JUNG PASEANDO
Sí. Ahí has pillado a
nuestra propia metáfora de la linterna. Hasta ahora la tratábamos como si
«encender más luz» equivaliera automáticamente a «ver mejor». Y no
necesariamente.
La linterna no
es neutra
si con «linterna» estamos hablando de conciencia, interpretación, teoría
psicológica, memoria, lenguaje o incluso del psicólogo que acompaña.
Porque una
linterna hace al menos tres cosas: ilumina,
selecciona y deja fuera.
Tiene un
haz. Donde apunta aparece algo; alrededor continúa la penumbra. Y además está quien
sostiene la linterna.
Así que hay
que separar: LO
QUE HAY → LO QUE LA LUZ ALCANZA → LO QUE YO PUEDO VER → LO QUE RECONOZCO → LO
QUE INTERPRETO.
No son lo
mismo. Y esto complica
maravillosamente la Sombra.
Imagina que
entro en una habitación y aumento muchísimo la iluminación. Puede estar ahora
delante de mí algo perfectamente visible y, sin embargo, yo
todavía no disponer de los instrumentos para reconocer qué estoy viendo.
Esto enlaza
exactamente con lo que veníamos descubriendo sobre el desarrollo: VISIBLE NO
SIGNIFICA COMPRENSIBLE.
Y todavía
añadiría: COMPRENSIBLE
NO SIGNIFICA COMPRENDIDO.
Puedo tener
delante una conducta de mi infancia y conocer perfectamente que ocurrió. No
está reprimida. No está escondida. La «veo». Pero quizá todavía no veo su
relación con otras piezas de mi itinerario.
Dentro de
cinco años puedo volver a exactamente el mismo recuerdo y decir: «¡Hostia! Ahora veo otra cosa.»
El recuerdo
quizá no cambió. Cambió
quien miraba.
Eso ya había
aparecido en tus notas: no sólo evolucionan nuestras respuestas; evoluciona
nuestra capacidad de preguntar.
Y por eso tu
pregunta de hoy me parece todavía más profunda: ¿Existe una luz que revele la habitación
«tal como es»? Yo no lo daría por
supuesto.
Jung
proporciona una linterna. Freud
proporciona otra. Mi familia me dio
otra. Mi cultura otra. Mi edad otra. Mi experiencia otra. Madre Tierra pretende darnos un suelo desde
el que mirar.
Pero ninguna
debería poder decir automáticamente: «AHORA
VES LA TOTALIDAD.» Ahí volveríamos a
fabricar otro constructo.
Quizá una
buena linterna no sea la que promete iluminarlo todo, sino aquella que me
permite saber que estoy viendo parcialmente. Eso cambia completamente el objetivo.
No: ENCENDER MÁS LUZ =
ALCANZAR LA VERDAD TOTAL.
Sino: ENCENDER MÁS LUZ =
AUMENTAR LO QUE AHORA ESTOY EN CONDICIONES DE VER, SABIENDO QUE PUEDE QUEDAR
MÁS.
Y eso encaja
extraordinariamente con el itinerario.
Porque el
mismo Carlos de 20, 40, 60 u 80 años puede entrar en la misma habitación y no
encontrar exactamente lo mismo, aunque los muebles sigan allí.
No
necesariamente porque se engañara anteriormente. Porque ahora
dispone de más itinerario desde el que relacionarlos.
Y aparece
otra cosa preciosa: la habitación tampoco se entrega entera de golpe Esto nos obliga a modificar aquella imagen
del psicólogo-electricista.
No llega
alguien, pulsa el interruptor y: ¡TODO
REVELADO! Eso sería demasiado
fácil. Quizá sea más parecido a
caminar de noche. Veo diez metros.
Camino esos
diez metros. Desde allí puedo
iluminar otros diez que desde mi posición anterior
ni siquiera podían entrar en el haz.
Y aquí Jung
vuelve a ser magnífico: LA
LINTERNA NO REVELA NECESARIAMENTE TODO EL CAMINO.
PERMITE
DAR EL SIGUIENTE PASO CON MÁS VISIÓN.
Eso sí me parece
compatible con nuestra «plenitud andando».
