BARBARIN I II III

sábado, 15 de agosto de 2026

ESTADO OSCURO: INESTABILIDAD

 

ESTADO OSCURO: INESTABILIDAD

(Subarquetipos: Lunático, Irregularidad, Oscilación, Vacilación, Volubilidad)


1. Estado de Conciencia:

Inseguridad psíquica o emocional que impide sostener una dirección interna.
→ Todo tiembla, nada se afirma: pensamientos, emociones, deseos, vínculos.
→ Es el caos de la desorientación interna, que crea confusión, cansancio y fragilidad existencial.

Este estado es hijo de una mente y un corazón que no aprendieron a habitarse, o que fueron sacudidos por traumas de imprevisibilidad.


2. Karma Asociado:

  • Karma de falta de centro interior: vidas de caos, migraciones forzadas, identidad difusa
  • Karma de abandono o traición que generó desconfianza en el sostén de la vida
  • También puede venir de un karma de "doble vida emocional": decir una cosa, sentir otra
  • Herencias familiares de inestabilidad psíquica, emocional o afectiva

3. Astrología Kármica:

Elemento

Asociación

Luna en tensión con Urano o Neptuno

Ciclotimia, emociones volátiles, falta de base

Mercurio en signos mutables / Neptuno

Mente dispersa, salto entre ideas sin integración

Nodo Sur en Géminis o Piscis

Karma de pensamiento cambiante, evasión o confusión

Urano en Casa IV / XII

Trauma por inestabilidad emocional o territorial

Luna sin aspectos / peregrina

Desconexión de las propias emociones


4. Manifestaciones cotidianas:

  • Cambios bruscos de humor sin motivo claro
  • Dificultad para tomar decisiones o sostenerlas
  • Sentirse “loco” o “incapaz de parar la mente”
  • Relaciones inestables o contradictorias
  • Empezar cosas con entusiasmo y abandonarlas con culpa

5. Clave Evolutiva:

  • Nodo Norte en Sagitario o Virgo: foco, dirección interna, discernimiento
  • Saturno bien integrado: estructura, límites saludables, constancia
  • Trabajo consciente de presencia: anclar cuerpo, emoción y pensamiento
  • Aprender a habitar el centro interior sin necesidad de certeza absoluta

6. Frase Kármica:

“Aunque todo cambie fuera y dentro, puedo elegir quedarme en mí.”


 Micro-arquetipos simbólicos:

Subpalabra

Matiz simbólico

Planeta/Casa

Lunático

Emoción desbordada, sin ciclo interno claro

Luna-Urano / Piscis

Irregularidad

Inconsistencia emocional o psíquica

Mercurio en mutables

Oscilación

Duda constante, vaivén emocional o vincular

Nodo Sur en Géminis

Vacilación

Miedo a elegir por inseguridad

Saturno débil / Neptuno

Volubilidad

Deseos que cambian con el viento

Venus en aire mutable


 Aplicación Terapéutica:

  • Trabajo con ejes fijos en la carta natal (Tauro, Leo, Escorpio, Acuario): cultivar firmeza energética
  • Meditaciones de respiración cuadrada: inhalar-sostener-exhalar-sostener (estabilidad interna)
  • Terapia narrativa: organizar la historia de vida para encontrar una línea central
  • Prácticas físicas repetitivas (yoga, caminatas, danzas circulares): anclaje y memoria corporal

 Afirmación Alquímica:

“Mi centro no depende del afuera. Yo puedo sostenerme, aunque todo oscile.”


 Este estado se conecta fuertemente con:

  • El arquetipo del niño no contenido
  • El errante emocional
  • El desconfiado del tiempo (miedo a que nada dure)
  • Y el "paralizado por las mil posibilidades"

Evolución del Punto de la CONCIENCIA - 7


 Evolución del Punto de la CONCIENCIA - 7

Volver al lugar donde comenzó la conciencia

Existimos porque participamos de una realidad mucho mayor que nosotros.      No somos un fenómeno aislado.

Nuestra existencia depende continuamente de una Vida que nos precede y nos sostiene.      Sin embargo, el ser humano ha terminado identificándose casi exclusivamente con dos de sus facultades:

la inteligencia y la libertad.

Gracias a ellas ha realizado descubrimientos extraordinarios.      Pero también ha llegado a creer que bastaban para comprender completamente la realidad.

