BARBARIN I II III

miércoles, 12 de agosto de 2026

LA LUNA

 

 LA LUNA  

.   La Madre Tierra

Aquí aparece algo maravilloso.     Toda la naturaleza necesita refugio  .  Toda cría necesita nutrición.     Todo ser vivo necesita descanso.     Toda vida necesita ciclos.     Toda herida necesita tiempo  .   Toda raíz sostiene un árbol.

Ahí aparece la Luna     No hace falta inventar nada.     La Tierra ya la está mostrando continuamente.

 

Ahora no buscamos significados.     Observamos funciones.    La Madre Tierra manifiesta continuamente este principio.

Lo vemos cuando:

  • una semilla permanece protegida hasta poder germinar;
  • una raíz sostiene silenciosamente todo el árbol;
  • una madriguera protege a las crías;
  • una madre alimenta a sus hijos;
  • un nido resguarda la vida naciente;
  • el sueño permite recuperar fuerzas;
  • las estaciones regulan los ritmos de crecimiento;
  • una herida cicatriza respetando su propio tiempo.

La Tierra no explica la Luna.      La manifiesta.

Por eso comprendemos que la nutrición, el cuidado, el refugio y el ritmo no son ideas humanas.       Son funciones permanentes de la Vida.

"Ahí la Madre Tierra manifiesta el principio que la astrología denomina Luna."

Parece una diferencia pequeña, pero es enorme.   Porque la protagonista sigue siendo la Tierra.   La Luna es el nombre que damos a ese conjunto de funciones.

LA LUNA    La Vida se sostiene.

Toda vida necesita nutrición, protección, descanso, memoria y ritmo.      La Madre Tierra muestra que ningún ser permanece vivo sin un refugio que lo sostenga.      La Luna representa esa función permanente.

La gravedad de la Luna estabiliza nuestro eje y clima, regula las mareas y el ciclo de muchos organismos

Estabilidad climática: La masa de la Luna actúa como un ancla gravitacional.

 

Las mareas y los océanos: La fuerza gravitacional lunar provoca el movimiento y la mezcla de las aguas oceánicas.

 

Influencia biológica: Los ritmos lunares dictan el comportamiento de diversas especies en nuestro planeta, desde los ciclos reproductivos de animales marinos hasta el florecimiento de ciertas plantas.

 

LA LUNA

Verbo     Sostener.

Función permanente      La Vida se sostiene.

La Madre Tierra manifiesta continuamente el principio de continuidad.

Toda vida necesita nutrición, protección, descanso, memoria y ritmo para poder permanecer viva.

La Luna representa esa función permanente.


La Madre Tierra lo manifiesta continuamente

No necesitamos inventar significados.

La propia Tierra lo muestra cada día.

  • una semilla permanece protegida hasta poder germinar;
  • una raíz sostiene silenciosamente todo el árbol;
  • una madriguera protege a las crías;
  • una madre alimenta a sus hijos;
  • un nido resguarda la vida naciente;
  • el sueño permite recuperar fuerzas;
  • una herida cicatriza respetando su propio tiempo;
  • las estaciones regulan los ritmos del crecimiento.

La Tierra no explica la Luna.      La manifiesta.

Por eso comprendemos que la nutrición, el cuidado, el refugio y el ritmo no son invenciones humanas.

Son funciones permanentes de la Vida.


Funciones que hace posibles

Ahora hablamos de la Luna física.

  • estabiliza el eje terrestre mediante su influencia gravitatoria;
  • contribuye a la estabilidad climática;
  • genera las mareas;
  • favorece la mezcla y renovación de las aguas oceánicas;
  • participa en numerosos ritmos biológicos;
  • influye en ciclos reproductivos de diversas especies;
  • interviene en distintos procesos de sincronización natural.

De nuevo, no estamos interpretando.

Estamos describiendo funciones observables.


¿Qué ocurre cuando falta?