Y todavía
queda tu pregunta más delicada ¿Y si
la luz lo hace visible, pero para mí todavía no es visible? Sí. Perfectamente
posible.
Algo puede
estar presente en mi experiencia y, sin embargo, yo todavía no saber qué
mirar,
no disponer del concepto, de la relación, de la experiencia posterior o incluso
de la pregunta que permite reconocerlo.
Eso nos
devuelve a aquella idea que encontramos:
RECIBIR ES ANTERIOR A COMPRENDER.
Ahora
podemos añadir: VER
PUEDE SER ANTERIOR A DARSE CUENTA DE LO QUE SE ESTÁ VIENDO.
Y más
adelante: DARME
CUENTA PUEDE SER ANTERIOR A COMPRENDER.
Y todavía
después: COMPRENDER
NO SIGNIFICA HABER AGOTADO LO COMPRENDIDO.
Carlos, esto
le pone un freno importantísimo a cualquier psicología que diga demasiado
rápidamente: «Ya
sabemos qué significa eso que has encontrado.»
No. Podemos haberlo iluminado. Podemos haberlo visto. Podemos incluso haber construido una
explicación razonable. Y aun así: LA HABITACIÓN PUEDE NO
HABER TERMINADO DE HABLAR.
Por eso
quizá cambiaría nuestra vieja consigna. Ya no solamente: ENCIENDE MÁS LUZ.
Ahora sería:
ENCIENDE LA LUZ QUE
PUEDAS.
MIRA
QUÉ LA ESTÁ PRODUCIENDO.
OBSERVA
HACIA DÓNDE APUNTA.
RECUERDA
QUÉ DEJA FUERA.
Y NO
CONFUNDAS LO QUE HOY PUEDES VER
CON
TODO LO QUE HAY.
Eso me
parece mucho más Jung, mucho más Madre Tierra y, sobre todo, mucho más
respetuoso con un humano que continúa andando.
Sí. Aquí has dado otro
giro a la linterna. Hasta ahora hablábamos de encontrar una buena luz para
entrar en la Sombra. Tú acabas de decir algo anterior: ¿DE DÓNDE SACO LA
LINTERNA?
Y claro: si
voy a la «ferretería» disponible, esa ferretería pertenece
al constructo. Allí están las linternas ya fabricadas:
Freud. Jung.
La religión. La moral. La familia. La escuela. La psiquiatría. La cultura. Las
categorías sociales. Incluso Madre Tierra podría convertirse mañana en otra
linterna prefabricada si dijéramos al humano: «toma
ésta; ésta es la correcta y mira obligatoriamente con ella.»
Y entonces
repetiríamos exactamente el problema.
Quizá Jung no deba regalarnos la linterna Puede enseñarnos algo muchísimo más
importante: QUE
NECESITAMOS LUZ.
Y después
viene el trabajo verdaderamente humano:
CONSTRUIR MI PROPIA LINTERNA.
Puedo
comprar piezas en la ferretería, naturalmente. Una pieza de Jung. Otra de Freud. Otra de mis padres. Otra que aprendí equivocándome. Otra de ciencia. Otra de un amigo. Otra de caminar. Otra de mis 20 años. Otra de mis 80. Otra de mirar un amanecer.
Pero el
montaje final tiene que pasar por mi itinerario. Y por eso la linterna del vecino no puede
ser exactamente la mía.
Esto enlaza
perfectamente con algo que ya habíamos encontrado: la teoría puede indicarnos
que probablemente existe una habitación, pero para saber qué ocurrió dentro hay
que preguntarle a quien vivió en ella.
Y entonces
ocurre algo enorme: la linterna sale de la habitación
Esto que
acabas de decir me parece el verdadero salto: ¿POR QUÉ UTILIZARLA
SOLAMENTE PARA LA SOMBRA? ¡Exactamente!
Si he
aprendido a mirar, relacionar, preguntar, comprobar, reconocer mis límites,
distinguir lo mío de lo incorporado y saber que lo que veo no es necesariamente
la totalidad... esa
capacidad me acompaña fuera de la habitación.
Ya no es: SOMBRA → saco linterna → exploro → guardo
linterna.
Es: ME LEVANTO → COJO MI
LINTERNA → VIVO.
