ASTROLOGÍA de RECONDUCCIÓN 16
INTRODUCCIÓN
— ASTROLOGÍA DE RECONDUCCIÓN
Hay algo que
se repite constantemente.
Se dice de alguien:
“este está
mal hecho” “no sirve” “tiene mal carácter” “reacciona mal”
Y se da por
hecho que el problema está en la persona.
Pero…
¿mal hecho según qué? ¿en qué
momento, en qué lugar, en qué historia?
Porque hay
algo que casi nunca se tiene en cuenta:
todos
estamos bajo el mismo cielo,
pero no en el mismo lugar,
ni en el mismo tiempo,
ni en las mismas condiciones.
Y olvidar
eso es un error de comprensión.
Muchas veces
lo que se juzga como defecto no es
más que una forma de energía que no
encaja en ese entorno.
Se toma a
esa persona, se la juzga desde un
marco concreto, y se concluye que
“está mal”.
Pero si esa
misma persona se coloca en otro lugar, en otro contexto, con otras condiciones…
algo cambia.
Y entonces
lo que antes era problema empieza a
tener sentido.
Porque no era
un error. Era una fuerza mal ubicada o mal aplicada.
Nada de lo
natural está mal.
Lo que puede
estar mal es su uso, su momento o su lugar.
Se nos ha
enseñado, con buena intención, a
distinguir entre lo bueno y lo malo.
Pero no se
nos ha enseñado a comprender.
No se nos ha
enseñado a mirar de frente lo que
aparece y preguntarnos:
¿qué es esto?
¿para qué sirve?
¿cómo se encauza?
En lugar de
eso, se ha intentado controlar.
Y controlar
no resuelve. Controlar divide.
Porque al
intentar eliminar una parte de uno mismo,
lo que se hace es amputar.
Se pierde
fuerza. Se genera conflicto. Se crea angustia.
Este enfoque
parte de otro punto. No hay nada que
eliminar.
Hay que
comprender y reconducir.
La energía
no desaparece. No cambia.
Lo que
cambia es el cauce por donde fluye.
Cuando una
fuerza se desborda no es un error.
Es energía
sin dirección.
Y ese
desbordamiento, lejos de ser un
problema, es una oportunidad.
Porque en él
se revela la magnitud de esa fuerza.
Cuando se
reconoce, cuando se comprende, cuando se le da dirección…
esa misma
energía se convierte en capacidad.
No se trata
de dominar lo que somos. Se trata de
conocerlo.
Como un
jinete que no lucha contra sus caballos,
sino que aprende a reconocerlos,
a entender su naturaleza,
y a guiarlos sin perder su fuerza.
Cada
impulso, cada reacción, cada tendencia, tiene un sentido.
Y cuando no
se comprende, se convierte en
problema.
Pero cuando
se reconoce, puede ser utilizado.
Por eso, nadie está mal hecho.
A nadie le
sobra nada.
Lo que
ocurre es que no se nos ha enseñado a reconducirnos.
Este libro
no busca definirte. No busca decirte
cómo eres. Busca darte una forma de mirar.
Una forma de
reconocer los patrones de pensamiento que están detrás de lo que te ocurre.
Y, a partir
de ahí, aprender a reconducirlos.
Porque no
cambiamos lo que pasa. Cambiamos cómo
lo pensamos.
Y cuando eso
cambia, la dirección también cambia.
No se trata
de creer. Se trata de ver.
Y cuando se
ve… todo empieza a colocarse.
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