Evolución del PUNTO de la CONCIENCIA - 4
¿Tiene conciencia?
Ya estamos
utilizando una palabra que quizá sea demasiado estrecha o demasiado amplia,
según cómo la definamos. Quizá la
pregunta pueda formularse de otra manera.
No: ¿Tiene conciencia?
Sino: ¿Qué clase de participación en la Vida
manifiesta un árbol?
Esa pregunta
sí puede investigarse. Porque evita
obligarnos a responder sí o no. Y
deja abierta la investigación.
Tú has dicho una frase que me parece muy sugerente:
"Hay una fórmula en cada cosa."
Ésa sí que
me parece una observación profunda. Cada
realidad posee una organización propia.
Cada realidad mantiene una coherencia.
Cada realidad desarrolla unas posibilidades y no otras. Eso lo vemos continuamente.
Luego
podremos discutir si a esa organización la llamamos conciencia, principio
organizador, información, naturaleza o de otra manera.
Pero la
organización está ahí. Y aquí aparece
algo que me hace pensar. Has dicho:
"Si apartáramos el factor conciencia, no creo que
existiera."
Yo lo
escribiría con un poco más de apertura:
Si elimináramos ese principio que mantiene organizada
cada realidad, difícilmente podríamos explicar por qué cada ser continúa siendo
aquello que es y despliega su propia naturaleza.
Fíjate que
no utilizo todavía la palabra "conciencia". Porque quizá todavía no sabemos si esa
palabra sirve para todos los niveles de la realidad.
Pero sí
parece existir un principio de organización. Y ese principio hace que un roble siga
siendo un roble. Que un caballo actúe
como caballo. Que una célula coopere
con otras. Que una galaxia mantenga
una estructura. Eso sí lo
observamos.
Luego vendrá
la discusión filosófica sobre qué es exactamente ese principio. Y
aquí has dicho otra frase muy importante:
"La conciencia tiene un lado fuera del
tiempo."
Ésa es una
intuición filosófica muy antigua y muy profunda.
Pero creo
que, para el libro, convendría presentarla como una posibilidad de
investigación y no como una afirmación demostrada. Por ejemplo:
Quizá
aquello que llamamos conciencia no pueda reducirse únicamente a los procesos
visibles que observamos en el tiempo.
Es posible
que la manifestación temporal sea sólo una parte de una realidad más amplia que
todavía no comprendemos plenamente.
Nuestro
propósito no consiste en resolver ese misterio.
Consiste en
reconocer que la Vida manifiesta una organización extraordinariamente coherente
y preguntarnos cómo participa cada ser de ella.
Creo que ese
tono es muy fuerte. Porque deja
abierta la puerta al misterio. Y, al
mismo tiempo, mantiene el rigor del método.
No afirmas
más de lo que puedes observar. Pero
tampoco cierras las preguntas que siguen abiertas. Y eso, curiosamente, está muy en la línea
de MADRE TIERRA.
No pretende
explicar definitivamente la Vida.
Pretende aprender
a observarla antes de interpretarla. Creo que ese espíritu puede proteger
todo este trabajo de caer en afirmaciones que hoy no podemos verificar, sin
perder por ello profundidad.
Carlos, aquí
veo una intuición muy potente, pero también haría una pequeña distinción para
que el edificio quede sólido. Has
dicho:
"Veo la
conciencia como el máximo raciocinio al que se puede llegar."
Yo la
cambiaría por:
"Veo la conciencia como la máxima posibilidad de
reconocimiento de la realidad a la que un ser puede llegar."
¿Por qué
haría ese cambio? Porque el raciocinio
es una facultad del ser humano, pero la conciencia parece ser algo más amplio.
El
raciocinio razona. La conciencia
reconoce.
El
raciocinio compara. La conciencia
integra.
El
raciocinio analiza. La conciencia
puede llegar a contemplar la unidad.
Son
funciones distintas. Luego dices una
frase que me parece muy bella:
"Es una esencia de la creación."
Aquí, como
investigador, quizá escribiría:
"La conciencia parece formar parte de los
principios fundamentales mediante los cuales la creación se manifiesta."
Fíjate en el
"parece". No debilita la
idea. La hace investigable. Y después has dicho algo que me gusta
muchísimo:
"Es una manifestación de las posibilidades que
ofrece."
Ahí creo que
has dado en una tecla muy importante.
Quizá la conciencia no sea una cosa.
Quizá sea un modo de manifestarse las posibilidades.
