JUNG
PASEANDO
Desde Madre Tierra
Carl Gustav
Jung encontró algo que no quiso apartar de la mesa.
Acontecimientos
que, sin mostrar una relación causal conocida, aparecían unidos por un
significado extraordinario para quien los vivía.
Los observó. Los pensó. Los interrogó.
Y les dio un
nombre: SINCRONICIDAD.
Podríamos quedarnos
ahí.
Podríamos
estudiar a Jung, explicar su concepto, recorrer sus ejemplos, discutir sus
hipótesis y añadir nuevas interpretaciones a las muchas que han aparecido
después.
Pero éste no
es ese libro.
En JUNG PASEANDO hemos elegido hacer
otra cosa.
Hemos
abierto la puerta.
Y hemos
salido.
Porque antes
de preguntarnos qué significa una sincronicidad quizá exista una pregunta
todavía más sencilla:
¿DÓNDE
ESTÁ OCURRIENDO?
Un
acontecimiento ocurre. Otro
acontecimiento ocurre.
Y un ser
humano descubre entre ambos una correspondencia que le sorprende.
Pero ese ser
humano no observa la realidad desde fuera.
Está vivo. Respira.
Bebe. Come. Duerme.
Recuerda.
Sueña. Siente.
Interpreta. Tiene una biografía.
Depende de
unas condiciones.
Y todo ello
ocurre dentro de una realidad mucho mayor que él:
MADRE
TIERRA.
Ése será
nuestro punto de partida.
No vamos a
negar la sincronicidad.
Tampoco
vamos a creer en ella por obligación.
No vamos a
convertir Madre Tierra en un inmenso oráculo dispuesto a contestar nuestras
preguntas.
Y tampoco
vamos a cerrar los ojos cuando ocurra algo que no sepamos explicar.
Vamos a
intentar algo quizá más difícil:
MIRAR.
Mirar antes
de interpretar.
Preguntar
antes de responder.
Distinguir
el acontecimiento de la explicación.
Separar
información, significado, símbolo, correspondencia y mensaje.
Aceptar la
causalidad cuando podamos reconocerla.
Aceptar la
casualidad cuando sea suficiente.
Y conservar
también un lugar digno para aquello ante lo que todavía tengamos que decir:
NO
SÉ.
Jung abrió
una puerta.
No
necesitamos quedarnos contemplándola.
Podemos
atravesarla.
Eso es lo
que vamos a hacer.
Vamos a
sacar la sincronicidad a pasear.
Y veremos
hasta dónde llega.
ANTES DE LA SINCRONICIDAD
Hay una
tendencia profundamente humana a comenzar por el significado.
Ocurre algo
inesperado y preguntamos:
¿QUÉ
SIGNIFICA?
Una
coincidencia nos sorprende.
Un sueño
parece anticipar un acontecimiento.
Pensamos en
alguien y aparece.
Una frase
llega en un momento preciso.
Un símbolo
se repite.
Una
situación exterior parece corresponder misteriosamente con algo que está
ocurriendo dentro de nosotros.
Y comenzamos
a interpretar.
Este libro
propone detenernos un instante antes.
No para
impedir la interpretación.
Sino para
colocar primero el suelo debajo de nuestros pies.
Antes de
preguntar: ¿QUÉ SIGNIFICA?
preguntemos: ¿QUÉ HA OCURRIDO?
Y todavía
antes: ¿DÓNDE ESTÁ OCURRIENDO?
Ahí comienza
nuestro paseo.
El ser
humano que experimenta una posible sincronicidad no es únicamente una
conciencia observando dos acontecimientos.
Es un
organismo vivo. Tiene cuerpo. Tiene necesidades.
Tiene
memoria. Tiene emociones. Tiene una historia.
Ha
aprendido. Ha olvidado. Ha seleccionado.
Ha
interpretado. Tiene expectativas,
temores y deseos.
Presta
atención a unas cosas y deja pasar miles.
