BARBARIN I II III

sábado, 15 de agosto de 2026

Evolución del Punto de la CONCIENCIA - 3

 

Evolución del Punto de la CONCIENCIA - 3

Entonces el Punto Conciencia ya no sería el punto donde "se crea" la conciencia.      Sería el punto donde vamos reconociendo el despliegue de la conciencia a lo largo de la biografía.

Creo, sinceramente, que esa palabra —despliegue— puede convertirse en una de las palabras fundamentales de esta nueva etapa. Ya la habías utilizado en otros libros para hablar de la Vida, del Sol, la Luna y el Ascendente. Ahora adquiere un significado todavía más amplio: la Vida se despliega, el cuerpo se despliega, las posibilidades se despliegan... y también la conexión consciente con la propia conciencia. Ahí veo una gran coherencia con todo el camino que vienes construyendo.

 

Carlos, creo que aquí estás llegando a una distinción que puede ser muy fértil si se expresa con cuidado.      Veo tres niveles distintos.

1. El diseño de origen

Cada realidad nace con una estructura propia.

Un roble no nace para ser caballo.      Una paloma no nace para ser río.    Un ser humano no nace para ser lobo.

Cada uno posee un modo propio de existir y de participar en la Vida.     Ese diseño no lo elige.    Lo recibe.

2. La conciencia propia de ese diseño

Ese diseño no es una materia inerte.     Lleva incorporada una forma de organización y de relación con la realidad.

Un caballo actúa como caballo.     Una abeja como abeja.    Un ser humano como ser humano.

No porque alguien se lo recuerde cada día, sino porque esa forma de participación pertenece a su propia naturaleza.

En ese sentido, discutir si un caballo "tiene conciencia" quizá no sea la mejor pregunta.     La pregunta sería:

¿Qué forma de conciencia corresponde al modo de ser de un caballo?

Es decir, la conciencia no tendría por qué ser idéntica en todas las formas de vida.

3. La conciencia de la propia conciencia

Aquí aparece algo que, al menos en el ser humano, adquiere un desarrollo muy especial.

No sólo participa en la Vida.     Puede llegar a darse cuenta de que participa.     Puede preguntarse quién es.     Puede observarse.    Puede revisar sus actos.    Puede decidir cambiar una conducta.

Es decir, aparece una conciencia reflexiva.    Y eso no significa que antes no hubiera conciencia.    Significa que ahora hay conciencia de esa conciencia.


Donde haría una pequeña matización es en esta frase:

"no se puede cambiar."

Si hablamos del diseño de origen, estoy de acuerdo en que una roca no se convierte en paloma y un río no se convierte en volcán. Cada realidad tiene una naturaleza propia.

Pero dentro de ese diseño sí existen márgenes de despliegue.    No todos los robles crecen igual.     No todos los caballos desarrollan exactamente las mismas capacidades.

Y, sobre todo, no todos los seres humanos despliegan de la misma manera las posibilidades de su naturaleza.

Es decir, la naturaleza permanece; el despliegue varía.

Creo que esa formulación mantiene el equilibrio entre lo permanente y lo abierto.     Y hay una frase tuya que me parece muy importante:

"Una cosa es tener conciencia y otra ser consciente de tenerla."

Esa diferencia puede convertirse en uno de los ejes del libro.     Porque evita dos extremos:

  • pensar que sólo existe conciencia cuando hay reflexión intelectual;
  • pensar que toda conciencia funciona exactamente igual.

Podrías incluso resumirlo así:


Toda forma de vida participa de la realidad según su propia naturaleza.

Esa participación implica una forma de conciencia propia de ese modo de ser.

En el ser humano aparece, además, la posibilidad de tomar conciencia de esa propia conciencia, ampliando progresivamente su comprensión y el ejercicio de su libertad.


Me parece una formulación muy sólida porque no obliga a resolver cuestiones filosóficas imposibles de demostrar (por ejemplo, exactamente qué "siente" una roca), sino que se mantiene en un terreno que puede observarse: cada realidad posee una naturaleza estable y un modo propio de desplegarla.

