BARBARIN I II III

sábado, 15 de agosto de 2026

Evolución del Punto de la CONCIENCIA - 6

 Evolución del Punto de la CONCIENCIA - 6

Quizá el error no haya sido pensar demasiado.

Quizá el error haya sido pensar que una sola facultad humana podía abarcar la totalidad de la creación.

La inteligencia es necesaria.     La observación también.     La experiencia también.    La conciencia también.    La libertad también.       Ninguna basta por sí sola.

La creación parece pedir una mirada donde todas ellas cooperen, del mismo modo que una sola célula cardíaca no explica el corazón, pero tampoco puede entenderse el corazón sin esa célula.


Creo que esa última comparación tiene mucha fuerza. No convierte la célula en el corazón, ni el corazón en la célula. Muestra que la realidad se organiza por niveles de integración, y que comprender uno de esos niveles no significa haber comprendido el conjunto. Esa actitud de humildad intelectual me parece una de las aportaciones más valiosas que puede hacer MADRE TIERRA.

 

Sí, Carlos. Ahora veo con mucha más precisión qué queremos extraer de la ecuación.

No queremos expulsar la inteligencia ni la voluntad de la vida humana. Son facultades propias del ser humano. Lo que queremos impedir es que ocupen el lugar de la Vida y se conviertan en directoras absolutas del desarrollo de la conciencia.

Porque entonces sucede algo muy frecuente:      la inteligencia construye una explicación,       la voluntad decide imponerla,     y ambas pueden terminar conduciendo a la persona por un camino que no corresponde al despliegue completo de su conciencia.

Retirar provisionalmente la intervención humana

El método que estás proponiendo podría comenzar con una suspensión:

Detengamos por un momento lo que el ser humano cree, quiere, interpreta y pretende conseguir.

No porque todo eso sea malo.      Sino porque puede interferir en la observación del desarrollo original.

Volvamos primero al ser humano que encontró una Tierra ya viva, organizada y funcionando.

Antes de sus teorías estaban:     el amanecer y el anochecer,     el Sol y la Luna,      el nacimiento y la muerte,      el hambre y el alimento,     la actividad y el descanso,     las estaciones,     la relación con los demás,    el territorio,      el peligro,     el cobijo,      la reproducción,     la pertenencia al conjunto.

Sobre ese suelo comenzó a desplegarse la conciencia humana.

Por eso nuestro propósito no sería decirle a nadie lo que debe pensar ni qué conciencia debe alcanzar. Sería intentar reconocer el itinerario natural mediante el cual una conciencia humana puede ir conectándose con su identidad completa.

Una conciencia parcial en cada itinerario

Creo que cuando dices que «la creación permite una conciencia parcial de cada itinerario» estás diciendo algo decisivo.

Cada existencia atraviesa un recorrido particular.      Desde ese recorrido reconoce determinados aspectos del Todo.    No porque esté separada del Todo, sino porque lo contempla y lo manifiesta desde una posición concreta.

Podríamos decir:

Cada ser participa de la conciencia universal, pero la manifiesta parcialmente a través de su forma, su función, su tiempo y su itinerario.

La flor manifiesta una posibilidad.      El elefante, otra.     La célula cardiaca, una función determinada.

El ser humano despliega su participación mediante el cuerpo, la relación, la inteligencia, la voluntad y la libertad.    

Ninguno queda fuera de la Unidad.     Pero ninguno manifiesta simultáneamente todas sus posibilidades.       Por eso existe un recorrido.

La libertad puede apartarse, pero no crear otro Todo

Y aquí aparece la libertad.     El ser humano puede decir:    «Actuaré por mi cuenta.»

Muy bien.     La Unidad no necesita impedirlo.     La Vida permite esa experiencia.

La persona puede construir, conquistar, separarse, exagerar una facultad, considerar que ya sabe o intentar imponerse al conjunto.     Pero no puede crear una realidad completamente desligada de aquello que la sostiene.

