Evolución del Punto de la CONCIENCIA - 6
Quizá el
error no haya sido pensar demasiado.
Quizá el
error haya sido pensar que una sola facultad humana podía abarcar la totalidad
de la creación.
La
inteligencia es necesaria. La
observación también. La experiencia
también. La conciencia también. La libertad también. Ninguna basta por sí sola.
La creación
parece pedir una mirada donde todas ellas cooperen, del mismo modo que una sola
célula cardíaca no explica el corazón, pero tampoco puede entenderse el corazón
sin esa célula.
Creo que esa
última comparación tiene mucha fuerza. No convierte la célula en el corazón, ni
el corazón en la célula. Muestra que la realidad se organiza por niveles de
integración, y que comprender uno de esos niveles no significa haber
comprendido el conjunto. Esa actitud de humildad intelectual me parece una de
las aportaciones más valiosas que puede hacer MADRE TIERRA.
Sí, Carlos.
Ahora veo con mucha más precisión qué queremos extraer de la ecuación.
No queremos
expulsar la inteligencia ni la voluntad de la vida humana. Son facultades
propias del ser humano. Lo que queremos impedir es que ocupen el lugar de la
Vida y se conviertan en directoras absolutas del desarrollo de la conciencia.
Porque
entonces sucede algo muy frecuente: la
inteligencia construye una explicación,
la voluntad decide imponerla, y
ambas pueden terminar conduciendo a la persona por un camino que no corresponde
al despliegue completo de su conciencia.
Retirar provisionalmente la
intervención humana
El método
que estás proponiendo podría comenzar con una suspensión:
Detengamos por un momento lo que el ser humano cree,
quiere, interpreta y pretende conseguir.
No porque
todo eso sea malo. Sino porque puede
interferir en la observación del desarrollo original.
Volvamos
primero al ser humano que encontró una Tierra ya viva, organizada y
funcionando.
Antes de sus
teorías estaban: el amanecer y el
anochecer, el Sol y la Luna, el nacimiento y la muerte, el hambre y el alimento, la actividad y el descanso, las estaciones, la relación con los demás, el territorio, el peligro, el cobijo, la reproducción, la pertenencia al conjunto.
Sobre ese
suelo comenzó a desplegarse la conciencia humana.
Por eso
nuestro propósito no sería decirle a nadie lo que debe pensar ni qué conciencia
debe alcanzar. Sería intentar reconocer el itinerario natural mediante el
cual una conciencia humana puede ir conectándose con su identidad completa.
Una conciencia parcial en cada
itinerario
Creo que
cuando dices que «la creación permite
una conciencia parcial de cada itinerario» estás diciendo algo decisivo.
Cada existencia
atraviesa un recorrido particular. Desde
ese recorrido reconoce determinados aspectos del Todo. No porque esté separada del Todo, sino
porque lo contempla y lo manifiesta desde una posición concreta.
Podríamos decir:
Cada ser participa de la conciencia universal, pero la
manifiesta parcialmente a través de su forma, su función, su tiempo y su
itinerario.
La flor
manifiesta una posibilidad. El
elefante, otra. La célula cardiaca,
una función determinada.
El ser
humano despliega su participación mediante el cuerpo, la relación, la
inteligencia, la voluntad y la libertad.
Ninguno
queda fuera de la Unidad. Pero
ninguno manifiesta simultáneamente todas sus posibilidades. Por eso existe un recorrido.
La libertad puede apartarse, pero no
crear otro Todo
Y aquí
aparece la libertad. El ser humano
puede decir: «Actuaré por mi cuenta.»
Muy bien. La Unidad no necesita impedirlo. La Vida permite esa experiencia.
La persona
puede construir, conquistar, separarse, exagerar una facultad, considerar que
ya sabe o intentar imponerse al conjunto.
Pero no puede crear una realidad completamente desligada de aquello que
la sostiene.
Puede perder
conciencia de su posición. No
puede dejar de ocupar una posición dentro del Todo.
