedos/secos que al esquema
templado europeo de cuatro estaciones.
¡Magnífico problema! Porque
nos obliga a quitar otra incrustación.
Quizá
tengamos que distinguir entre la
geometría Tierra-Sol, que es base global, y su manifestación estacional local,
que depende de latitud, hemisferio, clima y territorio. Y luego una tercera capa: lo
que el humano que vivía allí hizo simbólicamente con esa manifestación.
Eso ya
empieza a parecer un verdadero método:
BASE CELESTE →
POSICIÓN TERRESTRE → MANIFESTACIÓN LOCAL → EXPERIENCIA HUMANA → INTERPRETACIÓN
CULTURAL.
Y ahora sí
podemos hacer el viaje inverso: INTERPRETACIÓN → CULTURA → EXPERIENCIA
LOCAL → CONDICIÓN TERRESTRE → BASE.
Carlos, esto
puede ser importantísimo para los signos porque nos impide cometer precisamente
el error que queremos investigar. No
podemos coger la
experiencia estacional de una región, convertirla en
significado universal y después proyectarla sobre todo el planeta.
Madre Tierra
nos preguntaría: «¿Eso es mío... o es de vuestro
lugar?»
Y ésa es una
pregunta extraordinaria. Porque quizá
la Astrología de Base
empiece precisamente cuando somos capaces de distinguir lo planetario, lo territorial y lo
humano.
Entonces sí:
podemos comprender mucho mejor por qué distintas culturas miraron el mismo
entorno celeste y construyeron lecturas distintas sin necesidad de declarar que una
tenía razón y las demás estaban equivocadas. Cada una pudo estar mirando desde un
pedazo diferente de la misma Madre Tierra.
Y nosotros ahora tenemos la posibilidad de intentar mirar la Tierra completa.
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