Sin funciones de tipo lunar:

  • la vida pierde protección;
  • desaparecen los ritmos de recuperación;
  • la nutrición deja de sostener el desarrollo;
  • las heridas no completan adecuadamente su reparación;
  • los ciclos se desorganizan;
  • la continuidad de la vida queda comprometida.

¿Qué enseña al ser humano?

Sólo ahora aparece la dimensión humana.

  • cuidar;
  • proteger;
  • nutrir;
  • sostener;
  • respetar los ritmos;
  • comprender que todo crecimiento necesita tiempo;
  • crear refugios donde la vida pueda desarrollarse.

Síntesis

LA LUNA         La Vida se sostiene.

Toda vida necesita nutrición, protección, descanso, memoria y ritmo.

La Madre Tierra manifiesta continuamente que ningún ser permanece vivo sin aquello que lo sostiene.

La Luna representa la función universal que hace posible la continuidad de la Vida.


Hay un detalle que me parece muy importante

Mientras leía tu texto he visto una diferencia muy bonita entre el Sol y la Luna.

No diría:        Sol = identidad.         Luna = nutrición.

Creo que ahora podemos expresarlo de una forma todavía más profunda.

SOL         La Vida es.        LUNA       La Vida permanece.

Es decir, el Sol inaugura la existencia.

La Luna hace posible la continuidad.

Todo lo que has escrito sobre refugio, nutrición, descanso, memoria, protección y ciclos son distintas formas mediante las cuales la Vida consigue seguir siendo.

Y eso me parece una formulación muy poderosa.

De hecho, si mantienes esa estructura en todos los arquetipos, el lector verá algo extraordinario: que cada planeta no es una colección de significados, sino una función imprescindible dentro de la arquitectura de la Vida.

Creo que ése es el gran salto de tu obra. Ya no se estudian símbolos aislados; se estudia cómo la Vida construye, sostiene y desarrolla su propia existencia a través de funciones universales. Y esa visión hará que las futuras combinaciones tengan un fundamento mucho más sólido.

 

lunes, 10 de agosto de 2026

MADRE TIERRA La Ciencia de la Continuidad de la Vida. ¿Dónde estoy? ¿Qué realidad me sostiene? PASOS PARA EVOLUCIONAR Y MANTENER LA UNIDAD

 

MADRE TIERRA

 

La Ciencia de la  Continuidad

de la  Vida.

¿Dónde estoy?

¿Qué realidad me sostiene?

PASOS PARA EVOLUCIONAR Y MANTENER LA UNIDAD


Quizá eres mucho más de lo que estás utilizando     Este libro no comienza diciéndote lo que te falta.

Comienza recordándote todo aquello con lo que ya llegaste.    Porque tú no partes de cero.

No eres un proyecto de ser humano que tenga que construirse pieza a pieza hasta conseguir algún día estar completo.

Ya eres una Unidad.

Estás vivo.

Y solamente ese hecho significa que una enorme cantidad de funciones, capacidades, mecanismos, necesidades y posibilidades están actuando conjuntamente para que puedas existir.

Después has vivido.     Has aprendido.     Has desarrollado unas capacidades más que otras.

Has estudiado, trabajado, amado, sufrido, resuelto problemas, construido relaciones, adquirido conocimientos, superado dificultades y encontrado tu propia manera de desenvolverte en el mundo.

Has conseguido muchas cosas.

Por eso este libro no viene a quitarte ninguna medalla.     Al contrario.     Podría acercarse a ti y decirte:

Oye, campeón.

Con todo lo que ya has conseguido, todavía puedes descubrir capacidades profundamente humanas que quizá apenas has utilizado.

Y ésa es una noticia extraordinaria.    No porque estés incompleto.

Sino porque eres mucho más amplio de lo que quizá estabas utilizando.

La Unidad ya estaba

Éste es un punto fundamental para recorrer las páginas que siguen.

No buscamos construir la Unidad.     Partimos de ella.

Cada ser humano llega con una determinada arquitectura viva.

