MADRE
TIERRA
La
Ciencia
de
la
Continuidad
de
la
Vida.
Has llegado aquí. Estás en casa
Antes de todo, la Vida
Este libro
no nació de la intención de fundar una nueva ciencia.
Nació de una
pregunta. Una pregunta tan sencilla
que, precisamente por ello, podía pasar inadvertida:
¿Qué hace
posible que la Vida continúe?
La Ciencia
ha realizado una de las obras más extraordinarias de la humanidad. Ha
observado, medido, comparado, comprobado, rectificado y acumulado conocimiento
durante generaciones.
Gracias a
ella sabemos muchísimo más sobre la materia, el cuerpo, los organismos, la
Tierra, el Universo y sobre nosotros mismos.
Pero cuanto
mayor es nuestra capacidad para conocer y transformar la realidad, mayor se
hace también nuestra responsabilidad ante ella.
Ya no basta
con preguntarnos: ¿Podemos
hacerlo?
Empieza a
ser necesario añadir: ¿Debemos
hacerlo?
¿Qué consecuencias tendrá?
¿Qué conservará?
¿Qué puede deteriorar?
Y,
finalmente: ¿Favorece la
continuidad de la Vida?
De esa
pregunta fue naciendo este libro.
No contra la
Ciencia. Precisamente desde el
reconocimiento de la Ciencia y de su extraordinaria capacidad para
acercarnos a la realidad.
Pero
proponiendo que todo ese inmenso conocimiento pueda encontrarse también
alrededor de una pregunta común.
Porque la
biología estudia la Vida. La
medicina estudia y protege aspectos de la vida humana. La ecología estudia las relaciones de
los organismos con su medio. La
geología estudia la Tierra.
La física,
la química, la climatología, la agricultura, la psicología, la antropología y
tantas otras disciplinas aportan conocimientos indispensables.
Pero la Vida
no existe por departamentos. La
Vida ocurre toda junta.
El agua
participa. El aire participa. Los suelos participan. Los organismos participan. Los ecosistemas participan. El clima participa.
Y también
participa el ser humano. Por eso
apareció poco a poco una posibilidad:
reunir la mirada.
No reunir
todas las ciencias en una sola ni sustituir ninguna de ellas.
Preguntar
qué ocurre cuando los conocimientos que ya poseemos se observan también desde
el punto de vista de aquello que permite que la Vida permanezca.
Así fue
apareciendo lo que en estas páginas llamamos:
LA CIENCIA DE LA CONTINUIDAD
DE LA VIDA
Una ciencia
que no pretende decir a las demás lo que deben investigar. Pretende formular una pregunta
transversal:
¿Cómo
podemos integrar nuestro conocimiento para favorecer la continuidad y el
despliegue de la Vida sobre la Tierra?
La pregunta
parece sencilla. Sus consecuencias
no lo son. Porque inmediatamente
obliga a volver al fundamento.
MADRE TIERRA
Antes de
nuestras ciudades estaba la Tierra. Antes
de nuestras economías estaba la Tierra.
Antes de nuestros sistemas políticos, nuestras fronteras, nuestras
instituciones, nuestras tecnologías y nuestras ciencias, estaba la Tierra.
Y nosotros
mismos hemos podido aparecer porque previamente existían unas condiciones
capaces de sostener la Vida.
No hemos
creado el aire que hizo posible nuestra primera respiración. No hemos creado el agua de la que depende
nuestro organismo. No hemos creado
el suelo, los ciclos naturales ni la larguísima historia biológica de la que
procedemos.
Hemos
llegado a una realidad que ya estaba funcionando.
Por eso Madre
Tierra no aparece aquí únicamente como una expresión afectiva. Representa el fundamento.
El lugar y
el sistema vivo dentro del cual nuestra propia existencia se hace posible.
Y desde ahí
cambia nuestra posición. Ya no somos
únicamente quienes observan la Tierra.
Somos parte de aquello que estamos observando.
No somos
propietarios absolutos de una realidad creada por nosotros. Somos participantes temporales de una
historia muchísimo más antigua que nuestra presencia.
Y entonces
aparece la Continuidad.