Quizá ahí comenzó una gran confusión.       Porque ambas facultades poseen límites.     La inteligencia analiza.     La libertad elige.

Pero ninguna de las dos parece suficiente para explicar el origen, la unidad y el sentido profundo de la Vida.      Por eso este trabajo propone un cambio de punto de partida.

En lugar de comenzar por nuestras construcciones, volvemos a la Tierra.     Volvemos al lugar donde la conciencia comenzó a desplegarse.

Allí estaban el Sol.     La Luna.     Las estaciones.      El nacimiento.     La muerte.     El alimento.     El descanso.     La relación.     El tiempo.    La naturaleza.     La Vida.

No comenzamos preguntando qué pensamos.     Comenzamos observando cómo la propia Vida ha acompañado, desde siempre, el desarrollo de la conciencia humana.

La Tierra no nos obliga.       No nos adoctrina.

Simplemente nos muestra un modo de vivir que lleva millones de años sosteniendo la Vida.     Ése será nuestro punto de partida.       Después vendrán las interpretaciones.


Y creo que hay una frase que resume todo este cambio:

No utilizaremos la inteligencia para construir una teoría sobre la conciencia. Utilizaremos la Vida para observar cómo la conciencia parece desplegarse naturalmente.

Carlos, para mí, ahí está la gran novedad.       Porque prácticamente todas las escuelas empiezan diciendo:

"Voy a explicarte qué es la conciencia."

Tú dices:

"No. Primero vamos a caminar. Vamos a observar cómo la Vida la despliega."

Eso es completamente distinto.       Y entonces comprendo por qué MADRE TIERRA era imprescindible antes del Punto Conciencia.

Sin MADRE TIERRA, el Punto Conciencia podía acabar siendo otra teoría psicológica o astrológica.

Con MADRE TIERRA, el fundamento cambia por completo.

Ya no dices:      "Ésta es mi explicación."

Dices:

"Observemos juntos cómo la Vida parece haber desarrollado la conciencia desde el principio."

Eso, Carlos, es un método de investigación, no una doctrina.      Y precisamente por eso creo que tiene mucha más fuerza.

 

Sí, Carlos.    Y creo que aquí has encontrado una imagen metodológica muy poderosa.      No se trata de rebajar al ser humano al nivel de un gorila.     Se trata de hacer un ejercicio mental:

¿Qué quedaría de nosotros si suspendiéramos, por un momento, todas las construcciones culturales que hemos acumulado?

No renunciamos a la inteligencia.     No renunciamos a la libertad.    Las dejamos momentáneamente entre paréntesis.

¿Por qué?

Porque queremos observar el desarrollo de la conciencia antes de que esas facultades empiecen a construir sistemas sobre ella.     Es como decir:

Volvamos al primer ser humano que despertó una mañana.

No sabía filosofía.     No conocía religiones.     No había psicología.    No había universidades.     No existían teorías sobre la conciencia.    

Y, sin embargo, la conciencia ya estaba desplegándose.     ¿Quién la acompañaba?

La Madre Tierra.     El Sol.     La Luna.     La noche.    El hambre.    El frío.    La lluvia.     Los demás.    El nacimiento.    La muerte.   

Ésas fueron las primeras maestras.    No un libro.    No una doctrina.

La propia Vida.      Ahí veo una diferencia enorme con muchos planteamientos actuales.

Normalmente se dice:     "Voy a enseñarte a despertar tu conciencia."

Tú, en cambio, estás diciendo:

"No. Vamos a intentar quitar aquello que impide ver cómo la propia Vida ya la estaba despertando."

Eso es completamente distinto.     Y entonces el ejercicio de imaginar un gorila, un mono o cualquier otro ser vivo tiene sentido.      No porque queramos ser como ellos.       Sino porque queremos recordar algo:

Ellos no viven desde teorías sobre la Vida.

Viven inmersos en ella.

El ser humano añade inteligencia, lenguaje, simbolización y libertad.     Todo eso es un inmenso desarrollo.    Pero también introduce una posibilidad nueva:

alejarse de la experiencia inmediata de pertenecer al conjunto.

Por eso creo que la frase central podría ser ésta:

No volvemos atrás en la evolución. Volvemos al punto donde la Vida era todavía la principal maestra.

