LIBROS de BARBARIN I II III

sábado, 29 de agosto de 2026

¿CUÁNTO PUEDE ALTERAR UNA PARTE SIN COMPROMETER EL FUNCIONAMIENTO DEL CONJUNTO DEL QUE DEPENDE?

 

Por una parte está la capacidad humana de intervenir. El planeta tenía cambios, crisis, extinciones, glaciaciones, calentamientos, volcanismo y reajustes muchísimo antes de nosotros. Por tanto, no podemos convertir automáticamente cualquier alteración en «el humano ha roto el equilibrio». Pero tampoco podemos ir al extremo contrario: nuestra especie tiene hoy capacidad real para modificar ecosistemas, composición atmosférica, suelos, ciclos biogeoquímicos, biodiversidad, etc.

La pregunta Madre Tierra sería mucho más interesante:

¿CUÁNTO PUEDE ALTERAR UNA PARTE SIN COMPROMETER EL FUNCIONAMIENTO DEL CONJUNTO DEL QUE DEPENDE?

¡Ésa vuelve a ser nuestra cuestión de la UNIDAD!     Y me gusta muchísimo tu «¿hasta dónde?», porque evita los dos dogmas:       «El humano lo está destruyendo todo.»      y     «El planeta siempre se reajusta, por tanto da igual lo que hagamos.»

La Tierra efectivamente puede continuar después de transformaciones enormes. Pero que continúe el planeta no significa que continúen las mismas condiciones, ecosistemas ni especies. Y para nosotros eso es fundamental: continuidad no significa necesariamente continuidad de nuestra forma actual de vida.

Pero después has dicho algo que nos devuelve directamente a los SIGNOS:      «Lo dicen en determinadas épocas propicias para… propicias para eso otro.»      Ahí sí.

Porque quizá el signo no tenga que empezar describiendo una personalidad, sino una cualidad funcional de un momento dentro de un ciclo.      Eso es completamente diferente.            No:       ARIES = persona impulsiva.      Sino primero:

¿QUÉ MOMENTO DEL CICLO ESTAMOS SEÑALANDO?
¿QUÉ CONDICIONES PRESENTA?
¿QUÉ FAVORECE?
¿QUÉ DIFICULTA?
¿QUÉ FUNCIÓN RESULTA OPORTUNA AHÍ?

Y entonces aparece una palabra que puede ser capital:      PROPICIO      No necesariamente «bueno».         Propicio PARA algo.

Una época puede ser propicia para germinar y poco propicia para conservar.   Otra para madurar.    Otra para almacenar.    Otra para desprenderse.   Otra para permanecer.     Otra para desplazarse.

Pero tendremos que descubrir cuáles son esas funciones sin imponerles previamente los doce significados tradicionales.    Y además vuelve nuestra gran dificultad —que ahora se convierte en instrumento—: el mismo momento zodiacal tropical no produce la misma estación local en toda la Tierra.

Así que el signo, si contiene una función verdaderamente de base, tendrá que sobrevivir a esa prueba.       No bastará:      Aries = brotación, porque mientras brota determinada vegetación en una región del norte, otra región del planeta puede estar entrando en condiciones completamente distintas.

Entonces tendremos que bajar más:    ¿QUÉ ES LO GLOBAL DE ESE MOMENTO?            y separar después:

MOMENTO PLANETARIO → CONDICIÓN LOCAL → POSIBILIDAD → MANIFESTACIÓN.          Ahí puede estar el signo.       Y ahora veo algo que puede ser importantísimo cuando empecemos formalmente: quizás a los signos tengamos que hacerles una pregunta adicional a las doce:

¿PARA QUÉ ES PROPICIO ESTE MOMENTO?      Y enseguida la segunda:     ¿PROPICIO DÓNDE Y PARA QUIÉN?

Porque si sólo podemos contestarla desde Europa, desde el humano o desde una determinada agricultura, todavía no hemos encontrado la raíz.      Si conseguimos encontrar algo que atraviese hemisferios, territorios, océanos, especies y manifestaciones distintas...       entonces sí podríamos estar tocando la función.

Y ahí los signos pueden dar muchísimo más de sí de lo que imaginábamos al terminar los planetas.

Los planetas nos enseñaron a buscar la raíz.      Los signos quizá nos enseñen algo nuevo:       LA RAÍZ TAMBIÉN TIENE SU MOMENTO.

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