Después la experiencia, la educación, las circunstancias, la cultura, las decisiones y el propio recorrido hacen que unas capacidades se desarrollen muchísimo, otras moderadamente y algunas queden prácticamente sin utilizar.

Podríamos imaginar una gran impresora humana provista de numerosos tinteros.      Todos pertenecen a la misma máquina.

Pero no todos contienen necesariamente la misma cantidad de tinta ni han trabajado con igual intensidad.

Quizá llevamos años imprimiendo magníficamente con determinados colores.

Tanto, que hemos podido acabar creyendo que ésos eran todos nuestros colores.

Y entonces aparece uno que apenas utilizábamos.     Después otro.     Y otro.

Y podemos sentir algo parecido a quien descubre que tenía un premio que nunca había cobrado:

«¡No sabía que esto también me había tocado!»

Ésa es una de las experiencias que este libro quiere facilitar.     No mostrarte continuamente tus carencias.

Mostrarte posibilidades.

No hipertrofiar una parte

La humanidad ha conseguido desarrollos extraordinarios.

También cada persona puede conseguirlos.

Podemos especializarnos, adquirir una enorme competencia profesional, desarrollar poderosamente la inteligencia, la capacidad técnica, la organización, la producción, la comunicación o cualquier otra facultad.

Nada de eso necesita ser rechazado.

El problema aparece cuando una capacidad desarrollada extraordinariamente empieza a ocupar tanto espacio que confundimos esa parte con el conjunto.

Entonces podemos progresar mucho en una dirección y dejar relativamente inmóviles otras dimensiones que también nos pertenecen.

Este libro no propone reducir aquello que funciona bien.       Propone algo mucho más estimulante:

incorporar más.

No pienses menos.

Percibe también.

No dejes de hacer.

Aprende también a estar.

No renuncies a tu autonomía.

Desarrolla también la cooperación.

No abandones la tecnología.

Conserva también el contacto directo con la realidad.

No dejes de avanzar.

Procura que avance contigo una parte cada vez mayor de tu Unidad.

Porque quizá evolucionar no consista solamente en llegar más lejos con una capacidad.

Quizá consista también en conseguir que más capacidades humanas puedan participar armónicamente en el viaje.

No tienes que convertirte en otro

Conviene decirlo claramente.     Estas páginas no proponen una lucha contra ti mismo.

No pretenden entregarte una larga lista de obligaciones para convertirte en una versión ideal de ser humano.

Tampoco todas tus capacidades tienen que desarrollarse por igual.

Unidad no significa igualdad de las partes.

Significa que las partes puedan encontrar su lugar y participar en el conjunto sin que unas anulen innecesariamente a las demás.

Por eso, cuando encuentres en estas páginas algo que habías desatendido, no tienes necesariamente que preguntarte:

«¿Cómo cambio?»

Puedes empezar por algo mucho más sencillo:

«¿Esto también está en mí?»

Después:

«¿Qué lugar ocupa?»

«¿Lo utilizo?»

«¿Lo había olvidado?»

«¿Qué ocurriría si pudiera participar un poco más?»

Reconocer viene antes que modificar.

Y muchas veces reconocer ya comienza a modificar nuestra manera de mirar.

Un libro que puede producir bandazos

Este libro es denso.    En algunas páginas encontrarás cuestiones que quizá coincidan con lo que ya pensabas.

En otras puede ocurrir lo contrario.     Una frase puede hacerte detener.        Otra puede mostrarte una posibilidad que nunca habías considerado.      Otra puede cuestionar algo que llevabas muchos años dando por evidente.

Eso puede producir bandazos.      No necesariamente porque algo vaya mal.

Puede suceder simplemente porque nuestra imagen anterior de nosotros mismos era demasiado estrecha para contener lo que acabamos de descubrir.

Creíamos:          «Yo soy así.»

Y de repente aparece:       «También puedo ser esto.»

Entonces la imagen anterior tiene que ensancharse.     Ese ensanchamiento puede necesitar tiempo.