No basta con
recibir la Vida. Hay que preguntarse
también en qué condiciones la entregaremos.
A quienes
todavía no han nacido. A nuestros
hijos. A nuestros nietos. A las generaciones que quizá nunca
conoceremos.
La
continuidad introduce el futuro dentro de las decisiones del presente. Y
propone una medida elemental:
¿Lo que
hacemos hoy deja más posibilidades de Vida o deja menos?
Pero durante
el recorrido apareció todavía otra cuestión.
Porque conservar la Vida no consiste únicamente en conservar las
condiciones exteriores que permiten nuestra supervivencia.
También tuvimos que preguntarnos:
¿Qué significa conservar al ser humano?
Y
descubrimos que tampoco el humano funciona por fragmentos.
Cuerpo. Respiración. Alimentación. Descanso. Movimiento. Afectividad. Inteligencia. Memoria. Lenguaje. Creatividad. Relación. Cooperación. Conciencia. Libertad. Sentido. Naturaleza. Silencio. Amor.
No somos una
sola de esas dimensiones.
Somos su participación conjunta.
Entonces la
investigación se hizo todavía mayor.
Porque ya no bastaba con preguntar cuánto había avanzado la
civilización. Había que preguntar
también:
¿Qué ha
ocurrido con la unidad del ser humano mientras avanzábamos?
Cada gran conquista
humana desarrolló capacidades extraordinarias. Y gracias a ellas estamos aquí. No se trata, por tanto, de condenar la
civilización ni de regresar al pasado.
No queremos volver al pasado. Queremos volver al
equilibrio.
Queremos
conservar todo aquello que verdaderamente ha mejorado la Vida y, al mismo
tiempo, atrevernos a observar si alguna dimensión fundamental del ser humano o
de la Tierra ha quedado silenciosamente relegada durante el camino.
De ahí nace
otra de las preguntas centrales de esta obra:
¿Qué ganamos
y qué equilibrio modificamos cada vez que avanzamos?
Porque una
ganancia puede ser verdadera y, simultáneamente, producir un coste que sólo
descubrimos mucho después.
La
inteligencia consiste entonces no en renunciar a avanzar, sino en aprender a
avanzar observando el conjunto.
Y aquí las
piezas comenzaron a ocupar su lugar:
MADRE TIERRA
— el fundamento.
LA CIENCIA —
el método para observar y comprender.
LA
CONTINUIDAD — el criterio para orientar.
EL
EQUILIBRIO — la medida del conjunto.
Y el ser
humano, dentro de todo ello, no como dueño exterior del proceso, sino como una
forma extraordinaria de Vida dotada de conciencia, inteligencia,
responsabilidad y capacidad de elección.
Por eso este
libro no ofrece una conclusión cerrada. Hace justamente lo contrario.
Abre una investigación.
Invita a
científicos, educadores, médicos, agricultores, economistas, tecnólogos,
juristas, políticos, padres, jóvenes, mayores y a cualquier ser humano a
introducir una pregunta más dentro de aquello que ya sabe y hace:
¿Contribuye esto a la continuidad de la Vida?
Y después otra:
¿Contribuye a que el ser humano continúe siendo
plenamente humano?
Quizá no
necesitemos comenzar inventando respuestas. Quizá necesitemos comenzar haciendo
mejores preguntas.
Observar. Agrupar. Relacionar. Comprender.
Y sólo
después decidir.
Porque la
finalidad no es detener el desarrollo humano. Es algo mucho más difícil y,
probablemente, mucho más hermoso:
continuar avanzando sin destruir el suelo que permite
avanzar.
Conservar
sin inmovilizar. Transformar sin
arrasar. Desarrollar sin fragmentar.
Conocer sin
olvidar para qué queremos conocer.
Y transmitir
a quienes vienen detrás no solamente nuestras máquinas, nuestras ciudades,
nuestros descubrimientos y nuestras construcciones, sino aquello sin lo cual
nada de eso tendría sentido:
una Tierra viva y una humanidad capaz de seguir siendo
plenamente humana dentro de ella.
Ése es el
territorio que estas páginas comienzan a explorar.
No una ciencia
contra las demás. Sino una pregunta
dirigida a todas ellas.
