SOL y LUNA encuentran primero un planeta,
no una humanidad.
Y aquí incluso cambiaría nuestro vocabulario:
«terrestre» puede arrastrarnos
sin querer hacia tierra firme, cuando estamos intentando pensar
el planeta completo.
Quizá planetaria
o tu expresión terráquea
nos sirvan mejor.
Porque el
océano no es un añadido alrededor de los continentes. Es una pieza fundamental del
funcionamiento climático del planeta. Almacena enormes
cantidades de calor, lo redistribuye mediante corrientes, intercambia energía y
humedad con la atmósfera y proporciona gran parte del agua que después vuelve
como precipitación. Sin esa enorme masa oceánica, la Tierra que conocemos sería
climáticamente otra cosa.
Y esto
vuelve a poner en cuestión nuestra mirada humana: nosotros hemos construido
ciudades, caminos, fronteras y civilizaciones principalmente sobre tierra firme
y, por eso, hemos
contado la historia desde el lugar donde vivimos, aunque la
mayor parte de la superficie del planeta esté cubierta por océanos.
Madre Tierra
nos obliga a cambiar la proporción de la mirada. Y fíjate qué interesante para nuestra
investigación: SOL y
LUNA encuentran primero un planeta, no una humanidad.
El Sol
entrega energía al conjunto Tierra-atmósfera-océanos-superficie. La Luna participa gravitatoriamente,
junto con el Sol, en las mareas. Los
océanos reciben, almacenan, circulan, evaporan. La atmósfera transporta. Los continentes responden. Los ecosistemas se adaptan. Y dentro
de todo eso aparece el humano.
Por eso cada
vez me gusta más una formulación: ANTES
DEL SIGNIFICADO ESTÁ EL FUNCIONAMIENTO.
Ésa podría
ser casi la norma madre de la Astrología
de Base. Antes de
preguntarnos qué «significa» la Luna, miramos qué relación real mantiene Tierra-Luna. Antes de preguntar qué «significa» el
Sol, miramos qué supone
Tierra-Sol para este planeta. Antes de decir que un signo es esto o
aquello, miramos qué
ciclo estamos dividiendo y desde dónde. Antes de interpretar una casa, miramos qué significa físicamente estar
situado en determinado punto de una esfera que rota.
Y sólo
después permitimos que aparezca el significado. Eso nos protege de hacer justamente lo que
estamos criticando: poner
primero al humano y después acomodar el planeta a su interpretación.
Y tu
observación del mar introduce además algo que puede resultar precioso más
adelante: quizás la Astrología de Base tenga que estudiar no sólo lugares, sino medios. No es lo mismo: atmósfera
— océano — superficie continental — subsuelo — hielo — biosfera.
El mismo
planeta contiene sistemas distintos que reciben y responden de maneras
distintas. Entonces nuestra frase
anterior crece:
MISMO PLANETA. MISMO MOMENTO.
MISMA CONFIGURACIÓN. DISTINTOS LUGARES.
DISTINTOS MEDIOS. DISTINTAS MANIFESTACIONES.
Y todos
pertenecen simultáneamente a una
única unidad planetaria.
Eso empieza
a explicar muy bien por qué mirar solamente «qué me pasa a mí con este
tránsito» puede ser una reducción gigantesca. El tránsito, si tiene alguna realidad
astrológica que podamos sostener, tendría
que pertenecer primero al sistema en el que estamos metidos. Nosotros seríamos una de sus innumerables
manifestaciones posibles.
Y ahí sí que
Madre Tierra está haciendo algo formidable con la astrología: la
está sacando del consultorio y devolviéndola al planeta.
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