No hay ninguna necesidad de precipitarlo.      No conviertas cada descubrimiento en una tarea.       No reorganices tu vida después de cada capítulo.      No intentes incorporar veinte cosas simultáneamente.

Lee.       Reconoce.        Observa.

Y permite que aquello que realmente tenga sentido vaya encontrando su lugar dentro de la Unidad que ya eres.

Y debajo de nuestros pies, Madre Tierra

Hay todavía otra dimensión fundamental.      Todas estas posibilidades humanas no existen en el vacío.

Existimos en Madre Tierra.

Nuestro cuerpo, nuestros sentidos, nuestra necesidad de alimento, movimiento, descanso, relación y contacto con la realidad encuentran aquí un campo inmenso donde desarrollarse.

Tenemos ojos y existe un mundo que mirar.       Tenemos oído y existe un mundo que escuchar.       Tenemos piernas y existe suelo que caminar.       Tenemos tacto y existe materia.      Tenemos inteligencia y existe una realidad extraordinariamente compleja que comprender.       Tenemos capacidad de relación y existen otros seres humanos.      Tenemos creatividad y existen posibilidades en las que participar.       Tenemos necesidad de descanso y vivimos dentro de ritmos.     Tenemos curiosidad y estamos rodeados por una realidad que difícilmente podremos agotar.

Quizá nos habíamos acostumbrado tanto a existir dentro de nuestras construcciones que dejamos en segundo plano una parte enorme de lo que significa existir en la Tierra.

No se trata de abandonar esas construcciones.      Se trata de recuperar amplitud.

Porque cuando una Unidad humana comienza a reconocer más de sus propias posibilidades y vuelve a mirar la realidad terrestre en la que está situada, puede producirse un salto importante:

ya no se relaciona con Madre Tierra desde una sola parte de sí misma.

Puede hacerlo con mayor totalidad.

Con el cuerpo.     Con los sentidos.     Con la inteligencia.     Con la afectividad.     Con la creatividad.     Con la relación.    Con la conciencia.       Con su capacidad de participar.

La consigna del camino

Por eso quisiera proponerte una sola pregunta para recorrer todo este libro.

No necesitas memorizar sus páginas.        No necesitas estar de acuerdo inmediatamente con cada una.       No necesitas aplicar todo lo que encuentres.

Simplemente, cuando algo te llame especialmente la atención, pregúntate:

¿CÓMO ENTRA ESTO EN LA UNIDAD QUE YA SOY?

Quizá descubras un tintero que utilizabas poco.       Quizá reconozcas un color que creías que no era tuyo.       Quizá recuperes una capacidad que había quedado inmóvil.      Quizá descubras que algo que considerabas pequeño tiene una importancia enorme.

O quizá simplemente mires de otra manera una realidad cotidiana que siempre estuvo delante de ti.      No importa.

Cada reconocimiento ensancha el campo.

Y puede llegar un momento en que mires todo aquello que ya eras, todo lo que has conseguido y todas las posibilidades que todavía permanecían poco utilizadas y pienses:

«¡No sabía que me había tocado todo esto!»

Entonces este libro habrá empezado a cumplir su función.

No habrá construido un nuevo ser humano.     Habrá ayudado al que ya existía a reconocerse con mayor amplitud.

Y desde ahí podremos seguir avanzando.

No dejando atrás lo conseguido.      No renunciando al progreso.       No intentando volver a ningún pasado.       Sino procurando algo quizá mucho más ambicioso:

evolucionar sin abandonar por el camino partes esenciales de aquello que nos hace humanos.

Mantener la Unidad.     Ensanchándola conscientemente.

Y desde esa Unidad cada vez más reconocida, entrar con mayor plenitud en relación, colaboración y sintonía con Madre Tierra.

Porque quizá todavía no sabemos hasta dónde podemos llegar.

No convirtiéndonos en otra cosa.      Sino descubriendo cuánto contiene ya el hecho extraordinario de ser HUMANOS.