Duerme y
sueña. Vive de día y de noche.
Está rodeado
de otros seres humanos, animales, plantas, sonidos, movimientos, ciclos y
cambios.
Y depende
continuamente de una realidad que no ha construido.
ANTES
DE JUNG ESTÁ EL SER HUMANO VIVO.
Y antes de
cualquiera de nuestras teorías está:
MADRE
TIERRA.
Este
desplazamiento aparentemente pequeño modifica toda la investigación.
Porque
entonces una señal deja de ser inmediatamente una señal.
Primero es:
UN
ACONTECIMIENTO.
Un pájaro es
primero un pájaro. Un árbol es
primero un árbol.
La lluvia es
primero lluvia. Un sueño es
primero un sueño.
Una
coincidencia es primero algo que ha ocurrido.
Después
podremos preguntar qué relación tiene con nosotros.
Podremos
emocionarnos.
Podremos
encontrar significado.
Podremos
formular hipótesis.
Incluso
podremos preguntarnos si estamos ante algo para lo que todavía no conocemos una
explicación suficiente.
Pero lo
haremos después.
PRIMERO
EXISTENCIA.
Después: INTERPRETACIÓN.
Esta
distinción será fundamental durante todo el recorrido.
Porque que
dos cosas estén relacionadas no significa necesariamente que una haya ocurrido
para comunicar algo a la otra.
Que algo me
informe no significa que haya sido enviado para informarme.
Que un
acontecimiento adquiera significado dentro de mi biografía no demuestra que
haya ocurrido para mí.
Y que
todavía no conozcamos una causa tampoco demuestra que no exista.
Por eso
necesitaremos una palabra que aparecerá muchas veces:
PONDERAR.
No negar
demasiado pronto. No afirmar
demasiado pronto.
Dejar que
cada cosa llegue hasta donde realmente pueda llegar.
Así iremos
encontrándonos con la atención, la memoria, la biografía, los sueños, los
símbolos, las correspondencias, el azar, la causalidad, lo desconocido y
finalmente también con la astrología.
No porque
hayamos decidido de antemano que todo está unido de una determinada manera.
Sino porque
la propia pregunta irá abriendo caminos.
Y tendremos
que aprender también a cerrarlos cuando no conduzcan a ninguna parte.
De ahí irá
naciendo poco a poco una pequeña disciplina:
OCURRIR
↓
PERCIBIR
↓
REGISTRAR
↓
INTERPRETAR
↓
CONTRASTAR
↓
RECTIFICAR
↓
CONTINUAR
No es una
fórmula para descubrir sincronicidades.
Es una
manera de intentar no fabricarlas.
Y también
una manera de no destruir demasiado pronto aquello que todavía no comprendemos.
Quizá
entonces podamos acercarnos nuevamente a Jung.
No para
preguntarle: ¿TENÍAS RAZÓN?
Sino para
hacer algo mucho más fértil: MIRA, JUNG.
Casi un
siglo después seguimos delante de la puerta que abriste.
Tenemos
nuevos conocimientos. Nuevas
herramientas.
Nuevas
preguntas. Y seguimos sin saberlo
todo.
Salgamos a
caminar.
DESPUÉS
DEL PASEO
Empezamos
con una palabra:
SINCRONICIDAD.
Parecía que
íbamos a estudiar una clase particular de acontecimientos.
Y comenzamos
a caminar.
Pero el
camino fue ensanchándose.
Apareció el
cuerpo. La atención. La percepción.
La memoria. La biografía. La noche.
Los sueños. Los símbolos. Las coincidencias.
La
causalidad. El azar. Lo desconocido.
La
astrología. El cielo. Madre Tierra.
Y finalmente
apareció algo todavía mayor:
NUESTRO
LUGAR DENTRO DE TODO ELLO.
Quizá ése
haya sido el verdadero recorrido.
No hemos
necesitado destruir a Jung.
