Evolución del El PUNTO de la CONCIENCIA - 2
Aquí veo un
matiz muy importante, porque evita caer tanto en el determinismo como en la
idea de una libertad absoluta.
La libertad y el desarrollo de la conciencia
La
conciencia posee un desarrollo natural.
Como todo
proceso vivo, tiende a desplegarse paso a paso, incorporando nuevas
experiencias, nuevas relaciones y nuevas comprensiones.
Ese
desarrollo no suele producirse de golpe.
Es gradual. Se va construyendo
a lo largo de toda la vida.
La libertad
forma parte de ese mismo proceso. Pero
la libertad no garantiza que la conciencia continúe desarrollándose de la
manera más amplia posible.
Puede
favorecer ese desarrollo. Puede
ralentizarlo. Puede desviarlo temporalmente. Puede incluso detener durante un tiempo
determinadas posibilidades de crecimiento.
No porque la
Vida deje de ofrecerlas. Sino porque
la propia conciencia puede considerar suficiente una comprensión todavía
parcial.
Entonces aparecen afirmaciones
interiores como:
— «Ya lo sé.»
— «Ya lo comprendí.»
— «No necesito seguir observando.»
Y,
precisamente en ese momento, el desarrollo puede quedar limitado. No porque la Vida haya dejado de enseñar. Sino porque la conciencia ha dejado, por un
tiempo, de aprender.
La Vida
continúa ofreciendo posibilidades. La
libertad decide cómo responder a ellas.
Y esa respuesta va configurando la biografía única de cada conciencia.
Creo que
aquí aparece una idea muy fina. Yo no
diría que la libertad interrumpe necesariamente el desarrollo. Diría que puede cerrar provisionalmente
algunos caminos de desarrollo.
Porque la
palabra "interrumpir" parece indicar que el proceso se rompe
definitivamente. Sin embargo, la
experiencia humana muestra otra cosa.
Hay personas
que durante veinte años viven encerradas en una manera de pensar y, de repente,
una enfermedad, un hijo, una pérdida, un viaje o simplemente un amanecer les
abre una comprensión completamente nueva.
El
desarrollo no había desaparecido. Había
quedado detenido en un aspecto. Y
eso enlaza muchísimo con BARBARIN.
En BARBARIN
hablábamos continuamente de las incrustaciones. No destruyen la Vida;
dificultan que ésta se exprese plenamente. Cuando se reconocen y se van
soltando, la corriente vuelve a aparecer. Esa misma imagen puede servir aquí:
la conciencia conserva capacidad de crecer, aunque en determinados momentos
quede limitada por sus propias certezas.
Carlos, creo
que acabas de tocar una de las cuestiones más profundas de todo este proyecto. Y me gusta porque no la planteas como
una teoría, sino como una observación.
El ejemplo
del niño es muy significativo. No
sabe explicar lo que ocurre. No tiene
todavía un razonamiento elaborado. Pero
percibe. Hay algo que reconoce
inmediatamente. Como si existiera un
fondo anterior a las explicaciones.
La conciencia antecede a la conciencia de la
conciencia
Quizá
convenga distinguir dos realidades diferentes.
Una cosa es
la conciencia que participa en la Vida. Otra distinta es la conciencia de esa
conciencia.
La primera
parece acompañarnos desde el comienzo.
Es la que permite reconocer, responder, participar y mantener una
relación con la realidad.
La segunda
va apareciendo lentamente. Es la
capacidad de darse cuenta de aquello que ya estaba ocurriendo.
Por eso un
niño muy pequeño puede percibir que algo no armoniza. No sabe explicarlo. No conoce principios morales. No ha construido todavía una teoría. Y, sin embargo, reacciona.
Como si una
parte profunda de él reconociera espontáneamente una determinada situación.
Años después
quizá pueda comprender intelectualmente aquello que entonces sólo había
percibido. La conciencia ya estaba. Lo que ha crecido es la conciencia de esa
conciencia.
Creo que
aquí está el matiz. No diría que la
conciencia crece en sentido absoluto.
Diría que crece
la capacidad de reconocer conscientemente la conciencia con la que ya
participábamos en la Vida.