Recorrer la propia amplitud

Hay libros que transmiten información.    Otros proponen una idea.        Y hay libros cuyo contenido puede empezar a actuar mientras todavía se están leyendo.

Éste pertenece, en buena medida, a ese último grupo.

No porque contenga fórmulas extraordinarias ni porque pretenda transformar a nadie.      Sucede algo mucho más sencillo.

A lo largo de estas páginas iremos acercándonos a dimensiones, capacidades, necesidades, posibilidades y formas de relación que pertenecen a la condición humana.

Algunas serán inmediatamente reconocibles.     Otras quizá hayan ocupado una parte importante de tu vida.     Y algunas pueden producir una pequeña sorpresa:

«Nunca había pensado que esto también formaba parte de mí.»

Ésa es una de las razones por las que conviene saber, antes de comenzar, desde dónde vamos a recorrer este libro.

Partimos de la Unidad

No vamos en busca de un ser humano perfecto.      Tampoco vamos a construir un modelo humano desde cero.      El punto de partida es mucho más sencillo:

ya existes.

Y existes como una organización viva.

Tu cuerpo mantiene innumerables procesos simultáneamente.

Percibes.     Piensas.      Sientes.      Te relacionas.      Aprendes.      Recuerdas.      Te adaptas.      Actúas.      Descansas.

Respondes a lo que ocurre.

Todo ello puede encontrarse en estados muy diferentes de desarrollo, atención y utilización, pero pertenece a un mismo organismo y a una misma existencia.       Por eso utilizaremos repetidamente una palabra:

UNIDAD

Unidad no significa perfección.      No significa equilibrio permanente.       No significa que todas nuestras capacidades tengan que estar igualmente desarrolladas.     Tampoco significa ausencia de contradicciones.

Significa, en el sentido que utilizaremos aquí, que las diferentes dimensiones que nos constituyen pertenecen a un conjunto y encuentran en él su lugar, su relación y su posibilidad de participación.

No tenemos que fabricar esa Unidad.      Partimos de ella.

La cuestión será observar qué estamos haciendo con ella.

Nuestros muchos colores

Podemos imaginar por un momento al ser humano como una impresora provista de numerosos depósitos de tinta.

Los colores están disponibles.     Pero nuestra historia personal ha utilizado unos mucho más que otros.

Quizá hemos impreso miles de páginas con determinados colores mientras otros apenas aparecían.      Eso no significa necesariamente que los primeros sean malos.      Puede significar exactamente lo contrario:

hemos aprendido a utilizarlos extraordinariamente bien.

El problema comenzaría si acabáramos creyendo que son los únicos que tenemos.

Este libro irá abriendo, uno tras otro, distintos tinteros.       Y ante cada uno convendrá evitar dos reacciones.

La primera:         «Esto me falta.»

La segunda:       «Ahora tengo que desarrollarlo.»

Antes de ambas existe una pregunta mucho más interesante:

«¿Qué lugar tiene esto dentro de mí?»

Quizá descubramos que siempre estuvo presente.       Quizá lo utilizamos sin haberlo reconocido.      Quizá quedó poco desarrollado.      Quizá lo habíamos relegado.

O quizá descubramos que una capacidad extraordinariamente desarrollada estaba ocupando tanto espacio que otras apenas podían participar.        No hay que decidirlo anticipadamente.

Primero observaremos.         Evolucionar no es hipertrofiarse

Una capacidad humana puede alcanzar desarrollos extraordinarios.        Eso constituye una de nuestras grandes posibilidades.       Podemos especializarnos.      Podemos adquirir conocimientos profundos.      Podemos entrenar determinadas habilidades durante décadas.     Podemos conseguir resultados que anteriormente parecían imposibles.

Todo eso forma parte del progreso humano.      Pero existe una pregunta que merece acompañarlo:

¿qué está ocurriendo con el conjunto mientras una de sus partes avanza extraordinariamente?