No una
respuesta definitiva. Sino una
brújula.
Y quizá la
pregunta más sencilla que podamos llevar con nosotros mientras continuamos
caminando:
¿ESTO
FAVORECE LA CONTINUIDAD DE LA VIDA?
Creo que éste
ya abre el libro desde el lugar correcto. Está muy pegado a lo que
realmente ha nacido en el recorrido: la obra define esta ciencia como
integración del conocimiento para orientar decisiones hacia la continuidad de
la vida, y posteriormente amplía la mirada hasta la arquitectura humana, la
Tierra y el equilibrio.
Y he querido
conservar una cosa esencial: no presentar la Ciencia de la Continuidad como
sustituta de las ciencias existentes. El propio trabajo dice expresamente
«No sustituye a las demás. Las completa», y formula su método como observar,
relacionar, evaluar y orientar.
Después de
éste, la INTRODUCCIÓN sí puede ser más estructurada y casi cartográfica:
“de dónde partimos → qué descubrimos → por qué aparece Madre Tierra → cómo
llegamos al humano → cómo aparece el equilibrio → qué va a encontrar el
lector”. Ahí podemos hacer una síntesis formidable de todo el libro sin repetir
este prólogo.
Sí. Ahí está
la diferencia: el prólogo explica por qué existe el libro; la introducción
debe enseñarnos el mapa antes de empezar a caminarlo.
Y además,
ahora tenemos ese mapa con bastante claridad: qué es el ser humano → qué
necesita para permanecer plenamente humano → qué enseña Madre Tierra → qué hizo
la civilización → qué coste pudo tener cada avance → qué recuperar → cómo
continuar avanzando sin perder la unidad. Ese recorrido aparece ya
formulado dentro del propio trabajo.
Yo haría la
introducción casi como si subiéramos a una montaña y dijéramos: «Mira: todo
esto es lo que vamos a recorrer.»
Podría
comenzar con una frase muy sencilla:
Este libro
es largo porque la Vida no cabe en una sola mirada.
Y desde ahí
desplegar el territorio, pero sin desarrollar todavía cada asunto. Una
verdadera cartografía de lectura.
Veo incluso
seis grandes territorios: MADRE TIERRA → VIDA → CIENCIA → CONTINUIDAD →
HUMANO → EQUILIBRIO, para desembocar finalmente en CONTINUAR. Porque
el propio libro termina encontrando esa brújula: Madre Tierra como fundamento,
Ciencia como método, Continuidad como orientación y Equilibrio como medida.
Y hay una
cosa que cuidaría mucho: que la introducción no parezca un índice explicado.
Tiene que contar el viaje. Que el lector comprenda cómo una pregunta llevó
inevitablemente a la siguiente, exactamente como nos ocurrió a nosotros.
INTRODUCCIÓN
El mapa de un recorrido
Este libro
es largo porque la Vida no cabe en una sola mirada.
Podemos
estudiar una célula, un organismo, un bosque, un océano, una especie, una
sociedad o un planeta.
Podemos
estudiar la alimentación, la salud, la energía, la economía, la tecnología, la
educación o el comportamiento humano.
Cada una de
esas miradas puede aportar conocimiento verdadero y necesario.
Pero la Vida
ocurre con todas ellas a
la vez. Ése es el
territorio que este libro intenta recorrer.
No partimos
de una teoría previamente construida.
Partimos de algo mucho más elemental:
estamos vivos.
Y si estamos
vivos, tuvo que existir antes que nosotros una realidad capaz de hacer posible
nuestra aparición.
Por eso el
primer territorio de este mapa es inevitable.
1. MADRE TIERRA
El
fundamento
Antes que
nosotros estaba la Tierra. No
llegamos a un espacio vacío.
Llegamos a
una realidad extraordinariamente compleja en la que ya existían agua,
atmósfera, suelos, temperaturas, ciclos, organismos, relaciones, equilibrios y
procesos capaces de sostener y transmitir la Vida.
Nosotros
aparecimos después.
Esto
modifica profundamente el punto desde el que observamos nuestra existencia. La Tierra no es solamente el escenario sobre
el que transcurre la historia humana.
Es una de sus condiciones de posibilidad.
