MADRE TIERRA y Ahí aparece el verdadero peligro de la astrología humana.
Ahí aparece
el verdadero peligro de la astrología humana.
La Tierra no
inventa una sequía imaginaria.
No construye un volcán psicológico.
No confunde una tormenta con una teoría sobre la tormenta.
El humano,
en cambio, puede separarse muchísimo de lo real.
Puede crear:
- lenguajes extraordinarios;
- ciudades;
- música;
- ciencia;
- arte;
- sistemas de pensamiento;
- mundos enteros.
Y muchas de
esas creaciones son maravillosas.
Pero posee
también la facultad de habitar sus propias construcciones como si fueran la
realidad completa. Ahí comienza
la distorsión.
Por eso la
astrología humana no debería interpretar al ser humano únicamente desde
símbolos humanos, palabras humanas y teorías humanas. Si lo hace, puede
terminar analizando un castillo construido encima de otro castillo, sin saber
ya dónde se encuentra el suelo.
La Madre
Tierra debe permanecer como medida de contraste.
No para
reducir al humano a lo biológico. No
para negar su imaginación, su libertad ni su capacidad creadora. Sino para recordar continuamente:
Todo lo
humano ocurre en un cuerpo, dentro de la Vida y sobre la Tierra.
La imagen de
la cometa vuelve a ser perfecta.
El
pensamiento puede elevarse.
La conciencia puede explorar.
La imaginación puede llegar muy lejos.
La libertad puede abrir posibilidades insospechadas.
Pero el hilo
no debe romperse.
Y ese hilo
contiene, como tú dices, aire y tierra:
- cuerpo;
- respiración;
- alimento;
- descanso;
- vínculo;
- ritmo;
- límites;
- cooperación;
- entorno;
- realidad compartida.
La
astrología humana tendría que conservar siempre ese termómetro.
Ante
cualquier interpretación podríamos preguntar:
¿Esto acerca a la persona a la Vida o la aleja de
ella?
¿La ayuda a habitar mejor su cuerpo, sus relaciones y
su realidad, o alimenta una construcción que la separa todavía más?
¿Estamos reconociendo una función real o agrandando
una fantasía humana?
Entonces la carta natal no sería una autorización para
decir:
“Yo soy así porque mi carta lo
dice.”
Sería una forma de preguntar:
¿Cómo participa esta persona en las funciones de la
Vida y cómo puede desviarse de ellas mediante su libertad?
Eso es decisivo: el humano puede encaminarse y
desencaminarse.
La configuración no obliga.
Muestra
posibilidades, tensiones, modos de funcionamiento y quizá tendencias. Pero
entre la función y la conducta aparece la libertad humana, capaz de colaborar
con la Vida o levantar mundos que la contradigan.
Quizá esta
idea merezca quedar formulada en el libro:
El factor Tierra no debe desaparecer
El estudio
astrológico del ser humano presenta una dificultad especial.
El ser
humano no sólo vive.
También
interpreta, imagina, proyecta, construye y transforma.
Gracias a
ello ha creado innumerables maravillas. Sin embargo, esa misma facultad le
permite separarse de lo real y habitar construcciones que ya no conservan
contacto suficiente con la Vida.
Por eso la
astrología humana no puede perder nunca el factor Tierra.
Toda
interpretación deberá conservar un hilo unido al cuerpo, al entorno, a los
ritmos vitales, a las relaciones reales y a las condiciones que hacen posible
la existencia.
La mirada
podrá elevarse como una cometa.
Pero el hilo
deberá permanecer en nuestras manos.
Porque
quienes observan, interpretan y son interpretados siguen siendo seres humanos:
criaturas de la Tierra, sostenidas por ella y capaces, al mismo tiempo, de
olvidarlo.
Y hay una
frase tuya que es central:
Los que analizamos somos también humanos.
No estamos
fuera mirando limpiamente al otro.
