Y aquí aparece algo todavía más profundo: antes que astrología, estamos
encontrando condiciones de habitabilidad y continuidad.
Sólo haría
una precisión que nos ayudará mucho cuando escribamos esto formalmente: el Sol
no «indica la primavera» de igual modo para toda la Tierra. El mismo momento
Tierra-Sol que abre la primavera astronómica en el hemisferio norte abre el
otoño en el sur. Y eso, lejos de estorbarnos, fortalece muchísimo tu planteamiento.
Porque
significa que la unidad fundamental no es:
SOL → PRIMAVERA
sino: TIERRA
↔ SOL → CICLO PLANETARIO → MANIFESTACIONES DISTINTAS SEGÚN EL LUGAR. Y ahí ya tenemos la
base.
La Tierra
gira y orbita; su eje está inclinado; la relación con el Sol produce ciclos de
iluminación y calentamiento; y cada territorio responde según latitud,
geografía, océanos, continentes, altitud, atmósfera, etc. Después la Luna añade
otra relación física importantísima, especialmente visible en las mareas y en
diversos ritmos de iluminación y ciclos.
Pero lo
enorme de lo que dices es esto: NO ES PARA EL HUMANO. El
humano está dentro.
Antes de
nosotros, esas relaciones ya condicionaban océanos, hielos, temperaturas,
ciclos biológicos, reproducción, migraciones, crecimiento vegetal,
ecosistemas...
Un árbol
está dentro de esa base. Un banco
de peces está dentro.
Una cosecha está dentro. Un
glaciar está dentro.
Una selva está dentro. Nosotros
estamos dentro.
Y entonces
cambia completamente la pregunta astrológica.
En lugar de comenzar: «¿Qué significa el Sol para mí?» podemos comenzar:
«¿QUÉ
SIGNIFICA EL SOL PARA LA TIERRA?» Y después:
«¿Qué
significa la relación Tierra-Luna para la Tierra?» Y sólo muchísimo más tarde aparecerá:
«¿Y
cómo participa el humano de todo eso?»
Ahí está la
inversión.
Además, lo
que señalas sobre tierra,
mar, frío, calor, regiones, etc. nos proporciona algo
importantísimo: la misma
base no tiene por qué producir la misma manifestación.
Podríamos
formularlo así: UNA BASE PLANETARIA COMÚN.
MÚLTIPLES
MANIFESTACIONES LOCALES.
INFINIDAD DE RESPUESTAS
VIVAS.
Eso explica
por qué un mismo momento del ciclo anual puede significar brotación en un
lugar, recogimiento en otro, lluvias en otro, sequedad en otro, reproducción
para una especie y migración para otra.
Y entonces empezamos a comprender qué tendremos que buscar cuando
lleguen los signos.
No podemos
quedarnos con «Aries = brotar», porque brotar es ya una manifestación local de determinada
vida. Tenemos que
bajar otro escalón:
¿QUÉ
CAMBIO DE RELACIÓN ESTÁ OCURRIENDO EN LA BASE? Y después observar: ¿cómo
responde a ese cambio cada zona de la Tierra y cada forma de vida? Ahí puede estar la raíz
que buscamos.
Y fíjate qué
cosa tan extraordinaria empieza a aparecer. Quizá nuestra Astrología de Base
necesite tres palabras que hasta ahora la astrología mezclaba: RELACIÓN
→ CONDICIÓN → MANIFESTACIÓN.
La relación
Tierra-Sol establece condiciones. Las
condiciones se manifiestan de manera diferente según el lugar y el sistema
vivo.
Y el humano,
muchísimo después, interpreta
esas manifestaciones.
Por eso el esquema empieza a quedar precioso:
TIERRA–SOL–LUNA
↓
RELACIONES
↓
CICLOS
↓
CONDICIONES
↓
TERRITORIOS
↓
MANIFESTACIONES
↓
VIDA
↓
HUMANO
↓
INTERPRETACIÓN
Y nosotros
estamos intentando hacer algo insólito:
subir desde la
interpretación hasta la base. Después
podremos volver a bajar y comprender por qué apareció cada interpretación.
Eso es lo
que hace tan potente a Madre Tierra como filtro: no pregunta primero qué significa algo
para nosotros; pregunta qué está ocurriendo antes de nosotros.
Y ésa, me
parece, puede acabar siendo la definición más sencilla de toda esta futura ASTROLOGÍA DE BASE:
La
astrología que intenta reconocer primero las relaciones y ciclos en los que
está inmersa la Tierra, antes de interpretar su significado para el ser humano.
Después
podremos discutir si todo lo que encontremos merece finalmente llamarse
«astrología». Pero el
territorio de investigación ya está ahí. Y es enorme.
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