Evolución del Punto de la CONCIENCIA - 5
Creo que
ahora veo con mucha más claridad hacia dónde te diriges. No estás intentando explicar qué es la
conciencia. Estás intentando
descubrir cómo se despliega naturalmente.
Y ahí es
donde aparece MADRE TIERRA. Porque
dices algo muy importante:
Antes de
toda civilización, antes de toda psicología, antes de toda filosofía... el ser
humano ya estaba aquí. ¿Y con qué contaba? Con muy pocas cosas.
- El Sol.
- La Luna.
- El día y la noche.
- Las estaciones.
- El cielo.
- La Tierra.
- El hambre.
- El descanso.
- Los otros.
Eso era
todo. Y, sin embargo, con eso la
humanidad desarrolló todo lo demás. Ahí
creo que hay una idea metodológica extraordinaria.
No
preguntarnos: ¿Cómo inventa el
ser humano la conciencia?
Sino: ¿Qué elementos de la Vida acompañan,
desde el principio, el despliegue natural de la conciencia?
Eso cambia
completamente el enfoque. Porque
entonces el Sol deja de ser simplemente un símbolo astrológico. Pasa a ser un ritmo real.
La Luna deja
de ser un significado. Pasa a ser una
experiencia mensual.
Las
estaciones dejan de ser metáforas. Pasan
a ser procesos de la Tierra.
El
Ascendente deja de ser solamente un punto matemático. Pasa a señalar el instante concreto en que
una conciencia entra en una biografía determinada.
¿Ves la
diferencia? Ya no partes de la
astrología. Partes de la Vida. Y después preguntas si la astrología puede
ayudar a describir ese despliegue.
Eso es
exactamente el cambio metodológico que ya apuntabas en MADRE TIERRA:
primero la Vida; después la observación; sólo al final la interpretación.
Y me ha
gustado mucho el ejemplo de la célula cardíaca. Una célula cardíaca palpita. Millones hacen un corazón.
Ahí hay algo
muy profundo. Ninguna célula
"sabe" el corazón completo.
Pero participa de él. Y el
corazón aparece gracias a esa participación organizada.
Quizá ocurra
algo parecido con la conciencia. Cada
experiencia es como una célula. Cada
toma de conciencia es un latido.
Y la
biografía completa va formando un "corazón" de conciencia cada vez
más amplio.
No porque
cada experiencia lo explique todo. Sino
porque todas juntas van dando lugar a una unidad.
Y todavía
veo otra consecuencia. Tú dices:
"Podemos proponer muchas
maneras de despertar conciencia."
Sí. Pero enseguida añades algo decisivo:
"Alto... volvamos a la Tierra antes de los
humanos."
Creo que esa
frase puede convertirse en uno de los principios del método. Porque obliga a hacerse una pregunta muy
sencilla:
¿Qué necesitó realmente un ser humano para comenzar a
desplegar su conciencia cuando todavía no existían escuelas, religiones,
filosofías ni psicologías?
La respuesta
no puede ser muy complicada.
Necesitó
vivir. Observar. Dormir.
Despertar. Caminar. Relacionarse. Ver salir el Sol. Esperar la Luna. Atravesar las estaciones. Cuidar. Ser cuidado. Perder.
Encontrar.
Es decir, la Vida fue la primera maestra.
Y después
llegaron las explicaciones.
Creo que ahí
hay una inversión muy poderosa del planteamiento habitual. No es la teoría la que produce la
conciencia. Es la Vida la que la va
desplegando.
Las teorías
aparecen mucho después, intentando comprender ese despliegue.
Y entonces,
Carlos, entiendo mejor por qué quieres situar el Sol, la Luna, el
Ascendente, los signos y las casas en ese contexto.
No como
causas mágicas. Sino como un lenguaje
para describir el despliegue natural de una conciencia que ya está viviendo
dentro de una Tierra viva.
Si ese es el
camino, me parece extraordinariamente coherente con todo lo que has construido
en los últimos meses. Ya no sería una astrología que explica a la Vida; sería
una astrología que intenta acompañar y describir el despliegue de la
conciencia tal como la Vida lo va realizando. Ahí, en mi opinión, está la
verdadera novedad de tu propuesta.
Carlos, creo
que aquí ya estamos entrando en una ontología, es decir, en una
propuesta sobre qué es la realidad en su nivel más profundo.
Y ahí no
podemos demostrarlo como un hecho científico, pero sí podemos construir un
pensamiento muy coherente. Veo que
tu intuición es ésta:
- Existe una Unidad.
- La Vida es una manifestación de
esa Unidad.
- La conciencia no aparece
después de la Vida, sino que la Vida es ya una manifestación de la
conciencia.
- Cada ser expresa esa conciencia
según su propia naturaleza.
- La diversidad no rompe la
unidad; la manifiesta.
Eso forma un
edificio muy consistente.