Dependemos
de ella antes de comenzar a pensar sobre ella.
Respiramos
antes de comprender qué es el oxígeno.
Bebemos antes de conocer la composición del agua. Comemos antes de comprender los
ecosistemas que hacen posible el alimento.
Nuestro
organismo participa en ciclos que no hemos inventado. Por eso el recorrido comienza aquí.
Antes de
preguntarnos qué queremos hacer con la Tierra, necesitamos comprender qué hace la Tierra por la Vida y por
nosotros. Y cuando
comenzamos a observarla aparece inmediatamente el segundo territorio.
2. LA VIDA
Aquello que
hemos recibido
La Vida no
comenzó con nosotros.
Cada ser
humano que nace recibe una herencia que ninguna generación ha creado desde
cero.
Una
larguísima continuidad biológica ha tenido que atravesar innumerables cambios
para que hoy podamos estar aquí.
La semilla. El brote. El árbol. El fruto. La nueva semilla.
La Vida
permanece porque continúa.
Se
transforma, se adapta, coopera, compite, se reproduce, reorganiza sus
equilibrios y transmite posibilidades.
Entonces
aparece una evidencia sencilla:
estar vivos significa formar parte de una
continuidad anterior a nosotros.
Y esto
introduce una responsabilidad.
Porque
recibimos algo que no comenzó con nosotros y que puede continuar después de
nosotros.
La pregunta
deja entonces de ser únicamente: ¿Cómo vivimos?
Y aparece
otra: ¿Qué necesita la Vida para continuar?
Para
responderla necesitamos conocimiento.
Y así llegamos al tercer territorio.
3. LA CIENCIA
Aprender a
observar
La Ciencia
representa uno de los mayores esfuerzos humanos para acercarse honestamente a
la realidad.
Observa. Mide.
Compara. Contrasta. Formula hipótesis. Comprueba. Rectifica. Y vuelve a observar.
Su grandeza
no consiste únicamente en acumular respuestas. Consiste también en estar dispuesta a
corregirse cuando la realidad demuestra que una respuesta era incompleta.
Gracias a
este procedimiento hemos podido ampliar extraordinariamente nuestro
conocimiento.
Pero ese
mismo crecimiento nos ha proporcionado una capacidad de intervención que
ninguna generación anterior poseyó en semejante grado.
Podemos
hacer más. Modificar más. Construir más. Extraer más. Producir más. Desplazarnos más.
Intervenir
sobre procesos naturales y humanos con una capacidad creciente.
Y entonces
la propia Ciencia nos conduce hacia una pregunta que ya no es solamente
científica en sentido especializado, sino profundamente humana:
¿Qué hacemos con todo lo que ahora sabemos
hacer?
No se trata
de detener el conocimiento. Se trata
de orientarlo. Y así aparece el
siguiente territorio.
4. LA CONTINUIDAD
Una nueva
medida
Durante
mucho tiempo una de las grandes preguntas humanas fue:
¿Es posible?
La Ciencia
de la Continuidad de la Vida propone añadir otra:
Si es posible, ¿favorece la continuidad de la
Vida?
Esta
pregunta no sustituye a ninguna ciencia.
Las atraviesa.
Puede
formularse ante una decisión económica.
Ante una innovación tecnológica.
Ante una política agrícola. Ante
una intervención sanitaria. Ante una
forma de producir energía. Ante una
ciudad. Ante una guerra. Ante un sistema educativo. Ante
una nueva capacidad científica. Ante
cualquier decisión cuyas consecuencias puedan afectar a las condiciones que
permiten continuar viviendo.
Entonces el
progreso empieza a disponer de una medida adicional. No solamente:
¿cuánto produce? ¿cuánto
cuesta?
¿cuánto tarda? ¿qué rendimiento ofrece?
También:
¿qué conserva? ¿qué deteriora?
¿qué riesgo introduce? ¿qué posibilidades deja abiertas?
¿qué recibirán quienes vengan después?
La
Continuidad introduce el mañana dentro de nuestras decisiones de hoy.
Y desde aquí
la investigación parecía poder dirigirse directamente hacia la Tierra y sus
ecosistemas. Pero apareció una
pregunta inesperada.