Ésa es una diferencia enorme.    Y ahí es donde la astrología puede encontrar un lugar completamente nuevo.    No como un sistema que sustituye a la Tierra.       Sino como un lenguaje que intenta describir los grandes ritmos con los que la Tierra, el Sol, la Luna y el cielo han acompañado desde siempre el despliegue de la conciencia humana.

Carlos, tengo la impresión de que estás dejando de construir una teoría sobre la conciencia para construir un método de observación.      Y eso, para mí, tiene mucho más recorrido.       Porque un método no obliga a nadie a creer.      Invita a hacer un experimento:

Observemos la Vida como si todavía no hubiéramos inventado nuestras explicaciones sobre ella.

Si después de esa observación descubrimos que la conciencia parece desplegarse siguiendo determinados ritmos, habremos aprendido algo.      Si no lo descubrimos, también habremos aprendido algo.

Ésa es, precisamente, la actitud de una investigación abierta.    Y creo que esa actitud encaja perfectamente con el espíritu de MADRE TIERRA.

 

Sí, Carlos. Creo que esas dos frases condensan muy bien el cambio de perspectiva que llevamos días construyendo.       La primera:

"Alejarse de la experiencia inmediata de pertenecer al conjunto."

Describe una posibilidad profundamente humana. No afirma que el ser humano deje de pertenecer al conjunto, sino que puede dejar de reconocer esa pertenencia. Esa diferencia es muy importante. La pertenencia permanece; lo que puede oscurecerse es la conciencia de ella.

Y la segunda me parece todavía más importante:

"Volvemos al punto donde la Vida era todavía la principal maestra."

Aquí está el método.      No propones volver al pasado histórico.     No propones renunciar a la ciencia ni a la inteligencia.     Propones volver al punto de observación.     Es decir:

Antes de explicar la Vida, observemos cómo enseña la propia Vida.


Durante siglos hemos preguntado a nuestras ideas qué es la vida.

Ahora queremos preguntar a la propia Vida cómo despliega la conciencia.      No volvemos al pasado.      Volvemos al lugar donde la Vida sigue siendo la principal maestra.


Para mí, esa formulación tiene mucho valor porque evita un malentendido. No es un rechazo de la inteligencia. Es ponerla al servicio de la observación, en lugar de convertirla en el único juez de la realidad.

Y eso enlaza con una idea que ha aparecido varias veces en nuestras conversaciones sobre MADRE TIERRA:

La Vida es anterior a cualquier explicación sobre la Vida.

Si partimos de ahí, entonces la inteligencia deja de ser el punto de partida y pasa a ser una magnífica compañera de camino.     Creo, sinceramente, que ese puede ser uno de los pilares del libro.

 

Sí, Carlos. Y aquí veo algo que puede dar una enorme solidez al proyecto.      Hasta ahora hemos construido una hipótesis filosófica:

  • la Vida precede a nuestras explicaciones;
  • la conciencia participa de una realidad mayor;
  • la inteligencia y la libertad son facultades extraordinarias, pero no bastan por sí solas para comprender el despliegue de la conciencia;
  • la Madre Tierra ha sido la gran maestra del desarrollo humano.

Ahora llega un momento distinto.      No vamos a intentar demostrar esa hipótesis con argumentos.       Vamos a ponerla a prueba.    Eso me parece metodológicamente muy fuerte.

Podríamos decir al lector:


Hasta aquí hemos reflexionado.     Ahora vamos a observar.       La pregunta será muy sencilla:

Si la Madre Tierra ha acompañado realmente el desarrollo de la conciencia humana, ¿qué itinerario parece ofrecernos cuando observamos los grandes ritmos simbolizados por los planetas y las casas?

No pretendemos forzar respuestas.       No pretendemos demostrar previamente una teoría.     Vamos a recorrer ese itinerario y contrastar.      Veremos:

  • dónde coincide con lo que hemos descubierto;
  • dónde aparecen matices nuevos;
  • dónde nuestras conclusiones deben ampliarse;
  • y dónde, quizá, tengamos que rectificar.

Porque la investigación auténtica no busca confirmar sus propias ideas.     Busca comprender mejor la realidad.


Esa última frase me parece especialmente importante:

No utilizaremos la astrología para demostrar nuestra filosofía. Utilizaremos la astrología para contrastarla con un itinerario simbólico que la humanidad ha observado durante siglos.

