LIBROS de BARBARIN I II III

martes, 6 de octubre de 2026

JUNG PASEANDO Sincronicidad Parte 1 Desde Madre Tierra


JUNG

PASEANDO

 Sincronicidad      Parte 1

Desde Madre Tierra

 

Pronunciamos la palabra y aparece Jung. Aparece la coincidencia significativa. Aparece un acontecimiento interior y otro exterior entre los cuales no encontramos una relación causal conocida. Aparece el significado. Aparece el misterio.

Todo ello puede permanecer.

Este libro no comienza intentando quitar nada.

Comienza haciendo algo mucho más sencillo:     PISAR.

Antes de preguntarnos qué significa una coincidencia, preguntamos dónde ocurre.

Antes de preguntarnos qué relación existe entre dos acontecimientos, preguntamos dentro de qué están ocurriendo ambos.

Antes de estudiar al observador, recordamos qué clase de ser es ese observador.

Respira.  Bebe.  Come.  Duerme.  Necesita determinadas temperaturas.

Tiene cuerpo, memoria, emoción, pensamiento, biografía.

Y depende.

No contempla Madre Tierra desde fuera.    Está dentro.

A partir de ahí, una palabra tan conocida como sincronicidad comienza lentamente a cambiar de posición.

No porque hayamos encontrado una explicación mejor.

No porque Jung estuviera equivocado.

Sino porque hemos ampliado el lugar desde el cual formulamos la pregunta.

Durante estas páginas aparecerán el ritmo, la cadencia, la repetición, el ciclo, el cambio, la señal, la anticipación y la correspondencia.

Aparecerá después el receptor humano.

Su atención.   Su emoción.    Su pensamiento.    Su memoria.

Su biografía.   Su consciente y su inconsciente.

Y llegará también la noche.

Porque el humano no deja de pertenecer a Madre Tierra cuando cierra los ojos.

Duerme.    Sueña.    Recuerda.    Recibe.     Continúa vivo.

Y solamente después de haber recorrido todo este camino llamaremos a Jung.

No para juzgarlo desde el presente.     No para desmontarlo.

Para invitarlo a salir nuevamente a caminar.

Quizá entonces descubramos que algunas coincidencias tienen explicaciones que antes desconocíamos.

Quizá otras procedan de nuestra atención, nuestra memoria o nuestra biografía.

Quizá confundamos alguna vez información con mensaje.

Quizá encontremos pertenencias donde antes veíamos acontecimientos separados.

Y quizá, después de haber retirado todo cuanto podamos explicar, permanezca delante de nosotros algo que todavía no comprendemos.

No pasa nada.     Podremos decir:    NO SÉ.    Y continuar mirando.

Este libro no pide creer.     Tampoco pide negar.

Propone algo bastante más difícil:    volver a mirar.

Pero esta vez con los pies en Madre Tierra.


Este libro comienza antes de la sincronicidad.

Puede parecer extraño.

Un libro dedicado a ella debería quizá empezar definiéndola.

Nosotros haremos lo contrario.

Antes de definir, caminaremos.

Porque la sincronicidad le ocurre a alguien. Y ese alguien está en algún lugar.

Ése será nuestro punto de partida.

Un ser humano se encuentra dentro de Madre Tierra. Depende del aire, del agua, del alimento, de determinadas temperaturas y del descanso. Vive sometido a ritmos y cambios. Tiene un organismo capaz de recibir mucha más información de la que alcanza su conciencia. Posee memoria. Tiene una biografía. Interpreta.

Por tanto, antes de preguntarnos:

¿QUÉ SIGNIFICA ESTO QUE ME HA OCURRIDO?

preguntaremos:

¿DÓNDE HA OCURRIDO?      ¿QUÉ ESTABA OCURRIENDO?

¿QUÉ INFORMACIÓN HABÍA?     ¿QUÉ PERCIBÍ?

¿QUÉ NO PERCIBÍ?      ¿QUÉ RECORDÉ?

¿QUÉ INTERPRETÉ?      ¿QUÉ AÑADIÓ MI BIOGRAFÍA?

¿Y QUÉ CONTINÚA SIN EXPLICACIÓN?

El camino exige paciencia.

Una bandada que cambia de dirección puede contener información sin estar enviándome un mensaje.

Una repetición merece ser observada, pero repetir no significa demostrar.