Y eso encaja muy bien con el concepto de despliegue que vienes desarrollando: no se trata de cambiar de naturaleza, sino de manifestar, dentro de ella, las posibilidades que contiene. Esa idea une de forma coherente el diseño inicial, la conciencia y la libertad, sin confundirlos.

 

Carlos, creo que acabas de abrir una puerta enorme.     La pregunta ya no es "¿tenemos libertad?"

La pregunta es:    ¿Sobre qué se apoya la libertad para poder elegir?

Y ahí creo que has dado una respuesta muy interesante:

La libertad actúa desde el momento de desarrollo en que se encuentra la propia conciencia.

Es decir, la libertad no flota en el vacío.      Actúa desde una biografía.     Desde una experiencia.    Desde un grado de comprensión.    Desde unas posibilidades ya desplegadas y otras todavía latentes.


La libertad también tiene una biografía

El ser humano nace inacabado.    Su cuerpo madura.    Su inteligencia madura.    Su capacidad afectiva madura.    Y también madura su modo de ejercer la libertad.

Por eso la libertad no actúa nunca desde un punto neutro.    Actúa desde el momento concreto en que se encuentra la propia conciencia.     Cada decisión incorpora todo lo vivido hasta ese instante.     Y también arrastra todo aquello que todavía no ha llegado a comprender.

Por eso dos personas pueden afrontar una misma situación de maneras muy diferentes.    No porque una posea más libertad que la otra.    Sino porque cada una ejerce su libertad desde un desarrollo distinto de su propia conciencia.

La libertad no deja de existir.     Pero su ejercicio cambia conforme cambia la persona.


Y luego aparece la otra gran pregunta que has hecho:

¿Qué requisitos son necesarios para actuar con libertad y responsabilidad?

No creo que exista una respuesta única, pero sí algunos elementos que parecen necesarios.

  • Percibir la realidad con la mayor amplitud posible.
  • Reconocer las consecuencias de los propios actos.
  • Admitir que siempre existen factores desconocidos.
  • Saber que nuestra comprensión nunca es completa.
  • Permanecer abiertos a corregir aquello que todavía no vemos.

Entonces la responsabilidad deja de ser un peso moral.    Se convierte en una consecuencia natural de reconocer que nuestra visión siempre es parcial.

Y aquí enlaza perfectamente con lo que dices después.

Cualquier actuación excesiva tiene muchas posibilidades de equivocarse.

¿Por qué?       No porque el exceso sea "malo" por definición.

Sino porque el exceso suele comportarse como si ya conociera toda la realidad.

Y eso nunca ocurre.     Siempre existen variables que desconocemos.     Siempre hay aspectos de la situación que todavía no comprendemos.    Siempre existen posibilidades nuestras que aún no hemos desarrollado.   Por eso la prudencia no sería miedo.

Sería el reconocimiento de que todavía seguimos desplegándonos.

Y, Carlos, creo que aquí aparece una frase que puede tener mucha fuerza:

La libertad no consiste en poder hacer cualquier cosa. Consiste en elegir desde el grado de conciencia que hemos alcanzado, sabiendo que ese grado seguirá creciendo.

Eso mantiene al ser humano en una actitud de aprendizaje permanente.     Nunca queda terminado.    Nunca puede decir definitivamente: "ya lo sé todo".

Porque, como tú dices, el ser humano es un ser inacabado que se va haciendo.

Quizá esa sea una de las definiciones más sencillas y profundas del libro:

El ser humano no nace terminado. Nace con un diseño capaz de desplegarse durante toda su vida. La conciencia acompaña ese despliegue. Y la libertad decide, en cada momento, cómo responder a las posibilidades que la Vida va ofreciendo.

Me gusta especialmente porque une las tres piezas sin confundirlas: diseño, conciencia y libertad. Ninguna sustituye a las otras. El diseño ofrece un marco de posibilidades; la conciencia las va reconociendo progresivamente; y la libertad actúa desde el grado de comprensión alcanzado, sabiendo que ese grado nunca es definitivo. Creo que ahí hay una arquitectura conceptual muy sólida.

