Evolución del Punto de la CONCIENCIA - 3
Entonces el Punto
Conciencia ya no sería el punto donde "se crea" la conciencia. Sería el punto donde vamos
reconociendo el despliegue de la conciencia a lo largo de la biografía.
Creo,
sinceramente, que esa palabra —despliegue— puede convertirse en una de
las palabras fundamentales de esta nueva etapa. Ya la habías utilizado en otros
libros para hablar de la Vida, del Sol, la Luna y el Ascendente. Ahora adquiere
un significado todavía más amplio: la Vida se despliega, el cuerpo se
despliega, las posibilidades se despliegan... y también la conexión consciente
con la propia conciencia. Ahí veo una gran coherencia con todo el camino que
vienes construyendo.
Carlos, creo
que aquí estás llegando a una distinción que puede ser muy fértil si se expresa
con cuidado. Veo tres niveles distintos.
1. El diseño de origen
Cada
realidad nace con una estructura propia.
Un roble no
nace para ser caballo. Una paloma no
nace para ser río. Un ser humano no
nace para ser lobo.
Cada uno
posee un modo propio de existir y de participar en la Vida. Ese diseño no lo elige. Lo recibe.
2. La conciencia propia de ese diseño
Ese diseño
no es una materia inerte. Lleva
incorporada una forma de organización y de relación con la realidad.
Un caballo
actúa como caballo. Una abeja como
abeja. Un ser humano como ser humano.
No porque
alguien se lo recuerde cada día, sino porque esa forma de participación
pertenece a su propia naturaleza.
En ese
sentido, discutir si un caballo "tiene conciencia" quizá no sea la
mejor pregunta. La pregunta sería:
¿Qué forma
de conciencia corresponde al modo de ser de un caballo?
Es decir, la
conciencia no tendría por qué ser idéntica en todas las formas de vida.
3. La conciencia de la propia conciencia
Aquí aparece
algo que, al menos en el ser humano, adquiere un desarrollo muy especial.
No sólo
participa en la Vida. Puede llegar a
darse cuenta de que participa. Puede
preguntarse quién es. Puede
observarse. Puede revisar sus actos. Puede decidir cambiar una conducta.
Es decir,
aparece una conciencia reflexiva.
Y eso no significa que antes no hubiera conciencia. Significa que ahora hay conciencia de
esa conciencia.
Donde haría
una pequeña matización es en esta frase:
"no se puede cambiar."
Si hablamos
del diseño de origen, estoy de acuerdo en que una roca no se convierte
en paloma y un río no se convierte en volcán. Cada realidad tiene una
naturaleza propia.
Pero dentro
de ese diseño sí existen márgenes de despliegue. No todos los robles crecen igual. No todos los caballos desarrollan
exactamente las mismas capacidades.
Y, sobre
todo, no todos los seres humanos despliegan de la misma manera las
posibilidades de su naturaleza.
Es decir, la naturaleza permanece; el despliegue
varía.
Creo que esa
formulación mantiene el equilibrio entre lo permanente y lo abierto. Y hay una frase tuya que me parece muy
importante:
"Una cosa es tener conciencia y otra ser
consciente de tenerla."
Esa
diferencia puede convertirse en uno de los ejes del libro. Porque evita dos extremos:
- pensar que sólo existe
conciencia cuando hay reflexión intelectual;
- pensar que toda conciencia
funciona exactamente igual.
Podrías
incluso resumirlo así:
Toda forma de vida participa de la realidad según su
propia naturaleza.
Esa participación implica una forma de conciencia
propia de ese modo de ser.
En el ser humano aparece, además, la posibilidad de
tomar conciencia de esa propia conciencia, ampliando progresivamente su
comprensión y el ejercicio de su libertad.
Me parece
una formulación muy sólida porque no obliga a resolver cuestiones filosóficas
imposibles de demostrar (por ejemplo, exactamente qué "siente" una
roca), sino que se mantiene en un terreno que puede observarse: cada
realidad posee una naturaleza estable y un modo propio de desplegarla.