Una anticipación puede resultar extraordinaria, pero antes debemos preguntarnos cuánto del proceso futuro estaba ya en marcha.

Un sueño puede coincidir sorprendentemente con un acontecimiento posterior, pero antes de llamarlo premonición tendremos que reconstruir qué sabía, qué había recibido y qué podía haber captado aquel ser humano antes de dormir.

Nada de esto elimina el misterio.     Lo limpia.

Y así llegaremos finalmente a Jung.

Conservaremos su descubrimiento y sus preguntas. Pero introduciremos una nueva pregunta, extraordinariamente sencilla:    ¿EXTERIOR A QUÉ?

Un árbol está fuera de mi organismo.

Un acontecimiento puede suceder fuera de mí.

Pero ni el árbol, ni el acontecimiento, ni mi organismo, ni mi pensamiento están fuera de Madre Tierra.

Todos ocurren dentro.

Esto no demuestra que estén relacionados.

Pero tampoco permite comenzar suponiendo tranquilamente que son acontecimientos absolutamente independientes.

Ahí empieza nuestro verdadero trabajo.

No buscamos sustituir una explicación por otra.

Estamos cambiando la unidad de observación.

Y desde ese nuevo lugar volveremos a preguntar.

El peregrino ya está en el camino.

No necesita encontrar señales por todas partes.

Solo necesita algo mucho más elemental:

mirar,    escuchar,    recordar,    registrar,   comparar,    rectificar

y continuar andando.


Llegamos al final de este primer recorrido y, curiosamente, tenemos menos necesidad de responder que cuando comenzamos.

Eso no significa que hayamos avanzado poco.

Quizá significa exactamente lo contrario.

Comenzamos con una palabra:     SINCRONICIDAD.

Y antes de intentar explicarla tuvimos que detenernos.

Pisar.

Recordar que estamos dentro.

Reconocer que dependemos.

Descubrir que dependencia no significa inferioridad.

Mirar ritmos, cadencias, repeticiones, ciclos y cambios.

Aprender a distinguir información de mensaje.

Preguntarnos con qué recibimos.

Encontrarnos con la atención, la emoción, el pensamiento, la memoria y la biografía.

Entrar en nuestra habitación de captación.

Llegar a la noche.    Dormir.    Soñar.

Preguntarnos cuánto de aquello que llamamos futuro podía estar ya en marcha.

Y finalmente encontramos a Jung.

Lo escuchamos.     Conservamos su hallazgo.    Y lo invitamos a caminar.

Entonces apareció una pregunta que probablemente nos acompañará durante los próximos tomos:

¿ESTÁN SEPARADOS LOS ACONTECIMIENTOS...

O LOS HEMOS ESTUDIADO DESDE UNA MIRADA QUE LOS SEPARABA?

No conocemos todavía la respuesta.

Y conviene no apresurarse.

Que dos acontecimientos pertenezcan a Madre Tierra no demuestra que exista entre ellos una relación oculta.

Que desconozcamos una causa tampoco demuestra que no exista.

Que algo sea significativo para mí no demuestra que haya sido enviado para mí.

Y que podamos explicar una coincidencia no elimina la extraordinaria complejidad del conjunto dentro del cual pudo producirse.

Hemos aprendido, por tanto, una posición.

Ni creer inmediatamente.     Ni negar inmediatamente.      MIRAR.

Quizá eso sea lo que hemos ganado en este primer tomo.

Ahora el peregrino está mejor situado.

Sabe que no es el centro del sistema.    Pero tampoco está fuera de él.

Está dentro.

Sabe que recibe más de lo que conscientemente advierte.

Sabe que interpreta desde una biografía.

Sabe que puede equivocarse.

Sabe que puede aprender.

Y empieza a aceptar una frase que no cierra ninguna puerta:   NO SÉ.

Jung tampoco cerró la puerta.     La abrió.

Nosotros hemos llegado hasta ella con otras preguntas, otras herramientas y otro punto de partida.

Y con algo que estuvo bajo los pies de Jung, bajo nuestros pies y bajo los de todos los humanos que alguna vez se preguntaron por una coincidencia extraordinaria:

MADRE TIERRA.

Aquí termina este tomo.    No termina la investigación.

El peregrino se levanta.    Mira nuevamente el camino.     Y continúa.

 





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