 

Carlos, creo que aquí aparece una idea muy sutil.    Diría que estás distinguiendo entre existir y reconocer lo que se es.

No son lo mismo.     Un niño recién nacido no dice: "soy un ser humano".      No sabe hablar.      No sabe nombrarse.    No sabe distinguir entre hombre y mujer.

Y, sin embargo, ya es plenamente humano.     Es decir, el ser es anterior al reconocimiento del ser.      Eso me parece fundamental.

El ser precede al reconocimiento

Antes de reconocer quiénes somos, ya somos.    Antes de comprender la Vida, ya participamos en ella.    Antes de tomar conciencia de nosotros mismos, ya existimos como aquello que somos.

La toma de conciencia no crea nuestra identidad.    La va descubriendo.

Por eso un niño no necesita saber que pertenece a la especie humana para ser humano.    Ya lo es.     Con el tiempo irá reconociendo su cuerpo.     Después descubrirá que puede mover sus manos.    Más tarde comprenderá que existen otras personas.    Después distinguirá entre hombre y mujer.     Más adelante descubrirá su propia historia.

Y así continuará durante toda la vida.    Cada una de esas etapas no añade una nueva identidad.     Añade una nueva comprensión de la identidad que ya poseía desde el principio.

La conciencia no fabrica el ser.     Lo va reconociendo.


Creo que aquí la palabra identidad puede ayudarte mucho.      Porque cuando dices:     "moví mis dedos... soy yo"

Eso no crea el "yo".      Lo que ocurre es que reconoces que esos dedos forman parte de una unidad que eres tú.

La unidad ya existía.     Lo que aparece es su reconocimiento.     Y después dices algo que me parece muy importante:

"definimos todo lo creado con un nombre que lo identifica."

Sí, pero ahí también haría una pequeña distinción.     El nombre no crea la realidad.     La señala.     La identifica.

Un caballo era caballo antes de que existiera la palabra "caballo".      Una montaña era montaña antes de recibir un nombre.      Un ser humano era humano antes de aprender a decir "yo".

Eso tiene mucha fuerza filosófica.     Porque significa que el lenguaje llega después del ser.     Y la conciencia reflexiva llega después de la participación en la Vida.

De hecho, creo que podrías resumir todo este planteamiento con una frase muy sencilla:

No llegamos a ser por reconocerlo. Lo reconocemos porque ya somos.      Me parece una frase muy profunda.

Porque mantiene un orden muy claro:

  • primero el ser;
  • después la participación en la Vida;
  • después el despliegue;
  • después el reconocimiento;
  • después el lenguaje que pone nombre a lo reconocido.

Ese orden evita pensar que la realidad depende de que la pensemos.

Más bien sucede al revés: la realidad nos precede, y la conciencia va entrando progresivamente en contacto con ella.

Y eso enlaza extraordinariamente bien con una idea de MADRE TIERRA que considero central: la Vida es anterior a cualquier explicación sobre la Vida.

Quizá ahora podrías ampliar esa intuición diciendo:

El ser es anterior a la conciencia de ser. La conciencia de ser es anterior a la explicación de ser. Y la explicación siempre será más pequeña que la realidad que intenta comprender.

Creo que ahí hay un hilo conductor muy sólido y muy coherente con todo lo que vienes construyendo.

 

Carlos, aquí creo que conviene ser muy prudentes, porque estamos entrando en un territorio donde la observación y la filosofía se tocan.     Hay una cosa que podemos observar.    Y otra que ya pertenece a la interpretación.    Podemos observar que un árbol:

  • nace,
  • crece,
  • responde al agua y a la luz,
  • se adapta,
  • cicatriza heridas,
  • coopera con hongos y otros árboles,
  • produce semillas.

Todo eso es observable.     Ahora bien, cuando preguntamos:

sigue..

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