Porque desarrollar muchísimo una capacidad no significa necesariamente desarrollar en la misma medida a toda la persona.       Podemos llegar muy lejos en una dirección y haber recorrido muy poco otras.

No se trata entonces de retroceder.      Ni de disminuir lo conseguido.

Se trata de descubrir que todavía quedan direcciones disponibles.         Ésa es una de las propuestas centrales de estas páginas:

evolucionar ampliando la participación de nuestra propia Unidad.

No ser menos de aquello que ya somos.

Ser más ampliamente lo que somos.

No venimos a esforzarnos contra nosotros mismos

También esto debe quedar claro desde el comienzo.       No proponemos una lucha interior.      No pretendemos convertir cada capacidad poco utilizada en una nueva obligación.

Sería absurdo intentar recuperar nuestra Unidad mediante una nueva acumulación de exigencias.

El ser humano ya dispone de una extraordinaria capacidad para aprender, incorporar experiencias, establecer relaciones, modificar hábitos y encontrar nuevas formas de respuesta.

Por eso nuestro primer movimiento será siempre:

RECONOCER

Reconocer antes de corregir.       Reconocer antes de exigir.        Reconocer antes de cambiar.

Porque aquello que reconocemos puede empezar a ocupar espontáneamente un lugar diferente en nuestra conciencia y en nuestra vida cotidiana.

Después habrá cosas que queramos practicar.      Otras necesitarán tiempo.       Algunas quizá no tengan especial importancia en nuestra vida concreta.      Y otras producirán inmediatamente una sensación de ampliación.

No existe un programa idéntico para todos.       Existe una Unidad distinta en cada persona que empieza a mirarse con mayor amplitud.

Algunos descubrimientos pueden movernos

Conviene advertirlo con tranquilidad.      Este libro es denso.

No necesariamente porque sea difícil de comprender, sino porque algunas cuestiones pueden afectar directamente a nuestra manera cotidiana de vivir.

Una frase puede cuestionar una costumbre.       Otra puede descubrir una posibilidad.       Otra puede hacernos mirar de manera diferente algo que llevábamos años haciendo.      Y alguna quizá contradiga una idea que considerábamos evidente.

Cuando ocurra, no hay ninguna necesidad de precipitar una conclusión.         Un descubrimiento no exige inmediatamente una decisión.       Puede simplemente necesitar espacio.

Quizá durante los días siguientes aparezca espontáneamente en nuestra manera de mirar, caminar, descansar, relacionarnos, trabajar o percibir el entorno.        Entonces el libro habrá salido de la página.

No porque nosotros hayamos obedecido una instrucción.      Sino porque hemos empezado a ver algo que antes no veíamos.

Cómo recorrer estas páginas

Por eso no recomendaríamos leer este libro con prisa.

Tampoco existe ninguna obligación de terminar un capítulo porque se haya comenzado.

Si una idea produce un reconocimiento importante, quizá sea suficiente para ese día.       Déjala estar.      Obsérvala en tu vida.

No intentes convertirla inmediatamente en conducta.     Y, sobre todo, evita hacer una lista creciente de cosas que supuestamente deberías mejorar.

Ésa no es la intención.

Durante todo el recorrido puede bastar una sola pregunta:

¿CÓMO ENTRA ESTO EN LA UNIDAD QUE YA SOY?

¿Está presente?

¿Lo utilizo?

¿Lo había olvidado?

¿Está poco desarrollado?

¿Participa naturalmente?

¿Otra capacidad ocupa casi todo el espacio?

¿Podría incorporarlo sin perder nada de lo que ya funciona?

No necesitas responder siempre.

La propia pregunta ya orienta la observación.

Y hay una recomendación todavía más sencilla:

No cambies tu vida porque acabas de leer algo.
Observa tu vida después de haberlo leído.

Existe una diferencia enorme.

Una ampliación que puede llegar muy lejos

A medida que diferentes capacidades empiezan a ser reconocidas, puede aparecer una sensación inesperada.

