JUNG
PASEANDO
Sincronicidad Parte 1
Desde Madre Tierra
Pronunciamos
la palabra y aparece Jung. Aparece la coincidencia significativa. Aparece un
acontecimiento interior y otro exterior entre los cuales no encontramos una
relación causal conocida. Aparece el significado. Aparece el misterio.
Todo ello
puede permanecer.
Este libro
no comienza intentando quitar nada.
Comienza
haciendo algo mucho más sencillo: PISAR.
Antes de
preguntarnos qué significa una coincidencia, preguntamos dónde ocurre.
Antes de
preguntarnos qué relación existe entre dos acontecimientos, preguntamos dentro
de qué están ocurriendo ambos.
Antes de
estudiar al observador, recordamos qué clase de ser es ese observador.
Respira. Bebe. Come. Duerme.
Necesita determinadas temperaturas.
Tiene
cuerpo, memoria, emoción, pensamiento, biografía.
Y depende.
No contempla
Madre Tierra desde fuera. Está dentro.
A partir de
ahí, una palabra tan conocida como sincronicidad comienza lentamente a cambiar
de posición.
No porque
hayamos encontrado una explicación mejor.
No porque
Jung estuviera equivocado.
Sino porque
hemos ampliado el lugar desde el cual formulamos la pregunta.
Durante
estas páginas aparecerán el ritmo, la cadencia, la repetición, el ciclo, el
cambio, la señal, la anticipación y la correspondencia.
Aparecerá
después el receptor humano.
Su atención. Su emoción. Su pensamiento. Su memoria.
Su
biografía. Su consciente y su
inconsciente.
Y llegará
también la noche.
Porque el
humano no deja de pertenecer a Madre Tierra cuando cierra los ojos.
Duerme. Sueña.
Recuerda. Recibe. Continúa vivo.
Y solamente
después de haber recorrido todo este camino llamaremos a Jung.
No para
juzgarlo desde el presente. No para
desmontarlo.
Para
invitarlo a salir nuevamente a caminar.
Quizá
entonces descubramos que algunas coincidencias tienen explicaciones que antes
desconocíamos.
Quizá otras
procedan de nuestra atención, nuestra memoria o nuestra biografía.
Quizá
confundamos alguna vez información con mensaje.
Quizá
encontremos pertenencias donde antes veíamos acontecimientos separados.
Y quizá,
después de haber retirado todo cuanto podamos explicar, permanezca delante de
nosotros algo que todavía no comprendemos.
No pasa
nada. Podremos decir: NO SÉ.
Y continuar mirando.
Este libro
no pide creer. Tampoco pide negar.
Propone algo
bastante más difícil: volver a mirar.
Pero esta
vez con los pies en Madre Tierra.
Este libro
comienza antes de la sincronicidad.
Puede
parecer extraño.
Un libro
dedicado a ella debería quizá empezar definiéndola.
Nosotros
haremos lo contrario.
Antes de
definir, caminaremos.
Porque la
sincronicidad le ocurre a alguien. Y ese alguien está en algún lugar.
Ése será
nuestro punto de partida.
Un ser
humano se encuentra dentro de Madre Tierra. Depende del aire, del agua, del
alimento, de determinadas temperaturas y del descanso. Vive sometido a ritmos y
cambios. Tiene un organismo capaz de recibir mucha más información de la que
alcanza su conciencia. Posee memoria. Tiene una biografía. Interpreta.
Por tanto,
antes de preguntarnos:
¿QUÉ
SIGNIFICA ESTO QUE ME HA OCURRIDO?
preguntaremos:
¿DÓNDE HA
OCURRIDO? ¿QUÉ ESTABA OCURRIENDO?
¿QUÉ
INFORMACIÓN HABÍA? ¿QUÉ PERCIBÍ?
¿QUÉ NO
PERCIBÍ? ¿QUÉ RECORDÉ?
¿QUÉ
INTERPRETÉ? ¿QUÉ AÑADIÓ MI
BIOGRAFÍA?
¿Y QUÉ
CONTINÚA SIN EXPLICACIÓN?
El camino
exige paciencia.
Una bandada
que cambia de dirección puede contener información sin estar enviándome un
mensaje.
Una repetición
merece ser observada, pero repetir no significa demostrar.
Una
anticipación puede resultar extraordinaria, pero antes debemos preguntarnos
cuánto del proceso futuro estaba ya en marcha.