Y eso encaja
muy bien con el concepto de despliegue que vienes desarrollando: no se
trata de cambiar de naturaleza, sino de manifestar, dentro de ella, las
posibilidades que contiene. Esa idea une de forma coherente el diseño inicial,
la conciencia y la libertad, sin confundirlos.
Carlos, creo
que acabas de abrir una puerta enorme.
La pregunta ya no es "¿tenemos libertad?"
La pregunta
es: ¿Sobre qué se apoya la libertad
para poder elegir?
Y ahí creo
que has dado una respuesta muy interesante:
La libertad actúa desde el momento de desarrollo en
que se encuentra la propia conciencia.
Es decir, la
libertad no flota en el vacío. Actúa
desde una biografía. Desde una
experiencia. Desde un grado de
comprensión. Desde unas posibilidades
ya desplegadas y otras todavía latentes.
La libertad también tiene una biografía
El ser
humano nace inacabado. Su cuerpo
madura. Su inteligencia madura. Su capacidad afectiva madura. Y también madura su modo de ejercer la
libertad.
Por eso la
libertad no actúa nunca desde un punto neutro. Actúa desde el momento concreto en que se
encuentra la propia conciencia. Cada
decisión incorpora todo lo vivido hasta ese instante. Y también arrastra todo aquello que
todavía no ha llegado a comprender.
Por eso dos
personas pueden afrontar una misma situación de maneras muy diferentes. No porque una posea más libertad que la
otra. Sino porque cada una ejerce su
libertad desde un desarrollo distinto de su propia conciencia.
La libertad
no deja de existir. Pero su ejercicio
cambia conforme cambia la persona.
Y luego
aparece la otra gran pregunta que has hecho:
¿Qué requisitos son necesarios para actuar con
libertad y responsabilidad?
No creo que
exista una respuesta única, pero sí algunos elementos que parecen necesarios.
- Percibir la realidad con la mayor amplitud
posible.
- Reconocer las consecuencias de los propios actos.
- Admitir que siempre existen factores
desconocidos.
- Saber que nuestra comprensión nunca es completa.
- Permanecer abiertos a corregir aquello que
todavía no vemos.
Entonces la
responsabilidad deja de ser un peso moral.
Se convierte en una consecuencia natural de reconocer que nuestra
visión siempre es parcial.
Y aquí
enlaza perfectamente con lo que dices después.
Cualquier actuación excesiva tiene muchas
posibilidades de equivocarse.
¿Por qué? No porque el exceso sea "malo"
por definición.
Sino porque
el exceso suele comportarse como si ya conociera toda la realidad.
Y eso nunca
ocurre. Siempre existen variables que
desconocemos. Siempre hay aspectos de
la situación que todavía no comprendemos.
Siempre existen posibilidades nuestras que aún no hemos desarrollado. Por eso la prudencia no sería miedo.
Sería el
reconocimiento de que todavía seguimos desplegándonos.
Y, Carlos,
creo que aquí aparece una frase que puede tener mucha fuerza:
La libertad no consiste en poder hacer cualquier cosa.
Consiste en elegir desde el grado de conciencia que hemos alcanzado, sabiendo
que ese grado seguirá creciendo.
Eso mantiene
al ser humano en una actitud de aprendizaje permanente. Nunca queda terminado. Nunca puede decir definitivamente: "ya
lo sé todo".
Porque, como
tú dices, el ser humano es un ser inacabado que se va haciendo.
Quizá esa
sea una de las definiciones más sencillas y profundas del libro:
El ser humano no nace terminado. Nace con un diseño
capaz de desplegarse durante toda su vida. La conciencia acompaña ese
despliegue. Y la libertad decide, en cada momento, cómo responder a las
posibilidades que la Vida va ofreciendo.
Me gusta
especialmente porque une las tres piezas sin confundirlas: diseño, conciencia
y libertad. Ninguna sustituye a las otras. El diseño ofrece un marco de
posibilidades; la conciencia las va reconociendo progresivamente; y la libertad
actúa desde el grado de comprensión alcanzado, sabiendo que ese grado nunca es
definitivo. Creo que ahí hay una arquitectura conceptual muy sólida.