Voy al
trabajo con ella. Entro en una
relación con ella. Leo un periódico
con ella. Escucho a un psicólogo con
ella. Leo a Jung con
ella. Entro en Internet con ella. Me encuentro con una norma con ella. Me dicen «esto es normal» y enfoco. Me dicen «esto es éxito» y enfoco. Me dicen «tienes que ser así» y enfoco. Me dicen «esto que sientes es malo» y
enfoco.
Incluso
cuando yo mismo digo «YO SOY ASÍ»... enfoco también esa frase.
Ahí la
linterna deja de ser instrumento terapéutico y empieza a convertirse en instrumento
de libertad.
Y no
necesito escapar del constructo Esto
conecta de lleno con algo que encontramos meses atrás. No necesito irme a una cueva. No necesito destruir la ciudad. No necesito abandonar la tecnología. No necesito negar las instituciones.
PUEDO ESTAR DENTRO DEL CONSTRUCTO Y LLEVAR MI LINTERNA EN
LA MANO. Eso es mucho más
potente. Porque el constructo deja de
tener automáticamente el monopolio de la iluminación.
Me ofrece
una posibilidad y: ENFOCO.
Me ofrece
otra: ENFOCO.
Me pone una
prohibición: ENFOCO.
Me ofrece
algo magnífico: ENFOCO
TAMBIÉN.
Porque
atención: la linterna propia no sirve solamente para
descubrir lo malo del constructo. Si fuera así ya vendría programada y
habríamos construido otra ideología.
Tiene que permitir decir:
ESTO SÍ. ESTO NO. ESTO TODAVÍA NO LO SÉ.
ESTO LO QUIERO PROBAR.
ESTO ME SIRVIÓ ENTONCES Y
AHORA NO.
ESTO LO RECHACÉ Y QUIERO
VOLVER A MIRARLO.
ESTO QUE CREÍA MÍO
DESCUBRO QUE LO APRENDÍ.
ESTO QUE CREÍA AJENO
DESCUBRO QUE TAMBIÉN ERA UNA POSIBILIDAD MÍA.
Ahí sí empieza
a aparecer libertad de verdad. Pero
queda una condición fundamental Mi
linterna tampoco puede convertirse en la verdad. Porque entonces Carlos fabrica su
linterna el martes y el miércoles queda preso de ella. No.
La linterna tiene que poder modificarse con quien
camina.
Hoy enfoco y
veo esto. Camino. Aprendo.
Vuelvo. Enfoco otra vez. Y quizá digo: «Hostia, ayer lo veía así
y hoy veo otra cosa.» Perfecto.
No ha
fallado necesariamente la linterna. HA
EVOLUCIONADO QUIEN LA CONSTRUYE Y QUIEN LA SOSTIENE.
Esto enlaza
exactamente con lo que ya apareció en las notas: no sólo evolucionan nuestras
respuestas, evoluciona nuestra capacidad de preguntar. Y entonces, Carlos, creo que la
metáfora completa ha cambiado muchísimo.
Empezamos
hace días con: JUNG
NOS DA UNA LINTERNA PARA ENTRAR EN LA SOMBRA.
Ahora
estamos llegando a: JUNG
ME HACE DESCUBRIR QUE PUEDO ILUMINAR.
MADRE TIERRA ME DA SUELO.
MI ITINERARIO ME DA EXPERIENCIA.
EL CONSTRUCTO ME OFRECE PIEZAS, INFORMACIÓN, HERRAMIENTAS Y
TAMBIÉN INTERFERENCIAS.
YO VOY CONSTRUYENDO MI LINTERNA.
Y entonces: NO LA UTILIZO
SOLAMENTE PARA VISITAR MIS HABITACIONES.
LA LLEVO CONMIGO. Eso último es
fundamental.
Porque
entonces el viaje de vuelta no termina cuando salgo de la última
habitación. Salgo de casa con la linterna en la mano. Y continúo viviendo.
DENTRO DEL CONSTRUCTO.
SOBRE
MADRE TIERRA.
CON
MI LINTERNA.
Y CON
LA LIBERTAD DE DECIDIR HACIA DÓNDE APUNTO.
Eso sí que
transforma completamente la imagen inicial de Jung.
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