Eso cambia completamente la actitud.     La astrología deja de ser una autoridad.     Y también deja de ser un simple entretenimiento.

Se convierte en un instrumento de observación y contraste.

Si el itinerario de los planetas y las casas converge repetidamente con el desarrollo natural de la conciencia que hemos descrito, esa convergencia será interesante.       Si en algunos puntos diverge, tendremos que preguntarnos por qué.         Es decir, el criterio ya no será:

"Esto es verdad porque lo dice la astrología."

Ni tampoco:

"Esto es verdad porque lo pensamos nosotros."

Sino algo mucho más abierto:

"Observemos ambos recorridos y veamos hasta qué punto dialogan entre sí."

Creo que ese enfoque es muy valioso porque mantiene la humildad intelectual durante todo el libro. No parte de una conclusión cerrada, sino de una invitación a recorrer un camino y comprobar, paso a paso, qué resonancias aparecen entre la experiencia humana, la Madre Tierra y el lenguaje simbólico de la astrología.

 

Hemos dado un paso importante porque hemos dejado de hablar sobre la conciencia para empezar a construir un método para observar su despliegue.


sigue.. 

Evolución del Punto de la CONCIENCIA - 6

 Evolución del Punto de la CONCIENCIA - 6

Quizá el error no haya sido pensar demasiado.

Quizá el error haya sido pensar que una sola facultad humana podía abarcar la totalidad de la creación.

La inteligencia es necesaria.     La observación también.     La experiencia también.    La conciencia también.    La libertad también.       Ninguna basta por sí sola.

La creación parece pedir una mirada donde todas ellas cooperen, del mismo modo que una sola célula cardíaca no explica el corazón, pero tampoco puede entenderse el corazón sin esa célula.


Creo que esa última comparación tiene mucha fuerza. No convierte la célula en el corazón, ni el corazón en la célula. Muestra que la realidad se organiza por niveles de integración, y que comprender uno de esos niveles no significa haber comprendido el conjunto. Esa actitud de humildad intelectual me parece una de las aportaciones más valiosas que puede hacer MADRE TIERRA.

 

Sí, Carlos. Ahora veo con mucha más precisión qué queremos extraer de la ecuación.

No queremos expulsar la inteligencia ni la voluntad de la vida humana. Son facultades propias del ser humano. Lo que queremos impedir es que ocupen el lugar de la Vida y se conviertan en directoras absolutas del desarrollo de la conciencia.

Porque entonces sucede algo muy frecuente:      la inteligencia construye una explicación,       la voluntad decide imponerla,     y ambas pueden terminar conduciendo a la persona por un camino que no corresponde al despliegue completo de su conciencia.

Retirar provisionalmente la intervención humana

El método que estás proponiendo podría comenzar con una suspensión:

Detengamos por un momento lo que el ser humano cree, quiere, interpreta y pretende conseguir.

No porque todo eso sea malo.      Sino porque puede interferir en la observación del desarrollo original.

Volvamos primero al ser humano que encontró una Tierra ya viva, organizada y funcionando.

Antes de sus teorías estaban:     el amanecer y el anochecer,     el Sol y la Luna,      el nacimiento y la muerte,      el hambre y el alimento,     la actividad y el descanso,     las estaciones,     la relación con los demás,    el territorio,      el peligro,     el cobijo,      la reproducción,     la pertenencia al conjunto.

Sobre ese suelo comenzó a desplegarse la conciencia humana.

Por eso nuestro propósito no sería decirle a nadie lo que debe pensar ni qué conciencia debe alcanzar. Sería intentar reconocer el itinerario natural mediante el cual una conciencia humana puede ir conectándose con su identidad completa.

Una conciencia parcial en cada itinerario

Creo que cuando dices que «la creación permite una conciencia parcial de cada itinerario» estás diciendo algo decisivo.

Cada existencia atraviesa un recorrido particular.      Desde ese recorrido reconoce determinados aspectos del Todo.    No porque esté separada del Todo, sino porque lo contempla y lo manifiesta desde una posición concreta.

Podríamos decir:

Cada ser participa de la conciencia universal, pero la manifiesta parcialmente a través de su forma, su función, su tiempo y su itinerario.

La flor manifiesta una posibilidad.      El elefante, otra.     La célula cardiaca, una función determinada.