No la sensación de estar incompletos.     Sino precisamente la contraria:

«¡No sabía que tenía tantas posibilidades!»

Como descubrir un premio que ya era nuestro.      Como encontrar colores que llevábamos años transportando sin utilizarlos.

Y entonces puede producirse un ensanchamiento.

La antigua definición que teníamos de nosotros mismos empieza a resultar pequeña.       No porque fuera falsa.      Quizá simplemente era parcial.

«Yo soy así.»

Sí.         Pero quizá también puedas ser de otras maneras sin dejar de ser tú.

Quizá puedas utilizar capacidades que nunca consideraste propias.        Quizá puedas relacionar dimensiones que mantenías separadas.       Quizá puedas descubrir que algunas aparentes contradicciones encuentran su lugar cuando se contemplan desde el conjunto.

Eso también es evolución.

Y entonces aparece Madre Tierra

Todo este recorrido ocurre en algún lugar.       No somos una Unidad suspendida en el vacío.       Somos una forma de Vida que existe en unas condiciones determinadas y dentro de una realidad extraordinariamente rica:

Madre Tierra.

Aquí adquiere el recorrido otra dimensión.

Porque muchas de nuestras capacidades encuentran precisamente en ella un campo inmenso de expresión.        Nuestros sentidos encuentran realidad que percibir.       Nuestro cuerpo encuentra espacio, gravedad, movimiento, temperatura y materia.       Nuestra inteligencia encuentra relaciones que comprender.      Nuestra necesidad de alimento encuentra una extraordinaria red de procesos vivos.      Nuestra capacidad de relación encuentra otros humanos y otras formas de Vida.     Nuestra creatividad encuentra materiales y posibilidades.      Nuestros ritmos encuentran días, noches, estaciones, actividad y descanso.

Y nuestra conciencia puede empezar a reconocer dónde está situada.

Entonces comprendemos que desarrollar nuestra Unidad no significa encerrarnos cada vez más dentro de nosotros mismos.      Puede significar exactamente lo contrario:

estar en condiciones de relacionarnos con mayor amplitud con aquello de lo que formamos parte.

Del reconocimiento a la sintonía

Quizá ahí se encuentre uno de los movimientos profundos de este libro.

Primero reconocemos.       Después incorporamos.       Poco a poco armonizamos.

Y cuanto mayor sea la participación de nuestra propia Unidad, mayor puede ser también nuestra capacidad para relacionarnos con el conjunto que nos rodea.

No sólo pensar sobre Madre Tierra.

Vivir en ella conscientemente.

Percibirla.      Caminarla.      Comprenderla.      Recibir de ella.     Colaborar.       Crear dentro de ella.

Participar sin olvidar las condiciones que hacen posible nuestra propia existencia.

No necesitamos convertirnos en otra especie.      No necesitamos abandonar el progreso.      No necesitamos renunciar a las extraordinarias construcciones humanas.

Necesitamos quizá algo más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más ambicioso:

SEGUIR EVOLUCIONANDO SIN DEJAR DE LLEVAR CON NOSOTROS AL HUMANO ENTERO.

Ése es el recorrido que comienza ahora.

No sabemos qué página te mostrará un color que tenías olvidado.      Ni qué capacidad reconocerás inmediatamente.     Ni qué cuestión necesitará semanas para encontrar su lugar.     

No importa.       No hay que llegar rápidamente al final.      Hay que ir incorporando el camino a la Unidad.

Porque quizá cada una de estas páginas pueda decirnos, de una manera diferente:

«Esto también eres tú.»

Y nosotros podamos responder tranquilamente:

«Sí. Ahora lo veo.»

Entonces seguimos.       Con un color más disponible.     Con algo más de amplitud.     Con mayor conciencia de nuestra Unidad.

Y con una posibilidad cada vez mayor de entrar plenamente en relación con la extraordinaria realidad de Madre Tierra en la que esa Unidad nació, vive, evoluciona y continúa.