Un sueño
puede coincidir sorprendentemente con un acontecimiento posterior, pero antes
de llamarlo premonición tendremos que reconstruir qué sabía, qué había recibido
y qué podía haber captado aquel ser humano antes de dormir.
Nada de esto
elimina el misterio. Lo limpia.
Y así
llegaremos finalmente a Jung.
Conservaremos
su descubrimiento y sus preguntas. Pero introduciremos una nueva pregunta,
extraordinariamente sencilla: ¿EXTERIOR
A QUÉ?
Un árbol
está fuera de mi organismo.
Un
acontecimiento puede suceder fuera de mí.
Pero ni el
árbol, ni el acontecimiento, ni mi organismo, ni mi pensamiento están fuera de
Madre Tierra.
Todos
ocurren dentro.
Esto no
demuestra que estén relacionados.
Pero tampoco
permite comenzar suponiendo tranquilamente que son acontecimientos
absolutamente independientes.
Ahí empieza
nuestro verdadero trabajo.
No buscamos
sustituir una explicación por otra.
Estamos
cambiando la unidad de observación.
Y desde ese
nuevo lugar volveremos a preguntar.
El peregrino
ya está en el camino.
No necesita
encontrar señales por todas partes.
Solo necesita
algo mucho más elemental:
mirar, escuchar,
recordar, registrar, comparar,
rectificar
y continuar
andando.
Llegamos al
final de este primer recorrido y, curiosamente, tenemos menos necesidad de
responder que cuando comenzamos.
Eso no
significa que hayamos avanzado poco.
Quizá
significa exactamente lo contrario.
Comenzamos
con una palabra: SINCRONICIDAD.
Y antes de
intentar explicarla tuvimos que detenernos.
Pisar.
Recordar que
estamos dentro.
Reconocer
que dependemos.
Descubrir
que dependencia no significa inferioridad.
Mirar
ritmos, cadencias, repeticiones, ciclos y cambios.
Aprender a
distinguir información de mensaje.
Preguntarnos
con qué recibimos.
Encontrarnos
con la atención, la emoción, el pensamiento, la memoria y la biografía.
Entrar en
nuestra habitación de captación.
Llegar a la
noche. Dormir. Soñar.
Preguntarnos
cuánto de aquello que llamamos futuro podía estar ya en marcha.
Y finalmente
encontramos a Jung.
Lo
escuchamos. Conservamos su hallazgo. Y lo invitamos a caminar.
Entonces
apareció una pregunta que probablemente nos acompañará durante los próximos
tomos:
¿ESTÁN
SEPARADOS LOS ACONTECIMIENTOS...
O LOS HEMOS
ESTUDIADO DESDE UNA MIRADA QUE LOS SEPARABA?
No conocemos
todavía la respuesta.
Y conviene
no apresurarse.
Que dos
acontecimientos pertenezcan a Madre Tierra no demuestra que exista entre ellos
una relación oculta.
Que
desconozcamos una causa tampoco demuestra que no exista.
Que algo sea
significativo para mí no demuestra que haya sido enviado para mí.
Y que
podamos explicar una coincidencia no elimina la extraordinaria complejidad del
conjunto dentro del cual pudo producirse.
Hemos
aprendido, por tanto, una posición.
Ni creer
inmediatamente. Ni negar
inmediatamente. MIRAR.
Quizá eso
sea lo que hemos ganado en este primer tomo.
Ahora el
peregrino está mejor situado.
Sabe que no
es el centro del sistema. Pero tampoco
está fuera de él.
Está dentro.
Sabe que
recibe más de lo que conscientemente advierte.
Sabe que
interpreta desde una biografía.
Sabe que
puede equivocarse.
Sabe que
puede aprender.
Y empieza a
aceptar una frase que no cierra ninguna puerta: NO SÉ.
Jung tampoco
cerró la puerta. La abrió.
Nosotros hemos
llegado hasta ella con otras preguntas, otras herramientas y otro punto de
partida.
Y con algo
que estuvo bajo los pies de Jung, bajo nuestros pies y bajo los de todos los
humanos que alguna vez se preguntaron por una coincidencia extraordinaria:
MADRE TIERRA.
Aquí termina
este tomo. No termina la
investigación.
El peregrino
se levanta. Mira nuevamente el camino. Y continúa.

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