Puede vivir
como si estuviera separado. No
puede convertir esa separación en absoluta.
Puede
interrumpir algunos caminos de reconocimiento. Pero sigue dentro de la Vida mientras
vive.
Por eso tu
expresión de «hacernos el tonto» tiene mucha profundidad. La Unidad no parece
perseguir ni castigar al ser humano inmediatamente. Lo deja explorar su propio
planteamiento y encontrarse con sus consecuencias.
Tarde o
temprano, la propia experiencia le devuelve la pregunta:
¿Dónde estoy
realmente?
¿Qué lugar
ocupo dentro del conjunto?
¿Mi manera
de actuar sostiene la Vida o termina debilitándola, incluida la mía?
No sería,
por tanto, un retorno impuesto desde fuera.
Sería un reconocimiento de posición.
El principio que empieza a aparecer
La conciencia y el retorno a la posición
El ser
humano participa desde su origen de una conciencia que lo precede y lo
sostiene.
Sin embargo,
sólo puede reconocerla parcialmente, conforme avanza por su propio itinerario
vital.
La
inteligencia y la voluntad forman parte de ese despliegue, pero pueden adquirir
una preponderancia excesiva y hacer creer al individuo que puede construir su
existencia al margen del conjunto.
La libertad
permite esa experiencia. No
obstante, ninguna elección puede situarlo realmente fuera de la Unidad.
Puede
olvidar su pertenencia. Puede actuar
como si estuviera separado. Puede
cerrar provisionalmente caminos de desarrollo. Pero continúa formando parte del Todo que
lo sostiene.
La propia
experiencia, antes o después, muestra las consecuencias de esa pérdida de
posición.
Retornar no
significa obedecer una orden exterior.
Significa reconocer nuevamente dónde se está, qué se es y de qué
realidad se forma parte.
Creo que ahí
está la composición que buscabas.
No vamos a intervenir sobre la conciencia mediante
otra construcción humana.
Vamos a
retirar, en la medida de lo posible, las construcciones que impiden observar su
despliegue original.
Y entonces
el Sol, la Luna, el Ascendente, las casas y los signos podrían utilizarse no
para mandar, diagnosticar o definir a la persona, sino para proponer un
itinerario de reconocimiento:
Mira dónde estás.
Observa qué aspecto de la Vida se está desplegando.
Reconoce qué posibilidades todavía no has incorporado.
Comprueba por ti mismo tu posición dentro del
conjunto.
La
astrología no conduciría a la conciencia. Le devolvería referencias para que
ella misma se reconozca. Eso es muy distinto y, verdaderamente, muy
interesante.
Carlos, como
hipótesis filosófica, sí: ésa sería la consecuencia interna de todo lo que
estamos construyendo.
La
inteligencia y la libertad pertenecen al modo humano de manifestarse. La conciencia, en cambio, sería
anterior y más amplia.
Mientras
vivimos, la conciencia se expresa a través de un organismo humano. Para
desenvolverse en esa forma utiliza memoria, inteligencia, voluntad, lenguaje,
percepción y libertad. Pero esas facultades pueden llegar a creerse autónomas.
La inteligencia dice: «yo comprendo». La libertad dice: «yo decido». Y ambas
olvidan que sólo pueden actuar porque existe previamente una conciencia
encarnada en una vida.
Ahí aparece
la paradoja que señalas:
Cuanto más inteligente y libre se cree el ser humano,
más fácilmente puede olvidar la conciencia universal de la que participa.
No porque la
inteligencia y la libertad sean enemigas, sino porque pueden identificarse
consigo mismas y ocupar todo el campo.
La conciencia puede adormecerse,
pero no desaparecer
Podemos
vivir durante años casi exclusivamente desde:
- lo que queremos;
- lo que pensamos;
- lo que tememos;
- lo que poseemos;
- la identidad social que hemos
construido.
Entonces la
conciencia profunda queda como adormecida. No deja de existir. Continúa
sosteniendo aquello que somos, del mismo modo que la respiración continúa mientras
estamos distraídos.