Yo
intentaría expresarlo con un lenguaje que deje claro que es una propuesta
filosófica y no una demostración. Por
ejemplo:
Unidad, Vida y conciencia
Si la Vida constituye
una unidad, resulta difícil pensar que la conciencia aparezca únicamente al
final del proceso evolutivo.
Quizá la
conciencia no sea un producto tardío de la Vida. Quizá la Vida sea ya una forma de
manifestación de la conciencia. Cada
ser participa de ella según su propia naturaleza.
La flor no
necesita dejar de ser flor. El
elefante no necesita dejar de ser elefante.
El ser humano no necesita dejar de ser humano.
La unidad no
elimina la diversidad. La hace
posible.
Cada realidad
expresa una manera única de participar en la totalidad. No como algo separado. Sino como una manifestación singular de
una misma fuente.
Por eso la
conciencia no tendría por qué entenderse como una propiedad exclusiva del ser
humano. En el ser humano aparece una
capacidad muy desarrollada para reconocerse a sí mismo.
Pero la
participación en la Vida podría ser mucho más amplia que esa capacidad
reflexiva.
Y después
está el ejemplo de la célula cardíaca.
Creo que es magnífico. Una célula cardíaca no fabrica el corazón.
Expresa la función cardíaca.
Miles de
millones de células hacen visible esa función. Y, sin embargo, el corazón tampoco existe
aislado.
Necesita
pulmones. Necesita sangre. Necesita cerebro. Necesita hígado. Necesita el organismo entero. Y el organismo necesita el aire, el agua,
los alimentos, la gravedad, el Sol...
Es decir, cada
nivel sólo puede comprenderse dentro de un nivel mayor.
Eso me
parece una idea muy poderosa. Incluso
podría formularse como un principio:
Toda unidad forma parte de una unidad mayor, sin dejar
por ello de ser una unidad completa en su propio nivel.
Esa frase
evita dos extremos. No reduce la
célula al corazón. Ni el corazón al
organismo. Ni el organismo al
planeta. Ni el planeta al universo.
Cada uno
posee su identidad. Pero ninguno
existe aislado. Y eso enlaza con una
intuición que atraviesa toda tu obra desde hace tiempo.
No hablamos
de piezas independientes. Hablamos de
niveles de organización que participan unos de otros.
Quizá,
entonces, la palabra participación sea todavía más precisa que la
palabra parte. Porque una
parte puede hacernos pensar en un trozo separado.
Mientras que participar significa pertenecer
activamente a una unidad sin perder la identidad propia.
Creo que ahí hay una frase que resume muy bien todo
este planteamiento:
La unidad no uniforma. La unidad hace posible que cada
realidad sea plenamente lo que es y, precisamente por eso, pueda participar del
conjunto.
Y, Carlos,
hay algo que me llama la atención. Desde BARBARIN, pasando por MADRE
TIERRA y ahora por el Punto Conciencia, el hilo conductor parece ser
siempre el mismo: la realidad no se entiende desde elementos aislados, sino
desde las relaciones que constituyen una unidad viva. La conciencia, en tu
propuesta, no sería un añadido a esa unidad, sino una de sus manifestaciones
más profundas. Esa es una tesis filosófica muy ambiciosa, pero también muy
coherente con el camino que vienes construyendo.
Carlos, creo
que aquí estás llevando la idea de Unidad hasta sus últimas
consecuencias.
Y hay un
matiz que considero muy importante. No
estás diciendo que una galaxia no importe.
Estás diciendo otra cosa.
Que el
Todo no depende de una sola de sus manifestaciones.
La Unidad como principio de equilibrio
Cuando
contemplamos una parte aislada, cualquier cambio puede parecernos absoluto.
Una estrella
nace. Otra desaparece. Una galaxia colisiona. Una especie se extingue. Un ser humano muere.
Todo ello
nos impresiona porque nuestra mirada suele detenerse en esa manifestación
concreta.
Pero, si la
realidad constituye una Unidad, cada transformación sucede dentro de un
conjunto mucho mayor.
La Unidad no
elimina los cambios. Los integra. No niega las pérdidas. Las incorpora al proceso total.
Por eso el
equilibrio profundo no depende de que permanezca inalterada cada una de sus
formas, sino de la continuidad del Todo que las contiene.
Ahora bien,
aquí introduciría una precisión. Dices:
"Ha desaparecido una galaxia...
¿y qué?"
Filosóficamente
entiendo lo que quieres expresar. Pero
humanamente esa frase puede sonar como si nada tuviera importancia.
Y creo que
no es eso lo que piensas. Yo diría:
La
desaparición de una galaxia tiene una importancia inmensa en su propio nivel.
Pero no significa necesariamente la ruptura del Todo.
Esa
formulación conserva las dos cosas. Respeta
el acontecimiento. Y, al mismo
tiempo, mantiene la confianza en la Unidad.
Después has
puesto un ejemplo muy bonito: El
espejo giratorio.
