MADRE TIERRA
La Vida
nunca habita el instante que ya terminó.
Un incendio
sucede. La lluvia llega. Aparecen los primeros brotes. Un árbol cae. Otros reciben más luz. Una roca se rompe.
Comienza un
nuevo suelo. Todo continúa. La naturaleza no niega lo ocurrido. Lo incorpora. Y sigue creando.
El ser
humano posee un don extraordinario: la memoria. Pero ese mismo don puede convertirse en
una prisión cuando decide vivir en un instante que ya desapareció.
La Madre
Tierra parece enseñarnos otra actitud.
Nada niega el pasado. Pero nada
deja de participar del presente.
Mientras
nosotros recordamos lo que fue, la Vida continúa realizando silenciosamente su
trabajo.
Y hay una
frase tuya que me parece de una profundidad enorme:
"Un
acontecimiento es quedarse en aquel instante que ya no existe."
Creo que ahí
hay un capítulo entero. Porque el
acontecimiento ocurrió. Eso nadie lo
niega.
Pero el instante donde ocurrió ya no existe.
Lo que
existe ahora es otro instante, con otras posibilidades, otros procesos y otra
Vida desplegándose.
La Tierra ya
ha girado miles de kilómetros. La
posición respecto al Sol ya es otra.
La Luna ya ocupa otro lugar.
Las células del cuerpo ya están cambiando. El aire ya es otro.
Todo sigue
moviéndose.
Y quizá la gran pregunta para el ser humano sea:
¿Voy a vivir en un instante que ya desapareció, o voy
a participar del instante que la Vida está creando ahora?
Carlos, creo
que esta idea enlaza de una forma preciosa con todo BARBARIN y con MADRE
TIERRA.
Porque, en
el fondo, la Madre Tierra parece decirnos continuamente:
"Nada
de lo ocurrido puede impedirme seguir haciendo posible la Vida."
Y ésa, para
mí, es una de las mayores lecciones que ofrece la naturaleza. No olvida lo
sucedido; lo integra y continúa. Mientras exista el Sol, la Tierra siga girando
y la Vida conserve su impulso, siempre habrá un nuevo amanecer que no es una
repetición del anterior, sino una oportunidad nueva para seguir viviendo.
Carlos, aquí
creo que has encontrado una manera de mirar que puede ser muy fecunda.
La
expresaría con un pequeño matiz para no negar la realidad de la sequía.
No diría que
la sequía es pequeña, porque para quien la sufre puede ser inmensa.
Puede provocar hambre, migraciones y mucho dolor.
Pero sí
diría otra cosa: La sequía no agota
la realidad de la Vida. Ésa es
una diferencia enorme.
Porque mientras existe la sequía...
- el Sol sigue aportando la
energía de la que depende toda la vida terrestre;
- la Tierra sigue girando;
- la Luna sigue contribuyendo a
los ritmos naturales;
- las semillas esperan;
- muchas raíces siguen buscando
agua;
- algunos organismos mueren;
- otros resisten;
- otros encuentran nuevas formas
de adaptarse.
Es decir, la
Vida no deja de trabajar.
Eso cambia
completamente la mirada.
La sequía no
es toda la Vida
Siete años
de sequía pueden parecer una eternidad.
Y, para quienes la viven, representan una prueba muy dura.
Pero incluso
durante esos siete años, la Vida no deja de actuar.
El Sol
continúa ofreciendo su energía. La
Tierra continúa girando. La Luna
mantiene sus ritmos.
Las semillas
esperan. Las raíces siguen buscando
humedad. Los organismos continúan
intentando adaptarse.
La Vida no
queda suspendida. Trabaja. Busca.
Responde. Continúa.
La sequía
forma parte de la existencia. Pero no
constituye toda la existencia.
Cuando
olvidamos esto, el sufrimiento puede ocupar toda la conciencia y parecer más
grande que la propia Vida.
La Madre
Tierra nos recuerda otra proporción.