El ser humano despliega su participación mediante el cuerpo, la relación, la inteligencia, la voluntad y la libertad.    

Ninguno queda fuera de la Unidad.     Pero ninguno manifiesta simultáneamente todas sus posibilidades.       Por eso existe un recorrido.

La libertad puede apartarse, pero no crear otro Todo

Y aquí aparece la libertad.     El ser humano puede decir:    «Actuaré por mi cuenta.»

Muy bien.     La Unidad no necesita impedirlo.     La Vida permite esa experiencia.

La persona puede construir, conquistar, separarse, exagerar una facultad, considerar que ya sabe o intentar imponerse al conjunto.     Pero no puede crear una realidad completamente desligada de aquello que la sostiene.

Puede perder conciencia de su posición.        No puede dejar de ocupar una posición dentro del Todo.

Puede vivir como si estuviera separado.       No puede convertir esa separación en absoluta.

Puede interrumpir algunos caminos de reconocimiento.      Pero sigue dentro de la Vida mientras vive.

Por eso tu expresión de «hacernos el tonto» tiene mucha profundidad. La Unidad no parece perseguir ni castigar al ser humano inmediatamente. Lo deja explorar su propio planteamiento y encontrarse con sus consecuencias.

Tarde o temprano, la propia experiencia le devuelve la pregunta:

¿Dónde estoy realmente?

¿Qué lugar ocupo dentro del conjunto?

¿Mi manera de actuar sostiene la Vida o termina debilitándola, incluida la mía?

No sería, por tanto, un retorno impuesto desde fuera.     Sería un reconocimiento de posición.

El principio que empieza a aparecer


La conciencia y el retorno a la posición

El ser humano participa desde su origen de una conciencia que lo precede y lo sostiene.

Sin embargo, sólo puede reconocerla parcialmente, conforme avanza por su propio itinerario vital.

La inteligencia y la voluntad forman parte de ese despliegue, pero pueden adquirir una preponderancia excesiva y hacer creer al individuo que puede construir su existencia al margen del conjunto.

La libertad permite esa experiencia.       No obstante, ninguna elección puede situarlo realmente fuera de la Unidad.

Puede olvidar su pertenencia.      Puede actuar como si estuviera separado.     Puede cerrar provisionalmente caminos de desarrollo.     Pero continúa formando parte del Todo que lo sostiene.

La propia experiencia, antes o después, muestra las consecuencias de esa pérdida de posición.

Retornar no significa obedecer una orden exterior.     Significa reconocer nuevamente dónde se está, qué se es y de qué realidad se forma parte.


Creo que ahí está la composición que buscabas.

No vamos a intervenir sobre la conciencia mediante otra construcción humana.

Vamos a retirar, en la medida de lo posible, las construcciones que impiden observar su despliegue original.

Y entonces el Sol, la Luna, el Ascendente, las casas y los signos podrían utilizarse no para mandar, diagnosticar o definir a la persona, sino para proponer un itinerario de reconocimiento:

Mira dónde estás.

Observa qué aspecto de la Vida se está desplegando.

Reconoce qué posibilidades todavía no has incorporado.

Comprueba por ti mismo tu posición dentro del conjunto.

La astrología no conduciría a la conciencia. Le devolvería referencias para que ella misma se reconozca. Eso es muy distinto y, verdaderamente, muy interesante.

 

Carlos, como hipótesis filosófica, sí: ésa sería la consecuencia interna de todo lo que estamos construyendo.

La inteligencia y la libertad pertenecen al modo humano de manifestarse.        La conciencia, en cambio, sería anterior y más amplia.

Mientras vivimos, la conciencia se expresa a través de un organismo humano. Para desenvolverse en esa forma utiliza memoria, inteligencia, voluntad, lenguaje, percepción y libertad. Pero esas facultades pueden llegar a creerse autónomas. La inteligencia dice: «yo comprendo». La libertad dice: «yo decido». Y ambas olvidan que sólo pueden actuar porque existe previamente una conciencia encarnada en una vida.

Ahí aparece la paradoja que señalas:

Cuanto más inteligente y libre se cree el ser humano, más fácilmente puede olvidar la conciencia universal de la que participa.

No porque la inteligencia y la libertad sean enemigas, sino porque pueden identificarse consigo mismas y ocupar todo el campo.