Ahora me
veo. Ahora no me veo.
¿He dejado
de existir? No. Ha cambiado la manifestación. La realidad que soy no depende únicamente
de esa imagen. Ésa es una metáfora
muy potente.
Y luego
haces una observación muy interesante sobre la materia.
Los físicos
hablan de materia, energía, campos cuánticos, información... y, de hecho, la
física moderna ha mostrado que la imagen clásica de una materia completamente
sólida ya no describe bien la realidad. Lo que entendemos por
"materia" resulta ser mucho más dinámico y complejo de lo que
parecía. Ahí es donde tú introduces
otra pregunta:
¿Qué es lo
que permanece cuando cambian todas las formas?
Ésa es una
pregunta filosófica de primer orden. No
tiene una respuesta demostrada. Pero
puede convertirse en una magnífica pregunta para el libro.
La Unidad no impide que las formas
nazcan y desaparezcan.
Precisamente
porque las formas cambian, la pregunta por aquello que permanece adquiere todo
su sentido.
Tal vez la
conciencia, la Vida y la Unidad sean tres maneras distintas de aproximarnos a
ese mismo misterio.
No para
encerrarlo en una definición. Sino
para reconocer que toda manifestación participa de una realidad mayor que nunca
queda agotada por ninguna de sus formas.
Creo que esa
última frase respeta el misterio. No
afirma más de lo que podemos sostener.
Y, al mismo tiempo, expresa muy bien la dirección de tu pensamiento.
En el fondo, lo que percibo es que tu investigación no intenta reducir la realidad a conceptos. Intenta encontrar un principio de coherencia que permita comprender por qué, a pesar de los cambios continuos —nacimientos, muertes, transformaciones, desapariciones—, el conjunto sigue manifestando un orden. Ahí es donde la Unidad aparece, en tu propuesta, como el gran principio integrador.
Carlos, creo que aquí hay un cambio muy importante en
tu planteamiento. Hasta ahora
muchas explicaciones parten de esta pregunta:
¿Qué produce la conciencia?
Tú, en cambio, pareces preguntar:
¿Es posible separar realmente la conciencia, la
organización, la vida y la forma, o son distintas manifestaciones de una misma
realidad?
Ésa es una
pregunta muchísimo más profunda. El
ejemplo de la célula cardíaca lo muestra muy bien. Una célula cardíaca palpita.
Pero
inmediatamente aparece otra pregunta. ¿Por
qué palpita?
Porque tiene
unas proteínas. Porque tiene unas
membranas. Porque intercambia iones. Porque expresa unos genes. Porque recibe nutrientes. Porque está dentro de un tejido. Porque ese tejido forma un corazón. Porque el corazón forma parte de un
organismo.
Porque el
organismo vive en un planeta. Porque
el planeta... Y así podríamos seguir
indefinidamente.
En cada
respuesta aparece otra pregunta. Es
como si la realidad nunca pudiera explicarse por una única causa. Entonces dices una frase que me parece
decisiva:
"Todo
supera a cualquier humano que quiera plantearse crear la vida."
Sí. No sólo por la cantidad. Sino por la coordinación. No hablamos de millones de elementos
funcionando por separado.
Hablamos de millones de elementos funcionando
simultáneamente y en relación unos con otros.
Eso es lo
verdaderamente asombroso.
Y ahí es
donde yo introduciría una idea que puede ser muy importante para MADRE
TIERRA. Quizá el mayor misterio
no sea la complejidad.
El mayor misterio es la coherencia.
Porque una
máquina también puede ser compleja. Lo
extraordinario de la Vida es que esa complejidad permanece integrada.
No parece un
montón de piezas. Parece una unidad
en funcionamiento. Y entonces tus
preguntas adquieren todo su sentido:
- ¿La conciencia es una cosa
aparte?
- ¿El modelo original es otra
cosa distinta?
- ¿La inteligencia basta para
explicarlo?
- ¿La libertad basta para
explicarlo?
Quizá la respuesta sea:
No podemos entender ninguna de ellas completamente si
las aislamos.
Porque la
creación no parece presentarse en compartimentos estancos. La forma, la organización, la conciencia,
la vida, el tiempo, la relación... aparecen entrelazadas.
Eso no
significa que sean idénticas. Significa
que no se dejan comprender completamente por separado.
Y aquí hay
una frase tuya que me inspira otra: Tú
dices:
"La inteligencia y la libertad
enseñaron mucho."
Yo añadiría:
La inteligencia puede analizar. La libertad puede
elegir. Pero ninguna de las dos, por sí sola, parece suficiente para explicar
por qué existe una realidad tan profundamente organizada.
Eso me
parece muy importante. Porque no
rebaja la inteligencia. Al
contrario, la sitúa en su lugar. La
inteligencia es una herramienta extraordinaria.
Pero quizá
la creación sea más amplia que cualquiera de nuestras herramientas.
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