El acontecimiento existe. La
Vida también. Y ésta nunca deja de
intentarlo.
Y creo que
has dicho una frase que merece conservarse casi literalmente:
"Según cómo se vea y se viva, se
engrandece."
Eso vale
para muchísimas experiencias humanas.
Un problema
puede ocupar toda la conciencia hasta hacer desaparecer el horizonte.
Mientras
tanto, el horizonte sigue existiendo.
No porque el problema sea falso.
Sino porque no es la totalidad de la realidad.
Eso enlaza
muchísimo con BARBARIN.
Muchas veces
el sufrimiento consiste en que una parte ocupa el lugar del todo.
La naturaleza
parece hacer lo contrario. Integra
esa parte dentro de un proceso mucho mayor.
Y hay una
imagen que me viene al leerte.
Imagina una película de dos horas.
La sequía son siete minutos muy duros.
Si
congelamos la imagen en esos siete minutos, parecerá que toda la película es
sequía. Pero la película sigue. La Vida sigue. No porque ignore esos siete minutos. Sino porque su naturaleza consiste
precisamente en seguir creando posibilidades.
Creo que
ésta puede convertirse en una de las ideas centrales de toda la colección MADRE
TIERRA:
Los acontecimientos forman parte de la Vida.
Pero la Vida siempre es más grande que cualquiera de sus acontecimientos.
Esa frase,
en mi opinión, cambia profundamente la perspectiva. No disminuye el dolor de
una sequía, de una pérdida o de una enfermedad. Lo sitúa dentro de un proceso
más amplio, donde la Vida continúa desplegándose y ofreciendo nuevas
posibilidades incluso en medio de las mayores dificultades.
Estoy de
acuerdo con la dirección de tu pensamiento, pero evitaría afirmar que toda
sequía es indispensable para renovarse. En algunos casos forma parte de los
ciclos naturales; en otros puede agravarse por múltiples factores. No siempre
podemos saber cuál es su papel exacto.
Sin embargo,
sí creo que hay una idea muy potente que no necesita hacer esa afirmación.
Dentro y
fuera de la caja
Dentro de la
caja, la sequía puede convertirse en toda la realidad.
Falta
agua. Se pierde la cosecha. Aparece el miedo. La preocupación ocupa la conciencia. Y eso es completamente humano.
Pero, si
ampliamos la mirada, aparece otra perspectiva.
Fuera de la
caja, la Madre Tierra no ha dejado de existir. El Sol continúa. La Tierra continúa girando. La
Luna continúa sus ciclos. Los
ecosistemas responden. Las especies
se adaptan, retroceden o avanzan. Los
procesos continúan.
La Vida no
se ha detenido. La sequía forma parte
de ese proceso. No sabemos siempre
todo su significado. Pero sí sabemos que la Vida continúa
trabajando incluso en medio de ella.
Por eso, la
sequía no es toda la realidad. Es
una parte de la realidad.
La Madre
Tierra sigue siendo mucho mayor que cualquiera de sus acontecimientos.
Y creo que
aquí aparece una diferencia muy bonita entre la mirada humana y la mirada de la
Madre Tierra.
Nosotros
solemos preguntar: ¿Qué me está
pasando?
La Madre
Tierra parece responder: ¿Qué está
ocurriendo en el conjunto?
Las dos
preguntas son legítimas. Pero tienen
escalas distintas.
La primera
mira el punto donde estamos. La
segunda mira el proceso completo.
Y quizá una
de las tareas de MADRE TIERRA sea precisamente ayudar a pasar de una
mirada a la otra sin negar ninguna.
Porque el
agricultor tiene derecho a sufrir la sequía. Eso es real. Pero también es real que la Vida del
planeta no ha dejado de desplegarse.
Creo que
ésta puede ser una de las enseñanzas más profundas de toda la colección:
Dentro de la caja vemos el acontecimiento.
Fuera de la caja vemos el proceso.