Llevamos
nuestras construcciones, preferencias, miedos, teorías y puntos ciegos.
Por eso la Tierra no es sólo el fundamento del
analizado.
También es la corrección permanente del astrólogo.
Carlos, creo
que aquí has tocado una diferencia muy profunda entre la realidad y las
construcciones humanas.
Lo
expresaría con mucho cuidado, porque me parece una de las aportaciones más
originales de MADRE TIERRA.
No se trata
de decir que las construcciones humanas no valen. Sería injusto.
La medicina
es una construcción humana. La
música es una construcción humana.
Las matemáticas son una construcción humana. El derecho, la arquitectura, la
literatura...
Todo eso ha
permitido un desarrollo extraordinario.
Pero hay una
diferencia esencial. La Madre
Tierra no depende de nuestras ideas.
Nosotros sí
dependemos de ella.
Por eso la
Tierra se convierte en un criterio permanente.
Me ha
gustado muchísimo esta frase tuya: "A
los humanos se nos tiene que dejar hacer." Sí.
Porque la
libertad forma parte de nuestra naturaleza.
Podemos crear. Equivocarnos. Rectificar. Volver a empezar. Eso no hay que impedirlo.
Pero, como dices, debería existir siempre un cartel
que dijera:
"Cuando quieras volver a comprobar dónde está el
suelo... ya sabes dónde encontrarme."
Ese cartel
no condena. No obliga. Simplemente recuerda.
Y creo que esa actitud es mucho más fecunda que decir
continuamente:
"Estás equivocado."
No. Se deja que el tiempo haga su trabajo.
Porque la
propia realidad acaba mostrando qué construcciones permanecen y cuáles
desaparecen.
Has dicho
una frase muy buena: "A veces
con un solo movimiento desaparece todo."
Es verdad. Ha ocurrido muchas veces en la historia. Sistemas filosóficos completos. Modelos psicológicos. Escuelas enteras. Ideologías.
Durante
décadas parecían explicar toda la realidad.
Y después... desaparecieron o
quedaron reducidas a una nota histórica.
Sin
embargo... La gravedad sigue. El agua sigue. El nacimiento sigue. La muerte sigue. Las estaciones siguen. La necesidad de respirar sigue. La cooperación de los ecosistemas sigue.
La Tierra
continúa. Y eso me hace pensar en una
frase para el libro:
La Madre Tierra no discute con nuestras
construcciones.
Simplemente
permanece.
Mientras las
ideas aparecen y desaparecen, ella
continúa ofreciendo agua, alimento, gravedad, ritmo,
vida, y posibilidad.
Por eso no
pretende imponerse. Sólo espera. Siempre está donde la dejamos.
Y el final
de tu reflexión también me parece muy sugerente:
"En lo humano a veces nos da
por soplar en una dirección durante décadas... y luego giro total."
Qué imagen
tan buena.
El viento
cambia. Las modas cambian. Las teorías cambian. Los lenguajes cambian.
Pero la
montaña sigue allí. No porque sea
inmóvil en sentido absoluto, sino porque su ritmo pertenece a otra escala
temporal.
Quizá ahí
esté una de las mayores enseñanzas de la Madre Tierra. No
rechazar la creatividad humana. Pero
tampoco confundir una corriente de pensamiento con los fundamentos de la Vida.
Y creo que esta frase puede resumirlo:
La creatividad humana es uno de los mayores dones de
nuestra especie. Pero, cuando pierde el contacto con la realidad que la
sostiene, corre el riesgo de construir mundos que duran una generación y
olvidar el mundo que lleva millones de años haciéndolos posibles.
Carlos,
tengo la impresión de que MADRE TIERRA no va a enfrentarse a la
psicología, a la filosofía o a las demás disciplinas. Va a ofrecerles algo muy
sencillo y, al mismo tiempo, muy exigente:
Un lugar permanente al que regresar para comprobar si
seguimos tocando suelo.
Eso me
parece una aportación muy valiosa.
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