FAVORABLE PARA MÍ no equivale necesariamente a FAVORABLE PARA LA VIDA.
Y aquí hay una consecuencia de fondo: si reducimos la astrología a lo
humano, hacemos al humano centro de un sistema que evidentemente no funciona
sólo para él.
La Tierra no
organiza sus ciclos preguntando si a nosotros nos vienen bien. Y tu ejemplo de la «mala racha» es muy
bueno. Algo que desde una biografía individual calificamos como adverso podría
coincidir con condiciones beneficiosas para otros organismos, para un
ecosistema o para determinados procesos de renovación. Y también al contrario.
Por eso: FAVORABLE
PARA MÍ no equivale
necesariamente a FAVORABLE PARA LA VIDA.
Ahí Madre
Tierra vuelve a cambiar la escala. Una
lluvia puede fastidiar unas vacaciones y sostener un bosque. Una sequía puede perjudicar enormemente
unas formas de vida y favorecer temporalmente otras.
El frío, el
calor, la inundación, la descomposición, la caída, la muerte de organismos...
vistos desde el individuo pueden resultar negativos; vistos desde sistemas
mayores aparecen dentro de procesos muchísimo más complejos de continuidad,
transformación y redistribución.
Y creo que
esto toca directamente nuestro trabajo anterior con el Sol: el éxito de la parte no garantiza el
éxito del conjunto. La parte necesita ser reconocida como parte
de una unidad mayor.
Eso aplicado
ahora a la astrología es enorme. La
pregunta tradicional: «¿Este tránsito es bueno o malo para
mí?» podría
resultar tremendamente pequeña frente a otra:
«¿QUÉ
DINÁMICA ESTÁ OCURRIENDO EN EL CONJUNTO DEL QUE YO SOY PARTE?» Y entonces el humano
recupera su sitio sin perder importancia. No desaparece. Se
contextualiza.
Porque
además dices algo fundamental: sin
el resto, nosotros no somos viables. Necesitamos atmósfera,
agua, microorganismos, plantas, cadenas ecológicas, suelos, océanos y una
enorme red de procesos que no controlamos. Por tanto, una astrología que
quisiera dirigirse hacia las raíces de la continuidad no debería tener como
único destinatario al humano.
Y ahí surge
una formulación que yo guardaría: LA
ASTROLOGÍA NO PUEDE MEDIR LA REALIDAD ÚNICAMENTE POR LO QUE LE CONVIENE AL
HUMANO.
Porque eso
sería exactamente volver al constructo que Madre Tierra nos está ayudando a atravesar. Y todavía más:
BUENO
/ MALO
quizá sean categorías que tendremos que vigilar muchísimo cuando lleguemos a
signos y aspectos. Porque
desde la Vida podrían transformarse en preguntas funcionales:
¿Qué favorece? ¿Qué limita? ¿Qué redistribuye?
¿Qué conserva? ¿Qué elimina? ¿Qué permite aparecer?
¿Qué obliga a
transformarse? ¿Para qué parte?
¿Durante cuánto tiempo? ¿Y qué ocurre con el conjunto?
Eso es
muchísimo más preciso que benéfico/maléfico.
Y la última
frase que has dicho contiene casi una imagen fundacional de esta Astrología de
Base: LA TIERRA DA VUELTAS Y, EN ESAS
VUELTAS, SE REPARTE TODO: LO QUE VEMOS LOS HUMANOS Y LO QUE NO.
Exactamente. Hay noche aunque yo esté dormido. Hay mareas aunque nadie las contemple. Hay ciclos biológicos en organismos que
jamás conoceremos. Hay procesos
bajo el océano, bajo tierra, en la atmósfera, en microorganismos, bosques y
hielos que no necesitan convertirse en experiencia psicológica humana para ser
reales.
Por eso
quizá la inversión definitiva sea: La astrología humana preguntó durante
siglos: «¿Qué hace el cielo
conmigo?»
La
Astrología de Base tendría que empezar preguntando: «¿QUÉ
ESTÁ OCURRIENDO EN LA TIERRA Y EN SUS RELACIONES, ESTÉ YO O NO ESTÉ?»
Y sólo
después: «Ahora que sé dónde estoy, ¿cómo
participo yo en ello?» Ahí
la astrología deja de colocar al humano delante del planeta. Lo
devuelve dentro.
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