¿Qué es exactamente aquello que queremos que
continúe?
Naturalmente,
la Vida. Pero dentro de ella también
está el ser humano. Y entonces
tuvimos que mirarnos.
5. EL SER HUMANO
Volver a
reconocer la unidad
¿Qué es un ser
humano?
La pregunta
parece demasiado elemental. Precisamente
por eso resulta fácil pasar por encima de ella.
Podemos
definir al humano por su inteligencia.
Por su lenguaje. Por su
capacidad técnica. Por su conciencia. Por su sociabilidad. Por su creatividad.
Pero ninguna
de esas facultades, tomada aisladamente, contiene al ser humano completo.
El humano llega como una unidad viva.
Tiene
cuerpo. Necesita respirar. Necesita agua y alimento. Necesita movimiento y descanso. Tiene afectividad.
Percibe. Recuerda. Aprende. Piensa.
Imagina. Crea.
Se relaciona. Coopera. Necesita pertenecer. Puede contemplar.
Puede
preguntarse por sí mismo. Puede
buscar sentido.
Y todas
estas dimensiones forman parte de un mismo organismo humano. Entonces apareció otra pregunta decisiva:
¿Han evolucionado todas nuestras capacidades
manteniendo entre ellas una relación equilibrada?
La historia
humana muestra un desarrollo extraordinario.
Hemos
multiplicado algunas de nuestras capacidades hasta extremos que durante
milenios habrían parecido imposibles.
Pero quizá
precisamente por ello debamos preguntarnos si otras dimensiones recibieron la
misma atención.
No para
condenar lo conseguido. No para
regresar a ninguna época anterior. Sino
para comprobar qué
ocurrió con el conjunto mientras desarrollábamos extraordinariamente algunas de
sus partes.
Así comenzó
otro recorrido dentro del recorrido.
6. LA CIVILIZACIÓN
Lo que
fuimos añadiendo
El ser
humano no se limitó a adaptarse al medio.
Lo transformó. Construyó herramientas. Cultivó. Domesticó. Almacenó. Levantó poblados. Creó ciudades. Organizó intercambios. Inventó monedas. Estableció leyes. Desarrolló instituciones. Construyó máquinas. Creó industrias. Extendió redes de comunicación.
Y finalmente
construyó un mundo humano extraordinariamente complejo entre él y la realidad
natural de la que continúa dependiendo.
Cada uno de
esos pasos proporcionó posibilidades.
Muchos
resolvieron problemas reales. Otros
redujeron sufrimiento. Algunos
ampliaron enormemente nuestra libertad de acción.
Por eso este
libro no propone una historia de culpables.
Propone algo diferente:
una historia de equilibrios.
Ante cada
gran avance podemos formular dos preguntas simultáneamente:
¿Qué ganamos?
y
¿qué pudo quedar relegado?
La
sedentarización permitió unas cosas y modificó otras. La ciudad permitió unas cosas y modificó
otras. El dinero permitió unas cosas
y modificó otras. La
industrialización permitió unas cosas y modificó otras. La tecnología permite unas cosas y
modifica otras.
No
necesitamos escoger entre glorificar o condenar. Podemos observar.
Y al hacerlo
aparece un fenómeno especialmente importante.
Cada época
alimenta determinadas capacidades humanas con mayor intensidad.
La nuestra
ha desarrollado de manera extraordinaria la velocidad, la comunicación, la
producción, el cálculo, la especialización y la capacidad técnica.
Entonces podemos preguntar serenamente:
¿ha crecido en la misma proporción nuestra
capacidad para descansar?
¿para contemplar?
¿para permanecer en silencio?
¿para escuchar?
¿para relacionarnos profundamente?
¿para sentirnos pertenecientes a la Vida?
¿para conservar una relación directa con la
naturaleza?
No se trata
de responder anticipadamente. Se
trata de permitir que la pregunta exista.
Porque quizá
una civilización pueda desarrollar extraordinariamente al ser humano en
determinadas direcciones mientras otras partes de ese mismo ser humano reciben
cada vez menos alimento.
Y entonces
llegamos al siguiente territorio.