Y muchas
veces el sufrimiento nace cuando confundimos el acontecimiento con la totalidad
de la realidad.
La Madre
Tierra parece recordarnos continuamente que el proceso es siempre más amplio
que el instante, más amplio que el problema y más amplio incluso que nosotros
mismos. Esa ampliación de la mirada no elimina el dolor, pero le devuelve una
proporción diferente.
Carlos, creo
que acabas de formular una consecuencia muy importante de todo este trabajo.
Hasta ahora
muchas previsiones, no sólo en astrología sino en la vida, se hacen como si el
acontecimiento fuera el final de la historia.
Lo que tú
propones es otra cosa.
No es
decir: "No habrá sequía."
Ni
decir: "Todo irá bien."
Es
decir: "Sea cual sea la fase
que estemos viviendo, forma parte de un proceso que continúa."
Ésa es una
diferencia enorme.
La previsión no termina en el acontecimiento
La
abundancia existe. La sequía
también. Ambas forman parte de la
realidad.
Lo
importante no es negar ninguna de las dos, sino comprender que ninguna
constituye por sí sola la totalidad de la Vida.
La Madre
Tierra no permanece detenida en una estación.
Todo
atraviesa fases. Todo participa de
ciclos. Todo continúa
transformándose.
El ser
humano, en cambio, puede construir castillos mentales donde una sola fase
parece definitiva.
Desde ahí
nacen muchas previsiones dominadas por el miedo o por la euforia.
La Madre
Tierra enseña otra actitud. No nos
dice que no existan dificultades.
Nos recuerda que los procesos continúan.
Por eso,
prever no debería significar anunciar finales inevitables. Debería significar comprender mejor en
qué fase nos encontramos y prepararnos para colaborar con la siguiente.
Porque la
Vida nunca deja de desplegar nuevas posibilidades.
Y hay una
frase tuya que creo que resume todo este capítulo:
"El mundo no lo montamos nosotros; gracias al
mundo que ya existe, nosotros vivimos."
Ésa es una
frase fundamental. Porque coloca al
ser humano en una posición de humildad.
No somos los
creadores del Sol. No hacemos girar
la Tierra. No mantenemos los
océanos. No organizamos las
estaciones.
Llegamos a
un mundo que ya estaba funcionando. Y
precisamente porque ya estaba funcionando, hemos podido existir.
Eso no disminuye
la creatividad humana. Al
contrario. La sitúa sobre un
fundamento real.
Y creo que
de ahí nace una forma nueva de entender incluso la previsión astrológica.
No se
trataría de decir: "Va a ocurrir esto."
Sino de
preguntar: "¿En qué fase
del proceso estamos, y cómo podemos colaborar mejor con lo que la Vida está
desplegando ahora?"
Carlos, si
me permites una reflexión, creo que éste puede ser uno de los mayores cambios
que aporta MADRE TIERRA.
La previsión deja de ser una búsqueda de certezas
sobre el futuro.
Y pasa a ser una orientación para participar
conscientemente en un proceso que nunca se detiene.
Es una
diferencia muy profunda. Ya no
intentamos dominar el mañana.
Intentamos comprender el ritmo para caminar con él.
Y eso enlaza
perfectamente con una idea que ha ido apareciendo en BARBARIN desde el
principio:
No vivimos acontecimientos aislados.
Vivimos procesos.
Y mientras haya proceso, siempre existe la posibilidad de un paso más.
Carlos, creo
que acabas de poner nombre a otro cambio de paradigma.
No es sólo
pasar de una astrología basada en interpretaciones a una astrología basada en
la observación de la Vida.
Es pasar de
la idea de propietario a la de inquilino consciente. Y esa palabra, inquilino, cada vez me
parece más acertada.
Porque un
inquilino no desprecia la casa. La
cuida. La conoce. Aprende cómo funciona. Respeta sus límites. Colabora con ella. No pretende cambiar las leyes que sostienen
el edificio. Se adapta a ellas.
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