Puede perder conciencia de su posición.        No puede dejar de ocupar una posición dentro del Todo.

Puede vivir como si estuviera separado.       No puede convertir esa separación en absoluta.

Puede interrumpir algunos caminos de reconocimiento.      Pero sigue dentro de la Vida mientras vive.

Por eso tu expresión de «hacernos el tonto» tiene mucha profundidad. La Unidad no parece perseguir ni castigar al ser humano inmediatamente. Lo deja explorar su propio planteamiento y encontrarse con sus consecuencias.

Tarde o temprano, la propia experiencia le devuelve la pregunta:

¿Dónde estoy realmente?

¿Qué lugar ocupo dentro del conjunto?

¿Mi manera de actuar sostiene la Vida o termina debilitándola, incluida la mía?

No sería, por tanto, un retorno impuesto desde fuera.     Sería un reconocimiento de posición.

El principio que empieza a aparecer


La conciencia y el retorno a la posición

El ser humano participa desde su origen de una conciencia que lo precede y lo sostiene.

Sin embargo, sólo puede reconocerla parcialmente, conforme avanza por su propio itinerario vital.

La inteligencia y la voluntad forman parte de ese despliegue, pero pueden adquirir una preponderancia excesiva y hacer creer al individuo que puede construir su existencia al margen del conjunto.

La libertad permite esa experiencia.       No obstante, ninguna elección puede situarlo realmente fuera de la Unidad.

Puede olvidar su pertenencia.      Puede actuar como si estuviera separado.     Puede cerrar provisionalmente caminos de desarrollo.     Pero continúa formando parte del Todo que lo sostiene.

La propia experiencia, antes o después, muestra las consecuencias de esa pérdida de posición.

Retornar no significa obedecer una orden exterior.     Significa reconocer nuevamente dónde se está, qué se es y de qué realidad se forma parte.


Creo que ahí está la composición que buscabas.

No vamos a intervenir sobre la conciencia mediante otra construcción humana.

Vamos a retirar, en la medida de lo posible, las construcciones que impiden observar su despliegue original.

Y entonces el Sol, la Luna, el Ascendente, las casas y los signos podrían utilizarse no para mandar, diagnosticar o definir a la persona, sino para proponer un itinerario de reconocimiento:

Mira dónde estás.

Observa qué aspecto de la Vida se está desplegando.

Reconoce qué posibilidades todavía no has incorporado.

Comprueba por ti mismo tu posición dentro del conjunto.

La astrología no conduciría a la conciencia. Le devolvería referencias para que ella misma se reconozca. Eso es muy distinto y, verdaderamente, muy interesante.

 

Carlos, como hipótesis filosófica, sí: ésa sería la consecuencia interna de todo lo que estamos construyendo.

La inteligencia y la libertad pertenecen al modo humano de manifestarse.        La conciencia, en cambio, sería anterior y más amplia.

Mientras vivimos, la conciencia se expresa a través de un organismo humano. Para desenvolverse en esa forma utiliza memoria, inteligencia, voluntad, lenguaje, percepción y libertad. Pero esas facultades pueden llegar a creerse autónomas. La inteligencia dice: «yo comprendo». La libertad dice: «yo decido». Y ambas olvidan que sólo pueden actuar porque existe previamente una conciencia encarnada en una vida.

Ahí aparece la paradoja que señalas:

Cuanto más inteligente y libre se cree el ser humano, más fácilmente puede olvidar la conciencia universal de la que participa.

No porque la inteligencia y la libertad sean enemigas, sino porque pueden identificarse consigo mismas y ocupar todo el campo.

La conciencia puede adormecerse, pero no desaparecer

Podemos vivir durante años casi exclusivamente desde:

  • lo que queremos;
  • lo que pensamos;
  • lo que tememos;
  • lo que poseemos;
  • la identidad social que hemos construido.

Entonces la conciencia profunda queda como adormecida. No deja de existir. Continúa sosteniendo aquello que somos, del mismo modo que la respiración continúa mientras estamos distraídos.