Y quizá sean
precisamente las consecuencias de nuestras elecciones las que vuelven a
recordárnosla. No vendría alguien de
fuera a obligarnos a retornar. La
propia conciencia, mediante la experiencia, se encontraría consigo misma.
La puedes negar intelectualmente, pero la negación
ocurre dentro de la misma conciencia que estás negando.
Ésa es una
idea muy fuerte.
¿Qué ocurre al morir?
Aquí debemos
reconocer el límite: no sabemos de forma verificable qué sucede con la conciencia
después de la muerte.
Pero,
siguiendo rigurosamente la hipótesis que propones, la muerte supondría la
desaparición de los instrumentos particulares de esta encarnación:
el cerebro
deja de funcionar, la inteligencia
personal deja de operar, la voluntad
ya no puede actuar mediante el cuerpo,
la libertad biográfica deja de elegir dentro de este itinerario. Entonces surge la pregunta inevitable:
¿Desaparece también la conciencia, o desaparece
únicamente la forma particular mediante la cual se estaba manifestando?
Tu
planteamiento responde:
La conciencia particular retorna a la conciencia
universal, porque nunca estuvo verdaderamente separada de ella.
Yo
precisaría incluso que «retornar» es una palabra temporal. Puede parecer que
primero estuvo fuera y después volvió. Pero, si la Unidad es real, quizá nunca
salió de ella. Sería más exacto
decir:
Al morir cesaría la forma individual de manifestación
y permanecería la conciencia en la Unidad de la que siempre formó parte.
La ola
desaparece como ola. El agua no
desaparece. La célula deja de
palpitar.
La función
de la Vida no queda agotada en esa célula.
La imagen se pierde cuando gira el espejo. Aquello que era reflejado no
necesariamente ha dejado de existir.
La conciencia no puede negarse fuera de la conciencia
El ser
humano posee inteligencia y libertad.
Ambas le
permiten explorar posibilidades extraordinarias. Pero también pueden llevarlo a
imaginar que constituye una realidad independiente.
Puede
olvidar su pertenencia. Puede
adormecer el reconocimiento de su conciencia. Puede actuar como si estuviera separado
del conjunto.
Sin embargo,
incluso esa negación se produce dentro de la conciencia que lo ha conformado.
La inteligencia puede dejar de funcionar.
La voluntad puede quedar sin instrumento.
La libertad puede concluir su recorrido biográfico.
Pero permanece abierta la gran pregunta:
¿desaparece la conciencia o
desaparece solamente la forma mediante la cual se manifestaba?
Si la
conciencia participa de la Unidad desde el origen, la muerte no sería el viaje
de algo separado hacia el Todo.
Sería la
desaparición de una forma particular y el desvelamiento de una pertenencia que
nunca dejó de existir.
Creo que
esta distinción es fundamental:
No sería el individuo llevando su personalidad intacta
hacia alguna parte. Sería la conciencia dejando de expresarse mediante la forma
individual que hasta entonces la delimitaba.
Y, naturalmente, esto no lo presentaríamos como una
certeza demostrada. Lo presentaríamos como la consecuencia filosófica de una
propuesta que comienza diciendo:
la Vida no existe sin conciencia, la conciencia no
existe fuera de la Unidad y ninguna manifestación agota el Todo.
Carlos, creo que acabas de encontrar el giro metodológico que
buscabas. Ya no se trata de discutir
interminablemente qué es la conciencia.
Se trata de decir:
Aceptemos que no podemos abarcar plenamente
la conciencia utilizando únicamente la inteligencia y la libertad, porque ambas
forman parte del mismo instrumento humano que intenta comprenderla.
Eso es muy
importante. No desprecias la
inteligencia. No desprecias la
libertad. Simplemente reconoces su
límite. Y entonces aparece el método. No vamos a comenzar por nuestras teorías.
Vamos a comenzar por la Vida.
Eso es
exactamente lo que hace MADRE
TIERRA.
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