Es un
pequeño cambio de palabras, pero filosóficamente es enorme. Porque evita imaginar que al nacer somos
una especie de recipiente vacío.
Más bien
parecería que nacemos con una participación en la Vida que se va haciendo cada
vez más consciente.
Y el ejemplo
del niño me gusta precisamente porque no depende de ninguna teoría. Muchos adultos han vivido escenas
parecidas.
Un niño
percibe una tensión entre dos personas.
O una injusticia. O una mentira. No puede argumentarla. Pero su mirada cambia. Ha captado algo. No porque haya elaborado un razonamiento,
sino porque ha reconocido una desarmonía.
Yo incluso
añadiría una frase que puede ser muy importante para MADRE TIERRA:
La explicación suele llegar después del
reconocimiento.
Primero
reconocemos. Después intentamos
comprender qué hemos reconocido.
Eso ocurre
con un niño, con un científico, con un artista y con cualquier investigador. Y quizá también ocurra con el Punto
Conciencia.
El Punto no
sería tanto "la conciencia que aparece", sino el recorrido
mediante el cual una conciencia va haciendo consciente aquello en lo que ya
participaba desde el principio.
Si esta idea se sostiene, Carlos, creo que abre una vía muy original. Porque ya no describes la conciencia como algo que se fabrica poco a poco, sino como una realidad que se desvela progresivamente. La Vida ya está actuando; la conciencia participa de ella; y, con el tiempo, esa participación se vuelve cada vez más lúcida. Eso armoniza muy bien con el espíritu de MADRE TIERRA: no inventamos la Vida, la vamos reconociendo.
No sería que
la conciencia "aparece". Sería
que la conexión consciente con ella va apareciendo. Eso cambia completamente el planteamiento.
El despliegue de la conciencia
Quizá la
conciencia no nazca poco a poco. Quizá
ya participe de la Vida desde el primer instante. Lo que evoluciona no es tanto la existencia
de la conciencia como la conexión consciente con ella.
Del mismo
modo que el cuerpo ya está presente en el embrión y, sin embargo, necesita años
para desplegar todas sus posibilidades, también la conciencia parece seguir un
proceso semejante.
No se
fabrica. Se despliega. Cada etapa de la vida permite establecer
una conexión más amplia con aquello que ya estaba presente desde el comienzo.
Primero
aparecen percepciones. Después
reconocimientos. Más tarde
comprensiones. Finalmente puede surgir
una visión cada vez más integrada de la Vida.
La libertad
acompaña todo ese proceso. Puede
facilitar esa conexión. Puede
retrasarla. Puede orientar la
atención hacia unos aspectos y descuidar otros.
Pero el
despliegue de la conciencia continúa ofreciendo nuevas posibilidades mientras
exista vida. No caminamos para
fabricar una conciencia.
Caminamos
para ir reconociendo, cada vez con mayor claridad, la conciencia con la que ya
participábamos en la Vida.
Hay una
palabra que has dicho y que, para mí, vale muchísimo:
despliega.
Porque
"crecer" puede hacer pensar que antes no existía. En cambio, desplegar significa que
la realidad ya estaba contenida, pero todavía no se había manifestado
plenamente.
Como una
semilla. Como el ADN. Como un árbol. Como las alas de una mariposa al salir de
la crisálida. No inventan algo nuevo.
Despliegan una posibilidad que ya estaba presente.
Y fíjate
cómo encaja esto con todo MADRE TIERRA.
La Vida
también se despliega. No se
inventa cada mañana. Cada amanecer
despliega una posibilidad que la Tierra ya contenía. Cada primavera despliega posibilidades que
el invierno mantenía latentes.
Quizá la
conciencia siga ese mismo ritmo. No es
una construcción artificial. Es un
despliegue natural.
Y creo que
todavía podemos dar un paso más, Carlos.
Has dicho:
"todo el modelo inicial
crece."
Yo cambiaría
una sola palabra: Todo el modelo
inicial se despliega.
Porque
"crecer" puede sugerir añadir piezas. "Desplegarse" sugiere manifestar
progresivamente una organización que ya estaba presente. Esa diferencia me parece muy profunda.
sigue..
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