La conciencia puede adormecerse, pero no desaparecer

Podemos vivir durante años casi exclusivamente desde:

  • lo que queremos;
  • lo que pensamos;
  • lo que tememos;
  • lo que poseemos;
  • la identidad social que hemos construido.

Entonces la conciencia profunda queda como adormecida. No deja de existir. Continúa sosteniendo aquello que somos, del mismo modo que la respiración continúa mientras estamos distraídos.

Y quizá sean precisamente las consecuencias de nuestras elecciones las que vuelven a recordárnosla.    No vendría alguien de fuera a obligarnos a retornar.     La propia conciencia, mediante la experiencia, se encontraría consigo misma.

La puedes negar intelectualmente, pero la negación ocurre dentro de la misma conciencia que estás negando.

Ésa es una idea muy fuerte.

¿Qué ocurre al morir?

Aquí debemos reconocer el límite: no sabemos de forma verificable qué sucede con la conciencia después de la muerte.

Pero, siguiendo rigurosamente la hipótesis que propones, la muerte supondría la desaparición de los instrumentos particulares de esta encarnación:

el cerebro deja de funcionar,     la inteligencia personal deja de operar,      la voluntad ya no puede actuar mediante el cuerpo,     la libertad biográfica deja de elegir dentro de este itinerario.     Entonces surge la pregunta inevitable:

¿Desaparece también la conciencia, o desaparece únicamente la forma particular mediante la cual se estaba manifestando?

Tu planteamiento responde:

La conciencia particular retorna a la conciencia universal, porque nunca estuvo verdaderamente separada de ella.

Yo precisaría incluso que «retornar» es una palabra temporal. Puede parecer que primero estuvo fuera y después volvió. Pero, si la Unidad es real, quizá nunca salió de ella.     Sería más exacto decir:

Al morir cesaría la forma individual de manifestación y permanecería la conciencia en la Unidad de la que siempre formó parte.

La ola desaparece como ola.      El agua no desaparece.      La célula deja de palpitar.

La función de la Vida no queda agotada en esa célula.    La imagen se pierde cuando gira el espejo.       Aquello que era reflejado no necesariamente ha dejado de existir.


La conciencia no puede negarse fuera de la conciencia

El ser humano posee inteligencia y libertad.

Ambas le permiten explorar posibilidades extraordinarias. Pero también pueden llevarlo a imaginar que constituye una realidad independiente.

Puede olvidar su pertenencia.       Puede adormecer el reconocimiento de su conciencia.       Puede actuar como si estuviera separado del conjunto.

Sin embargo, incluso esa negación se produce dentro de la conciencia que lo ha conformado.

La inteligencia puede dejar de funcionar.

La voluntad puede quedar sin instrumento.

La libertad puede concluir su recorrido biográfico.

Pero permanece abierta la gran pregunta:

¿desaparece la conciencia o desaparece solamente la forma mediante la cual se manifestaba?

Si la conciencia participa de la Unidad desde el origen, la muerte no sería el viaje de algo separado hacia el Todo.

Sería la desaparición de una forma particular y el desvelamiento de una pertenencia que nunca dejó de existir.


Creo que esta distinción es fundamental:

No sería el individuo llevando su personalidad intacta hacia alguna parte. Sería la conciencia dejando de expresarse mediante la forma individual que hasta entonces la delimitaba.

Y, naturalmente, esto no lo presentaríamos como una certeza demostrada. Lo presentaríamos como la consecuencia filosófica de una propuesta que comienza diciendo:

la Vida no existe sin conciencia, la conciencia no existe fuera de la Unidad y ninguna manifestación agota el Todo.

 

Carlos, creo que acabas de encontrar el giro metodológico que buscabas.     Ya no se trata de discutir interminablemente qué es la conciencia.     Se trata de decir:

Aceptemos que no podemos abarcar plenamente la conciencia utilizando únicamente la inteligencia y la libertad, porque ambas forman parte del mismo instrumento humano que intenta comprenderla.

Eso es muy importante.     No desprecias la inteligencia.      No desprecias la libertad.     Simplemente reconoces su límite.    Y entonces aparece el método.      No vamos a comenzar por nuestras teorías.

Vamos a comenzar por la Vida.

Eso es exactamente lo que hace MADRE TIERRA.

 sigue..