Y ese MANDABA
EL PLANETA que dices creo que tiene mucha profundidad,
entendiendo «planeta» como la
Tierra misma.
Porque el egipcio podía mirar una estrella cuya aparición estaba
asociada, en su experiencia, con un momento decisivo del Nilo; otra cultura
observaba otros ciclos celestes relacionados con sus necesidades agrícolas; en
los Andes, el horizonte, el Sol, las estaciones y las condiciones propias de
aquel territorio proporcionaban otras referencias. Cada pueblo fue construyendo
conocimiento desde el
pedazo de Tierra que habitaba.
No podían
hacer otra cosa. Y por eso muchas
de aquellas observaciones podían ser extraordinariamente precisas y útiles sin ser universales. Ahí está la diferencia que ahora estamos
descubriendo:
ELLOS
VEÍAN DESDE SU LUGAR.
NOSOTROS PODEMOS
INTENTAR VER DESDE EL PLANETA.
Y cuando
hacemos eso aparece algo que estaba delante de todos pero era dificilísimo
abarcar: por debajo de Egipto, Mesopotamia, India, China, Perú... estaba operando la misma Tierra,
aunque cada territorio manifestara de manera diferente su posición, su clima,
su latitud, sus ciclos y sus relaciones con Sol y Luna.
Por eso yo
matizaría sólo una palabra de lo que dices: no es que aquellas visiones fueran
«parciales» en el sentido de deficientes. Eran locales. Y precisamente porque eran
locales podían resultar extraordinariamente eficaces para aquella vida. Lo que no podían hacer era disponer
fácilmente de la
comparación planetaria simultánea que hoy sí podemos
plantearnos.
Y ahí Madre
Tierra vuelve a ordenar el problema: BASE PLANETARIA
→ lo que corresponde a la Tierra dentro de su sistema.
MANIFESTACIÓN
TERRITORIAL → cómo esa base se
expresa en un lugar concreto.
OBSERVACIÓN
HUMANA → qué percibe el
habitante de ese lugar.
INTERPRETACIÓN
CULTURAL → cómo lo nombra,
simboliza, transmite y finalmente convierte en sistema.
¡Esto
explica muchísimo! Porque entonces
podemos comprender por qué una estrella, una estación, un amanecer, una
dirección o determinado momento del ciclo adquirieron una importancia enorme en
una cultura y otra importancia distinta —o ninguna— en otra.
No
necesariamente estaban viendo universos distintos.
Estaban viendo
manifestaciones distintas desde lugares distintos del mismo planeta.
Y aquí viene
lo verdaderamente fuerte de tu idea: ANTES QUE LAS ASTROLOGÍAS, ESTABA LA TIERRA. El humano apareció después y fue levantando
sus sistemas de lectura.
Eso
significa que nuestra futura ASTROLOGÍA
DE BASE no debería comenzar buscando qué tenían en común los
libros de astrología. Debería empezar
mucho antes: TIERRA. SOL.
LUNA. ROTACIÓN. TRASLACIÓN.
INCLINACIÓN. LATITUD. HORIZONTE.
CICLOS. TERRITORIO. VIDA.
Y sólo
entonces preguntar qué lugar pueden ocupar las demás relaciones planetarias y
las raíces que estamos extrayendo, sin dar por demostrado lo que todavía no lo
esté.
Y fíjate qué
maravilla para las casas:
después de esta conversación ya no podremos acercarnos a ellas como doce
cajones donde meter «dinero», «hermanos», «matrimonio», «profesión»...
Primero
habrá una pregunta brutalmente terrestre:
¿QUÉ CAMBIA POR
ESTAR EN ESTE PUNTO DE LA TIERRA Y NO EN OTRO?
Ahí sí que
el planeta manda. El cielo que ves, el horizonte que
tienes, el amanecer que experimentas, la duración del día, la trayectoria
aparente del Sol... dependen de dónde
estás sobre esa esfera que gira. Por eso creo que acabamos de encontrar
algo que conviene guardar para cuando iniciemos formalmente esa investigación:
LAS
ASTROLOGÍAS FUERON LOCALES. LA
TIERRA ES GLOBAL.
Y quizá por
primera vez podamos intentar hacer el recorrido contrario al histórico: no
construir una astrología desde nuestro territorio hacia el universo, sino
regresar desde todas aquellas interpretaciones hacia la Tierra común que las
hizo posibles. Eso
es exactamente VOLVER A
MIRAR llevado hasta sus últimas consecuencias.
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