Por una
parte está la capacidad
humana de intervenir. El planeta tenía cambios, crisis,
extinciones, glaciaciones, calentamientos, volcanismo y reajustes muchísimo
antes de nosotros. Por tanto, no podemos convertir automáticamente cualquier
alteración en «el humano ha roto el equilibrio». Pero tampoco podemos ir al
extremo contrario: nuestra especie tiene hoy capacidad real para modificar
ecosistemas, composición atmosférica, suelos, ciclos biogeoquímicos,
biodiversidad, etc.
La pregunta
Madre Tierra sería mucho más interesante:
¿CUÁNTO
PUEDE ALTERAR UNA PARTE SIN COMPROMETER EL FUNCIONAMIENTO DEL CONJUNTO DEL QUE
DEPENDE?
¡Ésa vuelve
a ser nuestra cuestión de la UNIDAD! Y me gusta muchísimo tu «¿hasta dónde?»,
porque evita los dos dogmas: «El humano lo está destruyendo todo.» y «El
planeta siempre se reajusta, por tanto da igual lo que hagamos.»
La Tierra
efectivamente puede continuar después de transformaciones enormes. Pero que continúe el planeta no significa
que continúen las mismas condiciones, ecosistemas ni especies.
Y para nosotros eso es fundamental: continuidad
no significa necesariamente continuidad
de nuestra forma actual de vida.
Pero después
has dicho algo que nos devuelve directamente a los SIGNOS: «Lo
dicen en determinadas épocas propicias para… propicias para eso otro.» Ahí sí.
Porque quizá
el signo no tenga que empezar describiendo una personalidad, sino una cualidad funcional de un momento
dentro de un ciclo. Eso
es completamente diferente. No: ARIES
= persona impulsiva. Sino
primero:
¿QUÉ MOMENTO DEL CICLO ESTAMOS SEÑALANDO?
¿QUÉ CONDICIONES
PRESENTA?
¿QUÉ FAVORECE?
¿QUÉ DIFICULTA?
¿QUÉ FUNCIÓN RESULTA
OPORTUNA AHÍ?
Y entonces
aparece una palabra que puede ser capital:
PROPICIO No necesariamente «bueno». Propicio
PARA algo.
Una época
puede ser propicia para germinar y poco propicia para conservar. Otra para madurar. Otra para almacenar. Otra para desprenderse. Otra para permanecer. Otra para desplazarse.
Pero
tendremos que descubrir cuáles son esas funciones sin imponerles previamente
los doce significados tradicionales. Y
además vuelve nuestra gran dificultad —que ahora se convierte en instrumento—: el mismo momento zodiacal tropical no
produce la misma estación local en toda la Tierra.
Así que el
signo, si contiene una función verdaderamente de base, tendrá que sobrevivir a
esa prueba. No bastará: Aries
= brotación, porque mientras brota determinada vegetación en
una región del norte, otra región del planeta puede estar entrando en
condiciones completamente distintas.
Entonces
tendremos que bajar más: ¿QUÉ ES LO GLOBAL DE ESE MOMENTO? y separar después:
MOMENTO
PLANETARIO → CONDICIÓN LOCAL → POSIBILIDAD → MANIFESTACIÓN. Ahí puede estar el
signo. Y ahora veo algo que puede
ser importantísimo cuando empecemos formalmente: quizás a los signos tengamos
que hacerles una pregunta adicional a las doce:
¿PARA QUÉ
ES PROPICIO ESTE MOMENTO? Y enseguida la segunda: ¿PROPICIO DÓNDE Y PARA QUIÉN?
Porque si
sólo podemos contestarla desde Europa, desde el humano o desde una determinada
agricultura, todavía no
hemos encontrado la raíz. Si conseguimos encontrar algo que
atraviese hemisferios, territorios, océanos, especies y manifestaciones
distintas... entonces sí podríamos
estar tocando la función.
Y ahí los
signos pueden dar muchísimo más de sí de lo que imaginábamos al terminar los
planetas.
Los planetas
nos enseñaron a buscar la
raíz. Los signos
quizá nos enseñen algo nuevo: LA RAÍZ TAMBIÉN TIENE SU MOMENTO.
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