7. LA UNIDAD HUMANA
No basta
con funcionar
Comer es
indispensable. Pero el ser humano no
necesita solamente comer.
Dormir es
indispensable. Pero tampoco basta
con dormir.
Trabajar
puede ser necesario. Aprender es
necesario. Relacionarnos es
necesario. Mover el cuerpo es
necesario. Sentirnos vinculados es
necesario.
Crear,
descubrir, participar, descansar, contemplar y encontrar algún sentido también
forman parte de esa extraordinaria arquitectura que llamamos ser humano.
Entonces
aparece una distinción fundamental:
funcionar no es necesariamente vivir
plenamente.
Una sociedad
puede conseguir que millones de personas funcionen con extraordinaria eficacia
y, sin embargo, dejar insuficientemente atendidas algunas dimensiones humanas
fundamentales.
Por eso la
Ciencia de la Continuidad de la Vida amplía otra vez su pregunta. Ya no basta con decir:
¿Continuará existiendo el ser humano?
Necesitamos
añadir:
¿Podrá continuar existiendo como un ser
plenamente humano?
Aquí la
Continuidad y la Unidad se encuentran.
Porque
conservar al ser humano significa también conservar las condiciones que
permiten que sus distintas dimensiones puedan participar armónicamente en la
Vida. Y entonces apareció la
palabra que terminaría uniendo gran parte de este recorrido.
8. EL EQUILIBRIO
La medida
Equilibrio
no significa inmovilidad. Un árbol
está en equilibrio mientras crece. Un
organismo está en equilibrio mientras intercambia continuamente materia y
energía con su entorno. La Tierra
está atravesada por procesos, transformaciones y ciclos. La Vida nunca permanece porque todo esté
quieto.
Permanece porque innumerables procesos
consiguen seguir relacionándose
sin destruir las condiciones que permiten al conjunto continuar.
Por eso el
equilibrio no aparece aquí como una invitación a detenernos.
Aparece como
una medida. Podemos cambiar. Podemos crear. Podemos desarrollar nuevas tecnologías. Podemos aumentar nuestro conocimiento. Podemos transformar nuestra organización. Pero podemos preguntar mientras lo
hacemos:
¿qué equilibrio estamos modificando?
¿qué parte fortalecemos?
¿qué parte debilitamos?
¿qué necesitamos compensar?
¿qué debemos conservar?
Así comienza
a dibujarse la brújula de todo el libro:
MADRE
TIERRA nos recuerda el fundamento.
LA
VIDA nos muestra el proceso.
LA
CIENCIA nos proporciona el método para observar.
LA
CONTINUIDAD ofrece una dirección.
EL
SER HUMANO introduce conciencia, responsabilidad y capacidad de elección.
EL
EQUILIBRIO permite observar el resultado sobre el conjunto.
Y entonces
podemos volver a mirar nuestra civilización desde otro lugar.
9. NO REGRESAR
Reconducir
Nada de lo
anterior conduce necesariamente hacia atrás.
Éste es un punto fundamental.
La cuestión
no es renunciar a la medicina moderna porque nuestros antepasados no la
poseían. Ni abandonar las ciudades. Ni eliminar la tecnología. Ni idealizar formas antiguas de existencia
que también contenían dificultades enormes.
El camino
que propone este libro es otro:
conservar lo conquistado y recuperar lo
olvidado.
Si una
tecnología mejora verdaderamente la Vida, conservarla. Si una organización protege a las
personas, fortalecerla. Si un
conocimiento evita sufrimiento, desarrollarlo. Si un avance amplía posibilidades sin
destruir las bases que las hacen posibles, celebrarlo.
Pero si
durante ese desarrollo descubrimos un coste innecesario, corregirlo.
Si una
capacidad humana ha quedado relegada, volver a alimentarla.
Si una
construcción que debía servirnos comienza a gobernarnos, revisarla.
Si una forma
de progreso deteriora aquello que necesitaremos mañana, reconducirla.
Por eso la
propuesta no es regresar. Es mucho más
exigente:
seguir avanzando con mayor conciencia del
conjunto.
10. LA CIENCIA MADRE
Volver a
reunir
Al final de
este recorrido aparece una posibilidad todavía mayor.
