FRASES
esta vez desde la
MADRE TIERRA
Existen
palabras que informan.
Existen
palabras que emocionan.
Y existen
palabras que, sin hacer ruido, modifican silenciosamente la manera de
contemplar la realidad.
Este libro
pertenece a estas últimas.
No nace para
ser leído deprisa.
Ni para ser
recorrido de principio a fin.
Nace para
ser habitado.
Cada pensamiento
ocupa apenas unas líneas.
Sin embargo,
detrás de cada una de ellas permanece un horizonte mucho más amplio.
Como una
semilla que parece pequeña y, sin embargo, contiene la posibilidad de un
bosque.
Estas
páginas no buscan impresionar.
Buscan acompañar.
No ofrecen
conclusiones cerradas.
Invitan a
continuar observando.
Porque,
cuando la mirada cambia, pocas palabras pueden llegar a contener una
profundidad inesperada.
Quizá el
verdadero valor de este libro no resida en lo que dice.
Sino en todo
aquello que comienza a despertar en quien lo lee.
INTRODUCCIÓN
Las palabras
tienen un extraño destino.
Algunas
nacen para explicar.
Otras para
convencer.
Otras para
recordar.
Y algunas
muy pocas nacen para abrir.
Éstas
pertenecen a ese último grupo.
No necesitan
largos discursos.
No pretenden
demostrar nada.
Simplemente
señalan una dirección.
Cada frase
es una puerta.
Cada
reflexión un comienzo.
Cada
silencio entre una página y otra forma también parte del recorrido.
Quizá el
lector descubra que no necesita leer muchas páginas cada día.
Tal vez una
sola baste.
Porque
cuando una idea encuentra el momento adecuado, continúa creciendo mucho después
de haber cerrado el libro.
La Madre
Tierra continúa hablándonos con la misma sencillez con la que siempre ha sostenido
la vida.
Estas
páginas sólo intentan acompañar ese mismo lenguaje.
Breve.
Sereno.
Profundo.
Abierto.
Al terminar
este libro quizá permanezcan muy pocas frases en la memoria.
Y, sin
embargo, eso será suficiente.
Porque
algunas palabras no fueron escritas para ser recordadas.
Fueron
escritas para seguir creciendo.
La verdadera
lectura comienza muchas veces cuando el libro ya se ha cerrado.
Es entonces
cuando la conciencia empieza a relacionar unas ideas con otras.
Cuando una
frase ilumina una experiencia.
Cuando una
observación encuentra un significado nuevo.
La Madre
Tierra continúa ahí.
Silenciosa.
Disponible.
Esperando
únicamente que volvamos a contemplarla con una mirada cada vez más abierta.
Quizá éste
sea el destino de estas páginas.
No ocupar la
memoria.
Sino
acompañar la conciencia mientras continúa aprendiendo a reconocer.
Porque toda
semilla necesita tiempo.
Y toda
comprensión verdadera también.
Hay libros
que transmiten conocimientos.
Otros
cuentan historias.
Otros reúnen
pensamientos.
Éste propone
algo distinto.
Cada una de
sus páginas contiene una semilla.
Unas pocas
palabras.
Una mirada.
Una
posibilidad.
No pretende
ofrecer respuestas definitivas.
Invita a
abrir preguntas capaces de seguir creciendo mucho después de terminar la
lectura.
La fuerza de
este libro no reside en la cantidad de sus palabras.
Reside en la
profundidad hacia la que pueden conducir.
Porque
cuando una mirada nace desde la Madre Tierra, incluso la frase más breve puede
abrir un horizonte inesperado.
Quizá no sea
un libro para leer una sola vez.
Quizá sea un
libro para volver a él en distintos momentos de la vida.
Y descubrir
que las mismas palabras continúan diciendo algo nuevo.

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