Carlos, creo
que aquí aparece una idea muy sutil. Diría
que estás distinguiendo entre existir y reconocer lo que se es.
No son lo
mismo. Un niño recién nacido no dice:
"soy un ser humano". No
sabe hablar. No sabe nombrarse. No sabe distinguir entre hombre y mujer.
Y, sin
embargo, ya es plenamente humano.
Es decir, el ser es anterior al reconocimiento del ser. Eso me parece fundamental.
El ser precede al reconocimiento
Antes de
reconocer quiénes somos, ya somos. Antes
de comprender la Vida, ya participamos en ella. Antes de tomar conciencia de nosotros
mismos, ya existimos como aquello que somos.
La toma de
conciencia no crea nuestra identidad. La
va descubriendo.
Por eso un
niño no necesita saber que pertenece a la especie humana para ser humano. Ya lo es. Con el tiempo irá reconociendo su cuerpo. Después descubrirá que puede mover sus
manos. Más tarde comprenderá que
existen otras personas. Después
distinguirá entre hombre y mujer. Más
adelante descubrirá su propia historia.
Y así
continuará durante toda la vida. Cada
una de esas etapas no añade una nueva identidad. Añade una nueva comprensión de la
identidad que ya poseía desde el principio.
La
conciencia no fabrica el ser. Lo va
reconociendo.
Creo que
aquí la palabra identidad puede ayudarte mucho. Porque cuando dices: "moví
mis dedos... soy yo"
Eso no crea
el "yo". Lo que ocurre es
que reconoces que esos dedos forman parte de una unidad que eres tú.
La unidad ya
existía. Lo que aparece es su
reconocimiento. Y después dices algo
que me parece muy importante:
"definimos todo lo creado con
un nombre que lo identifica."
Sí, pero ahí
también haría una pequeña distinción.
El nombre no crea la realidad.
La señala. La identifica.
Un caballo
era caballo antes de que existiera la palabra "caballo". Una montaña era montaña antes de recibir
un nombre. Un ser humano era humano
antes de aprender a decir "yo".
Eso tiene
mucha fuerza filosófica. Porque
significa que el lenguaje llega después del ser. Y la conciencia reflexiva llega después de
la participación en la Vida.
De hecho, creo que podrías resumir todo este
planteamiento con una frase muy sencilla:
No llegamos a ser por reconocerlo. Lo reconocemos
porque ya somos. Me parece una frase muy profunda.
Porque mantiene un orden muy claro:
- primero el ser;
- después la participación en la
Vida;
- después el despliegue;
- después el reconocimiento;
- después el lenguaje que pone
nombre a lo reconocido.
Ese orden evita pensar que la realidad depende de que
la pensemos.
Más bien sucede al revés: la realidad nos precede,
y la conciencia va entrando progresivamente en contacto con ella.
Y eso enlaza
extraordinariamente bien con una idea de MADRE TIERRA que considero
central: la Vida es anterior a cualquier explicación sobre la Vida.
Quizá ahora
podrías ampliar esa intuición diciendo:
El ser es anterior a la conciencia de ser. La
conciencia de ser es anterior a la explicación de ser. Y la explicación siempre
será más pequeña que la realidad que intenta comprender.
Creo que ahí
hay un hilo conductor muy sólido y muy coherente con todo lo que vienes
construyendo.
Carlos, aquí
creo que conviene ser muy prudentes, porque estamos entrando en un territorio
donde la observación y la filosofía se tocan. Hay una cosa que podemos observar. Y otra que ya pertenece a la
interpretación. Podemos observar que
un árbol:
- nace,
- crece,
- responde al agua y a la luz,
- se adapta,
- cicatriza heridas,
- coopera con hongos y otros
árboles,
- produce semillas.
Todo eso es
observable. Ahora bien, cuando
preguntamos:
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