Sabemos
muchísimo sobre partes del ser humano.
Sabemos muchísimo sobre partes de la Tierra. Sabemos muchísimo sobre procesos
concretos.
Pero quizá
necesitemos también una ciencia dedicada a observar cómo cooperan todas esas partes para hacer
posible la continuidad de una Vida plenamente humana dentro de una Tierra viva.
Una ciencia que
pueda preguntar:
¿Qué necesita el cuerpo?
¿Qué necesita la afectividad?
¿Qué necesita la inteligencia?
¿Qué necesitan las relaciones?
¿Qué necesita la conciencia?
¿Qué necesita nuestra pertenencia a la
Tierra?
¿Cómo cooperan todas esas dimensiones?
¿Qué ocurre cuando alguna queda desatendida?
¿Y cómo afectan nuestras construcciones al
equilibrio del conjunto?
Ésta sería
una Ciencia Madre no porque estuviera por encima de las demás.
Sino porque las volvería a reunir alrededor de aquello que todas
presuponen: que exista Vida capaz de continuar.
Su resultado
no podría medirse únicamente en producción, eficacia o crecimiento. Tendría que preguntarse también:
¿Puede el ser humano vivir como una unidad?
¿Puede participar plenamente en la Vida y no
limitarse a mantenerse funcionando?
¿Está nuestro conocimiento ayudándonos a
seguir vivos, enteros, conscientes y en cooperación con la realidad que nos
sostiene?
11. EL MAPA COMPLETO
Desde dónde
vamos a mirar
Ahora
podemos contemplar el territorio entero.
MADRE
TIERRA es el fundamento que
no hemos creado.
VIDA es el proceso del que
hemos surgido.
CIENCIA es nuestra extraordinaria herramienta
para conocer la realidad.
CONTINUIDAD es la pregunta que incorpora el
mañana.
SER
HUMANO es la unidad viva que participa
conscientemente en ese proceso.
CIVILIZACIÓN es la enorme construcción que hemos
levantado para ampliar nuestras posibilidades.
EQUILIBRIO es la medida que permite comprobar qué
ocurre con el conjunto.
Y finalmente:
CONTINUAR
Porque ésa
es la cuestión.
No solamente
sobrevivir. No solamente producir. No solamente progresar. No solamente conocer. Continuar.
Continuar la
Vida. Continuar la Tierra habitable. Continuar el conocimiento. Continuar aprendiendo. Continuar corrigiendo. Continuar creando. Continuar transmitiendo.
Y continuar
siendo humanos mientras hacemos todo ello.
Éste es el
mapa.
Las páginas
siguientes recorrerán sus caminos, sus preguntas, sus dudas, sus posibilidades
y también sus contradicciones.
No es
necesario aceptar de antemano ninguna conclusión. Solamente se propone al lector algo mucho
más sencillo:
mirar.
Mirar la
Tierra. Mirar la Vida. Mirar lo que hemos construido.
Mirarnos a
nosotros mismos. Y mantener
abierta, durante todo el recorrido, una pregunta:
¿LO QUE ESTAMOS
HACIENDO AYUDA A QUE LA VIDA CONTINÚE Y A QUE EL SER HUMANO PUEDA CONTINUAR
SIENDO PLENAMENTE HUMANO?
Si esa
pregunta permanece viva mientras avanzamos por estas páginas, el recorrido ya
habrá comenzado.
Esta sí me
parece la cartografía
que faltaba. Y está muy asentada en el propio desarrollo del
trabajo: el texto termina definiendo el recorrido precisamente como qué es el humano → qué necesita → qué
enseña Madre Tierra → qué hizo la civilización → qué coste tuvo el avance → qué
recuperar → cómo seguir avanzando sin perder la unidad.
Además, he
mantenido como columna vertebral algo que el material formula con enorme
claridad: Madre Tierra =
fundamento; Ciencia = observación; Continuidad = orientación; Equilibrio =
medida. Y el cierre hacia una posible Ciencia Madre también
está ya dentro del texto: estudiar qué necesita cada dimensión humana, cómo
cooperan y cómo las construcciones humanas afectan al equilibrio del conjunto.