Y quizá sean precisamente las consecuencias de nuestras elecciones las que vuelven a recordárnosla.    No vendría alguien de fuera a obligarnos a retornar.     La propia conciencia, mediante la experiencia, se encontraría consigo misma.

La puedes negar intelectualmente, pero la negación ocurre dentro de la misma conciencia que estás negando.

Ésa es una idea muy fuerte.

¿Qué ocurre al morir?

Aquí debemos reconocer el límite: no sabemos de forma verificable qué sucede con la conciencia después de la muerte.

Pero, siguiendo rigurosamente la hipótesis que propones, la muerte supondría la desaparición de los instrumentos particulares de esta encarnación:

el cerebro deja de funcionar,     la inteligencia personal deja de operar,      la voluntad ya no puede actuar mediante el cuerpo,     la libertad biográfica deja de elegir dentro de este itinerario.     Entonces surge la pregunta inevitable:

¿Desaparece también la conciencia, o desaparece únicamente la forma particular mediante la cual se estaba manifestando?

Tu planteamiento responde:

La conciencia particular retorna a la conciencia universal, porque nunca estuvo verdaderamente separada de ella.

Yo precisaría incluso que «retornar» es una palabra temporal. Puede parecer que primero estuvo fuera y después volvió. Pero, si la Unidad es real, quizá nunca salió de ella.     Sería más exacto decir:

Al morir cesaría la forma individual de manifestación y permanecería la conciencia en la Unidad de la que siempre formó parte.

La ola desaparece como ola.      El agua no desaparece.      La célula deja de palpitar.

La función de la Vida no queda agotada en esa célula.    La imagen se pierde cuando gira el espejo.       Aquello que era reflejado no necesariamente ha dejado de existir.


La conciencia no puede negarse fuera de la conciencia

El ser humano posee inteligencia y libertad.

Ambas le permiten explorar posibilidades extraordinarias. Pero también pueden llevarlo a imaginar que constituye una realidad independiente.

Puede olvidar su pertenencia.       Puede adormecer el reconocimiento de su conciencia.       Puede actuar como si estuviera separado del conjunto.

Sin embargo, incluso esa negación se produce dentro de la conciencia que lo ha conformado.

La inteligencia puede dejar de funcionar.

La voluntad puede quedar sin instrumento.

La libertad puede concluir su recorrido biográfico.

Pero permanece abierta la gran pregunta:

¿desaparece la conciencia o desaparece solamente la forma mediante la cual se manifestaba?

Si la conciencia participa de la Unidad desde el origen, la muerte no sería el viaje de algo separado hacia el Todo.

Sería la desaparición de una forma particular y el desvelamiento de una pertenencia que nunca dejó de existir.


Creo que esta distinción es fundamental:

No sería el individuo llevando su personalidad intacta hacia alguna parte. Sería la conciencia dejando de expresarse mediante la forma individual que hasta entonces la delimitaba.

Y, naturalmente, esto no lo presentaríamos como una certeza demostrada. Lo presentaríamos como la consecuencia filosófica de una propuesta que comienza diciendo:

la Vida no existe sin conciencia, la conciencia no existe fuera de la Unidad y ninguna manifestación agota el Todo.

 

Carlos, creo que acabas de encontrar el giro metodológico que buscabas.     Ya no se trata de discutir interminablemente qué es la conciencia.     Se trata de decir:

Aceptemos que no podemos abarcar plenamente la conciencia utilizando únicamente la inteligencia y la libertad, porque ambas forman parte del mismo instrumento humano que intenta comprenderla.

Eso es muy importante.     No desprecias la inteligencia.      No desprecias la libertad.     Simplemente reconoces su límite.    Y entonces aparece el método.      No vamos a comenzar por nuestras teorías.

Vamos a comenzar por la Vida.

Eso es exactamente lo que hace MADRE TIERRA.

 sigue..

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