No hemos
necesitado destruir la sincronicidad.
No hemos
necesitado expulsar el misterio.
Tampoco
hemos tenido que protegerlos.
Los hemos
dejado caminar.
Y cada cosa
ha ido recuperando su tamaño.
También
nosotros.
Porque el
ser humano no necesita ser el centro de la realidad para tener importancia.
Pero tampoco
necesita convertirse en una mota insignificante.
Puede
reconocerse como algo mucho más sencillo:
PARTE.
Una parte
viva. Dependiente. Relacionada. Limitada.
Capaz de
recibir información. Capaz de
aprender.
Capaz de
equivocarse. Capaz de rectificar. Y con posibilidades.
Por eso una
de las conclusiones más importantes de este recorrido quizá sea precisamente
que no necesitamos
concluir demasiado.
Una
coincidencia extraordinaria puede seguir siendo extraordinaria sin convertirse
inmediatamente en una explicación del universo.
Un
acontecimiento puede impresionarnos sin transformarse automáticamente en
mensaje.
Una
experiencia puede adquirir un enorme significado para nuestra vida sin que
tengamos que demostrar que fue enviada para nosotros.
Y algo puede
permanecer sin explicación.
NO
SÉ.
Al principio
esas dos palabras podían parecer una derrota.
Ahora ya no.
Después de
este paseo, NO SÉ
puede significar: he mirado. he preguntado. he contrastado. he descartado lo que he podido descartar. y todavía no sé. Perfecto.
La pregunta
puede continuar abierta.
Ésa quizá
sea una de las mayores libertades que hemos encontrado.
Madre Tierra
no tiene que contestarnos continuamente.
El pájaro
puede ser pájaro.
El árbol
puede ser árbol.
La lluvia
puede ser lluvia.
El río puede
seguir su curso sin haber sido colocado allí para explicarnos nuestra vida.
Y
precisamente entonces podemos empezar a escucharlos mejor.
Porque hemos
dejado de exigirles que hablen de nosotros.
También Jung
puede descansar de una obligación que nunca debimos imponerle:
EXPLICARLO
TODO.
Observó. Pensó.
Nombró. Abrió una puerta.
Eso ya es
muchísimo.
Nosotros
hemos atravesado esa puerta y hemos encontrado un territorio mucho mayor que la
palabra que nos permitió entrar.
Y después de
todo el recorrido seguimos sin poseer el mapa completo.
Pero quizá
ahora sabemos caminar un poco mejor.
Sabemos que
el mapa puede equivocarse.
Que el
terreno tiene derecho a corregirlo.
Que una
teoría debe poder recibir un NO.
Que una
interpretación no puede ocupar más realidad de la que consigue justificar.
Y que
rectificar no significa perder el camino.
Muchas veces
significa: VOLVER A ÉL.
Por eso la
sincronicidad queda abierta.
No como
dogma.
No como
superstición.
No como
explicación universal.
No como algo
que debamos negar para sentirnos seguros.
Queda
nuevamente como lo que quizá nunca debió dejar de ser: UNA
PREGUNTA.
Una pregunta
suficientemente importante como para seguir investigándola. Y suficientemente abierta como para no
encarcelarla todavía en una respuesta.
Después de
tantas páginas podemos dejar los libros por un momento.
Salir. Mirar el cielo. Notar la temperatura. Escuchar el cuerpo.
Ver pasar un
pájaro sin exigirle nada.
Y permanecer
allí.
Sin tener
que convertir inmediatamente el mundo en explicación.
El ser
humano puede sencillamente decir:
ESTOY VIVO. PERTENEZCO. DEPENDO.
TENGO POSIBILIDADES. NO SÉ TODO.
Puede
permanecer de pie. Sobre Madre
Tierra.
Mirar. Preguntar. No saber. Y continuar.
Porque
después de todo lo que hemos recorrido queda todavía algo extraordinario:
MAÑANA.

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