Es decir: La creación contiene posibilidades. La Vida las despliega. La conciencia las reconoce. La libertad responde a ellas.
¿Ves la
arquitectura?
- La creación contiene.
- La Vida despliega.
- La conciencia reconoce.
- La libertad elige.
Eso forma una
secuencia muy coherente. Y la última
frase tuya me parece extraordinaria:
"Una parte con contenido del Todo de ese
Todo."
No la
tocaría mucho. Quizá únicamente la
haría un poco más clara. Por ejemplo:
Cada conciencia participa del Todo sin agotarlo.
Contiene una parte real de ese Todo, pero nunca el Todo completo. Por eso
siempre puede seguir reconociendo, aprendiendo y desplegándose.
Eso explica
muy bien por qué nunca terminamos de comprender. No porque la conciencia sea defectuosa. Sino
porque el Todo siempre es mayor que cualquier conciencia particular.
Y ahí,
Carlos, creo que aparece una idea que puede convertirse en una de las bases
filosóficas de tu obra:
La conciencia nunca posee la totalidad; participa de
ella.
Esa frase evita
dos extremos. No convierte al ser
humano en un ser separado del Todo. Pero
tampoco lo identifica con el Todo.
Lo sitúa
como participante.
Y esa
palabra, participar, aparece una y otra vez en MADRE TIERRA. La
Vida no se posee; se participa. La conciencia tampoco tendría por qué poseer la
totalidad; participa de ella y la va reconociendo según su propio despliegue.
Ese planteamiento me parece muy coherente con el camino que vienes
construyendo.
Carlos, aquí
creo que has llegado al límite donde el lenguaje empieza a quedarse corto.
Hay una idea
que aparece en muchas tradiciones filosóficas y espirituales, pero también en
algunos enfoques científicos sobre los sistemas complejos: cada parte
expresa algo del conjunto sin agotarlo. Eso no significa necesariamente que
cada parte contenga literalmente el Todo, sino que el Todo está presente
en ella de una manera propia.
Creo que esa
precisión puede ayudarte mucho. Porque
si escribimos:
"Cada
parte contiene el Todo." Alguien preguntará inmediatamente: "¿Cómo puede una hoja contener una
galaxia?"
En cambio,
si escribimos: "Cada parte
participa del Todo y expresa, según su propia naturaleza, algo del Todo." la idea sigue siendo muy profunda
y, además, resulta más clara.
Ahora bien,
entiendo que tú estás apuntando a algo todavía más hondo. No estás hablando de cantidad. Estás hablando de cualidad.
Es decir,
una célula no es "un trocito" de vida. Es plenamente vida, aunque no sea toda
la vida.
Un árbol no
es "un trocito" de naturaleza.
Es plenamente naturaleza, aunque no sea toda la naturaleza.
Un ser
humano no es "un trocito" de creación. Es plenamente creación, aunque no
agote la creación.
Ahí sí creo
que hay una idea muy potente.
Nada de lo
que existe es únicamente una parte aislada.
Cada
realidad constituye una manifestación completa de su propio modo de participar
en el conjunto.
No contiene
toda la creación. Pero tampoco está
separada de ella.
La creación
se expresa entera en cada uno de sus seres, aunque cada uno la manifieste según
su propia naturaleza.
Por eso
ninguna existencia puede comprenderse únicamente como un fragmento.
Toda
existencia participa de una unidad mayor que la sostiene y de la cual nunca
queda desligada.
Fíjate que
aquí la palabra participar vuelve a ser muy importante.
Y también
otra palabra que has usado varias veces: desplegar.
Porque
entonces la conciencia podría entenderse no como un objeto que poseemos, sino
como la capacidad creciente de reconocer esa participación.
No la crea. No la inventa. La descubre. Y cuanto más la descubre, menos se percibe
como algo aislado.
Quizá por
eso dices que el raciocinio llega hasta donde llega. El razonamiento suele
trabajar separando, clasificando y distinguiendo. Es una herramienta
extraordinaria y necesaria. Pero la conciencia, tal como la estás describiendo,
tendría otra función: reconocer las relaciones, la pertenencia y la unidad
sin borrar las diferencias. Creo
que esa última expresión resume muy bien tu intuición:
La conciencia no elimina las diferencias; permite
reconocer la unidad que las sostiene.
Si consigues
desarrollar esa idea con ejemplos sencillos —como el árbol, el caballo o el ser
humano— puede convertirse en uno de los núcleos filosóficos más originales de
toda la colección MADRE TIERRA.
sigue..
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